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La Ciencia Ficción de Robert E. Howard

Parece indiscutible que Robert E. Howard sea considerado como uno de los padres del Fantástico moderno. Aunque quizá menos conocida, su faceta como autor de Terror también es más que destacable. Ahora bien, ¿qué sucede con el tercer gran sub-género de lo que a veces se llama "ficción especulativa"? ¿Cuál es la producción de Howard enmarcada dentro de la Ciencia Ficción?

Primeros Intereses

Entre los textos juveniles de Howard (escritos aproximadamente entre los 14 y 16 años), se encuentran varias piezas que pueden definirse como ciencia ficción, por lo que parece que el joven Bob mostraba cierto interés por este tipo de material.

A Twentieth Century Rip van Winkle es la historia de un cautivo durante 20 años que sirve a Howard para trasladarse a un imaginario 1940 del futuro que presenta vehículos voladores como avances tecnológicos más llamativos.

The Iron Terror es una de las primeras historias en las que aparece El Borak (aún no plenamente en su forma definitiva), en este caso enfrentándose al robot creado por un científico loco.

El incompleto The Last Man está ambientado en un año 2000 en el que una decadente raza blanca sufre la rebelión de un ejército procedente de África con ideólogos musulmanes. A pesar de que los africanos son presentados con cierto respeto por mantener su desarrollo físico frente a los degenerados blancos, el racismo del relato es evidente y los elementos de interés del relato no son suficientes para contrarrestarlo.

Otra versión o continuación del anterior parece The Last White Man, relato en que el último hombre blanco contempla como la raza negra llega a su decadencia, como antes le sucedió a la blanca. A pesar de mostrar el germen de algunas de las ideas de Howard sobre la civilización, este relato y el anterior no forman un díptico especialmente recomendable.

Un tema similar aparece en el fragmento que comienza como “Hunwulf, an American…”, que parece tratar de un experimento científico para enviar a un hombre a un futuro en que los blancos son minoría.

El viaje en el tiempo también aparece en The Man Who Went Back, pero esta vez el hombre-cobaya es enviado al pasado, pero decide ir armado con una ametralladora. En cierto modo, parece un relato similar a los de James Allison y la memoria racial.
También ha llegado hasta nosotros una sinopsis (unos pocos apuntes, en realidad) sobre una historia titulada A Room in London, ambientada en el año 2150.

El Profesional 

Por desgracia, los textos escritos como escritor profesional por Howard y dedicados a la Ciencia Ficción no son mucho más numerosos, aún aunque se incluya el relato The Challenge From Beyond, publicado en 1935 y escrito en round-robin con H.P. Lovecraft, Abraham Merrit, Frank Belknap Long y C.L. Moore. De hecho, su participación en dicho relato es el único texto de ficción científica que publicaría en vida.

The Last Laugh es una viñeta breve, de aspecto inacabado y poco pulido. Un hombre reflexiona sobre la condición humana antes de disponerse a destruir el mundo ante unos inhumanos enemigos. El discurso transmite cierta fuerza, pero poco más.

Aunque hoy en día puede que The Gondarian Man resulte demasiado previsible en su giro final, no es un mal relato. Unos científicos del futuro abren una tumba antigua y se ven obligados a matar a su monstruoso ocupante que estaba hibernando. El posterior informe científico tiene sorprendentes resultados para el lector.

La visión poco optimista de la humanidad de Howard se refleja en The Supreme Moment, en el que un grupo de notables se ve obligado a recurrir a un resentido y amargado científico para que salve al mundo de una mortífera plaga fúngica.

En The People of the Black Coast se mezclan el terror y la ciencia ficción con toques casi lovecraftianos. Una pareja naufraga en una misteriosa isla habitada por unos inteligentes cangrejos gigantes: el conflicto no tarda en aparecer.

Por su parte, lo que se mezcla en King of the Forgotten People es el terror amarillo con las aventuras exóticas. Lo acercan a la ciencia ficción los artilugios y descubrimientos del científico loco de turno, que no dejan de ser magia con una coartada racional.

En todo caso, la principal obra de Ciencia Ficción de Robert E. Howard es Almuric. Se trata de una novela (inacabada) que empezó a escribir cuando estaba buscando abrirse al mercado británico (proyecto que le llevaría a escribir la novela de Conan The Hour of the Dragon). Esta novela acabaría siendo publicada por entregas en Weird Tales en 1939, y se supone que los últimos capítulos los concluyó otra mano. Esto explica que algunas partes den la sensación de estar menos desarrolladas: todo el texto es poco más que un primer borrador.

Almuric es una fantasía de “espada y planeta” inspirada claramente por el ciclo de novelas de John Carter escrito por Edgar Rice Burroughs. Un científico envía al protagonista a otro planeta, repleto de hombres brutales y mujeres delicadas y hermosas. En sus aventuras, Esau Cairn se enfrenta a criaturas bastante habituales en los relatos de Howard: hombres alados, arañas gigantes, “gusanos de la tierra”… En general, la fauna del planeta Almuric no resulta tan imaginativa como la del Marte de Burroughs. En definitiva, esta novela es la versión con elementos howardianos del John Carter de Burroughs, sin limitarse a ser una mera copia. Aún así, se queda en poco más que una rareza y una oportunidad perdida.

En resumen, parece evidente que el prolífico Robert E. Howard no cuenta con una literatura de Ciencia Ficción destacable, por lo que será mejor buscar sus mejores momentos en los dedicados a la Fantasía y el Terror.

Sherlock Holmes: el Sabueso de Baker Street

Cuatro novelas y 56 relatos: lo que se conoce como el Canon. Ese es el material con el que Sir Arthur Conan Doyle consiguió crear un personaje inmortal que pasaría a la historia de la literatura popular inglesa y universal: Sherlock Holmes. Aunque existen los lógicos antecedentes (siempre  hay que mencionar, con justicia, al Dupin de Edgar Allan Poe), es en estas historias en las que se creó el arquetipo de relato detectivesco que perduraría durante mucho tiempo, y que aún en la actualidad sigue funcionando entre el público.

A Study in Scarlet (1887)

La primera novela de las cuatro que forman parte del canon de Sherlock Holmes es A Study in Scarlet. La novela relata el primer encuentro entre Sherlock Holmes y Watson, que además es el narrador de la historia. Salvo escasas excepciones, además de ser su eterno compañero, Watson actúa como narrador de las historias, siendo a la vez el representante del lector. A pesar de ser la primera historia del detective, los personajes y las constantes de estas historias aparecen ya bastante bien definidas, desde el peculiar carácter y costumbres de Holmes a, por supuesto, sus métodos deductivos. También aparecen detalles más secundarios el desprecio por las maneras de Scotland Yard (aquí representado por Gregson y Lestrade) o el uso que hace Holmes de la red de informantes que más adelante será bautizada como los “Irregulares de Baker Street”.

La segunda parte de la novela está ocupada en buena parte por un relato que nos narra la historia que ha originado los crímenes que ha investigado Holmes, aunque desde el punto de vista del asesino. Ambientada en el pasado, en unos “exóticos” Estados Unidos entre mormones, hasta cierto punto esta parte da la sensación de ser relleno para llegar a una longitud válida como novela a partir de una trama que quizá no fuera suficiente para ello. Por otra parte, esta historia de venganza da una visión que hace más comprensibles los crímenes cometidos, lo que es coherente con que el criminal no acabe ante un tribunal (aunque sí que le alcance la “justicia divina”).

La historia finaliza con una policía que se adjudica los méritos de la resolución del caso, y un Watson que promete a su compañero de piso que publicará la verdadera historia de los hechos.

The Sign of the Four (1890)

A pesar de no alcanzar todavía demasiada popularidad, alguien debió fijarse en la novela de Conan Doyle, porque el editor de una revista estadounidense le encargó otra novela para incluir en la versión inglesa de su publicación. Como curiosidad, Oscar Wilde también recibió un encargo similar (en la misma cena con el editor) y escribió The Portrait of Dorian Gray.

Esta historia sigue una estructura similar a la de la primera novela, aunque el relato de la versión del criminal ocupa mucho menos espacio (menos de un capítulo, en vez de casi medio libro). El cuerpo a la trama esta vez se lo dan sus propios elementos (de un exotismo a veces cercano a lo melodramático), escenas de acción (una persecución por el Thamesis) y ciertos elementos románticos (por lo que respecta a Watson: el frío Sherlock Holmes aprovecha para dejar claro lo que piensa del matrimonio).

Watson aquí conoce a la que se convertirá en su esposa, Mary Morstan, lo que es revelado de forma gradual (recordemos que Watson es el narrador), mediante indicios graduales de que Watson y Mary han continuado su relación más allá de la historia de la novela. Sin embargo, lo que es bueno para la felicidad del Dr. Watson, será un impedimento para Conan Doyle, pues en futuras historias Holmes y Watson no compartirán el domicilio de Baker Street y la justificación para que vivan aventuras juntos será algo más endeble. En todo caso, no parece que Conan Doyle tuviera en mente la creación de todo un universo ficticio alrededor de su detective, como demuestran en ocasiones diversas incoherencias a lo largo de su obra (por ejemplo, la herida de Watson pasa de ser en un brazo a afectar a una pierna).

Por otra parte, la novela muestra a un Holmes dedicado a una actividad que suele llamar la atención de los lectores modernos: el uso de las inyecciones de cocaína o de morfina como estimulantes cuando no tiene un caso en marcha. También se presenta otra de las habilidades del detective: su capacidad para el disfraz. En parte, según afirma Holmes, se ve obligado a utilizar este medio por su excesiva popularidad, ocasionada en parte por las publicaciones de Watson. La inclusión de este tipo de referencias es relativamente habitual, y ayuda a crear la sensación de que las aventuras de Sherlock Holmes transcurren en el mundo en que viven sus lectores.

The Adventures of Sherlock Holmes (1892)

Tras estas dos novelas, Conan Doyle empezará a publicar relatos cortos en la revista mensual Strand Magazine, donde acabaría por consolidarse la popularidad de Sherlock Holmes. Estas historias cortas se recopilarían en diversas antologías, de las cuales esta es la primera, recogiendo relatos aparecidos entre 1891 y 1892.

La colección comienza con el imprescindible A Scandal in Bohemia, donde aparece el personaje de Irene Adler o, para Sherlock Holmes, LA mujer. La historia (que demuestra cierta influencia de Poe) no trata de un crimen, por primera vez, sino que Holmes es contratado para recuperar unos documentos, lo que le hace ser más activo que cuando se dedica a la investigación. Además de la creación de un personaje básico en la leyenda de Holmes (la mujer que es capaz de derrotarlo en su propio terreno), el relato profundiza en su postura ante las mujeres y en como le afecta el choque con Adler.

The Red-Headed League resulta curioso por sus toques de humor, casi absurdo, pero demuestra como Holmes es capaz de frustrar un robo y detener a un infame ladrón (con el que afirma haberse cruzado ya) a pesar de que el caso originalmente parece no tener nada que ver.

Más flojo resulta A Case of Identity, donde Holmes no consigue que se haga verdadera justicia en un caso sencillo (un asunto de índole familiar), pues no hay un verdadero crimen.

No mejora mucho la cosa con The Boscombe Valley Mystery, que recuerda demasiado a A Study in Scarlet. Holmes usa su propio sentido de la justicia, dejando irse al criminal pero salvando al falso acusado.

Frustrante para Holmes resulta The Five Orange Pips, pues su cliente es asesinado sin que pueda evitarlo y, aunque intenta hacer justicia, el barco donde viajan los asesinos (relacionados con el KKK) se hunde antes.

De nuevo un caso doméstico centra la acción en The Man with the Twisted Lip, donde Holmes descubre a un marido que engaña a su mujer llevando una doble vida por motivos puramente económicos, en lo que parecía una desaparición o asesinato.

Al contrario, en The Adventure of the Blue Carbuncle, lo que parece un caso rutinario acaba llevando a la resolución del robo de una piedra preciosa. Sherlock Holmes emplea más sus capacidades deductivas en demostraciones que en la resolución del crimen.

La calidad vuelve a aumentar en The Adventure of the Speckled Band. De paso, la cronología de las historias deja de ser lineal como hasta ahora, pues este relato está ambientado en la época en que Holmes y Watson aún vivían juntos. Se trata de un caso en el que abundan los elementos misteriosos (y puede verse cierto sub–texto sexual), con una intrigante habitación cerrada (o casi) y un arma exótica. También vemos que a Holmes no le remuerde la conciencia por provocar (aunque sea de forma indirecta) la muerte del asesino.

Tras esto, The Adventure of the Engineer's Thumb resulta decepcionante, pues la mayor parte del relato se centra en la narración de una historia con más o menos misterio, y con una resolución poco satisfactoria en la que Holmes interviene poco.

The Adventure of the Noble Bachelor es una historia correcta relacionada con un asunto de tipo amoroso, pero la desaparición de la víctima no consigue crear ningún tipo de tensión en el relato.

En The Adventure of the Beryl Coronet, Sherlock Holmes vuelve a los asuntos relacionados con la alta política y similares. Un anónimo personaje conectado con la realeza (¿el Príncipe Alberto?) mete en problemas a un banquero, pero Holmes lo resuelve hábilmente. Las joyas robadas se recuperan aunque hay que dejar ir a los ladrones para evitar escándalos.

En The Adventure of the Copper Beeches Holmes vuelve a la campiña, lo que le permite expresar su opinión respecto a que el campo es mejor para el crimen que la ciudad. En sí, la historia llama la atención por sus elementos siniestros, que parecen casi de novela gótica.

En general, hay cierta irregularidad (lógica en este tipo de casos) en los relatos de la antología, aunque el nivel general es bueno. Parece que Conan Doyle está más cómodo con su detective en las historias cortas que en las novelas. Estas historias sirven para cimentar a la perfección el personaje creado en las dos novelas anteriores, abundando en elementos como el sentido de la justicia de Holmes (no necesariamente relacionado con la ley).

Conan Doyle empieza a introducir relatos situados temporalmente entre sus dos primeras novelas, pues el hecho de que Watson esté casado prácticamente le obliga a que cada relato comience con una visita a Holmes, o con Watson abandonando su hogar (y su trabajo como médico) para irse a investigar un caso con Sherlock.

The Memoirs of Sherlock Holmes (1894)

La popularidad de Sherlock Holmes estaba ya más que consolidada, a pesar de que Conan Doyle quería dejar el personaje (algo que ya llevaba pensando durante sus doce historias anteriores), pues estaba más interesado en lo que él consideraba su obra más “seria”, como sus novelas históricas. Así, se dedicaba a pedir cada vez más dinero a The Strand, con la esperanza de que no aceptaran sus condiciones. Sin embargo, los editores sabían que tenían un éxito seguro entre manos y estaban dispuestos a pagarle lo que pedía. Esta antología contiene historias publicadas entre 1892 y 1893.

De nuevo, la antología empieza bien con Silver Blaze, una historia con un Holmes en plena forma (capaz de pequeñas venganzas contra quien le trata de manera desconsiderada), y donde nada es lo que parece a primera vista.

The Adventure of the Cardboard Box no aparecía originalmente en la antología, pues al parecer Conan Doyle consideraba poco adecuado para los lectores más jóvenes el tema del adulterio. A pesar de su macabro inicio, se trata de una historia poco lograda, en la que Holmes no aparenta hacer demasiado uso de sus capacidades deductivas.

El flojo The Adventure of the Yellow Face, se presenta como ejemplo en el que Holmes se equivoca en sus deducciones. Quizá lo más interesante sea lo avanzado para su época de su planteamiento acerca de la desigualdad racial (un tema que preocupaba a Conan Doyle).

The Adventure of the Stock-broker's Clerk resulta poco original, con un planteamiento muy similar al de The Red-Headed League y la resolución de un misterio que es parte de algo mayor.

The Adventure of the "Gloria Scott" es interesante porque Holmes relata a Watson su primer caso, de la época en que era estudiante. Sin embargo, carece de una verdadera historia detectivesca y el misterio planteado se resuelve solo, limitándose las deducciones de Holmes a una demostración.

El planteamiento de contar una historia de juventud se repite en The Adventure of the Musgrave Ritual, además de presentarnos algunas costumbres exóticas más del detective. Resulta más logrado que el anterior, a pesar de contar con un Holmes aparentemente más inseguro y abusar un poco de los elementos tópicos de las historias detectivescas.

Tras un (relativamente) detallado caso internacional, Holmes necesita reposo en el campo en The Adventure of the Reigate Squire. Por supuesto, se encontrará con un nuevo misterio que resolverá gracias a sus conocimientos de grafología y sus capacidades interpretativas.

The Adventure of the Crooked Man remite de nuevo a una muerte misteriosa con una trama que mira al pasado y se relaciona con problemas amorosos. La presencia de Watson se limita a poco más que escuchar la historia, casi como si Holmes quisiera asegurarse de su publicación. Como curiosidad, es la historia en la que Holmes dice el “Elementary” que es lo más parecido al “Elementary, my dear Watson” que ha pasado incorrectamente a la historia como frase típica de Holmes.

The Adventure of the Resident Patient es un flojo relato del montón que mezcla elementos ya utilizados: misteriosos empleadores, cómplices en el crimen, venganzas…

Lo de menos en The Adventure of the Greek Interpreter es la historia en sí, con una resolución poco satisfactoria y un Watson encargado de hacer las deducciones pertinentes. Lo importante es la presentación de Mycroft Holmes, el hermano al que Sherlock considera más inteligente (pero menos activo), así como del extraño Club Diógenes al que pertenece. En este relato ambos demuestran estar parejos en capacidad deductiva (pero también en una cierta imprudencia).

El relato más largo del canon es The Adventure of the Naval Treaty, una correcta historia de intriga política internacional, mucho mejor en el desarrollo que en su conclusión.

Y la antología acaba con The Final Problem, otro de los relatos imprescindibles, a pesar de no tratarse de un verdadero caso al uso. Se trata de la historia del enfrentamiento entre Sherlock Holmes y el Profesor Moriarty, la mente criminal más peligrosa de su época. Siendo estrictos, se trata en realidad de la resolución de este conflicto (del que nunca se ha sospechado…). La fuerza y la importancia del relato están en la creación y presentación de la némesis de Holmes, Moriarty, así como por ser el relato en el que Conan Doyle mata a su protagonista, sacrificándose para acabar con su malvado antagonista.

Los mejores relatos de la antología se concentran en la segunda mitad del libro, como regla general. Y si la antología anterior nos presentaba a Irene Adler, esta nos presenta a otros dos personajes inseparables del mito de Sherlock Holmes: Mycroft Holmes y Moriarty. Conan Doyle parece tener una especial capacidad para crear personajes secundarios a los que hace atractivos prácticamente sólo mediante unos esbozos. Tanto Mycroft como Moriarty reaparecerán más adelante (no así Irene Adler), algo sin duda motivado por la fuerza que demuestran en sus primeras apariciones. En todo caso, estos personajes memorables no dejan de poder considerarse "versiones" del propio Holmes, sea en femenino (Irene Adler), en poco activo (Mycroft), o como un claro reverso oscuro (Moriarty).

The Hound of the Baskervilles (1902)

Tras un largo periodo de ocho años, Conan Doyle decidió regresar al personaje que más popularidad le había dado, al conocer una antigua leyenda popular que decidió emplear como marco para una nueva novela (publicada por entregas en The Strand). Sin embargo, Holmes seguía muerto, pues la novela está ambientada antes de los hechos narrados en The Final Problem.

El inicio de la novela no se aleja demasiado de los convencionalismos establecidos en otras historias, aunque una persecución aporta algo más de acción. Tras esto, la acción se traslada a los páramos de Dartmoor. Sin duda, aquí es donde se encuentra uno de los principales elementos de la historia: la inquietante atmósfera que da el desolado paisaje en que transcurre. Esto es algo que parece casi imprescindible en una novela en la que la amenaza de lo sobrenatural es constante, aunque el desenlace conduzca de forma inevitable a demostrar la superioridad de la racionalidad sobre la superstición.

Otra curiosidad de la novela es el relativo segundo plano que adopta Sherlock Holmes. El detective parece estar muy ocupado (además de llegar a decir en un momento dado que ha trabajado en 500 casos (importantes…), y se queda en Londres mientras envía a Watson a ser su informador en Baskerville Hall. Conan Doyle llega a experimentar con el formato, haciendo que algunos capítulos sean directamente los informes que envía el narrador a su compañero de aventuras.

En todo caso, el regreso de Sherlock Holmes al primer plano es inevitable para alcanzar la resolución del misterio, aunque no deja de alabar a Watson por su trabajo. Igualmente, parece haber aparecido un cierto respeto entre Holmes y Lestrade, al que pide ayuda oficial. Las consecuencias del misterio no puede decirse que sean totalmente satisfactorias, algo que el narrador ya había dejado entender: el culpable consigue huir (aunque probablemente para morir) y su víctima sufre un grave ataque nervioso.

La tercera novela protagonizada por Sherlock Holmes sea posiblemente la mejor de todas. No tiene los defectos de los intentos primerizos y se beneficia de una estructura mucho más compacta y bien enlazada, en la que no sobran sub–tramas ni resultan forzadas, sino que contribuyen al efecto general.

The Return of Sherlock Holmes (1905)

Tras el largo periodo de descanso y después de volver a encontrarse con el personaje en la novela anterior, Conan Doyle decidió volver a la publicación de historias protagonizadas por el detective.

The Adventure of the Empty House supone la reaparición de Holmes tras su supuesta muerte en The Final Problem. La historia mezcla un misterio más o menos típico con la captura del segundo de Moriarty, el Coronel Moran. La justificación que da Holmes respecto a su fingida muerte no es especialmente sólida, pero al fin y al cabo el público está recibiendo lo que quiere y no se va a quejar. Menos clara es la referencia a la muerte de la mujer de Watson. Mary Watson, elemento necesario de la trama en The Sign of Four,  se había convertido en un problema narrativo para las historias posteriores, y con su desaparición Conan Doyle consigue reunir de nuevo a Watson y Holmes en Baker Street.

En The Adventure of the Norwood Builder nos encontramos con un criminal con una motivación retorcida y poco creíble, aunque el relato es correcto y consigue mantener el  interés durante su desarrollo.

Holmes demuestra sus conocimientos de criptografía al descifrar una serie de misteriosos mensajes en The Adventure of the Dancing Men. Estos mensajes apuntan a un asesinato que Holmes resuelve, aunque no llega a tiempo de evitarlo.

Mucho más flojo es The Adventure of the Solitary Cyclist, con su trama poco lograda y embrollada. La historia gira alrededor de una joven heredera que consulta a Holmes por un asunto trivial, pero eso acaba salvándole la vida.

The Adventure of the Priory School destaca porque, aunque como detective no demuestra mucho, Holmes hace gala de una lado de su personalidad que no conocíamos. Además de hacer justicia a su manera (dejando ir a un culpable con la esperanza de que se reforme y para evitar el escándalo social), se hace con una sustanciosa recompensa por resolver la desaparición del hijo de un importante aristócrata.

En The Adventure of the Black Peter se descubre que Holmes no sólo es un experto en disfraces, sino que cuenta con varias identidades falsas establecidas en la ciudad. Holmes investiga la muerte de un antiguo marinero y buena parte del relato se entretiene en una pista que acaba siendo falsa. El contacto de Holmes con la policía es Stanley Hopkins, un “pupilo” suyo que reaparecerá en algunos casos más. En cierto modo, la actitud de Holmes hacia Scotland Yard se va moderando un poco, y eso lo corrobora su relación con este prometedor policía.

Probablemente la historia más atípica de todas sea The Adventure of Charles Augustus Milverton, donde Holmes se enfrenta a un famoso chantajista. Fracasadas las negociaciones para recuperar una carta, Holmes recurre a seducir a una de las criadas del criminal y, directamente, al robo (y descubrimos la afición de Holmes a las cajas fuertes). Cuando Milverton encuentra su final a manos de una mujer agraviada (se implica que relacionada con la alta nobleza), Holmes se niega a ayudar a Lestrade por su desprecio hacia la víctima.

Como suele suceder, en el entretenido The Adventure of the Six Napoleons lo que comienza simplemente como un hecho curioso acaba complicándose con un asesinato y el robo de una valiosa perla (que Holmes acaba quedándose…)

Lo poco interesante del crimen en The Adventure of the Three Students (el robo de las preguntas de un examen) hace que este relato, aunque acertado, sea poco apasionante.

The Adventure of the Golden Pince-Nez es otro relato correcto y con buen ritmo, pero poco destacable por lo demás. La trama acaba teniendo un trasfondo relacionado con extremistas Rusos.

Aunque The Adventure of the Missing Three-Quarter empieza de manera cómica, acaba de manera más bien trágica, y el cambio no resulta especialmente satisfactorio. El caso no deja de ser un estimulante más para Holmes, del que averiguamos que ha dejado otro tipo de estimulantes por la influencia del Dr. Watson.

En la primera escena de The Adventure of the Abbey Grange, Holmes pronuncia su (otra) mítica frase: “The game is afoot” (de origen Shakespeariano). Por desgracia eso es lo más destacable del relato, a pesar de su corrección y una buena historia a pesar de algunos elementos melodramáticos. Holmes vuelve a hacer justicia a su manera en una historia con un mensaje en el que Conan Doyle deja ver su interés por mejorar las leyes relacionadas con matrimonios y divorcios.

La antología finaliza con The Adventure of the Second Stain, caso mencionado por su nombre en The Naval Treaty, aunque con detalles distintos. Se trata de una interesante historia de intriga internacional en la que Holmes trabaja para evitar una guerra a nivel europeo. Lo más flojo de la historia es que, a pesar de su triunfante conclusión, Holmes no hace demasiada labor detectivesca.

En este último relato, Watson afirma que Holmes se ha retirado (para dedicarse a la apicultura) y no quiere popularidad, por lo que le ha prohibido publicar más relatos: parece que Conan Doyle seguía intentando librarse del personaje. En general esta es una buena antología con (como todas…) un buen puñado de relatos destacables, aunque muchas tramas empiezan a tener elementos comunes con historias anteriores. Quizá lo menos satisfactorio sea el modo en que se produce el retorno a la fórmula: ni la resurrección de Sherlock Holmes ni la muerte de Mary Watson tienen explicaciones especialmente adecuadas. En cambio, y a pesar del regreso a la rutina, sí parece notarse un cambio en la personalidad de Holmes: una actitud más tolerante con la policía parece ir acompañada de una mayor tendencia a impartir justicia por su cuenta. Probablemente esto se deba al creciente escepticismo de un Conan Doyle cada vez más decepcionado con el sistema judicial.

The Valley of Fear (1915)

Si en la novela anterior, Conan Doyle se basaba en una leyenda popular, para la última novela protagonizada por Sherlock Holmes se inspiraría en hechos reales. La novela apareció por entregas en The Strand, como era habitual, alrededor de un año antes de ver su publicación en forma de libro.

La novela está ambientada antes de The Final Problem, lo que causa algunas inconsistencias a las que el lector ya debe estar acostumbrado: si bien en dicho relato Watson no había oído hablar de Moriarty, en esta novela conoce bastante de su reputación. Por otra lado, la presencia de Moriarty da algo más de trasfondo y solidez al personaje, aunque para el lector resulta un poco frustrante que su mente criminal no llegue a tener un papel más importante del que parecen anunciar los primeros capítulos.

La primera parte del libro lleva a Holmes a investigar un asesinato (del que un confidente ha tratado de advertirle) y sigue la investigación de una manera casi propia de un manual. Tras oír las primeras informaciones de una policía con la que colabora de manera casi inusual, Holmes investiga la escena del crimen e interroga a los testigos. Finalmente, tras examinar y elaborar diversas teorías, Holmes tiende una trampa con la que captura al culpable.

Sin embargo, el culpable no es lo que parece, y tiene buena parte de víctima. Además, proporciona un manuscrito a Watson, contando su pasado en América, con el que este elabora la segunda parte del libro (a lo A Study in Scarlet). Se trata de un interesante relato, que incluye una sociedad masónica, una logia convertida en organización criminal (utilizando de vez en cuando una coartada anti–capitalista) y un ambiguo protagonista. Sin embargo, como parte de una novela de Sherlock Holmes resulta poco interesante y hasta previsible, además de hacer que el libro recuerde en exceso a A Study in Scarlet, resultando repetitivo. Además, el breve epílogo en el que reaparecen Holmes y Watson sólo sirve para hablar brevemente de la implicación de Moriarty desde detrás de la escena principal.

En conclusión, The Valley of Fear no es una mala novela y resulta entretenida, pero no resulta tan atractiva por su atmósfera como The Hound of the Baskervilles y quizá incluso pueda considerarse inferior a The Sign of Four pues, a pesar de estar mejor escrita, comparte estructura (y casi trama) con A Study in Scarlet y resulta menos interesante como parte de la saga de Sherlock Holmes.

His Last Bow (1917)

Tras la última tanda de historias, Conan Doyle llegó a un acuerdo con su editor para seguir proporcionando relatos de Sherlock Holmes, pero a su propio ritmo y sin presión. Estos relatos aparecieron entre 1908 y 1913 y son los que componen esta antología, junto con el que le da título (escrito en 1917).

En The Adventure of Wisteria Lodge, Sherlock Holmes deja casi todo el trabajo de detective al policía de turno, lo que resulta sorprendente. Se trata de una historia de justa venganza, cuyo trasfondo es una crítica a ciertas actitudes políticas tiránicas contemporáneas a Conan Doyle.

De nuevo una venganza justificada es el centro de The Adventure of the Red Circle, en esta caso de un criminal con aires de terrorista. La historia es floja y abunda en elementos poco creíbles.

En The Adventure of the Bruce-Partington Plans, Holmes es contratado por su hermano Mycroft, del que se revela que trabaja para la Inteligencia Británica. Es un buen relato, interesante y con un ritmo que mantiene la tensión. La intriga de espionaje y un correcto reparto de secundarios dan forma a esta trama (por otro lado, no demasiado original) de ambientación claramente pre–bélica.

Y la Sra. Hudson (la casera de Holmes) es quien inicia de trama de The Adventure of the Dying Detective, al pedir a Watson que vaya a ayudar a un Holmes enfermo y moribundo. Por supuesto, todo es una trampa para atrapar a un criminal. La idea es interesante y original, pero a estas alturas es poco probable que el lector piense que Holmes no tiene la situación bajo control.

Watson actúa brevemente como protagonista en The Disappearance of Lady Frances Carfax, al ser enviado al extranjero por Holmes para llevar a cabo la búsqueda de una mujer desaparecida. Lo mejor del relato es lo tenso de su final, en parte porque Holmes no parece estar en plena forma y llega a dar la sensación de poder fracasar.

Quizá por eso Holmes se toma unas vacaciones en The Adventure of the Devil's Foot, aunque pronto se encuentra con el crimen. La resolución resulta mucho menos satisfactoria que el planteamiento de las muertes macabras y misteriosos y la creación de una atmósfera siniestra.

La antología se cierra con His Last Bow, una apropiada rareza. Se trata de una historia de espionaje ambientada durante la I Guerra Mundial, con intenciones claramente propagandísticas, contada en tercera persona. Un Sherlock Holmes y un Watson con veinte años más se reúnen para servir a su patria, e incluso tienen tiempo para recordar a Irene Adler o al Profesor Moriarty. A pesar de la ausencia de un verdadero misterio, su tono melancólico (o crepuscular) le hace parecer un verdadero final (más que otros relatos que lo pretendían).

The Case-Book of Sherlock Holmes (1927)

De forma similar a la anterior, esta antología está compuesta por relatos escritos de manera discontinua entre 1921 y 1926. Por regla general, estos relatos son de una calidad bastante inferior a la habitual, por lo que incluso algunos estudiosos sospechan de que detrás de ellos hubiera alguna mano además de la de Conan Doyle, “corrigiéndolos” o incluso escribiéndolos.

Para empezar, The Adventure of the Mazarin Stone es una rareza, que muestra sus orígenes como adaptación de una inédita obra teatral, estando limitada la acción a una única habitación (que a veces  parece el escenario de un vodevil). Además, el relato está narrado en tercera persona. La historia de Holmes tendiendo una trampa para recuperar una joya resulta poco original y aburrida.

La calidad aumenta  en The Problem of Thor Bridge, a pesar de lo pausado de su desarrollo y lo poco creíble de algunos elementos de la trama, en la que Holmes debe exculpar a una sospechosa de asesinato (contratado por el marido de la víctima y amante de la sospechosa). Quizá lo más interesante, sea la mención a una caja donde Watson tendría almacenadas innumerables notas, y que será mencionada en alguna otra ocasión.

A pesar de que The Adventure of the Creeping Man no empieza mal, gracias a la investigación del misterioso comportamiento de un extraño profesor, cuando llega la resolución esto acaba: con inesperados elementos próximos a la ciencia ficción, probablemente sea la peor solución de un caso de todo el canon.

Por el contrario, Holmes demuestra su no creencia en lo sobrenatural en The Adventure of the Sussex Vampire. Dada la antología en que está, este relato no es de los peores, aunque sólo sea por la sorprendente naturaleza infantil del verdadero criminal.

Nada destacable puede decirse de The Adventure of the Three Garridebs, que trata de un intento de estafa muy similar a lo narrado en otros relatos.

En The Adventure of the Illustious Client, al menos Conan Doyle crea un villano interesante (aunque a veces roce lo tópico) y despreciable. Por desgracia, el Barón Gruner es lo único destacable de un relato con poco trabajo de detective y muchos elementos repetitivos.

Tan confuso como poco atractivo resulta The Adventure of the Three Gables, en el que un Holmes torpe (además de grosero en exceso) ejerce su sentido de la justicia de una forma mucho menos lograda que en otras ocasiones.

En The Adventure of the Blanched Soldier el narrador es el propio Holmes, aunque la estructura es la habitual, por lo que no hay mucha penetración en la mente del detective. La historia, por otra parte, es más bien floja. Como curiosidad, el relato contiene una extraña referencia a la esposa de Watson que, teniendo en cuenta que en la época del relato Mary Watson debe llevar años muerta, no está muy claro a quien se refiere.

También Holmes es el narrador de The Adventure of the Lion’s Mane, esta vez como detective ya retirado que debe investigar la misteriosa muerte de un profesor. La intriga está bien presentada, pero la resolución (a la que Holmes llega por recordar un dato leído, con escasa deducción) es decepcionante.

Un atrevido criminal contrata a Holmes en The Adventure of the Retired Colourman para que le sirva de coartada, con previsibles resultados. Este correcto relato además sirve de presentación de un “detective rival” de Holmes.

En el breve The Adventure of the Veiled Lodger, Holmes y Watson se limitan a escuchar la confesión de un horrible y trágico crimen: no hay misterio alguno que resolver.

Finalmente, The Adventure of the Shoscombe Old Place parte de un planteamiento original para concluir con un desenlace que recuerda a relatos anteriores. Con todo, no es una mala historia para acabar las aventuras de Sherlock Holmes.

Es innegable que los relatos de esta antología no tienen el nivel de otras historias, además de dar una sensación de menor depuración: las inconsistencias (no nuevas en Conan Doyle) abundan, los elementos de las tramas se repiten y, en ocasiones, los personajes se desdibujan. Que ello se deba a la presencia de escritores en las sombras, al reciclado de antiguos borradores, o a la fatiga de un autor rodeado de otras preocupaciones, es algo que habrá que dejar en las expertas manos de los estudiosos.

En todo caso, y aunque en ocasiones resulten repetitivas (es difícil crear 60 historias que sigan el mismo patrón general y, a la vez, resulten originales), la inmensa mayoría de los relatos (y novelas) de Sherlock Holmes se leen con agrado y proporcionan un agradable entretenimiento. Mención aparte merece la capacidad de Conan Doyle para crear personajes (en ocasiones con apenas unas breves apariciones, como Irene Adler y el propio Profesor Moriarty) que hoy siguen tan vigentes como hace 100 años.

Las Aventuras Picantes de Wild Bill Clanton (por Sam Walser) [Revisión]

Antes de empezar con esta entrada, se hace necesario explicar el porqué de esta revisión. No es raro (especialmente con autores prolíficos) que al intentar escribir sobre una determinada categoría de relatos, haya algunos que se queden al margen, por no tener acceso a ellos. Igualmente, tampoco es raro que en un momento determinado se logre dicho acceso, con lo que el artículo original puede beneficiarse de las novedades. Esto es lo sucedido en este primer caso (que probablemente tampoco sea el último), especialmente con la publicación de la antología "Spicy Adventures" por parte de la Robert E. Howard Foundation. Se podría haber añadido simplemente un breve párrafo con los nuevos textos, pero se ha preferido repetir la publicación del artículo completo (pues puede haber otras pequeñas modificaciones).

Hacia el final de su carrera, probablemente acuciado por la necesidad económica (acrecentada por la enfermedad de su madre y los problemas para cobrar los relatos vendidos a Weird Tales), Howard vendió una serie de relatos a la revista Spicy–Adventure Stories (algo así como “Historias de Aventuras Picantes”). Que Howard no parece muy orgulloso de dedicarse a este tipo de material parece indicarlo el que las firmara con el pseudónimo de Sam Walser (Howard también empleó otros pseudónimos, pero normalmente lo hacía para saltarse así la política de las revistas de publicar sólo un relato por autor en cada número).

La mayoría de estos relatos están protagonizados por Wild Bill Clanton, aventurero y marino (como debe ser, con una novia en cada puerto) en los mares del Sur. Clanton es pendenciero y mujeriego, además de dedicarse (entre otras) a ocupaciones tan poco edificantes como el tráfico de armas o de esclavos. La obra de Howard está llena de protagonistas amorales, que difícilmente podrían ser calificados como heroicos. Sin embargo, Clanton sería directamente un personaje despreciable, sin ningún rasgo que lo redima.

Las heroinas de estos relatos combinan el papel de “damisela en apuros” con una actitud sorprendentemente independiente y activa, resultando habitualmente más astutas que sus compañeros masculinos. Ahora bien, eso no las libra de ser víctimas de los intereses de los hombres (tanto de los “buenos” como de los “malos”). En todo caso, ninguna de ellas se encontraría entre los mejores personajes femeninos creados por Howard.

El erotismo de estos relatos resulta bastante inocente para el lector moderno, y sólo va un poco más allá del que puede encontrarse en algunas de las historias de Conan. Básicamente, se trata de relatos de aventuras exóticas en los que se presta especial atención a la mención de las curvas femeninas, que suelen quedar expuestas a la vista con más frecuencia de lo habitual. En todo caso, hay que señalar la existencia de dos versiones distintas en muchos de los relatos: la original escrita por Howard (publicada en 2011) y la que se publicó en su momento en las revistas, previamente censurada. Aún así, el grado de erotismo explícito de estos relatos (considerados pornográficos en su momento) puede ser el mismo que hoy en día puede encontrarse en novelas románticas orientadas al público femenino: los tiempos cambian.

La provocación que buscan estos relatos está más en la insinuación de actividades consideradas ilícitas para el público (llama la atención que se sugiera habitualmente la existencia de sexo interracial), que en la descripción detallada de los encuentros sexuales (que normalmente llevan implícita cierta carga de violencia). Eso explica que los protagonistas se muevan por los estratos más bajos de la sociedad, que los hombres sean delincuentes sin escrúpulos, y que las mujeres estén muy alejadas del prototipo de ama de casa norteamericana de los años 30. En resumen, se trata de contar una historia con diversos elementos considerados tabú por la sociedad biempensante de la época.

En She Devil (abr-1936) [The Girl on the Hell Ship] asistimos por primera vez a como Clanton hace uso de su astucia y de sus puños para derrotar a sus enemigos y quedarse con la chica, la hispano – irlandesa Raquel O’Shane.

Ship in Mutiny (1983) es una continuación del anterior, con la misma pareja protagonista, en la que se ven mezclados con una tribu de una isla perdida de los Mares del Sur.

Desert Blood (jun-1936) [Revenge by Proxy] supone un cambio de escenario, al pasar a Argelia, donde Clanton se ve metido en líos por culpa de una mujer y del tráfico de armas. También vemos que Clanton no tiene ningún problema con el color de la piel de las mujeres.

The Dragon of Kao Tsu (sep-1936) vuelve a Singapur para contarnos una intriga comercial alrededor de una antigüedad. Hay una escena que podría calificarse fácilmente como de violación, yendo demasiado más allá de lo que sería la habitual actitud agresiva del héroe y la resistencia (sólo inicial) de la chica en estos relatos.

En The Purple Heart of Erlik (nov-1936) [Nothing to Lose] la protagonista parece ser más la heroína Arline (chantajeada para robar una joya) que el propio Clanton, que sólo aporta sus puños de hierro a la acción.

Murderer’s Grog (ene-1937) [Outlaw Working] es una floja historia ambientada en la India, en la que un Clanton traficante de armas es manipulado y utilizado por sus enemigos.

Esos son los relatos eróticos protagonizados por el inmoral Clanton, pero no serían los únicos de ese estilo que escribiría Howard. Como por ejemplo, el entretenido Guns of Khartum (1975), que mezcla las aventuras exóticas y el típico rescate de la heroína en apuros, con un protagonista más heroico que Clanton y un sorprendente detalle en el trasfondo histórico (sorprendente para un relato de este género, pero no para Howard). Este relato podría encajar perfectamente en una antología protagonizada por El Borak y personajes similares.

Por su parte, Daughters of Feud (1976) probablemente sea de los relatos más explícitos y de contenido más claramente erótico (siempre dentro de los parámetros de los años 30, claro está). El protagonista es un profesor en un colegio en el que se recomienda el uso del castigo corporal como medida disciplinaria. Como era de esperar, en la historia abundan los elementos sadomasoquistas: desde los azotes a las amenazas de castración. Aún así, Howard también incluye aquí elementos de los habituales en su obra, como la ambientación americana y los feudos que también aparecen en sus westerns.

También se incluirían en esta categoría un par de obras teatrales de título similar: Bastards All! (1987) y Songs of Bastards, escritas por Howard como diversión para compartir con su amigo Tevis Clyde Smith, y nunca pensando en su publicación (por lo que son un poco más explícitas en su lenguaje). Se trata de dos piezas cortas, ambientadas en la Inglaterra Isabelina, y de estilo picaresco y humorístico. Finalmente, hay que incluir en la producción erótica de Howard al relato Miss High-Hat (1986), al parecer también de corte ligero, y She-Cats of Samarcand (1999) es el título habitualmente dado a una breve sinopsis de Howard sobre una historia de espionaje (con elementos eróticos), más en la línea de los relatos de Clanton.

Como puede verse, Howard no consiguió vender muchos de estos relatos, aunque no hay que perder de vista que el erotismo de Wild Bill Clanton dio a Howard en su día más historias publicadas que personajes hoy más populares, como Cormac Mac Art o, incluso, Kull de Valusia.

Partiendo de la base de que estos relatos son puramente alimenticios, bastante repetitivos, y tienen más de lo que hoy podríamos llamar exploitation que de literatura, resultan una lectura entretenida si se toman con cierto sentido del humor y un necesario distanciamiento. En el momento en que los escribe, Howard está en su mejor momento como escritor y aunque parece obvio que no les dedicaría tanta atención y esfuerzo como a otros relatos, su habilidad como autor se nota.

Bond, James Bond: La creación de Ian Fleming

Su nombre es Bond, James Bond. Y se trata de uno de sus personajes inmensamente populares, ya asentados en el imaginario colectivo, a pesar de que mucha gente ni siquiera conozca o sea consciente de su verdadero origen. Es obvio que la popularidad del agente 007 se debe en gran medida al cine (como sucede con muchos de estos casos), pero no debe olvidarse que su origen se encuentra en unas cuantas novelas escritas en los años 50 y 60 por el escritor británico Ian Fleming.

Fleming había sido oficial en la Inteligencia Naval británica durante la II Guerra Mundial, a lo que seguiría una carrera de periodista y escritor de éxito hasta su temprana muerte a los 56 años, debida a un ataque al corazón (posiblemente provocado por sus excesos con el tabaco y el alcohol). Además de sus novelas y relatos de James Bond, la producción literaria de Fleming se limita a un par de libros de no–ficción y el cuento infantil Chitty Chitty Bang Bang (también popularizado por el cine).

La carrera literaria de James Bond comienza en Casino Royale (1953), con la misión de arruinar a Le Chiffre, un agente soviético, en una partida de cartas. El libro presenta al personaje principal, un agente de inteligencia misógino, jugador y sibarita, con experiencia adquirida en la II Guerra Mundial. La novela además presenta a otros elementos habituales de la serie, como la agencia soviética SMERSH o el agente de la CIA Felix Leiter. La primera parte del libro se centra sobre todo en la misión y la partida de cartas (que Fleming hace realmente interesante), mientras que la segunda se centra más en el propio Bond y su relación con Vesper Lynd, la protagonista femenina. En cierto modo, los resultados de esta relación (007 se enamora realmente de ella y luego se siente traicionado) pueden verse como un punto de inflexión en la relación de Bond con las mujeres, que le seguirá a lo largo de su carrera.

Bond regresaría en Live and Let Die (1954), luchando de nuevo contra un agente de SMERSH. En este caso, se trata de Mr. Big, líder del crimen negro en Estados Unidos. Como es de esperar, el tratamiento de los personajes negros no resulta demasiado políticamente correcto, aunque Leiter se muestra bastante cercano ante un Bond indiferente ante la cuestión racial. Bien mirado, el retrato de los jubilados de Florida resulta más cruel y sangrante… La trama está menos lograda que en el libro anterior, y parece que Fleming aún está ensayando con el personaje para ir dándole la forma definitiva. Mr. Big es un villano más "bondiano", pero hay más de novela de aventuras que de espionaje. Se apuntan elementos sobrenaturales que no se acaban de resolver en uno u otro sentido. Por otra parte, varias de las constantes del estilo de Fleming ya están presentes aquí: el ritmo proporcionado por capítulos que suelen acabar en un cliffhanger , y un realismo procedente de una atención al detalle periodística (y casi obsesiva en lo relacionado con la gastronomía).

En Moonraker (1955) Bond se enfrenta a una misión atípica para el Servicio Secreto, ya que no abandona Inglaterra. De nuevo es importante en la trama el juego, aunque Fleming aquí no se molesta en explicar el funcionamiento del bridge (como hizo con el bacarrá en Casino Royale). Hugo Drax ya puede ser considerado el primer gran villano de la serie: un antiguo nazi aliado con los rusos, siniestro y destructivo, con un plan megalómano para destruir Londres. El inicio de la novela (que incluye los habituales detalles que la presentan como continuación de la anterior) detalle un poco más la vida de 007 dentro del Servicio Secreto, presentándonos a su secretaria, Loelia Ponsonby (cuyo papel es un poco redundante con el de Miss Moneypenny). Bond va tomando forma en este libro, de mayor calidad que su predecesor.

Bond vuelve a Estados Unidos en Diamonds Are Forever (1956) para infiltrarse en una red de tráfico de diamantes en el que está metida la mafia de Las Vegas. Tiene buenos momentos individuales, pero un desarrollo y un climax bastante flojos, en el que se da más importancia al detalle y a la descripción que al desarrollo de su sencilla trama. El libro carece de un villano de entidad, por lo que el interés cae en los siniestros sicarios homosexuales, Wint y Kidd. También debe mencionarse que Tiffany Case es el mejor personaje femenino que Fleming ha creado hasta ahora, lo que le permite desarrollar mejor a Bond como personaje. Fleming aprovechó la investigación realizada para esta novela para escribir un libro de no–ficción, The Diamond Smugglers.

La novela más larga de la serie (aunque no lo parece) es From Russia, With Love (1957), que se cuya primera parte nos muestra como SMERSH planea el asesinato de 007, "el más famoso de los espías ingleses" y "un mito entre sus colegas". Esto resulta interesante, aunque Fleming presenta a los rusos con clara intención propagandística, aunque sin llegar a la caricatura. Además del claro ambiente de la Guerra Fría, el libro contiene las pertinentes dosis de exotismo y lujo (Estambul, el Orient Express…) que lo convierte en un perfecto representante de lo que es el James Bond original. Quizá su parte más floja sea el final, concluido con un cliffhanger que puede permitir "matar" a 007 a un Fleming que empieza a estar cansado del personaje. Esta novela se hizo especialmente famosa al ser mencionada por el presidente Kennedy como uno de sus libros favoritos, y es sin duda el mejor libro de la serie hasta el momento.

Tras el final de la novela anterior, Bond es enviado a Jamaica en una misión sencilla (casi unas vacaciones) en Dr. No (1958), donde se rencuentra con Quarrel, otro personaje recurrente, presentado en Live and Let Die. Por supuesto, el misterioso Doctor No complica la situación, capturando y torturando a 007 en la que sería la primera guarida "bondiana" que Fleming nos presenta. Honeychile Rider resultar ser una chica Bond algo atípica, salvaje y con una traba física que reduce su espectacular belleza. La historia tiene ciertos elementos tardíos de Peligro Amarillo, y escasas repercusiones políticas (si No trabaja para los Rusos o la China comunista no es por convicción ideológica). Por lo demás, el ritmo es irregular y el final resulta precipitado, por lo que lo mejor de la novela es sin duda el personaje del Doctor No.

El inicio de Goldfinger (1959) resulta demasiado similar a Moonraker: de nuevo Bond tiene que descubrir a un millonario que hace trampas a las cartas. El siguiente enfrentamiento entre ambos es en un campo de golf, relatado con el habitual detallismo de Fleming a lo largo de 18 hoyos… La peligrosidad de dicho millonario, Auric Goldfinger va en aumento gradualmente, hasta confirmarse que trabaja para SMERSH y que tiene un megalómano y destructivo plan. Además de sus elevadas dosis de homofobia y racismo (en este caso contra los Koreanos), el relato resulta muy irregular. Las partes tensas y bien narradas, junto a la evolución de Bond como personaje, se mezclan con resoluciones de conflictos absurdas (la inesperada "curación" de la lesbiana Pussy Galore) y situaciones increíbles (Goldfinger manteniendo a un descubierto Bond como ayudante).

For Your Eyes Only (1960) es una antología, cuatro de cuyas historias proceden de tramas creadas para una hipotética serie de TV que acabaría por no producirse. En From a View to a Kill es más interesante lo que Bond cuenta de sí mismo que la investigación del asesinato por unos indefinidos espías. Bond es enviado a cometer un asesinato en For Your Eyes Only, relato poco interesante y que parece la repetición de una escena de Goldfinger. Quantum of Solace (1959) no es una verdadera historia de 007, sino un homenaje a Somerset Maugham combinado con un intento de mostrar un lado más humano de Bond (que es un mero marco para contar la infeliz historia de una pareja). Quizá, a pesar de su simpleza, Risico sea el relato más interesante de la colección: Bond investiga en Italia un asunto de drogas. Finalmente, The Hildebrand Rarity es otro experimento que intenta mostrarnos el interior de Bond, que es mero testigo pasivo de un crimen. En general, se trata de una antología de relatos bastante prescindibles.

Tras esto, y sin las referencias habituales a los libros anteriores, la serie de novelas prosigue con Thunderball (1961). A pesar de su complejo origen y problemas legales (la historia empezó a desarrollarse para el formato fílmico antes de que el proyecto acabara en nada y Fleming decidiera publicarla), se trata de una de las mejores novelas de la serie, con una trama intensa e interesante, y escenas de acción por encima de la media. Además, el libro supone la presentación de la organización criminal SPECTRE (ya que SMERSH ha desaparecido en el mundo real) y de su líder, Ernst Stavro Blofeld.

Por desgracia, tras esta viene una de los peores libros de 007: The Spy Who Loved Me (1962). En realidad, ni tan siquiera parece un libro de James Bond (que sólo aparece bien pasado el ecuador del libro). Aunque 007 menciona de pasada un encuentro relacionado con SPECTRE, la novela en realidad trata sobre todo de la protagonista femenina, sus fracasos sentimentales y un incidente concreto, con una trama que parece la de un relato corto. Fue un libro mal recibido, y el propio Fleming reconoció que se trataba de un experimento fallido, impidiendo que se reimprimiera mientras vivió.

De vuelta a la normalidad, On Her Majesty’s Secret Service (1963) se presenta como una verdadera continuación de Thunderball, aunque en algunos aspectos parece un reinicio de la serie, con elementos que recuerdan directa e indirectamente a Casino Royale. Bond va tras el rastro de Blofeld, lo que supone una novedad: normalmente 007 es un personaje más reactivo, que debe evitar los planes del villano de turno, en vez de buscarlo directamente. Por desgracia, aunque el plan de Blofeld es bastante realista (basado en la guerra biológica y económica), está algo falto de emoción. Como curiosidad, Fleming menciona aquí el origen escocés de Bond, como homenaje a Sean Connery, ya convertido en el rostro cinematográfico de 007. Otra curiosidad es el cambiante aspecto físico de Blofeld, que también se vería reflejado en el cine, siendo interpretado por tres actores distintos en la saga oficial.

La "trilogía de Blofeld" se cierra con You Only Live Twice (1964), una novela con una trama algo floja, pero que destaca por su exótica ambientación en Japón y por mostrar la evolución de James Bond. Por desgracia, el villano no está a la altura, o al menos no lo están sus actividades: simplemente es el dueño de un "balneario para suicidas", y casi puede decirse que no hace daño a nadie (lo que no impide ir contra él a un vengativo Bond). En esta novela aparece una completa nota biográfica de James Bond, y aparece un elemento meta–literario, al mencionarse la popularidad del personaje y las exageradas novelas basadas en él que ha publicado cierto escritor. En general, el final parece apuntar a que de nuevo Fleming está planteándose acabar con el personaje, pero dejando las puertas abiertas a las continuaciones. En todo caso, sería el último de los libros publicados en vida de Fleming.

Quizá sea la publicación póstuma lo que le da un aspecto en general flojo y poco pulido a The Man With the Golden Gun (1965), aunque también es posible que la mala salud de Fleming estuviera afectando a su escritura. Hay varios elementos presentados y poco aprovechados (el lavado de cerebro a 007, la presencia de Scaramanga como un reverso siniestro de Bond…) y la trama es bastante rutinaria, a pesar de alguna escena impactante.

Finalmente, cuatro historias cortas se publicaron con el título de Octopussy and The Living Daylights (1966), aunque en principio la antología sólo contenía esos dos relatos. En Octopussy Bond vuelve a ser la excusa para contar una historia (no sin interés) relacionada con el oro nazi. Una de las mejores historias cortas de Bond es The Living Daylights (1962), en la que Bond es enviado a Berlín a asesinar a un francotirador para proteger a su víctima. The Property of a Lady (1963) es un encargo de Sotheby’s que Fleming no quiso cobrar pues no quedó satisfecho. Es una historia interesante de contraespionaje alrededor de la subasta de un reloj Fabergé, con una floja resolución. Finalmente, tan insípido como su título es 007 in New York (1963), escrito como disculpa por un artículo de Fleming poco halagador con Nueva York, y que es más bien un breve reportaje.

Es muy posible que sin la ayuda del cine hoy en día muy pocos supieran quien es James Bond, agente secreto 007 al servicio de Su Majestad, como sucede con tantos y tantos personajes de la literatura popular. Entre los catorce libros dedicados a Bond casi se pueden contar con los dedos de una mano aquellos realmente destacables, siendo el resto puro entretenimiento de usar y tirar. En realidad, es lo que son todos: Fleming no parece tener más pretensiones. Ahora bien, unos son un mejor entretenimiento que otros.

Como escritor, el punto fuerte de Ian Fleming es la atención al detalle propia de quien ha trabajado como oficial de inteligencia y como periodista. Este detallismo le permite narrar con un realismo que contrasta con lo exagerado de algunas de las situaciones presentadas, haciendo que estas parezcan estar sucediendo en el mundo real. Por otra parte, muchas veces los detalles son exagerados: cada vez que Bond come, sabemos los platos que pide; cada vez que coge un libro, sabemos su título; cada vez que 007 huele a una mujer, sabemos el perfume que lleva. Esto, por un lado, resta dinamismo al texto en ocasiones, por no hablar de que las referencias a platos o fragancias de moda dan un aire desfasado a los libros (cosa que no sucede con las situaciones propias de la Guerra Fría…). En la parte negativa, Fleming no parece normalmente demasiado cómodo con las escenas de acción, lo que lleva a que muchas veces la resolución de las tramas no esté a la altura de las expectativas que sí sabe crear a la perfección.

Finalmente, resulta curioso que muchos elementos que se dan por hechos en el personaje (cinematográfico / popular) sí que aparecen en el Bond creado por Fleming, mientras que otros están relativamente ausentes. Los gadgets tienen una presencia casi nula en las historias y el exotismo, aunque presente, suele estar centrado en el Caribe (Fleming vivía en Jamaica y escribía de lo que conocía). En todo caso, James Bond sigue en la actualidad tan vivo como hace 50 años, con películas que siguen produciéndose y libros de otros autores que ya superan en número a los que escribió Fleming. Y todo gracias a un oficial de la Inteligencia Naval de familia acomodada que puso en el personaje tanto lo que conocía por sus experiencias como lo que le hubiera gustado ser.

La Torre Oscura

The men in black fled across the desert, and the gunslinger followed

Sobre unas influencias tan dispares como son El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien y los westerns de Sergio Leone, Stephen King construye la que es su obra más ambiciosa: la saga de La Torre Oscura. Se trata de una serie compuesta por siete (mayoritariamente voluminosos) libros publicados entre 1982 y 2004.

Aunque The Gunslinger, el primer libro de la serie, fue publicado en 1982 (y revisado en 2003 para adaptarse mejor al resto de la saga), las historias que lo componen habían estado apareciendo en diversas revistas desde 1978. Teniendo en cuenta que en 2012 está prevista la publicación de una nueva novela ambientada en el mismo universo, puede decirse con bastante seguridad que Stephen King lleva toda su carrera dedicándose de manera más o menos firme a esta saga. Esta primera novela sirve de presentación del mundo ficticio en que transcurre buena parte de la saga. Se trata de un universo que mezcla las características de un western sobrenatural (con demonios y hechiceros) con la de un mundo post–apocalíptico (con mutantes y ecos del pasado), al que se unen la presencia de múltiples dimensiones (y realidades alternativas) y un extinto mundo “formal” del que proceden los Pistoleros, que a su vez mezcla el salvaje Oeste con la leyenda artúrica (visitado mediante flashbacks). La trama en sí es bastante lineal, centrada en la persecución del Hombre de Negro para poder llegar a la Torre Oscura, por lo que el libro puede considerarse más atmosférico que narrativo. También se nos presenta al Pistolero protagonista de la saga, Roland Deschain, aunque (como sucede con el Hombre sin Nombre al que daba vida Clint Eastwood) tampoco será mucho lo que conozcamos de él. A pesar de las revisiones, este libro destaca bastante al considerarlo junto al resto de la saga, apareciendo como un elemento casi aparte del resto. Y eso sucede a pesar de que la historia está narrada en unos libros que, por regla general, casi no parecen formar parte de una misma serie: la disparidad de tiempo entre la escritura de los distintos volúmenes es bastante perceptible, así como la no existencia de un plan general demasiado firme.

En The Drawing of the Three (1987), Roland busca en diversas épocas de la Tierra (a partir de los años 60, eso sí) a los que serán sus compañeros (y nuevos Pistoleros) a lo largo del viaje a la Torre Oscura. Se trata de Eddie, un drogadicto y traficante de poca monta; Susannah, una mujer negra (en los Estados Unidos de los años 60, con lo que ello conlleva) que perdió las piernas trágicamente , y que sufre un grave problema de doble personalidad; y Jake, un niño al que Roland ya conoció en el libro anterior. En cierto modo, la novela está compuesta por las tres historias independientes de estos personajes. Lógicamente, la trama principal avanza poco, pero la presentación de los personajes resulta sólida.

El tercer libro, The Waste Lands (1991) resulta bastante más flojo (y probablemente sea el peor de toda la saga). En la primera parte, Roland y Jake sufren los efectos de los cambios que han causado en la línea temporal “principal”: una idea interesante y bien llevada pero que quizá se alarga demasiado. La segunda parte resulta algo más atrayente, con el grupo viajando por un mundo en el que se resalta marcadamente la ambientación post–apocalíptica. El libro acaba en un cliffhanger en toda regla, en pleno mortífero concurso de enigmas con una enloquecida inteligencia artificial.

Por si fuera poco, los lectores tendrían que esperar seis años para ver la resolución de esta competición en Wizard and Glass (1997). Tras esta conclusión, el grupo de Pistoleros sigue su viaje a través del mundo de The Stand. Esta es otra constante de la saga: King introduce todo tipo de referencias a otras obras suyas (incluso de manera retro–activa, como sucede con el texto revisado de The Gunslinger). Algunas referencias (The Stand, ‘Salem’s Lot) son mucho más obvias que otras (Eyes of the Dragon, Hearts in Atlantis), eso cuando los libros de King no son directamente mencionados por su título (Insomnia, el propio ‘Salem’s Lot). Este juego de referencias probablemente sólo pueda ser apreciado en su totalidad por los lectores que conozcan a fondo la obra de King. A los demás, las referencias a situaciones y personajes les resultarán como poco confusas, cuando no directamente incomprensibles. La mayor parte de la trama de este libro está compuesta por un flashback que nos traslada a la juventud de Roland, narrando una aventura más o menos independiente (básicamente, un western sobrenatural que recuerda al primer libro), y haciendo por su personaje lo mismo que hizo The Drawing of the Three por el resto de protagonistas. Por su parte, la trama principal (la de la búsqueda de la Torre Oscura) sigue avanzando lentamente, aunque por lo general en la historia los diversos elementos de importancia aparecen de forma gradual y en muchos casos ni siquiera es demasiado obvia su importancia. Esto es perfectamente comprensible y respetable, aunque hay que reconocer que hace complicado el seguir una historia tan extensa (por no hablar de las mencionadas referencias a elementos externos a la saga).

Más largo aún fue el periodo de espera para la publicación de la siguiente entrega, Wolves of the Calla (2003), aunque comprensible teniendo en cuenta el grave accidente sufrido por Stephen King en 1999. A partir de ahora, eso sí, en un par de años quedará resuelta la conclusión de la serie. Este libro puede considerarse casi como otra historia independiente. En su viaje, los Pistoleros llegan a un pueblo que les “contrata” para salvarlos de unas criaturas (los “Lobos” del título) que les asaltan periódicamente para llevarse a sus niños. Con ecos confesos de Los Siete Samurai y referencias directas a los comics Marvel, Star Wars y a la saga de Harry Potter (de la que King es fan), este libro parece no aportar demasiado a la saga. Sin embargo, además de ser francamente entretenido, nos muestra realmente al grupo de Pistoleros (Roland, Eddie, Susannah y Jake) actuando como tales, reflejando en cierto modo la historia de Roland narrada en el libro anterior.

El siguiente título, Song of Susannah (2004), casi puede considerarse como un libro de transición. Teniendo en cuenta que los dos volúmenes anteriores sólo hacen avanzar la trama general de forma tangencial, esto resulta casi decepcionante. Al menos, el libro tiene una extensión moderada (comparable a la de The Gunslinger), alejada del grosor del resto de los títulos de la saga, lo que parece resaltar aún más su naturaleza de texto de paso, o le hace parecer que es el inicio del último tomo, publicado aparte para evitar una longitud excesiva. A su favor puede decirse que aquí va tomando forma definitiva la importancia de la trama central, sin detenerse en elementos secundarios. Aquí además aparece por primera vez el propio Stephen King en la trama, elemento que simplemente se verá agravado en la siguiente entrega. Quizá la misma sub–trama hubiera funcionado algo mejor con un personaje escritor totalmente ficticio, aunque se tratase del propio King levemente enmascarado.

La saga concluye en The Dark Tower (2004), y como casi todas las conclusiones resulta difícil que sea totalmente satisfactoria (el propio King en su papel de narrador se confiesa no demasiado satisfecho con por donde le ha llevado la inspiración). El grupo de Pistoleros se opone aquí de forma más directa a los planes del Rey Carmesí para acabar con el universo. Precisamente, una de las cosas que han de hacer para mantener el equilibrio cósmico es salvar la vida de Stephen King en 1999. La insistencia de King en aparecer como personaje en su saga (por no hablar de la importancia que da a su propia vida en relación al destino del universo) resulta un elemento de distracción: es complicado abstraerse en la épica historia de la salvación del cosmos cuando constantemente se nos recuerda de manera más o menos indirecta que estamos en un mundo ficticio. Además, King está más presente como (ocasional) voz narrativa independiente en este libro, cosa que no sucede en el resto: coherente con el papel de su personaje, pero otro factor de irregularidad en la saga. Puede que a nivel personal esto le haya servido a King como terapia en su recuperación (esperemos que no simplemente como forma de satisfacer su ego), pero a nivel literario no puede considerarse una idea demasiado exitosa. Además, en este libro King recurre al recurso de la “repulsión” (por encima del “terror” o del “horror”), mecanismo barato que él mismo define como tal en su ensayo Danse Macabre, renunciando así a aterrorizar o, al menos, horrorizar al lector.

La trama principal concluye con la ayuda de un deus ex–machina procedente de una historia de Stephen King no incluida en la saga principal (Insomnia), lo que resulta como poco frustrante. La inclusión de referencias al resto de su obra en un momento de la trama tan crítico, y la importancia dada a personajes introducidos de forma tan brusca (al menos desde el punto de vista de esta saga) frente a personajes con los que llevamos tanto tiempo, le quita mucha fuerza al final de la historia.

La conclusión que encuentran los distintos personajes tampoco es especialmente satisfactoria, quizá con la única excepción del propio Roland. Sin embargo, los demás personajes principales (tanto protagonistas como antagonistas) salen de la historia de forma mucho menos adecuada. De hecho, parece que King no acaba de definirse acerca de la conclusión, ofreciendo un último capítulo con un forzado final feliz “de libro”, y un epílogo posterior con un verdadero final menos convencional (que el King narrador recomienda no leer a quien esté satisfecho con la otra conclusión). Este doble final está tratado de forma eficaz e ingeniosa, resultando perfectamente adecuado, pero dicha indefinición parece significativa. En general, puede decirse que la saga acaba de forma adecuada, pero este final no se libra de la influencia de la irregularidad que domina a toda la serie.

Y es que irregular parece el calificativo que mejor describe a esta serie. Esta irregularidad es perceptible sobre todo en la historia alrededor de la que gira la saga. Su aparente sencillez (Roland quiere llegar a la Torre Oscura) se complica de manera inadecuada con digresiones, auto–referencias y meta–literatura (por mucho que King diga que no le gusta este término), que hacen que la Torre Oscura no consiga escapar de su papel de MacGuffin. Los personajes son sólidos y resultan atrayentes, aunque la trama se ve algo lastrada por la falta de antagonistas claros y definidos (el Hombre de Negro, John Farson, Mordred, el Rey Carmesí…). Sin duda, de todas formas, el principal fuerte de la serie es el mundo que ha creado Stephen King, el Mid–World que mezcla western, fantasía y ciencia–ficción. Quizá la prueba más palpable de esto sea el éxito de las historias en comic publicadas por Marvel y ambientadas en este mundo, centrándose en la época de juventud de Roland, así como el hecho de que King vaya a publicar una nueva novela, ambientada entre Wizard and Glass y Wolves of the Calla, que probablemente trate más de este mundo que de la trama general de la saga. Aún así, este mundo de ficción se ve lastrado por la presencia de elementos ajenos, como los procedentes de Harry Potter (presentes en los 3 últimos libros), que convierte ese Mid–World en algo menos autocontenido, en algo menos real. Por otra parte, el lenguaje ficticio con el que salpica el texto resulta forzado y poco elaborado, ciertamente no a la altura de otros idiomas de ficción. Quizá esta irregularidad sea inevitable teniendo en cuenta que la historia ha sido escrita a lo largo de casi 30 años y sin una planificación clara, lo que justifica tanto los cambios de estilo como los de contenido.

Quizá una buena demostración de la irregularidad de la saga es que los aficionados no se ponen de acuerdo en cual es el mejor libro o cual es el peor: tantos hay que encuentran flojo The Gunslinger como los que echan de menos su estilo, y lo mismo con otros títulos como Wizard and Glass o The Waste Lands. Y no sólo eso, sino que hay gente que considera partes de la saga como de lo peor que ha escrito King, y esa misma gente considera otros títulos como parte de su mejor producción. Y los títulos mencionados no suelen coincidir: la basura de unos es el tesoro de otros… En resumen, la serie de la Torre Oscura nos ofrece un mundo interesante que visitar, unos personajes sólidos para acompañarnos, pero una historia que no acaba de estar a la altura: el fallo de este tercer pilar es lo que hace que la saga no acabe de merecer la entrada en el Olimpo fantástico como pretendía su autor (aunque King tampoco es precisamente un autor con demasiadas ínfulas literarias). Como se suele decir, buena idea y mala ejecución.

Las Necrofagias del Conde d'Erlette: los Mitos de Derleth

Dentro del mundillo de aficionados y estudiosos que rodea a la obra de H.P. Lovecraft, sin duda alguna la figura más polémica es la de August Derleth. El prolífico autor consideraba que su obra más importante era la Saga de Sac Prairie, un extenso conjunto de obras de corte naturalista centradas en su Wisonsin natal. Sin embargo, Derleth pasaría a la historia de la literatura de horror de la mano del autor de Providence.

Sin Derleth, probablemente hoy Lovecraft no sería un autor tan conocido. A su muerte, Derleth y Donald Wandrei reunieron una antología de obras suyas y, al no encontrar quien la publicara, fundaron la editorial Arkham House en 1939, cuyo primer libro fue precisamente ese The Outsider and others, que reunía más de 30 títulos de Lovecraft. Gracias a esto, Derleth podría haber sido recordado como el gran responsable de la popularidad del autor, además de crear una editorial en la que publicarían otros grandes escritores y que aún sigue en activo.

Sin embargo, Derleth también empezó a publicar varias historias con la firma de H.P. Lovecraft y August Derleth, presentándose a sí mismo como colaborador póstumo, desarrollando argumentos y textos supuestamente creados por Lovecraft. Sin embargo, está demostrado que prácticamente todos esos relatos son obra de Derleth por completo, y la participación de Lovecraft se limita normalmente a una breve anotación en su cuaderno de notas o a un párrafo en una carta. Por si fuera poco, editores menos escrupulosos que Derleth han publicado muchas veces alguno de estos relatos como si fueran obra de Lovecraft (Sea por honradez o por vanidad, Derleth nunca intentó hacer pasar estos relatos como obra únicamente de Lovecraft).

Por su parte, Derleth también escribió unas cuantas historias más relacionadas con lo que se ha venido a llamar Los Mitos de Cthulhu, término que inventó él mismo y con el que no sabemos si Lovecraft hubiera estado satisfecho. En estas historias acaba por cimentar su propia versión de los Mitos, algo que ya apuntaba en las colaboraciones con Lovecraft. Estos Mitos de Derleth son una interpretación personal del autor del universo creado por Lovecraft, en la que pueden encontrarse no pocos elementos discutibles y que chocan con la cosmología creada por el de Providence.

Quizá lo más criticable sea la división entre el Bien y el Mal tradicionales que intenta imponer a las criaturas de los Mitos, convirtiéndolos en un reflejo de sus creencias cristianas. Hay que recordar que Lovecraft era un ateo convencido, y que buena parte del horror cósmico de sus historias está relacionado con ese frío materialismo ajeno a creencias y moralidad que muestran sus seres alienígenas. En los Mitos de Derleth, Cthulhu, Azathoth, Yog Sothoth y compañía quedan reducidos a una especie de demonios que desean ser adorados por los seres humanos y que tienen un especial interés por traer el Mal a la Tierra.

Acompañando a esta interpretación, Derleth añade una vinculación de los dioses lovecraftianos a los elementos tradicionales: agua, aire, tierra y fuego. Si bien no es tan grave como la interpretación anterior, vuelve a ser un elemento bastante forzado y que quita alienidad a estos seres, relacionándolos con mitologías conocidas.

Además, Derleth insiste en entrelazar todos los relatos y temas lovecraftianos entre sí. Lovecraft utilizaba elementos comunes entre sus relatos (esa es al fin y al cabo la base de su universo de ficción), pero no los referenciaba directamente. Por el contrario, Derleth suele mencionar un buen número de ellos, intentando dar una imagen común de algo que nunca pretendió ser un todo coherente.

Por si fuera poco, la mayoría de los relatos firmados por Derleth junto a Lovecraft resultan de muy escasa calidad y bastante repetitivos, y se parecen bastante o bien a relatos (mejores) de Lovecraft en solitario, o bien entre sí. En todo caso, los relatos de Derleth en solitario dedicados a sus Mitos, resultan aún más formulaicos. A su favor puede afirmarse que la prosa de Derleth es más directa y digerible que la de Lovecraft, pero a cambio también carece del impacto de la de este. En todo caso, la relación de estos relatos de Derleth con la obra de Lovecraft (sea incluyendo o no su firma), hace que la obra de este se contamine con la falta de originalidad que demuestran.

Leyendo el Libro de los Muertos

Un total de dieciséis historias aparecerían con la firma de August Derleth y H.P. Lovecraft, cuya participación se limita a haber escrito anotaciones en su cuaderno que Derleth desarrollaría. En muchos casos (sea por compartir la inspiración o por poca originalidad de Derleth), hay relatos de Lovecraft que ya tratan el mismo tema o incluyen buena parte de sus elementos.

The Lurker at the Threshold (1945) es una novela de unas 50.000 palabras, de las que sólo unas 1.200 fueron escritas por Lovecraft, lo que sirve para hacerse una idea del tipo de colaboración que son estas obras. La historia se parece mucho a The Case of Charles Dexter Ward, tanto en contenido como en estructura, pero le sirve a Derleth para exponer su versión de los Mitos, antes de un anticlimático final carente de un verdadero conflicto.

The Survivor (1954) parece tener su origen en un esbozo y notas de Lovecraft relativamente extensos. De nuevo la historia se centra en la investigación de una casa y uno de sus ocupantes, y a pesar de ser bastante previsible y tener elementos muy forzados, resulta correcto y presenta una visión de los Mitos relativamente próxima a Lovecraft.

A pesar de la presencia del grimorio arquetípico, Wentworth's Day (1957) no puede considerarse parte de los Mitos. Se trata de un correcto y típico relato de un muerto al que se le debe dinero y regresa para cobrar su deuda. No tiene gran interés.

Los Mitos tampoco tienen una presencia muy explícita en The Peabody Heritage (1957), que comparte muchos elementos con The Dreams in the Witch House, aunque sin su enfoque científico. El protagonista hereda una casa y descubre (y reaviva) las siniestras actividad de un antepasado.

A pesar de sus limitaciones, The Gable Window (1957), con su rutinario listado de libros arcanos, sus Mitos de Derleth y su trama repetitiva, resulta interesante y tiene un clímax bastante logrado. La casa heredada esta vez tiene una misteriosa ventana que sirve de portal hacia otras dimensiones.

Los Mitos tampoco aparecen de manera directa en The Ancestor (1957), que aún así trata un tema bastante lovecraftiano (véase "Arthur Jermyn"), como son las memorias genéticas y las regresiones. Tiene cierta originalidad en su tratamiento que le hacen destacar un poco sobre la media.

Tanto el título como la historia de The Shadow Out of Space (1957) remiten descaradamente a The Shadow Out of Time. Especialmente grave es el caso de la trama, que resulta casi una copia directa de la del relato de Lovecraft, cuyo contenido es nombrado en este relato. Partiendo de la base de que no tiene sentido repetir algo que Lovecraft ya ha hecho (y mucho mejor), el hecho de que su firma aparezca en este relato le hace parecer un autor que se autocopia descaradamente.

The Lamp of Alhazred (1957) es un bienintencionado aunque flojo homenaje a la obra de Lovecraft (que aparece como protagonista de forma nada disimulada), con el tono onírico de las aventuras de Randolph Carter y otros relatos similares.

The Shuttered Room (1959) puede considerarse una continuación de The Dunwich Horror, aunque con la estructura habitual en Derleth del protagonista que vuelve a la antigua casa y descubre misterios relacionados con su pasado. Aquí Derleth fuerza la trama al relacionar a las familias de Dunwich e Innsmouth, con su insistencia en que todo esté conectado. A pesar de su poca originalidad, sería uno de los mejores relatos de estas colaboraciones.

A partir de una frase escrita por Lovecraft (unas diez palabras), Derleth escribe The Fisherman of Falcon Point (1959). Resulta poco interesante y no aporta nada nuevo, a pesar de intentar dar una versión del mito de la sirena relacionada con los Profundos creados por Lovecraft.

También muy similar a The Dunwich Horror es Witches' Hollow (1962): un profesor muestra preocupación por un alumno de una misteriosa familia, y acaba descubriendo el mundo de los Mitos de Derleth, así como el exagerado uso del Signo Antiguo como talismán protector (como si se tratara de un crucifijo contra un vampiro), otro de los elementos habituales en las historias de Derleth.

En The Shadow in the Attic (1964) tampoco aparecen los Mitos: se trata de un relato de posesión con un final flojo y melodramático, pero que casi puede considerarse una rareza por lo sexualmente explícito de su contexto.

En The Dark Brotherhood (1966) vuelve a aparecer como protagonista un Lovecraft escasamente disfrazado. El relato mezcla el homenaje a Poe y Lovecraft con el tema de The Shadow Out of Time, aunque dándole un toque contemporáneo a lo Invasión de los Ladrones de Cuerpos.

The Horror from the Middle Span (1967) sigue de nuevo la "fórmula Derleth" (heredero de mansión + antepasado misterioso = hechos siniestros), pero resulta bastante correcto: la introducción de los Mitos en el relato de brujería es sutil y apropiada.

Innsmouth Clay (1971) puede considerarse una secuela de The Shadow Over Innsmouth, o una nueva elaboración de The Fisherman of Falcon Point. Aunque le falta algo de acento en la parte terrorífica, de nuevo resulta interesante por la presencia de elementos sexuales en el contexto de los Mitos.

La muerte de Derleth dejó inacabado The Watchers Out of Time (1974), pero no resulta una gran pérdida: todo está ya muy visto. Un joven emparentado con la familia Whateley hereda una mansión con un extraño cristal y empieza a investigar a su misterioso abuelo... De nuevo es la trama básica de la mayoría de los relatos de los Mitos de Derleth.

Cthulhu Enmascarado

Aunque su abundante producción literaria no se reduce al horror (y ni siquiera al horror únicamente lovecraftiano), son los relatos asociados con los Mitos de Cthulhu los que probablemente más popularidad le hayan proporcionado a Derleth. Así, además de los escritos conjuntamente con H.P. Lovecraft, hay un buen número de historias firmadas en solitario a considerar. Algunas de ellas (sobre todo las del ciclo de Ithaqua) tienen la curiosidad de no estar ambientadas en la Nueva Inglaterra ficticia de Lovecraft.

The Thing That Walked in the Wind (1933) adopta la forma de un pseudo informe policial para contar la historia de un pueblo cuyos habitantes han desaparecido y que resulta adorar a un ser llamado Ithaqua, al que aplacan con sacrificios humanos y que parece más un demonio tradicional que una criatura de los Mitos. Mezcla la influencia de The Wendigo, de Algernon Blackwood, con el universo de Lovecraft, y ambos autores son mencionados en el texto.

Passing of Eric Holm (1939) tiene formato de declaración en un juicio, y está relacionado con los Mitos sin necesidad de que ningún personaje se dedique a explicarlos. Aún así, algunos elementos (incluido el giro final que casi parece humor negro) parecen un poco fuera de lugar.

Según Derleth, el propio Lovecraft le hizo algunas sugerencias sobre el texto de The Return of Hastur (1939). Aún así, se trata de un relato rutinario, con muchas menciones a Cthulhu sin mucho sentido. Tiene el dudoso honor de ser el primer relato en que Derleth emplea una fórmula que repetirá hasta la saciedad: el protagonista hereda una casa, descubre los libros arcanos de su misterioso antepasado, etc, etc...

En The Sandwin Compact (1941) el protagonista es arrastrado con los dioses de los Mitos por un pacto hecho por sus antepasados. Siendo un relato correcto, resulta extraña la idea de que los seres de los Mitos se comporten como demonios tradicionales y tengan necesidad de hacer pactos faústicos con los seres humanos.

En la práctica, Ithaqua (1941) resulta ser una especie de remake o secuela de The Thing That Walked in the Wind, relato con el que comparte criatura protagonista, adoradores, formato del texto, situaciones, y hasta personajes y frases. En consecuencia, resulta redundante y sin mucho interés si se conoce el relato precedente.

De nuevo aparece Ithaqua en Beyond the Threshold (1941), relato correcto pero no destacable, en el que el protagonista se ve arrastrado por la criatura a causa de vivir en una zona con la que está relacionado este dios/demonio.

Los protagonistas de The Dweller in Darkness (1944) van en busca de un profesor desaparecido, y encuentran a un erudito que les da la explicación completa de los Mitos de Derleth. Curiosamente,se menciona la antología The Outsider and others como a un libro arcano más, y a Lovecraft como alguien que sabía. Para acabar con Nyarlathotep, los protagonistas invocan a Cthugha, deidad del fuego creada por Derleth para que encaje su visión elemental de los Mitos. En otras manos la idea de usar un mal para acabar con otro mal podría haber sido interesante; en las de Derleth la invocación de esta criatura se convierte en un hecho simplemente funcional, como hacer explotar una caja de explosivos.

A pesar de seguir la fórmula habitual de Derleth, The Whippoorwills in the Hills (1948) está un poco por encima de la media de calidad. Eso sí, no por ello deja de sobrarle alguna escena totalmente inadecuada.

Mejor resulta Something in Wood (1948), en la que una estatuilla misteriosa cambia las percepciones de un artista que se obsesiona con ella, y eso le pone en contacto con los Mitos. No insiste en la interpretación de Derleth del universo lovecraftiano, y resulta bastante próximo a los textos del autor de Providence.

Something From Out There (1951) es una historia correcta alrededor de la captura de una criatura que ha sido liberada, pero sería mejor sin el inadecuado uso que hace Derleth de los Mitos, y especialmente del Signo Antiguo como talismán.

Dentro de lo repetitiva que resulta la fórmula, The House in the Valley (1953) resulta correcto: un pintor en una casa de siniestro pasado empieza a tener sueños de Cthulhu y sus adoradores Profundos.

The Seal of Rlyeh (1957) empieza con la estructura habitual de Derleth, presentándose como una continuación o versión alternativa de The Shadow Over Innsmouth, pero el enfoque es distinto, lo que le da cierto interés. El protagonista no experimenta el horror, sino casi una sensación gozosa de encuentro con la familia perdida. El punto negativo es la falta de sensibilidad que muestra Derleth al presentar como elementos de la "conspiración Cthulhuidea" la muerte de H.P. Lovecraft y los suicidios de Robert E. Howard y Robert H. Barlow, trivializando estas tragedias.

En 1962 August Derleth publicó The Trail of Cthulhu, una novela compuesta por cinco historias cortas que habían sido publicadas previamente. Cada una de ellas está narrada por un personaje distinto y, de hecho, todas las historias tienen un título alternativo que indica quien es el narrador.

The House of Curwen Street (1944) nos presenta al Dr. Laban Shrewsbury, un misterioso erudito que parece estar dedicado a luchar contra Cthulhu y sus seguidores. El protagonista (su secretario) lo descubre gracias a los sueños en los que ve lo que hace por las noches. El tono de la historia parece haber renunciado al horror y haberse pasado a la aventura pulp: Shrewsbury es una figura heroica que lucha contra el Mal, para lo que invoca seres alados para transportarse y emplea elixires y talismanes de misteriosos poderes.

En The Watcher From the Sky (1945), el narrador del anterior relato se presenta al de este casi como una figura angélica, para alistarle en su lucha contra Cthulhu. Ambos se infiltran en una Innsmouth en la que un nuevo Marsh está resuciando el siniestro culto de la ciudad. Sin ser el Innsmouth de Lovecraft, esta historia tiene momentos logrados, aunque sigue pareciendo un poco fuera de lugar el papel de fuerzas del Bien de los protagonistas.

Más flojo, por repetitivo, es The Gorge Beyond Salapunco (1949), donde un nuevo recluta en la lucha contra Cthulhu es enviado tras la pista del líder de un culto en Perú. A pesar de las referencias a Call of Cthulhu, el hecho de que en todas las historias (además de compartir estructura) se repita la explicación de los Mitos de Derleth y una serie de instrucciones generales, lastra la fluidez de la narración.

También resulta poco interesante The Keeper of the Key (1951), a pesar de alguna revelación sobre la trama general. Shrewsbury y un nuevo recluta viajan a la Ciudad sin Nombre para sacarle información al fantasma de Abdul Alhazred (incluida la ubicación de una copia del original árabe del Necronomicon).

La historia finalizada en The Black Island (1952), cuyo único elemento de interés (y está bastante desaprovechado) es que el último recluta tiene un secreto que lo relaciona con los Profundos. El grupo de Shrewsbury se dirige a R'lyeh para intentar dinamitar el refugio de Cthulhu y, en vista de lo inútil que resulta, lanzarle una bomba atómica con el apoyo del ejército. Al menos, al final se deja claro que todo esto no ha servido para nada y que los dioses Primigenios no pueden verse afectados por los inútiles esfuerzos de los seres humanos. Es lo único realmente lovecraftiano de esta serie de relatos, que parece la versión de Call of Cthulhu que harían unos malos guionistas de Hollywood, repleta de elementos absurdos y exagerados y sin un ápice del horror cósmico que se supone debería caracterizar este tipo de historias.


No es que Derleth sea un mal autor, pero lo que es innegable es que su obra lovecraftiana peca de repetitiva cuando se examina en su conjunto. Si a esto se le une su más que discutible interpretación de los Mitos creados por Lovecraft, no es posible considerar la obra de Derleth como una adición valiosa a los Mitos de Cthulhu. La situación se agrava si se tiene en cuenta que Derleth no es considerado como un imitador cualquiera, sino que en cierto modo se presenta como el continuador del legado de Lovecraft, al ser su editor y "colaborador póstumo". Esto hace que los relatos de Derleth y su visión de los Mitos sean vistos casi como parte del "canon" iniciado por Lovecraft, haciendo que baje la calidad media de dicha mitología. Tanto para él mismo como para los Mitos de Cthulhu y H.P. Lovecraft, hubiera sido mejor que August Derleth se hubiera limitado a su meritoria labor como editor al frente de Arkham House.

El Salvaje Oriente de El Borak

De acuerdo con el propio Robert E. Howard, Francis Xavier Gordon, conocido como El Borak, fue uno de los primeros personajes que imaginó, cuando tenía unos diez años. Unos años después, ya en la adolescencia, Howard escribiría unos cuantos textos alrededor de este personaje, pero no sería hasta los años 30, casi hacia el final de su carrera, cuando El Borak alcanzaría su forma definitiva y sería publicado profesionalmente.

El Borak quiere decir "El Rápido" en árabe, y es el apodo con el que en Afganistán y en buena parte de Asia central se conoce al aventurero americano (procedente de Texas) cuyo verdadero nombre es Francis X. Gordon. A pesar de su sangre celta (sus ancestros son irlandeses y escoceses), el aspecto de Gordon no coincide con el de otros de los héroes de Howard. El Borak no es un gigante musculoso de ojos azules, aunque su compacto físico es capaz de desarrollar una fuerza por encima de lo normal. Su principal característica, y la que le da su apodo, es que tiene un físico "construido para la rapidez", la velocidad del pistolero del Oeste que es. Sin embargo, la rapidez de Gordon no es sólo física, sino también mental: su astucia es tan responsable de que sea llamado El Borak como lo es su rapidez.

Gordon puede identificarse con el arquetipo del héroe reluctante, que hace lo que considera su deber pero alejado de cualquier idealismo o lealtad nacional. Si en ocasiones apoya a los Británicos, por ejemplo, no es por convicción, sino porque cree que los nativos estarían peor bajo la colonización de otros amos. Normalmente es su sentido del honor, más próximo al de los "bárbaros" entre los que vive que al de las naciones occidentales y civilizadas, el que le mueve y motiva. En el fondo, y aunque esté entre las tribus Afridis de Afganistán, Gordon sigue teniendo mucho del independiente pistolero de Texas.

El mundo en el que se mueve principalmente El Borak es el conflictivo Afganistán de principios del siglo XX, en el periodo de pre - guerra, cuando Asia central es vista como un tablero de juego por las potencias occidentales. Aún así, lo más común es que Gordon se encuentre más en medio del conflicto que en el proceso de despliegue de piezas y estrategias diplomáticas. Las historias de El Borak son historias de acción y aventuras, no de intriga y espionaje. Naturalmente, Howard no tenía conocimiento directo acerca de esta región, aunque parece creíble que aplicara su experiencia de la vida fronteriza en el sur de Estados Unidos. Las mayores influencias en la creación y desarrollo del personaje parecen ser claramente Rudyard Kipling y, sobre todo, Talbot Mundy. Tampoco debe descartarse la influencia de la lectura de relatos históricos (no ficticios), como los relacionados con figuras occidentales que habían vivido aventuras exóticas en Oriente, de las que la más conocida (pero no la única) sería Lawrence de Arabia, mencionado en Son of the White Wolf.

La Llegada de El Borak

El único relato completo de la primera época de El Borak es el titulado The Iron Terror, que Howard intentó publicar en 1921. Gordon es presentado aquí como un experto combatiente cuyo objetivo es formar un imperio en Oriente Medio (aunque el relato transcurre en Nueva York). Su oponente realiza unas cuantas reflexiones sobre sus ansias de conquistas que parecen más propias de un Howard más maduro. Por lo demás, el relato no tiene nada destacable, como no sea la extraña presencia de un curioso autómata movido por energía atómica, elemento propio de la ciencia ficción y de presencia nada habitual en la obra de Howard.

El resto de textos de esta etapa lo componen una serie de fragmentos sin título y relatos inconclusos que, sin embargo, ya van dando una idea de la evolución del personaje.

"Gordon, the American..." es un breve y desordenado esbozo de un combate entre Frank Gordon y unos Tuaregs en Sudán.

The Coming of El Borak está narrado y protagonizado por Khoda Khan, con Yar Ali Khan como co–protagonista: está será una constante de los relatos de El Borak, que cuentan con un reparto de personajes más o menos habituales. Los protagonistas secuestran a una inglesa, pero su sentido del honor hace que la protejan de los instintos más bajos de otros miembros de su tribu. El relato finaliza justo en el momento de la aparición de El Borak.

De nuevo el narrador es el mismo en Khoda Khan's Tale, presentado casi como una continuación del relato anterior. Lal Singh, otro miembro habitual del grupo de Gordon, aparece aquí. El Borak y sus hombres viajan desde Afganistán al lejano Mozambique en busca de una ciudad – imperio perdida donde abunda el oro. Este es un relato de aventuras al estilo del Allan Quatermain salido de Las Minas del Rey Salomón: Howard está todavía jugando con sus diversas influencias para dar forma a su personaje.

En El Borak es presentado Steve Allison, un joven americano engañado para que asesine a El Borak por uno de sus rivales. Por su parte, El Borak está buscando un tesoro con un variopinto grupo (Lal Singh, Yar Ali Khan...), al que se une el joven Allison.

El fragmento "I emptied my revolver..." de nuevo finaliza con la entrada de El Borak en escena, tras un enfrentamiento protagonizado por el narrador y Yar Ali Khan contra unos árabes.

En The Land of Mystery, varios de los personajes habituales escuchan a El Borak contando una de sus aventuras en África, que incluye dinosaurios y ciudades pérdidas a lo El Mundo Perdido de Sir Arthur Conan Doyle.

The Shunned Castle transcurre en la jungla de la India, y cuenta como El Borak y Allison se disponen a pasar la noche en un castillo con fama de maldito.

Allison también aparece en The White Jade Ring como protagonista, adquiriendo en Cantón un valioso anillo que planea mandar a un Gordon que se encuentra en Hong Kong.

El Borak y Steve Allison rescatan a una chica en apuros en A Power Among the Islands, en el barco en el que viajan desde Samoa.

Un Steve Allison algo diferente al de fragmentos anteriores, acompañado por su amigo Billy Buckner viaja de Nueva York a la frontera entre India y Afganistán, en North of Khyber, donde un mullah está predicando a favor de la guerra santa. El Borak (y Yar Ali) son mencionados.

Un El Borak más despiadado es el que aparece en Intrigue in Kurdistan, donde se fuga de una fortaleza turca y revela su odio por Turcos y Kurdos, a los que planea enfrentar para obtener beneficio propio.

Como puede verse en estos fragmentos, el personaje de El Borak no está totalmente definido, pero algunos de sus rasgos más importantes pueden intuirse, cuando no verse ya claramente. En todo caso, estos textos tienen más importancia como experimentos dirigidos a la creación de Francis X. Gordon que como relatos o fragmentos de El Borak propiamente dichos.

Lal Singh y Yar Ali Khan, Caballeros Orientales

Una de las características propias de las historias de El Borak es la presencia de unos pocos personajes habituales que aparecen en muchas de las historias. Con algunos de estos personajes, Howard también experimentó, dándoles sus propias aventuras con independencia de su papel como personajes secuendarios en los relatos protagonizados por Gordon. De hecho, El Borak no es mencionado para nada en estos relatos.

The Tale of the Rajah's Ring es un relato protagonizado por Lal Singh, un fiero guerrero Sij que en sus propias historias hace más alarde de su picardía que cuando acompaña a El Borak. Así, en este relato el sencillo encargo de transportar un anillo le permite hacerse con una importante cantidad de rupias. El texto está narrado en primera persona y tiene un tono picaresco, casi humorístico. De este relato se ha perdido un fragmento importante de su parte central (más por relevancia que por extensión), aunque en algunas publicaciones el editor ha añadido su propia versión.

The Further Adventures of Lal Singh es un fragmento que continúa la trama del relato anterior (y en que tiene importancia la parte perdida de aquel...).

Finalmente, en Lal Singh, Oriental Gentleman, asistimos a como el protagonista roba a una banda de ladrones. Eso sí, la motivación de Lal Singh es puramente económica: en ningún caso se trata de un justiciero a lo Robin Hood. Howard envió el relato para su publicación en 1921 a la revista Adventure.       

El guerrero Afgano Yar Ali Khan es otro de los compañeros habituales de Gordon, aunque sus andanzas individuales resultan menos extensas. The Lion Gate es un relato inconcluso en el que Yar Ali actúa como acompañante de una expedición arqueológica occidental. A esto hay que unir un par de fragmentos: en "When Yar Ali Khan crept..." asistimos a como Yar Ali intenta asesinar al jefe de unos forajidos; y en "Two men were standing in the bazaar..." Yar Ali y un anónimo acompañante (¿quizá Lal Singh?) están esperando a un par de aliados.

Merece la pena también mencionar el relato The Fire of Asshurbanipal (1972), del que existe una versión realista, y otra re–escrita para incluir elementos sobrenaturales (y publicada en Weird Tales en 1936), aunque ambas mencionan al Necronomicon.... El protagonista es un aventurero llamado Steve Clarney que busca de una gema con fama de maldita en una antigua ciudad del desierto. Su acompañante es un tal Yar Ali, cuya descripción podría encajar perfectamente con la del Yar Ali Khan que acompaña a El Borak, pero podría ser simple coincidencia o reutilización del nombre.

Ambos personajes también tienen presencia en la obra poética de Howard. Asi, Lal Singh protagoniza el poema The Sword of Lal Singh, mientras que Yar Ali Khan aparece en The Song of Yar Ali Khan y en el poema sin título que empieza Now bright, now red.

Steve Allison, Sonora Kid

El caso de Steve Allison es aún más curioso que el de Lal Singh o Yar Ali Khan. En principio, el personaje parece creado para dar un compañero occidental a El Borak, y para que actúe de intermediario con el lector. Sin embargo, el mismo Allison, tanto en los relatos en los que aparece Gordon como en los que no, se presenta como dos personajes muy diferentes, aún teniendo en cuenta la consideración de "experimentos" que hay que dar a todos estos textos. De nuevo, se trata de escritos juveniles, incompletos a excepción de un par de relatos.

En The Sonora Kid: Cowhand se presenta el apodo de Allison y se demuestra que es capaz de conseguir trabajo en un rancho demostrando la veracidad de algunas de las cosas de las que presume, como son su habilidad como boxeador y como jinete. En este relato, Allison utiliza un lenguaje con las características idiomáticos y el "acento" propios del suroeste de Estados Unidos.

El otro relato completo protagonizado por Allison, Red Curls and Bobbed Hair, tiene un tono bastante diferente. Se trata de una comedia familiar costumbrista (toda una rareza en la bibliografía de Howard), que gira alrededor del moderno corte de pelo que quiere hacerse Mildred, la hermana menor de Steve.

La familia Allison, concretamente su otra hermana Marion, ya aparecería en el inacabado The Sonora Kid's Winning Hand, quejándose de la afición por el juego de su hermano. En este relato también aparece Billy Buckner, compañero habitual de aventuras de Allison.

Buckner protagoniza el fragmento "Madge Meraldson sat her travelling bag...", recibiendo a una visitante destinada al rancho de los Allison. Buckner y Allison son atacados por un caza–recompensas en "The Hades Saloon...", y exploran el desierto de Arizona en "A blazing sun in a blazing sky...", e incluso acompañan a un amigo botánico por el Tibet en "The way it came about...". De vuelta en Estados Unidos, Allison recuerda sus aventuras orientales mientras lleva a su hermana Helen a ver el desierto en "The hot Arizona sun...". De nuevo cambiando de paisaje y temática, en el hogar de Nueva York de los Allison, Mildred informa a su hermano del interés de una misteriosa mujer oriental y Steve sufre un intento de asesinato en "Steve Allison settled himself down...".

Además de descubrir que Allison ha sido jugador profesional, en Brotherly Advice vemos como Steve defiende la honra de su hermanita Mildred, que sólo piensa en divertirse.

La familia Allison se encuentra en Egipto en Desert Rendezvous, y ahora es Helen la que debe ser rescatada de un supuesto príncipe que la ha embaucado. Steve Allison aquí es identificado como Sonora Kid, por lo que queda claro que el personaje es el mismo, a pesar de sus dispares aventuras.

Finalmente, en The West Tower Allison y Buckner planean un robo de joyas en Berlín y son invitados a una fiesta en un castillo de la Selva Negra por un decadente aristócrata.

Como puede verse, el Howard adolescente no tenía demasiado claro hacia donde quería llevar a Steve Allison, que tan pronto es un pistolero buscado como un delincuente de guante blanco internacional, un aventurero en países exóticos o un hombre de familia que debe defender la virtud de sus hermanas, o simplemente su derecho a cortarse el pelo.

Finalmente, Steve Allison no aparecería en los relatos del El Borak "definitivo", resultando un poco redundante al compartir muchas de las características del propio Gordon. Sin embargo, su nombre, su apodo y su descripción serían reutilizados por Howard, trasladando al personaje a unas décadas antes para protagonizar varios de sus westerns, como The Devil's Joker y Knife, Bullet and Noose.

Kirby O'Donnell

El escritor profesional Robert E. Howard, antes de recuperar definitivamente a El Borak y darle el impulso definitivo, narró las hazañas de otro aventurero de características similares: Kirby O'Donnell.

En Gold from Tatary (ene–1935), o The Treasures of Tartary, nos encontramos por primera vez a O'Donnell, disfrazado de Kurdo en la ciudad "prohibida" de Shahrazar, buscando el tesoro que se supone está oculto allí. Aunque a priori no le interesan demasiado las intrigas políticas que giran alrededor de la ciudad (y que hacen avanzar a la trama a golpes de suerte...), el final teñido de fatalismo le obliga a tomarlas en consideración.

Swords of Shahrazar (oct–1934) es una secuela directa (recapitulación incluida) del relato anterior, a pesar de que fue publicado antes (aunque en revistas distintas). Se trata de un relato bastante típico, en el que O'Donnell sigue en la ciudad con su identidad de Ali el Ghazi, pero es chantajeado a causa de los hechos del relato anterior. Esto le lleva al enfrentamiento con unos bandidos que constituye el cuerpo de la historia.

Existe un fragmento ("Feel the edge, dog...") que parece el inicio de una continuación alternativa de Gold from Tatary, en el que un grupo intenta que O’Donnell les revele la situación del tesoro de Shahrazar.

La carrera de O'Donnell como buscador de tesoros continúa en The Trail of the Blood–Stained God (1976), búsqueda que le lleva a una ténue alianza con un rival. Como suele suceder, el final no es todo lo feliz que Kirby desearía. Como dato curioso, este es uno de los relatos que Sprague de Camp publicó como The Bloodstained God, editado para convertir a Conan en el protagonista, por lo que el relato original también ha sido publicado como The Curse of the Crimson God.

Los tres relatos protagonizados por Kirby O'Donnell son tres historias correctas, aunque no especialmente destacables, pero escritas por un Howard en plena forma. Su principal interés está en presentar un personaje que, si bien en la superficie puede confundirse con El Borak, es bastante distinto, estando motivado más por razones monetarias que desinteresadas (aunque sin carecer de un toque de altruismo y sentido del honor).

Francis X. Gordon, El Borak

Parece que es a finales de 1933, habiendo publicado ya un puñado de relatos de Conan, combinando estos con algunas incursiones en el género histórico y las habituales historias sobrenaturales, o de boxeadores, o del Oeste... Howard decide seguir ampliando mercados en las revistas especializadas en relatos de aventuras, como Top Notch o Thrilling Adventures.

El primer intento de recuperar para el papel a El Borak con el relato Swords of the Hills (1974) no fue fructífero. Si cuando conocimos a Gordon estaba intentando crear su propio imperio en Oriente Medio, ahora nos lo encontramos intentando evitar que un aventurero ruso haga lo mismo en Asia Central, empleando a fanáticos religiosos. El Borak se hace con unos inesperados aliados en un aislado valle donde viven unos descendientes de Alejandro el Grande (de ahí que el relato también se conozca como The Lost Valley of Iskander). Se trata de un relato correcto, destacable por el cambio de ambiciones en la personalidad de El Borak, además del papel que desempeña el fanatismo de raíces religiosas.

The Daughter of Erlik Khan (dic – 1934) es un relato bastante mejor, en el que conocemos algo mejor la personalidad de Gordon y se atisban algunos elementos de su pasado. El Borak, con el objetivo de vengar a un amigo, se hace con el control de un grupo de bandidos y se infiltra en una ciudad de adoradores del diablo. Allí se encuentra con Yasmeena, una vieja conocida que es considerada una figura importante en el culto local, pero que está amenazada por el principal sacerdote y necesita huir: sin saberlo, ella es quien ha puesto en marcha toda la intriga que ha traído a Gordon hasta aquí. El Borak, como el perfecto héroe, consigue en este relato todos sus objetivos, dando muestras de gran resistencia física. Merece la pena destacarse el personaje de Yasmeena, ya que en las historias de El Borak no abundan los personajes femeninos, y que además sean interesantes. Yasmeena, además de un complejo trasfondo propio, nos revela la posible existencia de sentimientos románticos hacia El Borak (que es un personaje casi más asexuado que Solomon Kane...), pero que no se permite desarrollar por un cierto temor sobre la intensidad de todo lo que rodea a Gordon.

La historia de la publicación de Three–Bladed Doom (1976 – 1977) es ciertamente curiosa y casi tan rocambolesca como la del propio relato: Howard lo acortó tras fracasar en la venta de la primera versión. Tampoco consiguió vender esa segunda versión, y Sprague de Camp acabaría convirtiéndolo en una aventura de Conan (The Flame Knife). Ambas versiones originales no verían la luz hasta los años 70. Quizá sea su extensión lo que frenó a los editores, porque la historia tiene calidad suficiente, aunque algunos de sus elementos aparezcan ya en otras historias. El Borak es un hombre de confianza del Emir de Afganistán (junto a sus aliados Lal Singh y Yar Ali Khan), y descubre a una secta que se considera heredera de los Asesinos de la época medieval. Gordon se infiltra en su base, pero es descubierto por un agente occidental que está empleando a los fanáticos contra los ingleses. Como es de esperar, todo acaba en una tremenda batalla a varias bandas en la ciudad del culto.

Los elementos políticos de la situación en Afganistán tienen más importancia en Hawk of the Hills (jun–1935), relato narrado desde el punto de vista de Willoughby, un diplomático inglés que casi parece el protagonista. Sin embargo, en realidad es utilizado como un peón por un El Borak que demuestra aquí su astucia. Ahora bien, a Gordon le da lo mismo el conflicto anglo–ruso subyacente (aunque la conoce a la perfección), ya que actúa por venganza. Tanto Khoda Khan como Yar Ali Khan también aparecen en esta historia.

Blood of the Gods (jul–1935) está ambientado en la península arábiga, a cuyo desierto (como a los Beduinos) debe enfrentarse El Borak si quiere poder ayudar a un viejo amigo suyo al que buscan unos siniestros buscadores de tesoros europeos. A pesar de algunos elementos melodramáticos y poco creíbles, el relato presenta algunas reflexiones y un tono fatalista muy propio de Howard, además de la acción y traiciones habituales en este tipo de relatos.

El protagonista de Sons of the Hawk (ago–1936) parece ser Brent, un americano al que un moribundo espía británico encarga que viaje a Afganistán para llevar un mensaje a El Borak: de nuevo, la intriga internacional pasa a primer plano (aunque sólo como excusa para contar una historia de aventuras). Brent es apresado y llevado a una ciudad de forajidos, en la que un aventurero Kurdo (que resulta ser El Borak) acaba provocando un enfrentamiento, cuya conclusión se alarga un poco en exceso. Lo más interesante del relato es la actuación de Gordon como espía y artista del disfraz, no sólo como hombre de acción. De hecho, las pistas sobre la verdadera identidad del Kurdo están bastante bien dosificadas (aunque resulte bastante quien es realmente, especialmente si se sabe que se está leyendo un relato de El Borak...). Por lo demás, el relato recicla algunos elementos del inédito Three–Bladed Doom, cambiando la motivación política por la económica; y también se conoce a esta historia como The Country of the Knife.

Al relato Son of the White Wolf (dic–1936) sólo se le puede echar en cara una brevedad y un ritmo rápido que en ocasiones hacen que se eche en falta algo de detalle. De nuevo El Borak se encuentra en Arabia y actúa por venganza, rescatando por el camino a Olga, una espía alemana, y aliándose con ella. Osmán, el villano de la historia, es un soldado Turco que se rebela con sus hombres buscando un regreso a unos valores paganos previos a la adopción del Islam, y empieza a devastar allí por donde pasa. Osmán no parece una gran amenaza a nivel individual, pero su actuación es la de un genocida, que asesina a hombres y niños sin importar edad ni condición, y secuestra a las mujeres para entregárselas a sus hombres para ser violadas. En el fondo, con pocos personajes tan siniestros (y tan desgraciadamente reales) se ha enfrentado El Borak.

Conclusiones

Las historias de El Borak (y otras similares), a pesar de estar ubicadas en una época y en un estilo muy concretos (ambos con cerca de un siglo de antigüedad), siguen funcionando perfectamente como relatos de acción y aventuras (ahora "aventuras históricas"). Además, al lector moderno no le puede resultar demasiado extraño un escenario como el de un Afganistán en el que se enfrentan diversas potencias, con siniestros individuos en la sombra capaces de emplear el fanatismo religioso para llevar adelante sus propias metas (normalmente más prosaicas que divinas). Y es que parece que hay cosas que no cambian en la naturaleza humana...

El Borak no es un personaje tan memorable como otros de los creados por Howard, pero es que estar a la altura de Conan, Solomon Kane, Kull o Bran Mak Morn no es fácil. Aquí Howard tampoco está innovando ni revolucionando un género, sino que está actuando dentro de los parámetros de lo que se espera de un héroe de acción en un escenario exótico, aunque sin dejar por ello de darle pinceladas de su estilo propio. Probablemente por ello, y porque quizá este sub–género de aventuras esté en desuso, no pueda encontrarse mucha influencia de los relatos de El Borak en la ficción moderna. Aún así, como anécdota curiosa, cuando George Lucas y el ilustrador Jim Steranko estaban trabajando juntos para dar con el aspecto de un nuevo personaje que había creado el cineasta, este empleó (como algunas de las imágenes de referencia) unas ilustraciones del propio Steranko para el relato Three–Bladed Doom. El personaje que estaban diseñando era, por supuesto, Indiana Jones.