Conan the Adventurer

Una de las series de TV más famosas de mediados a finales de los años 90, convertida en fenómeno y serie de culto, fue Xena: Warrior Princess. Entre sus diversos imitadores se encuentra Conan the Adventurer, serie inspirada (muy libremente) por el personaje creado por Robert E. Howard. La serie duró una única temporada de 22 capítulos entre 1997 y 1998, lo que resulta comprensible dada su escasa calidad. De hecho, lo que resulta sorprendente es que se le diera luz verde en algún momento.

A Conan, el personaje central, le da vida Ralph Moeller, actor/culturista alemán conocido sobre todo por interpretar al amigo germano del personaje de Russell Crowe en Gladiator. Este Conan parece seguir (aproximadamente) la continuidad establecida en las películas protagonizadas por Arnold Schwarzenagger, aunque su tono estaría más cerca de Conan el Destructor y El Guerrero Rojo que de Conan el Bárbaro. Moeller hace lo que puede con el personaje, lastrado por los lamentables guiones de la serie y sus limitadas capacidades como actor. A Conan le sigue en sus aventuras un pequeño grupo de aliados, lo que no deja de ser un contrasentido para un personaje tan solitario e individualista como el Cimmerio. Estos compañeros suelen proporcionar los momentos cómicos de la serie (que no son pocos… pero tampoco muy inspirados). Hasta cierto punto es comprensible el uso de personajes de apoyo, pero hubiera sido mejor usar un formato de reparto variable y aliados ocasionales, como sucede con el personaje de Karela (que parece inspirada ligeramente en el personaje del mismo nombre que aparece en las novelas de Robert Jordan dedicadas a Conan). El enfoque de serie "de grupo", incluso permite que haya un capítulo (Homecoming) en el que Conan sólo aparezca al principio y al final de la historia, cediendo el protagonismo al resto de personajes (que aún son menos interesantes que este Conan).

En general el reparto (sobre todo el femenino) está formado por caras (y cuerpos) habituales por apariciones aisladas en series televisivas como Los Vigilantes de la Playa y sus imitadoras. Incluso hay un par de intervenciones de actrices que llegarían a "auténticas" vigilantes de la playa, como Brooke Burns y Angelica Bridges (como Red Sonja en el capítulo del mismo nombre). Es curioso (y significativo) que estos sean los mayores logros de los actores aparecidos en la serie, y da idea de su nivel. Al menos se ha optado por físicos moderados: hubiera sido difícil justificar la existencia de los implantes de silicona en la Era Hibórea. Ocasionalmente aparece alguna cara conocida (de segunda división, eso sí), como Lou Ferrigno (El Increíble Hulk), Robert Culp (El Gran Héroe Americano), Ali Landry (miss USA 1996 y ocasional actriz televisiva) o incluso Mickey Rooney. El punto sofisticado (por decir algo) lo da el uso de "el rostro de Richard Burton" (así aparece acreditado) para generar por ordenador un dios Crom de facciones tan inadecuadas como baja calidad en la simulación. Ni siquiera el villano recurrente, el hechicero interpretado por el británico Jeremy Kemp, ofrece una interpretación convincente. Quizá incluso sea una de las peores, pues su extraña manera de declamar hace pensar en algún problema de dicción (o que le engañaron y creía estar haciendo una parodia...). La actuación vocal de la calavera parlante con la que comparte casi todas sus escenas es un poco mejor, excepto cuando se comporta como un Teleñeco (sólo sucede en un capítulo, pero aún así...).

Estamos ante un serie de bajo presupuesto, lo que resulta más que evidente en elementos como la pobreza de vestuarios (por supuesto, este Conan es el de taparrabos de piel y poco más), complementos (las espadas, además de su falso aspecto, no es raro que se doblen) y escenarios. Prácticamente toda la serie transcurre en exteriores boscosos genéricos (está rodada en Mexico) y en interiores poco desarrollados. También aparece alguna pequeña aldea o similar, pero escasas ciudades o fortalezas, cuyos planos lejanos están generados por ordenador con más bien poca calidad. El uso de unos gráficos generados por ordenador y cromas nada convincentes es claramente perceptible cuando aparece, no engañando al espectador en ningún caso. Los maquillajes y efectos prácticos no es que sean gran cosa, pero son algo más creíbles, probablemente al ser una técnica más consolidada: estamos hablando de una época en que los gráficos por ordenador no estaban tan desarrollados como en la actualidad.

En una serie de acción (y más tratándose de Conan) es inevitable hablar de los combates cuerpo a cuerpo. Por desgracia, estos se limitan habitualmente a un rutinario intercambio de golpes con las espadas hasta que uno de los luchadores (Conan normalmente) decide golpear en el cuerpo de su rival. En resumen, parece un enfrentamiento más propio de un patio de colegio que de un combate a muerte. Algunos de los compañeros de Conan emplean movimientos propios de las artes marciales, lo que les da alguna mayor variedad y espectacularidad, pero sin exagerar. Por no hablar de acciones totalmente absurdas que aparecen más de una vez: ¿quien en su sano juicio da un puñetazo en la cara a un soldado protegido por un yelmo completo?

Algunas de estas cosas, especialmente las relacionadas con la precariedad de los medios disponibles, serían disculpables si al menos los guiones y las historias estuvieran a la altura. Por desgracia, no es el caso. Como ya se ha comentado, el personaje central está más próximo al de las películas (lo que, si bien es discutible, resulta comprensible) que al de los relatos originales, y vive aventuras que parecen sacadas de los peores comics o pastiches. Un Conan al que la cabecera presenta como "Amante... amigo... héroe" o al que reciben en una aldea entre gritos de "Es Conan: él nos ayudará", no es precisamente  el personaje creado por Robert E. Howard. Además, es un Conan "predestinado a liberar a los oprimidos", al que Crom guía e incluso ayuda en alguna ocasión. Obviamente tampoco puede decirse que se haya hecho ningún esfuerzo por recrear el mundo de la Era Hibórea, y el poco interés de la trama general (que enfrenta a un Conan destinado a ser rey con un lejano hechicero) se une a unos poco inspirados episodios tomados individualmente.

Por supuesto, la presencia de Howard en los guiones es puramente testimonial. En el episodio piloto o episodio doble con que se inicia la serie, titulado The Heart of the Elephant (y producido por Brian Yuzna, productor de Re-Animator y títulos similares), apenas un par de cosas guardan relación con la conocida historia de título similar. En Impostor aparece un aprendiz de mago que recuerda ligeramente a un personaje de The People of the Black Circle. Quizá por ello el episodio más destacable sea Shadows of Death, que resulta ser una adaptación relativamente fiel de la historia Shadows in the Moonlight (por supuesto, no está rodado de noche, que es más complicado).

No tiene mucho sentido un análisis pormenorizado capítulo a capítulo de la serie, pero se pueden comentar algunas cosas de algunos capítulos. The Siege of Ahl Sohn-Bar no es uno de los peores capítulos, pero presenta la curiosidad de hacer desaparecer (sin más explicación) a uno de los miembros del "séquito" de Conan: estos errores de continuidad tampoco sorprenden. En Ransom casi se intuyen algunos momentos de como se comportaría el verdadero Conan, pero esto dura poco. The Taming tiene el dudoso honor de mostrar a Conan invocando a Crom y al dios respondiéndole y dando poder a su espada mediante un rayo. The Child, además de sus confusas alusiones al cristianismo en el futuro de la Era Hibórea, parece inspirado por lo que menos se esperaría cualquiera en una aventura de Conan: la comedia Tres Solteros y un Biberón. Red Sonja no va más allá de satisfacer la curiosidad por ver al personaje de comic (con un físico más adecuado que el de Brigitte Nielsen en El Guerrero Rojo, dicho sea de paso). En Antidote, Conan es envenenado y esto sirve de excusa para hacer un episodio a base de flashbacks de otros capítulos. Lo peor es el montaje a ritmo de canción "epic pop", interpretada por Terry Reid (músico inglés que podría haber sido vocalista de Led Zeppelin y de Deep Purple, puestos que rechazó). Lethal Wizards ofrece un final bastante apresurado a la trama central de la serie (y la muerte del malo es ridícula a más no poder). Además, varias de sus escenas aparecen como flashbacks en el episodio anterior, lo que resulta un poco extraño (aunque es cierto que en su emisión televisiva se emitieron al revés...)

En conclusión, una serie totalmente prescindible, de la que es difícil intentar decir algo bueno. Sus 22 capítulos son unas 16 horas de vida que podrían dedicarse a tareas más satisfactorias (como, por ejemplo, leer algunos de los relatos originales de Robert E. Howard).

Northwest Smith

A la escritora de fantasía y ciencia ficción C.L. Moore se la recuerda (además de por su papel pionero en un campo predominantemente masculino) por dos personajes: la heroína fantástica Jirel de Joiry y el aventurero espacial Northwest Smith.

Northwest Smith es un aventurero y contrabandista de moral más bien discutible, que vive al margen de la ley en un futuro indeterminado, en un universo compuesto básicamente por unos colonizados planetas Tierra, Venus y Marte. Aún así, las aventuras de Smith transcurren casi siempre en un fronterizo Marte, con una ambientación bastante cercana al western (de hecho, parece ser que el personaje fue creado originalmente como un personaje de dicho género). Así, no es raro que Smith esté a bordo de una nave espacial sólo en un relato (Yvala) y más a menudo tenga el aspecto de un pistolero en una ciudad polvorienta (en este caso, de Marte). Naturalmente, no puede buscarse ciencia ficción hard en estas historias: se trata del Marte de los canales y el Venus de atmósfera respirable, más cercanos a las fantasías de Edgar Rice Burroughs y a otros autores pulp que a las imágenes que recibimos hoy de las misiones de la NASA.

Al igual que sucede con Jirel de Joiry, la presentación del personaje realizada por muchos críticos (y autores de introducciones) juega en su contra. Así, normalmente Northwest Smith es presentado como el antepasado literario de Han Solo e, incluso, es comparado también con Indiana Jones (aunque esto es aún menos comprensible, como no sea por culpa de Harrison Ford). Evidentemente, los tres personajes comparten un origen común como aventureros de orígenes pulp (con la modernización/homenaje que suponen los creados por George Lucas), pero sus aventuras tienen poco que ver. Las historias protagonizadas por Northwest Smith son más bien relatos de horror cósmico, con escasa acción, en los que ciertamente nunca esperaríamos ver a Han Solo.

Northwest Smith protagonizó un total de trece relatos, de los que la mayor parte (diez) fueron publicados en la legendaria revista Weird Tales (los otros tres fueron publicados en diversos fanzines). Dos de los relatos son colaboraciones, escritas con Forrest J. Ackerman (editor, escritor y famoso coleccionista) y con su marido Henry Kuttner. Como ya se ha dicho, parece lógico que estos relatos aparecieran en esta revista como relatos de horror y no en alguna dedicada más plenamente a la ciencia ficción.

Shambleau (nov-1933) es el primer relato protagonizado por Northwest Smith, el más famoso y, muy posiblemente, el mejor. En esta historia, el protagonista rescata a una misteriosa y felina alienígena de una multitud que pretende lincharla. El relato se centra en la relación entre ambos, y en la mezcla de atracción y repulsión que siente Northwest. Por supuesto, la misteriosa criatura es más de lo que parece, estableciendo referencias a antiguo mitos griegos, y Northwest no parece capaz de resistirse al impuro placer que obtiene gracias a ella. Tendrá que ser Yarol, su amigo Venusino, el que le rescate. El tono sensual con toques malsanos del relato es lo más destacable del texto y resulta bastante sorprendente teniendo en cuenta la época en que fue escrito (y, para que negarlo, el sexo del autor: que una mujer escribiera algo tan "abiertamente" provocativo en aquella época es aún más sorprendente). No es el único relato en el que el sexo aparezca como subtexto más o menos evidente, pero sí en el que es más claro.

Similar resulta Black Thirst (abr-1934), en el que una seductora cortesana atrae a Northwest a un misterioso templo habitado por un vampírico ser. Esto le conducirá a una historia que se centra más en el horror cósmico y el conflicto interno. De nuevo, la ayuda de un personaje es básica para que el protagonista salga del lío en que se ha metido. Está pasividad es uno de los principales defectos de Smith como personaje: normalmente es más bien pasivo y reactivo, convirtiéndose más en un espectador que en un protagonista de la acción.

Algo más de iniciativa (pero no mucha) muestra Smith en Scarlet Dream (may-1934), en el que un extraño manto le transporta a una misteriosa dimensión onírica (con chica atractiva incluida).

Dust of Gods (ago-1934) es una historia que se sale un poco de la fórmula (lo que, automáticamente, la hace más atractiva), con un planteamiento más habitual en el relato de aventuras y sin la presencia del típico personaje femenino. Northwest y Yarol son contratados para buscar los restos de un antiguo dios en unas ruinas. De nuevo, el horror cósmico es el principal elemento de la historia.

Julhi (mar-1935) es un relato de trama casi inexistente, dominado por las extensas descripciones. Los elementos de la historia recuerdan bastante a los de Black Thirst, pero sirven únicamente de excusa para describir una extraña ciudad (y sus habitantes) perdida entre dimensiones.

En colaboración con Forrest J. Ackerman, Nymph of Darkness (abr-1935) sigue la fórmula habitual (Norhwest ayuda a chica, chica oculta algo) pero resulta un poco más interesante al contener algo más de acción y algo menos de descripciones excesivas.

The Cold Gray God (oct-1935) es un buen relato gracias sobre todo a sus partes inicial y final. La parte central, dedicada más a la descripción imaginativa, tampoco desmerece, por lo que el conjunto resulta satisfactorio (a pesar de lo reiterativo).

En Yvala (feb-1936), Northwest y Yarol viajan a una de las lunas de Júpiter para capturar a unas legendarias "sirenas" para un mercader de esclavos. Queda claro que el protagonista no tiene demasiados reparos morales, pero recibirá su castigo cuando se encuentren con una variante de otro mito griego (en este caso, el de Circe).

A pesar de su interesante giro final y de estar ambientado en la Tierra, Lost Paradise (jul-1936) tiene una trama más bien poco interesante. Smith viaja con la mente a un remoto pasado, y toda la historia es la narración de esta "película" que está viendo el protagonista.

The Tree of Life (oct-1936) es otro relato totalmente típico en el que Northwest, atrapado en un ambiente selvático, es atraído hipnóticamente por una criatura de aspecto arbóreo que desea devorarlo.

Quest of the Starstone (nov-1937) está escrito junto a Henry Kuttner, y es el relato que (a petición de los aficionados) reúne a Northwest y a Jirel de Joiry. Aunque el planteamiento es algo más original de lo habitual, el concepto resulta demasiado forzado y sólo tiene interés como curiosidad. Eso sí, probablemente sea más apropiado clasificarlo como relato de Northwest que como historia de Jirel.

Werewoman (invierno 1938-1939) es una floja historia con elementos de licantropía.

Finalmente, Song in a Minor Key (feb-1940) es una brevísima reflexión de tono entre melancólico y fatalista sobre los orígenes de Northwest. Sería más interesante si el personaje estuviera más desarrollado en otros relatos.

Los relatos protagonizados por Northwest Smith tienen los mismos defectos y las mismas virtudes que los dedicados a Jirel de Joiry. C.L. Moore crea envolventes y densas descripciones rebosantes de imaginación, pero al servicio de unas tramas excesivamente reiterativas. Por otra parte, Northwest parece un personaje menos desarrollado o menos interesante que Jirel, lo que es un punto negativo más a tener en cuenta. Finalmente, Northwest aparece en más historias y menos variadas que las de Jirel, lo que también juega en su contra (especialmente si se leen de tirón en la típica antología). Como con Jirel, quizá lo mejor sea quedarse con alguno de los mejores relatos (Dust of the Gods, The Cold Gray God, Yvala y, sobre todo, Shambleau) y no arriesgarse a sufrir una sobredosis de Northwest Smith. Y, por supuesto, olvidarse de comparaciones con otros personajes de ficción de características similares y narrativa totalmente distinta.

Marineros y Boxeadores

Sailor Costigan


Otro de los géneros al que R.E. Howard se dedicó con interés es un tipo de relatos que hoy podríamos considerar extinto, pero que en su época llenaban sus propias revistas pulp (como Fight Stories): los relatos de boxeo. A mitad de camino entre el relato de aventuras con toques noir y la crónica deportiva, estos relatos tienen un significado muy personal para su autor. Y es que Howard era muy aficionado a este deporte, como espectador y como boxeador aficionado.

Precisamente uno de los personajes que protagonizan este tipo de relatos, el marinero y boxeador tejano de origen irlandés Sailor Steve Costigan es el personaje al que Howard dedicó más historias (superando en cantidad a otros de sus personajes más populares). Costigan es un marino pendenciero, narrador en primera persona de sus aventuras. Los relatos de Costigan tienen un marcado carácter humorístico, empezando por su peculiar manera de hablar y continuando con los problemas en que se mete por su buen corazón. No se trata precisamente de un humor sutil y sofisticado, pero no por ello es menos efectivo en el contexto en el que está.

La mayor parte de estos relatos responden a una misma estructura: el protagonista, que está en algún lugar exótico, se mete en una pelea por una razón u otra, y una buena parte del relato se dedica a la descripción detallada del combate a puñetazos. Sin duda, considerados en su conjunto pueden resultar un poco repetitivos, pero a favor de Howard hay que decir que es capaz de hacer que el lector se sienta en medio del combate gracias a su narración. Howard es un maestro en las escenas de acción brutal, y pocas cosas más brutales puede haber que dos hombres intentando dejarse inconscientes a puñetazos.

Muchos de los relatos publicados originalmente en Fight Stories fueron vueltos a publicar (entre 5 y 10 años después) en la misma revista, pero firmados por el pseudónimo “Mark Adam”, e incluso cambiando el título original.

The Pit of the Serpent (jul-1929) [Manila Manslaughter] es la primera historia publicada protagonizada por Costigan. Es un relato bastante típico en el que el protagonista se ve envuelto en una pelea ilegal (en el pozo del título) a causa de una mujer. La mayor parte de los elementos (el humor, los lugares exóticos, la poca fiabilidad de Costigan como narrador…) ya aparecen en esta historia.

En The Bull Dog Breed (feb-1930) [You Got to Kill a Bulldog], Costigan se mete en una pelea a causa de su bulldog Mike. Es muy similar al relato anterior, aunque sin su sentido del humor, sustituido aquí por la exaltación de la lealtad y la persistencia.

En Sailor's Grudge (mar-1930) [Costigan vs. Kid Camera], Costigan se ve envuelto en una pelea filmada para una película,a causa de una mujer y la poca cabeza del protagonista, como no podía ser menos.

Poco humor hay en Fist and Fang (may-1930) [Cannibal Fists], con Costigan atrapado por una tribu hostil en una isla, y que más parece un relato de aventuras (con toques de terror) que uno cómico. Da la sensación de que en esta época Howard todavía no tiene claro el enfoque definitivo del personaje.

En Winner Take All (jul-1930) [Sucker Fight] Costigan necesita dinero para comprar unas acciones (pues ha recibido un soplo diciendo que van a multiplicar su valor inmensamente), y la única forma de conseguir ese dinero es mediante un combate. Teniendo en cuenta que la información bursatil procede de una mujer, es fácil predecir los resultados.

Waterfront Fists (sep-1930) [Stand Up and Slug!] presenta un combate entre los campeones de dos barcos mercantes (por supuesto, Costigan es uno de ellos). El combate, eso sí, se ve alterado por la debilidad de Costigan por las mujeres.

En The Champion of the Forecastle (nov-1930) [Champ of the Forecastle; The Champion of the Seven Seas], Costigan actúa como entrenador de un compañero. De nuevo, la historia gira alrededor de los enredos provocados por una mujer, y no carece de escenas humorísticas.

Waterfront Law (ene-1931) [The TNT Punch; The Waterfront Wallop] presenta de nuevo a Costigan engañado y metido en líos por culpa de su buena naturaleza (y, en este caso, patriotismo). Aquí aparece por primera vez un elemento de juego sucio dentro de las peleas, que tanto en el ring como fuera de él normalmente suelen ser bastante limpias.

Tras un combate perdido por una decisión arbitral equivocada, en Alleys of Peril (ene-1931) [Leather Lightning] Costigan parte en busca de venganza, lo que le llevará a mezclarse con el mundillo criminal de Hong Kong. Como relato de humor no es gran cosa, pero tiene a su favor el hecho de no seguir la fórmula habitual.

Texas Fists (may-1931) [Sanghied Mitts] tiene toques de western: Costigan está en su Texas natal, y es raptado por unos rancheros para que luche contra el campeón de sus rivales mineros. Por lo demás no es un relato demasiado llamativo, aunque tiene su interés como precursor de los westerns humorísticos que escribiría Howard más adelante.

En The Sign of the Snake (jun-1931), Costigan se ve envuelto de nuevo en problemas con el submundo criminal en China. Esta es más una historia de “peligro amarillo”, que podría haber protagonizado Steve Harrison, que una historia humorística del boxeador. Es interesante e inusual, pero en ella el protagonista es un Costigan al que casi no se reconoce como tal (extrañamente, ni siquiera su barco y su perro tienen los nombres habituales).

Blow the Chinks Down! (oct-1931) [The House of Peril] es otro relato con poco humor (y, lo que quizá es más sorprendente) poco boxeo, en el que Costigan se ve metido en un trama criminal en Hong Kong. Este tipo de relatos tienen la ventaja de ser más originales y con una trama más abierta, pero no parece que Costigan sea el protagonista adecuado.

En The Fightin’est Pair (nov-1931) [Breed of Battle; Sampson Had a Soft Spot] se ve reflejado el amor que Howard tenía por su propio perro. Mike, el bulldog de Costigan, es raptado para participar en una pelea de perros y el marinero demuestra su lealtad haciendo todo lo posible por rescatarle. A pesar de la sordidez del tema, el relato no carece de humor y en él no es tan importante la descripción de un combate individual como la acción en sí.

Temporalmente cansado de su vida en el mar, Costigan se une a un circo ambulante en Circus Fists (dic-1931) [Slugger Bait], donde finalmente acabará encontrándose con un desafío mayor del que era de esperar.

Dark Shanghai (ene-1932) [One Shanghai Night] es otro de los relatos en los que Costigan boxea poco y se encuentra con problemas en los bajos fondos. El humor está presente, pero no de forma exagerada.

En el divertido Vikings of the Gloves (feb-1932) [Including the Scandinavian!] vemos como Costigan (el típico personaje howardiano de origen celta) intenta hacerse pasarse por sueco con resultados bastante risibles. Ciertas complicaciones le dan más interés al combate central.

La floja trama de Night of Battle (mar-1932) [Shore Leave for a Slugger] pone de nuevo en contacto a Costigan con los bajos fondos, aunque en esta ocasión es sólo una excusa para encadenar un par de escenas de combate.
En Hard–Fisted Sentiment (1996) Costigan se mete en un complicado combate triple por una de las cosas capaces de hacer que se meta en líos (además de las mujeres, sus amigos y su perro): el barco en el que navega. El combate tiene la particularidad de que dos de los oponentes no son boxeadores, sino un luchador de savate y uno de jiu–jitsu. Sin embargo, estos combates son breves y el texto se centra en el enfrentamiento entre Costigan y el tercer oponente, un boxeador “tradicional”.

En The Slugger's Game (may-1934), Costigan se ve de nuevo envuelto en una trama bastante rutinaria para rescatar de un secuestro a su perro Mike.

El entretenido General Ironfist (jun-1934) emplea como telón de fondo la convulsa China de la época, haciendo que Costigan luche como campeón de un general contra su rival.

Sluggers of the Beach (ago-1934) es un flojo relato en el que Costigan y uno de sus rivales se ven empujados a unirse para buscar un tesoro en una isla abandonada.

Media docena más de relatos, ninguno publicado en vida de Howard, completan la saga de Costigan: Sailor Costigan and the Swami (1977), By the Law of the Shark (1996), Flying Knuckles (1996), The Honor of the Ship (1996), The Battling Sailor (2007) y Blue River Blues (2007).



Dennis Dorgan


Hay que señalar que, para poder publicar sus relatos e ignorar las restricciones editoriales de las revistas (como publicar sólo un relato de un personaje o autor en cada número), Howard reescribió varios de sus relatos de Costigan, firmándolos como “Patrick Ervin”, y cambiando únicamente el nombre del protagonista por el de Dennis Dorgan, así como el de su perro y su barco. Sólo uno de estos relatos de Dorgan fue publicado, y la tendencia actual es considerarlos como relatos propios de Costigan, ya que en ningún caso había más alteraciones que las mencionadas (no es como reescribir completamente un relato de Kull para dar origen a Conan…).

Alleys of Darkness (ene-1934) [Alleys of Singapore] es un relato simple pero entretenido, en el que la caballerosidad de Dorgan le hace ser engañado por una “damisela en apuros”.

Más pretensiones tiene Alleys of Treachery (1966) [The Mandarin Ruby], en el que Dorgan se ve envuelto en una retorcida historia de robos y venganzas para recuperar un dinero que le ha sido escamoteado. Aunque es más un relato de misterio que de boxeo, el resultado es bastante irregular (quizá también por esa indefinición respecto al género).

Sailor Dorgan and the Jade Monkey (1971) es bastante previsible: una dama en apuros hace que Dorgan busque un combate para proporcionarle dinero. Por supuesto, ni la mujer era una dama ni tenía apuros de ningún tipo.

Cultured Cauliflowers (1974) [In High Society] nos muestra a un Dorgan forzado a llevar gafas por una lesión y contratado para una exhibición en la alta sociedad. Como es de esperar, los resultados son humorísticos, al estar el marinero como pez fuera del agua.

En el flojo Playing Journalist (1974) [A New Game for Dorgan], de propósito destacadamente humorístico, se leen los intentos de Dorgan por trabajar como cronista deportivo en la prensa, mezclado con una trama de enredos y secuestros.

Playing Santa Claus (1974) [A Two-Fisted Santa Claus] también se aleja de la estructura habitual del relato de boxeo, siendo un relato de aventuras (con toque navideño). Por supuesto, el tener a Dennis Dorgan haciendo de Santa Claus para una misión en China, y añadirle a eso unos bandidos y traficantes de armas garantiza que no vaya a faltar ni el humor ni la acción.

Flojo también resulta The Destiny Gorilla (1974), a pesar de algunos elementos interesantes. De nuevo manipulado por una mujer, Dorgan se ve envuelto en una pelea mientras huye de unos bribones.

The Turkish Menace (1974) es una aventura del montón en la que Dorgan se ve metido en problemas al ser confundido con un ladrón.

A Knight of the Round Table (1974) [Iron-Clad Fists] es más entretenido gracias a las características del combate narrado. Dorgan decide dejar el ring de boxeo, pero acaba siendo contratado para un combate de exhibición en el que los luchadores visten armadura medieval.

The Yellow Cobra (1974) [A Korean Night; A Night Ashore] es una historia bastante típica, con elementos propios del subgénero de peligro amarillo.



Hombres de Hierro


El repertorio boxeístico de Howard no sólo se compone de historias humorísticas protagonizadas por Costigan (o su alter ego Dorgan). Muchos de sus otros relatos de boxeo tienen un enfoque mucho más serio.

The Spirit of Tom Molyneaux (abr-1929) [The Apparition in the Prize Ring] es un relato bastante normal, pero con un par de características destacables. La primera es que su protagonista es un boxeador negro (al igual que su oponente, retratado de forma más que discutible), lo que resulta bastante inusual, y la segunda es la mezcla de un elemento sobrenatural en la trama. El personaje protagonista, Ace Jessel, también aparecería en otro relato que mezcla lo sobrenatural con el ring: Double Cross (1983). Esta mezcla de géneros se repetiría en los relatos The Mark of a Bloody Hand (1986) y The Voice of Doom (1986)

Crowd–Horror (1929) está protagonizado por un prometedor boxeador afectado de lo que hoy llamaríamos miedo escénico. El relato es interesante por su tema, pero poco más (y ciertamente no por la poco original forma con que lo supera).

Iron Men (1930) es un relato bastante largo, que de hecho fue acortado para su publicación por los editores. Es practicamente un biopic de un boxeador tremendamente resistente, pero incapaz de ser técnico: este tipo de hombres de hierro protagonizan muchos de los relatos de boxeadores de Howard. La historia y los combates reflejan los aspectos más brutales del boxeo. Como curiosidad, Costigan es mencionado. Esto es algo que Howard hará en otros de sus relatos, mencionando tanto a boxeadores reales como de su invención, creando una especie de “mundillo” del boxeo alrededor de sus relatos (Salvando las distancias, similar a lo que hacían los escritores del “Círculo de Lovecraft”, incluido el propio Howard, pero con boxeadores en vez de con dioses, grimorios y hechiceros).

El simple pero correcto Kid Galahad (dic-1931) [The Good Knight] es otro relato humorístico bastante previsible, similar a los de Costigan, en el que el protagonista es utilizado por una mujer fatal. El boxeador de esta historia, Kid Allison, es otro de los personajes a los que Howard dedicó varios relatos. Los otros relatos son College Socks (1931) [A Student of Sockology], The Drawing Card, Fighting Nerves, Fistic Psychology, The Jinx, Man with the Mystery Mitts (1931), The Texas Wildcat, y A Tough Nut to Crack

Fists of the Desert (1936) [Iron–Jaw] es otro pequeño biopic en el que Howard parece mostrarse bastante desencantado con el rumbo que está tomando el deporte, con entrenadores rastreros más preocupados por el espectáculo que por el combate. Es un enfoque interesante, pues hasta ese momento normalmente el boxeo es más tomado como algo noble (brutal, pero noble…), y parece que sea hacia el final de la vida de Howard cuando se ve empujado por el pesimismo acerca de su afición.

They Always Come Back (1976) es otro relato similar a Iron Men, y precisamente está protagonizado por uno de los boxeadores derrotados por el protagonista de aquel, narrando su resurgir tras dicho fracaso. Es interesante por el uso de otro punto de vista y por la ya mencionada sensación de que las historias transcurren en un “mundo real”.

Otros relatos de Howard ambientados en el mundillo del boxeo son The Ferocious Ape, The Fighting Fury, Fists of the Revolution (1976), A Man of Peace, Right Hook, Shackled Mitts, Weeping Willow y las historias cortas agrupadas bajo el título Misto’ Demsey.