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La Ciencia Ficción de Robert E. Howard

Parece indiscutible que Robert E. Howard sea considerado como uno de los padres del Fantástico moderno. Aunque quizá menos conocida, su faceta como autor de Terror también es más que destacable. Ahora bien, ¿qué sucede con el tercer gran sub-género de lo que a veces se llama "ficción especulativa"? ¿Cuál es la producción de Howard enmarcada dentro de la Ciencia Ficción?

Primeros Intereses

Entre los textos juveniles de Howard (escritos aproximadamente entre los 14 y 16 años), se encuentran varias piezas que pueden definirse como ciencia ficción, por lo que parece que el joven Bob mostraba cierto interés por este tipo de material.

A Twentieth Century Rip van Winkle es la historia de un cautivo durante 20 años que sirve a Howard para trasladarse a un imaginario 1940 del futuro que presenta vehículos voladores como avances tecnológicos más llamativos.

The Iron Terror es una de las primeras historias en las que aparece El Borak (aún no plenamente en su forma definitiva), en este caso enfrentándose al robot creado por un científico loco.

El incompleto The Last Man está ambientado en un año 2000 en el que una decadente raza blanca sufre la rebelión de un ejército procedente de África con ideólogos musulmanes. A pesar de que los africanos son presentados con cierto respeto por mantener su desarrollo físico frente a los degenerados blancos, el racismo del relato es evidente y los elementos de interés del relato no son suficientes para contrarrestarlo.

Otra versión o continuación del anterior parece The Last White Man, relato en que el último hombre blanco contempla como la raza negra llega a su decadencia, como antes le sucedió a la blanca. A pesar de mostrar el germen de algunas de las ideas de Howard sobre la civilización, este relato y el anterior no forman un díptico especialmente recomendable.

Un tema similar aparece en el fragmento que comienza como “Hunwulf, an American…”, que parece tratar de un experimento científico para enviar a un hombre a un futuro en que los blancos son minoría.

El viaje en el tiempo también aparece en The Man Who Went Back, pero esta vez el hombre-cobaya es enviado al pasado, pero decide ir armado con una ametralladora. En cierto modo, parece un relato similar a los de James Allison y la memoria racial.
También ha llegado hasta nosotros una sinopsis (unos pocos apuntes, en realidad) sobre una historia titulada A Room in London, ambientada en el año 2150.

El Profesional 

Por desgracia, los textos escritos como escritor profesional por Howard y dedicados a la Ciencia Ficción no son mucho más numerosos, aún aunque se incluya el relato The Challenge From Beyond, publicado en 1935 y escrito en round-robin con H.P. Lovecraft, Abraham Merrit, Frank Belknap Long y C.L. Moore. De hecho, su participación en dicho relato es el único texto de ficción científica que publicaría en vida.

The Last Laugh es una viñeta breve, de aspecto inacabado y poco pulido. Un hombre reflexiona sobre la condición humana antes de disponerse a destruir el mundo ante unos inhumanos enemigos. El discurso transmite cierta fuerza, pero poco más.

Aunque hoy en día puede que The Gondarian Man resulte demasiado previsible en su giro final, no es un mal relato. Unos científicos del futuro abren una tumba antigua y se ven obligados a matar a su monstruoso ocupante que estaba hibernando. El posterior informe científico tiene sorprendentes resultados para el lector.

La visión poco optimista de la humanidad de Howard se refleja en The Supreme Moment, en el que un grupo de notables se ve obligado a recurrir a un resentido y amargado científico para que salve al mundo de una mortífera plaga fúngica.

En The People of the Black Coast se mezclan el terror y la ciencia ficción con toques casi lovecraftianos. Una pareja naufraga en una misteriosa isla habitada por unos inteligentes cangrejos gigantes: el conflicto no tarda en aparecer.

Por su parte, lo que se mezcla en King of the Forgotten People es el terror amarillo con las aventuras exóticas. Lo acercan a la ciencia ficción los artilugios y descubrimientos del científico loco de turno, que no dejan de ser magia con una coartada racional.

En todo caso, la principal obra de Ciencia Ficción de Robert E. Howard es Almuric. Se trata de una novela (inacabada) que empezó a escribir cuando estaba buscando abrirse al mercado británico (proyecto que le llevaría a escribir la novela de Conan The Hour of the Dragon). Esta novela acabaría siendo publicada por entregas en Weird Tales en 1939, y se supone que los últimos capítulos los concluyó otra mano. Esto explica que algunas partes den la sensación de estar menos desarrolladas: todo el texto es poco más que un primer borrador.

Almuric es una fantasía de “espada y planeta” inspirada claramente por el ciclo de novelas de John Carter escrito por Edgar Rice Burroughs. Un científico envía al protagonista a otro planeta, repleto de hombres brutales y mujeres delicadas y hermosas. En sus aventuras, Esau Cairn se enfrenta a criaturas bastante habituales en los relatos de Howard: hombres alados, arañas gigantes, “gusanos de la tierra”… En general, la fauna del planeta Almuric no resulta tan imaginativa como la del Marte de Burroughs. En definitiva, esta novela es la versión con elementos howardianos del John Carter de Burroughs, sin limitarse a ser una mera copia. Aún así, se queda en poco más que una rareza y una oportunidad perdida.

En resumen, parece evidente que el prolífico Robert E. Howard no cuenta con una literatura de Ciencia Ficción destacable, por lo que será mejor buscar sus mejores momentos en los dedicados a la Fantasía y el Terror.

Las Aventuras Picantes de Wild Bill Clanton (por Sam Walser) [Revisión]

Antes de empezar con esta entrada, se hace necesario explicar el porqué de esta revisión. No es raro (especialmente con autores prolíficos) que al intentar escribir sobre una determinada categoría de relatos, haya algunos que se queden al margen, por no tener acceso a ellos. Igualmente, tampoco es raro que en un momento determinado se logre dicho acceso, con lo que el artículo original puede beneficiarse de las novedades. Esto es lo sucedido en este primer caso (que probablemente tampoco sea el último), especialmente con la publicación de la antología "Spicy Adventures" por parte de la Robert E. Howard Foundation. Se podría haber añadido simplemente un breve párrafo con los nuevos textos, pero se ha preferido repetir la publicación del artículo completo (pues puede haber otras pequeñas modificaciones).

Hacia el final de su carrera, probablemente acuciado por la necesidad económica (acrecentada por la enfermedad de su madre y los problemas para cobrar los relatos vendidos a Weird Tales), Howard vendió una serie de relatos a la revista Spicy–Adventure Stories (algo así como “Historias de Aventuras Picantes”). Que Howard no parece muy orgulloso de dedicarse a este tipo de material parece indicarlo el que las firmara con el pseudónimo de Sam Walser (Howard también empleó otros pseudónimos, pero normalmente lo hacía para saltarse así la política de las revistas de publicar sólo un relato por autor en cada número).

La mayoría de estos relatos están protagonizados por Wild Bill Clanton, aventurero y marino (como debe ser, con una novia en cada puerto) en los mares del Sur. Clanton es pendenciero y mujeriego, además de dedicarse (entre otras) a ocupaciones tan poco edificantes como el tráfico de armas o de esclavos. La obra de Howard está llena de protagonistas amorales, que difícilmente podrían ser calificados como heroicos. Sin embargo, Clanton sería directamente un personaje despreciable, sin ningún rasgo que lo redima.

Las heroinas de estos relatos combinan el papel de “damisela en apuros” con una actitud sorprendentemente independiente y activa, resultando habitualmente más astutas que sus compañeros masculinos. Ahora bien, eso no las libra de ser víctimas de los intereses de los hombres (tanto de los “buenos” como de los “malos”). En todo caso, ninguna de ellas se encontraría entre los mejores personajes femeninos creados por Howard.

El erotismo de estos relatos resulta bastante inocente para el lector moderno, y sólo va un poco más allá del que puede encontrarse en algunas de las historias de Conan. Básicamente, se trata de relatos de aventuras exóticas en los que se presta especial atención a la mención de las curvas femeninas, que suelen quedar expuestas a la vista con más frecuencia de lo habitual. En todo caso, hay que señalar la existencia de dos versiones distintas en muchos de los relatos: la original escrita por Howard (publicada en 2011) y la que se publicó en su momento en las revistas, previamente censurada. Aún así, el grado de erotismo explícito de estos relatos (considerados pornográficos en su momento) puede ser el mismo que hoy en día puede encontrarse en novelas románticas orientadas al público femenino: los tiempos cambian.

La provocación que buscan estos relatos está más en la insinuación de actividades consideradas ilícitas para el público (llama la atención que se sugiera habitualmente la existencia de sexo interracial), que en la descripción detallada de los encuentros sexuales (que normalmente llevan implícita cierta carga de violencia). Eso explica que los protagonistas se muevan por los estratos más bajos de la sociedad, que los hombres sean delincuentes sin escrúpulos, y que las mujeres estén muy alejadas del prototipo de ama de casa norteamericana de los años 30. En resumen, se trata de contar una historia con diversos elementos considerados tabú por la sociedad biempensante de la época.

En She Devil (abr-1936) [The Girl on the Hell Ship] asistimos por primera vez a como Clanton hace uso de su astucia y de sus puños para derrotar a sus enemigos y quedarse con la chica, la hispano – irlandesa Raquel O’Shane.

Ship in Mutiny (1983) es una continuación del anterior, con la misma pareja protagonista, en la que se ven mezclados con una tribu de una isla perdida de los Mares del Sur.

Desert Blood (jun-1936) [Revenge by Proxy] supone un cambio de escenario, al pasar a Argelia, donde Clanton se ve metido en líos por culpa de una mujer y del tráfico de armas. También vemos que Clanton no tiene ningún problema con el color de la piel de las mujeres.

The Dragon of Kao Tsu (sep-1936) vuelve a Singapur para contarnos una intriga comercial alrededor de una antigüedad. Hay una escena que podría calificarse fácilmente como de violación, yendo demasiado más allá de lo que sería la habitual actitud agresiva del héroe y la resistencia (sólo inicial) de la chica en estos relatos.

En The Purple Heart of Erlik (nov-1936) [Nothing to Lose] la protagonista parece ser más la heroína Arline (chantajeada para robar una joya) que el propio Clanton, que sólo aporta sus puños de hierro a la acción.

Murderer’s Grog (ene-1937) [Outlaw Working] es una floja historia ambientada en la India, en la que un Clanton traficante de armas es manipulado y utilizado por sus enemigos.

Esos son los relatos eróticos protagonizados por el inmoral Clanton, pero no serían los únicos de ese estilo que escribiría Howard. Como por ejemplo, el entretenido Guns of Khartum (1975), que mezcla las aventuras exóticas y el típico rescate de la heroína en apuros, con un protagonista más heroico que Clanton y un sorprendente detalle en el trasfondo histórico (sorprendente para un relato de este género, pero no para Howard). Este relato podría encajar perfectamente en una antología protagonizada por El Borak y personajes similares.

Por su parte, Daughters of Feud (1976) probablemente sea de los relatos más explícitos y de contenido más claramente erótico (siempre dentro de los parámetros de los años 30, claro está). El protagonista es un profesor en un colegio en el que se recomienda el uso del castigo corporal como medida disciplinaria. Como era de esperar, en la historia abundan los elementos sadomasoquistas: desde los azotes a las amenazas de castración. Aún así, Howard también incluye aquí elementos de los habituales en su obra, como la ambientación americana y los feudos que también aparecen en sus westerns.

También se incluirían en esta categoría un par de obras teatrales de título similar: Bastards All! (1987) y Songs of Bastards, escritas por Howard como diversión para compartir con su amigo Tevis Clyde Smith, y nunca pensando en su publicación (por lo que son un poco más explícitas en su lenguaje). Se trata de dos piezas cortas, ambientadas en la Inglaterra Isabelina, y de estilo picaresco y humorístico. Finalmente, hay que incluir en la producción erótica de Howard al relato Miss High-Hat (1986), al parecer también de corte ligero, y She-Cats of Samarcand (1999) es el título habitualmente dado a una breve sinopsis de Howard sobre una historia de espionaje (con elementos eróticos), más en la línea de los relatos de Clanton.

Como puede verse, Howard no consiguió vender muchos de estos relatos, aunque no hay que perder de vista que el erotismo de Wild Bill Clanton dio a Howard en su día más historias publicadas que personajes hoy más populares, como Cormac Mac Art o, incluso, Kull de Valusia.

Partiendo de la base de que estos relatos son puramente alimenticios, bastante repetitivos, y tienen más de lo que hoy podríamos llamar exploitation que de literatura, resultan una lectura entretenida si se toman con cierto sentido del humor y un necesario distanciamiento. En el momento en que los escribe, Howard está en su mejor momento como escritor y aunque parece obvio que no les dedicaría tanta atención y esfuerzo como a otros relatos, su habilidad como autor se nota.

El Salvaje Oriente de El Borak

De acuerdo con el propio Robert E. Howard, Francis Xavier Gordon, conocido como El Borak, fue uno de los primeros personajes que imaginó, cuando tenía unos diez años. Unos años después, ya en la adolescencia, Howard escribiría unos cuantos textos alrededor de este personaje, pero no sería hasta los años 30, casi hacia el final de su carrera, cuando El Borak alcanzaría su forma definitiva y sería publicado profesionalmente.

El Borak quiere decir "El Rápido" en árabe, y es el apodo con el que en Afganistán y en buena parte de Asia central se conoce al aventurero americano (procedente de Texas) cuyo verdadero nombre es Francis X. Gordon. A pesar de su sangre celta (sus ancestros son irlandeses y escoceses), el aspecto de Gordon no coincide con el de otros de los héroes de Howard. El Borak no es un gigante musculoso de ojos azules, aunque su compacto físico es capaz de desarrollar una fuerza por encima de lo normal. Su principal característica, y la que le da su apodo, es que tiene un físico "construido para la rapidez", la velocidad del pistolero del Oeste que es. Sin embargo, la rapidez de Gordon no es sólo física, sino también mental: su astucia es tan responsable de que sea llamado El Borak como lo es su rapidez.

Gordon puede identificarse con el arquetipo del héroe reluctante, que hace lo que considera su deber pero alejado de cualquier idealismo o lealtad nacional. Si en ocasiones apoya a los Británicos, por ejemplo, no es por convicción, sino porque cree que los nativos estarían peor bajo la colonización de otros amos. Normalmente es su sentido del honor, más próximo al de los "bárbaros" entre los que vive que al de las naciones occidentales y civilizadas, el que le mueve y motiva. En el fondo, y aunque esté entre las tribus Afridis de Afganistán, Gordon sigue teniendo mucho del independiente pistolero de Texas.

El mundo en el que se mueve principalmente El Borak es el conflictivo Afganistán de principios del siglo XX, en el periodo de pre - guerra, cuando Asia central es vista como un tablero de juego por las potencias occidentales. Aún así, lo más común es que Gordon se encuentre más en medio del conflicto que en el proceso de despliegue de piezas y estrategias diplomáticas. Las historias de El Borak son historias de acción y aventuras, no de intriga y espionaje. Naturalmente, Howard no tenía conocimiento directo acerca de esta región, aunque parece creíble que aplicara su experiencia de la vida fronteriza en el sur de Estados Unidos. Las mayores influencias en la creación y desarrollo del personaje parecen ser claramente Rudyard Kipling y, sobre todo, Talbot Mundy. Tampoco debe descartarse la influencia de la lectura de relatos históricos (no ficticios), como los relacionados con figuras occidentales que habían vivido aventuras exóticas en Oriente, de las que la más conocida (pero no la única) sería Lawrence de Arabia, mencionado en Son of the White Wolf.

La Llegada de El Borak

El único relato completo de la primera época de El Borak es el titulado The Iron Terror, que Howard intentó publicar en 1921. Gordon es presentado aquí como un experto combatiente cuyo objetivo es formar un imperio en Oriente Medio (aunque el relato transcurre en Nueva York). Su oponente realiza unas cuantas reflexiones sobre sus ansias de conquistas que parecen más propias de un Howard más maduro. Por lo demás, el relato no tiene nada destacable, como no sea la extraña presencia de un curioso autómata movido por energía atómica, elemento propio de la ciencia ficción y de presencia nada habitual en la obra de Howard.

El resto de textos de esta etapa lo componen una serie de fragmentos sin título y relatos inconclusos que, sin embargo, ya van dando una idea de la evolución del personaje.

"Gordon, the American..." es un breve y desordenado esbozo de un combate entre Frank Gordon y unos Tuaregs en Sudán.

The Coming of El Borak está narrado y protagonizado por Khoda Khan, con Yar Ali Khan como co–protagonista: está será una constante de los relatos de El Borak, que cuentan con un reparto de personajes más o menos habituales. Los protagonistas secuestran a una inglesa, pero su sentido del honor hace que la protejan de los instintos más bajos de otros miembros de su tribu. El relato finaliza justo en el momento de la aparición de El Borak.

De nuevo el narrador es el mismo en Khoda Khan's Tale, presentado casi como una continuación del relato anterior. Lal Singh, otro miembro habitual del grupo de Gordon, aparece aquí. El Borak y sus hombres viajan desde Afganistán al lejano Mozambique en busca de una ciudad – imperio perdida donde abunda el oro. Este es un relato de aventuras al estilo del Allan Quatermain salido de Las Minas del Rey Salomón: Howard está todavía jugando con sus diversas influencias para dar forma a su personaje.

En El Borak es presentado Steve Allison, un joven americano engañado para que asesine a El Borak por uno de sus rivales. Por su parte, El Borak está buscando un tesoro con un variopinto grupo (Lal Singh, Yar Ali Khan...), al que se une el joven Allison.

El fragmento "I emptied my revolver..." de nuevo finaliza con la entrada de El Borak en escena, tras un enfrentamiento protagonizado por el narrador y Yar Ali Khan contra unos árabes.

En The Land of Mystery, varios de los personajes habituales escuchan a El Borak contando una de sus aventuras en África, que incluye dinosaurios y ciudades pérdidas a lo El Mundo Perdido de Sir Arthur Conan Doyle.

The Shunned Castle transcurre en la jungla de la India, y cuenta como El Borak y Allison se disponen a pasar la noche en un castillo con fama de maldito.

Allison también aparece en The White Jade Ring como protagonista, adquiriendo en Cantón un valioso anillo que planea mandar a un Gordon que se encuentra en Hong Kong.

El Borak y Steve Allison rescatan a una chica en apuros en A Power Among the Islands, en el barco en el que viajan desde Samoa.

Un Steve Allison algo diferente al de fragmentos anteriores, acompañado por su amigo Billy Buckner viaja de Nueva York a la frontera entre India y Afganistán, en North of Khyber, donde un mullah está predicando a favor de la guerra santa. El Borak (y Yar Ali) son mencionados.

Un El Borak más despiadado es el que aparece en Intrigue in Kurdistan, donde se fuga de una fortaleza turca y revela su odio por Turcos y Kurdos, a los que planea enfrentar para obtener beneficio propio.

Como puede verse en estos fragmentos, el personaje de El Borak no está totalmente definido, pero algunos de sus rasgos más importantes pueden intuirse, cuando no verse ya claramente. En todo caso, estos textos tienen más importancia como experimentos dirigidos a la creación de Francis X. Gordon que como relatos o fragmentos de El Borak propiamente dichos.

Lal Singh y Yar Ali Khan, Caballeros Orientales

Una de las características propias de las historias de El Borak es la presencia de unos pocos personajes habituales que aparecen en muchas de las historias. Con algunos de estos personajes, Howard también experimentó, dándoles sus propias aventuras con independencia de su papel como personajes secuendarios en los relatos protagonizados por Gordon. De hecho, El Borak no es mencionado para nada en estos relatos.

The Tale of the Rajah's Ring es un relato protagonizado por Lal Singh, un fiero guerrero Sij que en sus propias historias hace más alarde de su picardía que cuando acompaña a El Borak. Así, en este relato el sencillo encargo de transportar un anillo le permite hacerse con una importante cantidad de rupias. El texto está narrado en primera persona y tiene un tono picaresco, casi humorístico. De este relato se ha perdido un fragmento importante de su parte central (más por relevancia que por extensión), aunque en algunas publicaciones el editor ha añadido su propia versión.

The Further Adventures of Lal Singh es un fragmento que continúa la trama del relato anterior (y en que tiene importancia la parte perdida de aquel...).

Finalmente, en Lal Singh, Oriental Gentleman, asistimos a como el protagonista roba a una banda de ladrones. Eso sí, la motivación de Lal Singh es puramente económica: en ningún caso se trata de un justiciero a lo Robin Hood. Howard envió el relato para su publicación en 1921 a la revista Adventure.       

El guerrero Afgano Yar Ali Khan es otro de los compañeros habituales de Gordon, aunque sus andanzas individuales resultan menos extensas. The Lion Gate es un relato inconcluso en el que Yar Ali actúa como acompañante de una expedición arqueológica occidental. A esto hay que unir un par de fragmentos: en "When Yar Ali Khan crept..." asistimos a como Yar Ali intenta asesinar al jefe de unos forajidos; y en "Two men were standing in the bazaar..." Yar Ali y un anónimo acompañante (¿quizá Lal Singh?) están esperando a un par de aliados.

Merece la pena también mencionar el relato The Fire of Asshurbanipal (1972), del que existe una versión realista, y otra re–escrita para incluir elementos sobrenaturales (y publicada en Weird Tales en 1936), aunque ambas mencionan al Necronomicon.... El protagonista es un aventurero llamado Steve Clarney que busca de una gema con fama de maldita en una antigua ciudad del desierto. Su acompañante es un tal Yar Ali, cuya descripción podría encajar perfectamente con la del Yar Ali Khan que acompaña a El Borak, pero podría ser simple coincidencia o reutilización del nombre.

Ambos personajes también tienen presencia en la obra poética de Howard. Asi, Lal Singh protagoniza el poema The Sword of Lal Singh, mientras que Yar Ali Khan aparece en The Song of Yar Ali Khan y en el poema sin título que empieza Now bright, now red.

Steve Allison, Sonora Kid

El caso de Steve Allison es aún más curioso que el de Lal Singh o Yar Ali Khan. En principio, el personaje parece creado para dar un compañero occidental a El Borak, y para que actúe de intermediario con el lector. Sin embargo, el mismo Allison, tanto en los relatos en los que aparece Gordon como en los que no, se presenta como dos personajes muy diferentes, aún teniendo en cuenta la consideración de "experimentos" que hay que dar a todos estos textos. De nuevo, se trata de escritos juveniles, incompletos a excepción de un par de relatos.

En The Sonora Kid: Cowhand se presenta el apodo de Allison y se demuestra que es capaz de conseguir trabajo en un rancho demostrando la veracidad de algunas de las cosas de las que presume, como son su habilidad como boxeador y como jinete. En este relato, Allison utiliza un lenguaje con las características idiomáticos y el "acento" propios del suroeste de Estados Unidos.

El otro relato completo protagonizado por Allison, Red Curls and Bobbed Hair, tiene un tono bastante diferente. Se trata de una comedia familiar costumbrista (toda una rareza en la bibliografía de Howard), que gira alrededor del moderno corte de pelo que quiere hacerse Mildred, la hermana menor de Steve.

La familia Allison, concretamente su otra hermana Marion, ya aparecería en el inacabado The Sonora Kid's Winning Hand, quejándose de la afición por el juego de su hermano. En este relato también aparece Billy Buckner, compañero habitual de aventuras de Allison.

Buckner protagoniza el fragmento "Madge Meraldson sat her travelling bag...", recibiendo a una visitante destinada al rancho de los Allison. Buckner y Allison son atacados por un caza–recompensas en "The Hades Saloon...", y exploran el desierto de Arizona en "A blazing sun in a blazing sky...", e incluso acompañan a un amigo botánico por el Tibet en "The way it came about...". De vuelta en Estados Unidos, Allison recuerda sus aventuras orientales mientras lleva a su hermana Helen a ver el desierto en "The hot Arizona sun...". De nuevo cambiando de paisaje y temática, en el hogar de Nueva York de los Allison, Mildred informa a su hermano del interés de una misteriosa mujer oriental y Steve sufre un intento de asesinato en "Steve Allison settled himself down...".

Además de descubrir que Allison ha sido jugador profesional, en Brotherly Advice vemos como Steve defiende la honra de su hermanita Mildred, que sólo piensa en divertirse.

La familia Allison se encuentra en Egipto en Desert Rendezvous, y ahora es Helen la que debe ser rescatada de un supuesto príncipe que la ha embaucado. Steve Allison aquí es identificado como Sonora Kid, por lo que queda claro que el personaje es el mismo, a pesar de sus dispares aventuras.

Finalmente, en The West Tower Allison y Buckner planean un robo de joyas en Berlín y son invitados a una fiesta en un castillo de la Selva Negra por un decadente aristócrata.

Como puede verse, el Howard adolescente no tenía demasiado claro hacia donde quería llevar a Steve Allison, que tan pronto es un pistolero buscado como un delincuente de guante blanco internacional, un aventurero en países exóticos o un hombre de familia que debe defender la virtud de sus hermanas, o simplemente su derecho a cortarse el pelo.

Finalmente, Steve Allison no aparecería en los relatos del El Borak "definitivo", resultando un poco redundante al compartir muchas de las características del propio Gordon. Sin embargo, su nombre, su apodo y su descripción serían reutilizados por Howard, trasladando al personaje a unas décadas antes para protagonizar varios de sus westerns, como The Devil's Joker y Knife, Bullet and Noose.

Kirby O'Donnell

El escritor profesional Robert E. Howard, antes de recuperar definitivamente a El Borak y darle el impulso definitivo, narró las hazañas de otro aventurero de características similares: Kirby O'Donnell.

En Gold from Tatary (ene–1935), o The Treasures of Tartary, nos encontramos por primera vez a O'Donnell, disfrazado de Kurdo en la ciudad "prohibida" de Shahrazar, buscando el tesoro que se supone está oculto allí. Aunque a priori no le interesan demasiado las intrigas políticas que giran alrededor de la ciudad (y que hacen avanzar a la trama a golpes de suerte...), el final teñido de fatalismo le obliga a tomarlas en consideración.

Swords of Shahrazar (oct–1934) es una secuela directa (recapitulación incluida) del relato anterior, a pesar de que fue publicado antes (aunque en revistas distintas). Se trata de un relato bastante típico, en el que O'Donnell sigue en la ciudad con su identidad de Ali el Ghazi, pero es chantajeado a causa de los hechos del relato anterior. Esto le lleva al enfrentamiento con unos bandidos que constituye el cuerpo de la historia.

Existe un fragmento ("Feel the edge, dog...") que parece el inicio de una continuación alternativa de Gold from Tatary, en el que un grupo intenta que O’Donnell les revele la situación del tesoro de Shahrazar.

La carrera de O'Donnell como buscador de tesoros continúa en The Trail of the Blood–Stained God (1976), búsqueda que le lleva a una ténue alianza con un rival. Como suele suceder, el final no es todo lo feliz que Kirby desearía. Como dato curioso, este es uno de los relatos que Sprague de Camp publicó como The Bloodstained God, editado para convertir a Conan en el protagonista, por lo que el relato original también ha sido publicado como The Curse of the Crimson God.

Los tres relatos protagonizados por Kirby O'Donnell son tres historias correctas, aunque no especialmente destacables, pero escritas por un Howard en plena forma. Su principal interés está en presentar un personaje que, si bien en la superficie puede confundirse con El Borak, es bastante distinto, estando motivado más por razones monetarias que desinteresadas (aunque sin carecer de un toque de altruismo y sentido del honor).

Francis X. Gordon, El Borak

Parece que es a finales de 1933, habiendo publicado ya un puñado de relatos de Conan, combinando estos con algunas incursiones en el género histórico y las habituales historias sobrenaturales, o de boxeadores, o del Oeste... Howard decide seguir ampliando mercados en las revistas especializadas en relatos de aventuras, como Top Notch o Thrilling Adventures.

El primer intento de recuperar para el papel a El Borak con el relato Swords of the Hills (1974) no fue fructífero. Si cuando conocimos a Gordon estaba intentando crear su propio imperio en Oriente Medio, ahora nos lo encontramos intentando evitar que un aventurero ruso haga lo mismo en Asia Central, empleando a fanáticos religiosos. El Borak se hace con unos inesperados aliados en un aislado valle donde viven unos descendientes de Alejandro el Grande (de ahí que el relato también se conozca como The Lost Valley of Iskander). Se trata de un relato correcto, destacable por el cambio de ambiciones en la personalidad de El Borak, además del papel que desempeña el fanatismo de raíces religiosas.

The Daughter of Erlik Khan (dic – 1934) es un relato bastante mejor, en el que conocemos algo mejor la personalidad de Gordon y se atisban algunos elementos de su pasado. El Borak, con el objetivo de vengar a un amigo, se hace con el control de un grupo de bandidos y se infiltra en una ciudad de adoradores del diablo. Allí se encuentra con Yasmeena, una vieja conocida que es considerada una figura importante en el culto local, pero que está amenazada por el principal sacerdote y necesita huir: sin saberlo, ella es quien ha puesto en marcha toda la intriga que ha traído a Gordon hasta aquí. El Borak, como el perfecto héroe, consigue en este relato todos sus objetivos, dando muestras de gran resistencia física. Merece la pena destacarse el personaje de Yasmeena, ya que en las historias de El Borak no abundan los personajes femeninos, y que además sean interesantes. Yasmeena, además de un complejo trasfondo propio, nos revela la posible existencia de sentimientos románticos hacia El Borak (que es un personaje casi más asexuado que Solomon Kane...), pero que no se permite desarrollar por un cierto temor sobre la intensidad de todo lo que rodea a Gordon.

La historia de la publicación de Three–Bladed Doom (1976 – 1977) es ciertamente curiosa y casi tan rocambolesca como la del propio relato: Howard lo acortó tras fracasar en la venta de la primera versión. Tampoco consiguió vender esa segunda versión, y Sprague de Camp acabaría convirtiéndolo en una aventura de Conan (The Flame Knife). Ambas versiones originales no verían la luz hasta los años 70. Quizá sea su extensión lo que frenó a los editores, porque la historia tiene calidad suficiente, aunque algunos de sus elementos aparezcan ya en otras historias. El Borak es un hombre de confianza del Emir de Afganistán (junto a sus aliados Lal Singh y Yar Ali Khan), y descubre a una secta que se considera heredera de los Asesinos de la época medieval. Gordon se infiltra en su base, pero es descubierto por un agente occidental que está empleando a los fanáticos contra los ingleses. Como es de esperar, todo acaba en una tremenda batalla a varias bandas en la ciudad del culto.

Los elementos políticos de la situación en Afganistán tienen más importancia en Hawk of the Hills (jun–1935), relato narrado desde el punto de vista de Willoughby, un diplomático inglés que casi parece el protagonista. Sin embargo, en realidad es utilizado como un peón por un El Borak que demuestra aquí su astucia. Ahora bien, a Gordon le da lo mismo el conflicto anglo–ruso subyacente (aunque la conoce a la perfección), ya que actúa por venganza. Tanto Khoda Khan como Yar Ali Khan también aparecen en esta historia.

Blood of the Gods (jul–1935) está ambientado en la península arábiga, a cuyo desierto (como a los Beduinos) debe enfrentarse El Borak si quiere poder ayudar a un viejo amigo suyo al que buscan unos siniestros buscadores de tesoros europeos. A pesar de algunos elementos melodramáticos y poco creíbles, el relato presenta algunas reflexiones y un tono fatalista muy propio de Howard, además de la acción y traiciones habituales en este tipo de relatos.

El protagonista de Sons of the Hawk (ago–1936) parece ser Brent, un americano al que un moribundo espía británico encarga que viaje a Afganistán para llevar un mensaje a El Borak: de nuevo, la intriga internacional pasa a primer plano (aunque sólo como excusa para contar una historia de aventuras). Brent es apresado y llevado a una ciudad de forajidos, en la que un aventurero Kurdo (que resulta ser El Borak) acaba provocando un enfrentamiento, cuya conclusión se alarga un poco en exceso. Lo más interesante del relato es la actuación de Gordon como espía y artista del disfraz, no sólo como hombre de acción. De hecho, las pistas sobre la verdadera identidad del Kurdo están bastante bien dosificadas (aunque resulte bastante quien es realmente, especialmente si se sabe que se está leyendo un relato de El Borak...). Por lo demás, el relato recicla algunos elementos del inédito Three–Bladed Doom, cambiando la motivación política por la económica; y también se conoce a esta historia como The Country of the Knife.

Al relato Son of the White Wolf (dic–1936) sólo se le puede echar en cara una brevedad y un ritmo rápido que en ocasiones hacen que se eche en falta algo de detalle. De nuevo El Borak se encuentra en Arabia y actúa por venganza, rescatando por el camino a Olga, una espía alemana, y aliándose con ella. Osmán, el villano de la historia, es un soldado Turco que se rebela con sus hombres buscando un regreso a unos valores paganos previos a la adopción del Islam, y empieza a devastar allí por donde pasa. Osmán no parece una gran amenaza a nivel individual, pero su actuación es la de un genocida, que asesina a hombres y niños sin importar edad ni condición, y secuestra a las mujeres para entregárselas a sus hombres para ser violadas. En el fondo, con pocos personajes tan siniestros (y tan desgraciadamente reales) se ha enfrentado El Borak.

Conclusiones

Las historias de El Borak (y otras similares), a pesar de estar ubicadas en una época y en un estilo muy concretos (ambos con cerca de un siglo de antigüedad), siguen funcionando perfectamente como relatos de acción y aventuras (ahora "aventuras históricas"). Además, al lector moderno no le puede resultar demasiado extraño un escenario como el de un Afganistán en el que se enfrentan diversas potencias, con siniestros individuos en la sombra capaces de emplear el fanatismo religioso para llevar adelante sus propias metas (normalmente más prosaicas que divinas). Y es que parece que hay cosas que no cambian en la naturaleza humana...

El Borak no es un personaje tan memorable como otros de los creados por Howard, pero es que estar a la altura de Conan, Solomon Kane, Kull o Bran Mak Morn no es fácil. Aquí Howard tampoco está innovando ni revolucionando un género, sino que está actuando dentro de los parámetros de lo que se espera de un héroe de acción en un escenario exótico, aunque sin dejar por ello de darle pinceladas de su estilo propio. Probablemente por ello, y porque quizá este sub–género de aventuras esté en desuso, no pueda encontrarse mucha influencia de los relatos de El Borak en la ficción moderna. Aún así, como anécdota curiosa, cuando George Lucas y el ilustrador Jim Steranko estaban trabajando juntos para dar con el aspecto de un nuevo personaje que había creado el cineasta, este empleó (como algunas de las imágenes de referencia) unas ilustraciones del propio Steranko para el relato Three–Bladed Doom. El personaje que estaban diseñando era, por supuesto, Indiana Jones.

Conan el Bárbaro: la Novelización

Raramente una novelización, la adaptación de una película al medio literario, suele resultar una lectura especialmente satisfactoria. Hace años podían ser la única forma de revivir una película en el propio hogar, pero en la actualidad se puede disponer a los 3 meses del estreno de cualquier título en formato doméstico y máxima calidad. Así pues, no parece que una novelización pueda ser poco más que una pieza más de la maquinaria promocional de una película.

Especialmente curioso es el caso de aquellas películas que tienen origen literario, pero cuyo guión ha ignorado por completo esos orígenes y ha creado su propia historia. Ese es el caso de Conan el Bárbaro, escrita por Michael A. Stackpole (cuyo mayor éxito es alguna novela de la franquicia de Star Wars), que noveliza la fallida película de Marcus Nispel, y protagonizada por Jason Momoa.

A favor de los editores anglosajones hay que decir que, también como parte de la promoción de la película, se ha publicado una interesante antología de historias de Conan escritas por Robert E. Howard, con el subtítulo de "las historias que inspiraron la película" (si al menos esto fuera cierto...), que se convierten en un aceptable Best of Conan. Además, consciente del tipo de producto de usar y tirar que es, esta novelización sólo ha sido publicada en formato de bolsillo barato, costando menos de la mitad de lo que cuesta la correspondiente traducción al castellano en tapa dura.

Realmente, el único interés de una novelización de estas características es ver qué es lo que ha hecho otra persona en otro medio con el mismo punto de partida. Cuando acepta un encargo de este tipo, normalmente el escritor recibe una copia del guión sobre la que basarse para componer su libro. Por su parte, el proceso cinematográfico sigue por su camino habitual en el que son previsibles los cambios de guión de última hora o los recortes en la sala de montaje. En consecuencia, no es nada raro que haya diferencias entre lo que se ve en la pantalla de cine y lo que se lee en el correspondiente "libro de la película".

En el caso de este "Conan el Bárbaro", las principales diferencias sirven para paliar un poco algunas (que no todas) de las principales carencias de la historia de la película. Stackpole dedica más tiempo (o espacio) a los personajes que Nispel, lo que beneficia sobre todo a los personajes que rodean a Conan. Las motivaciones de los villanos, Khalar Zym y Marique, están más claras, y el personaje de Tamara y su relación con Conan resultan más creibles. Probablemente sea el personaje interpretado por Rachel Nichols el que mejor parado salga en su versión escrita, demostrando que Nispel no tenía muy claro qué hacer con él. Aún así, esto no quiere decir que los personajes adquieran unas dimensiones que no tienen: siguen siendo bastante planos y estereotipados, pero no tanto como en la película.

Con este libro, Stackpole se une a las legiones de autores de pastiches, haciendo compañía a los Carpenter, Jordan, Perry y otros pálidos imitadores de Howard. El autor demuestra que conoce al personaje o que, al menos, ha hecho los deberes y ha leído algunas cosas para dar cuerpo a su libro. Así, son constantes las referencias a la relación entre Conan y Bêlit, situando esta historia justo después del relato La Reina de la Costa Negra. Igualmente, el libro incluye escenas con el abuelo de Conan y el saqueo de Venarium, unos de los pocos elementos de la infancia de Conan que Howard menciona. El libro también es algo más respetuoso con la geografía Hiboria, con lo que aparece la ciudad de Asgalun (convertida en "Askalon" en la película sin que parezca haber una razón lógica). A Stackpole también hay que agradecerle que nos ahorre un par de escenas que rozan la caricatura en la película, lo que parece indicar que (una vez más) son idea de Nispel o su equipo próximo.

En conclusión, esta novelización demuestra que "Conan el Bárbaro" podría haber sido una película un poco mejor, sin llegar a ser una obra maestra del séptimo arte (o ni siquiera una buena representación...). No hubiera estado presente el Conan creado por Howard, pero hubiera sido como una película decente basada en uno de los pastiches menos malos, o en uno de los comics del montón. Por cierto, que la única mención del libro a Robert E. Howard está en la dedicatoria de Stackpole, aunque sí que se nombra a los autores del guión en que se basa la novela. Aunque a Howard no le suponga ningún beneficio el ver su nombre asociado con esta película (más bien lo contrario...) no deja de parecer una falta de respeto que en ningún momento se diga quien es el creador del personaje.

Conan el Bárbaro

Se hace un poco raro salir satisfecho del cine porque la película que se ha visto no es tan mala como uno se esperaba, pero eso es lo que sucede con Conan el Bárbaro. Lo visto hasta el momento en la mediocre campaña de marketing, sumado al nombre del director asociado al proyecto, no invitaba precisamente al optimismo. Las primeras críticas, tanto de aficionados al género y al personaje como de críticos generalistas, confirmaban en su mayoría estas expectativas. Y es cierto, Conan el Bárbaro no es precisamente una buena película, ciertamente no la que se merecen el personaje y su creador, pero no pueden dejar de encontrarse algunos aspectos positivos entre los abundantes problemas del largometraje.

Aunque la película se ha intentado presentar desde el principio como una nueva adaptación del personaje, la sombra del largometraje de 1982 ha sido difícil de esquivar, y tampoco parece que los productores se hayan esforzado mucho por hacerlo. La coincidencia de titulo y logotipo, el contar el origen del personaje, el ser una historia de venganza, e incluso contar con elementos temáticos y estéticos sospechosamente similares, hacen que no quede muy claro si finalmente estamos viendo un remake o no. Por poner un ejemplo cercano en el tiempo, esta película se parecería en su planteamiento, más que a Batman Begins, a Superman Returns (al menos Bryan Singer es un buen director).

Hay que reconocer que la película lo tiene difícil para contentar a los distintos tipos de espectadores que se enfrentan a ella. Por un lado, a los aficionados del personaje original de Robert E. Howard, que echan de menos la adaptación de las historias originales. Por otro lado, a los fans de Arnold Schwarzenegger, muchos de los cuales consideran una herejía que su ídolo no protagonice la película o, en su defecto, algún otro culturista (o estrella de la lucha). Finalmente, quizá los menos exigentes sean los espectadores "mayoritarios", a los que puede que les parezca raro que Conan no se parezca al antiguo gobernador de California, pero a los que tampoco les importara mucho (algunos, como mucho, puede que incluso sepan que hay cómics de Conan...)

El director de este Conan el Bárbaro es Marcus Nispel, procedente del mundo del videoclip, y cuya carrera incluye un par de remakes de clásicos del terror de los 70 y la fallida película de aventuras Pathfinder: El Guía del Desfiladero (otro remake). Con ese curriculum no podía esperarse gran cosa, aunque quizá con este largometraje haya hecho su mejor trabajo. Sin embargo, todo parece indicar que el es el principal responsable de algunos de los mayores defectos de la película (además, para eso es el director).

Para la historia, de forma difícilmente justificable, se ha optado por ignorar la obra de Robert E. Howard y crear una historia nueva para contarnos el origen del personaje, como ya se hizo en la película de 1982. Hubiera sido muy fácil adaptar uno de los relatos de Howard (o juntar un par), siendo que siempre es mas fácil adaptar textos breves que novelas, y además se hubieran ganado puntos con los fans del personaje literario, y se hubiera podido utilizar la fidelidad al original como herramienta de venta de la película. Sin embargo, se ha optado por el pastiche, por contar una historia que esta más próxima a los títulos publicados en los 80 y 90 por autores de encargo. Y, como sucede con estos mismos libros, no es fácil hacer compatible la historia con una continuidad basada en las historias originales: parece que hay que asumir que el Conan cinematográfico no es el literario. Y, como sucede con muchos de los pastiches, el tono de la historia no es el de los relatos escritos por Howard. Aunque Conan no deja de oponerse en ocasiones a grandes amenazas de proporciones épicas, la mayor parte de las veces los peligros a los que se enfrenta tienen un ámbito mucho más limitado (y, en muchos casos, estas son sus mejores historias). Por el contrario, el Conan de los pastiches (incluyendo la historia de esta película) suele tener que derrotar a un hechicero que quiere hacerse con el poder absoluto y acabar con el mundo como se le conoce.

Por otra parte, quienes han seguido de cerca el proceso de producción de esta película cuentan que el guión definitivo (con ajustes y reescrituras de última hora de gente como Sean Hood, realmente interesado en el personaje original) se ha librado de elementos realmente lamentables que aparecían en los primeros borradores. Aun así, la historia sigue siendo mediocre, como lo son la mayoría de los diálogos, aunque se agradecen algunos guiños a los textos de Howard, por breves y fuera de contexto que estén. También parece ser que la mayor parte del guión dedicado a la exposición o a desarrollar un poco las motivaciones de los personajes se ha quedado por el camino, sea porque Nispel decidió eliminar estas escenas en la sala de montaje o porque ni siquiera se dignó a rodarlas. Como resultado, la película se convierte en una secuencia de escenas de acción tras escenas de acción que acaban saturando al espectador con un ritmo excesivo: la película no se hace larga (tampoco lo es), pero en ocasiones se agradecería un ritmo más pausado.

De cualquier personaje literario pueden existir tantas interpretaciones distintas como lectores, y hay que reconocer que el Conan de esta película está más próximo al creado por Howard que el de 1982. En la película tenemos ocasión de asistir a sus grandes alegrías y a sus grandes melancolías, y vemos a Conan no sólo como un guerrero individualista (capaz de ahuyentar a un enemigo con la fuerza de su presencia), sino también como un líder de hombres. Ahora bien, algunos aspectos son más discutibles. En un momento dado Conan es presentado como un libertador de esclavos, para más tarde aparecer como un torturador sádico: ninguno de los dos extremos parecen propios del Conan de Howard. Por no hablar de su tratamiento de Tamara, la protagonista femenina, que además hace que la evolución de su relación no resulte nada creíble. Pero claro, si Nispel se dedica a dar entrevistas en las que dice que ha querido mostrar a "Conan el Misógino"... Conan no es que vaya a ser un adalid del feminismo, pero ¿misógino?

El mundo Hiborio en el que se mueve Conan está moderadamente bien representado, dando la sensación que se ha querido mantener un tono estético acorde con lo establecido con los actuales cómics publicados por Dark Horse. Dicho esto, no hay pocas incongruencias a poco que uno intente buscarle un poco de lógica y coherencia a la geografía (en su mayor parte inventada para la ocasión) y a las culturas que aparecen en la película. Por cierto, y como anécdota, creo que Conan no menciona a Crom en toda la película: una muestra más del desdén por la ambientación original.

Quien mejor parado sale de la película es sin duda su protagonista, un Jason Momoa que ha sabido superar las dudas iniciales que su selección ocasionó. No era fácil seguir los pasos de un Arnold Schwarzenegger que, a pesar de su poca adecuación para interpretar al Conan de Howard, supo crear una imagen que poca gente consigue separar del personaje. La caracterización de Momoa como Conan es casi perfecta (sólo le faltan los ojos azules...), y su físico resulta más creíble como guerrero que el de un culturista depilado y aceitado. Además, en este Conan no vemos sólo la tremenda fortaleza del personaje, sino también su agilidad felina. Y, por supuesto, Momoa resulta mejor actor que un joven culturista austriaco que apenas podía decir sus frases sin un fuerte acento. En cierto modo, le sucede lo mismo que a James Purefoy en Solomon Kane: actor y personaje merecían una película mejor.

Stephen Lang (Avatar) y Rose McGowan (Planet Terror) dan vida correctamente a los villanos del film, aunque sus personajes resultan excesivos y casi caricaturescos y, de nuevo, lastrados por una falta de definición habitual en toda la película. La belleza de Rachel Nichols (G.I:Joe) es lo único destacable de su presencia en la película. En su descargo hay que decir que el guión tampoco parece tener muy claro si su personaje es más una mujer de acción a lo Valeria o Bêlit, o una típica damisela en peligro, con lo que pasa de un extremo a otro sin más explicación. Del resto del reparto hay que mencionar al siempre correcto Ron Perlman (Hellboy) y a Leo Howard, que interpreta al Conan adolescente en la primera parte de la película, haciendo también un buen trabajo. En general, todos los actores del reparto hacen lo que pueden con las frases que les han tocado en el guión, pero no tienen mucho material con el que trabajar.

También debe mencionarse la breve intervención de Morgan Freeman, que da voz al narrador que introduce la película y explica la transición del Conan adolescente al maduro. Esa transición da muestra una vez más de la ineptitud de Nispel: mientras Freeman nos habla de las aventuras que ha tenido Conan cualquier director hubiera acompañado sus palabras con un montaje ilustrativo. Nispel nos obsequia con una pantalla en negro...

Pasando a considerar los aspectos técnicos, la fotografía y los efectos especiales de la película son correctos, combinando los paisajes de Bulgaria con fondos generados por ordenador para presentarnos unos reinos Hiborios más variados y espectaculares que los que vimos en 1982. Los efectos flaquean más en algunas criaturas generadas por ordenador, como unos prescindibles elefantes que acompañan al malvado Khalar Zym. Vestuario y ambientación en general también aprueban sin problemas, con un equilibrio razonable entre realismo y fantasía. El montaje de las secuencias de acción es igualmente irregular, oscilando entre lo claro de algunas secuencias (la persecución en el bosque) y lo totalmente confuso de otras (el guardián acuático). Como ya se ha comentado, este Conan es más rápido que versiones anteriores en su estilo de lucha, pero también abusa de los tajos dados con la espada empuñada a la inversa (como para apuñalar), que parecen más propios de una película de ninjas que de un bárbaro de Cimmeria. Por su parte, el montaje entre escenas es prácticamente inexistente, sin que llegue a crear una sensación de la distancia o el tiempo que transcurre entre una escena de acción y la siguiente. Este montaje frenético dificulta que ninguna escena pueda tener impacto emocional, pues no se deja tiempo para asimilarlas. Por no hablar de algunos momentos en los que la continuidad parece desaparecer, con amaneceres que se producen de forma instantánea y armaduras que dejan de usarse sin más explicación.

Por supuesto, la película ha caído en la tentación de convertirse al 3D en su post – producción, es de suponer que con los habituales resultados decepcionantes cuando se aborda de esta manera la imagen tridimensional. En general, parece que la producción intenta jugar la carta de ser "cool" y políticamente incorrecta. Esto hace que muchas cosas parezcan ideadas por una mentalidad infantil (o, si se prefiere, inmadura), como si los creadores se hubieran pasado todo el proyecto en plan: ¿y no molaría que...? ¿...que salga un barco cargado por elefantes? ¿...que el malo use una cimitarra doble? ¿...que la mala lleve unas garras a lo Freddy? ¿...que los Pictos gruñan como animales? ¿...y si la hacemos en 3D?. Y, además, para que se note que vamos en serio, vamos a decir que haya sangre y tetas... (aunque luego hay más de todo eso en series de TV como la excesiva Spartacus). Hubiera sido preferible una película más fiel a Howard (o, al menos, mejor hecha) aunque hubiera sido "para todos los públicos" (aunque, de acuerdo, no hubiera sido fácil...)

Si hay algo que casi nadie discute de la película de 1982 es que la música compuesta por Basil Poledouris es una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine. Fuese quien fuese el elegido para esta película, lo iba a tener francamente difícil para evitar las comparaciones. Si encima el elegido es Tyler Bates, un compositor con un estilo totalmente diferente, más apropiado para la creación de texturas que de melodías, la batalla puede darse por perdida de antemano. Bates hace uno de sus habituales trabajos funcionales, sin nada especialmente memorable, pero que tampoco funciona mal en el contexto de la película.

Lo peor de todo, al menos para los aficionados al Conan de Howard, es que una vez más se perpetúa entre el público una imagen incompleta y sesgada del personaje, y se le relaciona con una película que va a ser sinónimo de decepción. Por otra parte, el batacazo en taquilla de la película en el fin de semana de su estreno hace que las perspectivas para Conan como franquicia cinematográfica no sean buenas. La película cuenta con la desventaja en taquilla de su clasificación por edades: un “R” raramente garantiza resultados espectaculares de recaudación. El marketing del proyecto ha sido sin duda insuficiente, y no se ha sabido interesar a un público saturado por remakes (o similares…). Las críticas y el “boca a oreja” tampoco parece que le vayan a hacer aumentar los ingresos, aunque es un título que puede funcionar bien en el mercado doméstico. Teniendo en cuenta que el fin de semana de su estreno la película ha recaudado más o menos lo mismo que recaudó la de 1982 (sin ajustes por la inflación), puede decirse sin miedo a equivocarse que la película ha sido un fracaso.

Lógicamente, esta no es una película que sea un buen modelo a seguir para lanzar una serie de títulos protagonizados por Conan, y quizá un éxito en taquilla hubiera transmitido el mensaje de que esta es la manera de llevar al personaje a la gran pantalla. Con unos resultados simplemente mediocres, siempre queda la esperanza de que un mejor director haga un trabajo de mayor calidad en las inevitables continuaciones (pues el protagonista adecuado parece haberse encontrado). Además, Sean Hood ha comentado su interés por desarrollar un guión a partir de un par de historias de Howard, posiblemente con Black Colossus como historia principal y empleando The Frost Giant's Daughter como secuencia introductoria (a lo 007). Ahora, llegar a ver algún día esto hecho realidad parece menos probable, sobre todo gracias a Marcus Nispel y a los responsables de esta historia (productores y guionistas), que quizá es que simplemente no hayan sabido hacer un trabajo mejor por mucho empeño que hayan puesto (eso hay que reconocérselo: se nota mucha más desidia y desgana en la cuarta entrega de Piratas del Caribe, por ejemplo). Aunque si se tiene en cuenta que se van a estrenar secuelas de Ghost Rider y de G.I. Joe, quizá todo es posible y dentro de unos pocos años podamos ver de nuevo a Conan espada en mano, dominando las relucientes salas de cine.

Gusanos de la Oscuridad: El Horror en Robert E. Howard

Robert E. Howard puede ser considerado como el inventor de la Sword and Sorcery (aunque el término lo acuñara Fritz Leiber años más tarde), pero no fue un autor que se limitara a un sólo tipo de historias. Así, uno de los géneros al que dedicaría abundantes relatos es el del terror, que siempre encontraba un buen mercado en la revista Weird Tales. Además de los relatos que podrían considerarse de terror propiamente dichos, Howard no era ajeno a incluir numerosos elementos de este género en relatos de otros tipos. Al fin y al cabo, la Espada y Brujería surge al mezclar las aventuras históricas con el horror sobrenatural, y Howard también incluiría elementos sobrenaturales en otros géneros a los que se dedicó, sin olvidar los que parecerían más peregrinos, como el western o los relatos de boxeo.

Así pues, no es fácil categorizar de manera única los relatos de terror de Howard, ya que además en muchos casos comparten elementos comunes. También es difícil establecer límites: en principio se han dejado fuera aquellas historias que merecen categoría propia (como las de Solomon Kane o Steve Harrison) y que además pueden considerarse como parte de un sub–género propio (el fantástico o la Weird Menace). Sin embargo, es imposible no considerar relatos de terror a historias como Rattle of Bones o Graveyard Rats, así que no debe olvidarse que el terror en la obra de Howard puede aparecer en cualquier momento.

Malos Sueños y Locura


De Howard no puede decirse precisamente que sea un autor que profundiza en los aspectos psicológicos de sus personajes y su narración. Quizá por eso resulten más llamativos estos relatos que podrían clasificarse como terror psicológico, aunque tampoco se encuentren entre lo más logrado de su producción.

The Dream Snake (feb – 1928), según Howard, está basada en un sueño que tuvo. Narra la obsesión provocada por un sueño recurrente, relacionado con una serpiente. Es una historia de obsesión que se transforma en locura, aunque al final el sueño resulte tener una manifestación física. El similar, tanto en título como en contenido, The Cobra in the Dream (1968) sigue el camino inverso, de lo físico a lo psicológico, pues se inicia con una tortura real que la víctima revive en sus sueños.

Probablemente el relato más logrado de este tipo sea The Touch of Death (feb – 1930). Es una historia sencilla y breve, que trata de un hombre que sucumbe a su miedo (a la muerte, a la oscuridad) mientras está velando un cadáver.

Interesante es el planteamiento de Spectres in the Dark (1985), un fragmento de relato que Howard no acabó desarrollando y que narra una serie de even tos en los que gente, aparentemente no relacionada, enloquece a causa de "algo" desconocido.

Weird Menace


Además de los relatos protagonizados por el detective Steve Harrison, Howard escribió unos cuantos relatos más que se encuadran perfectamente en el sub–género de la Weird Menace. Personajes siniestros, cultos ancestrales, venenos imposibles y torturas refinadas conviven en estos relatos para ofrecer una buena dosis de escalofríos al lector.

The Grisly Horror (feb – 1935) [Moon of Zambewei] es un perfecto representante de esta categoría: un ancestral culto de origen africano tiene apresada a la amada del protagonista en una región pantanosa del sur de Estados Unidos. Un sacerdote siniestro y traicionero, y un dios que en realidad es un enorme simio carnívoro (probablemente un atavismo de otra época) completan el conjunto de elementos del relato.

Black Talons (dic – 1933) resulta curiosa por lo enrevesado e increíble de su trama, que la hacen rocambolesca en exceso. No faltan un asesinato misterioso, una retorcida tortura y un antiguo culto de origen africano.

Black Wind Blowing (jun – 1936) resulta más flojo, a pesar de lo intrigante de la misteriosa boda con que se inicia el relato. Después, todo se reduce al enésimo culto siniestro que quiere sacrificar a la novia.

Fantasmas y otras Criaturas de las Tinieblas


Las apariciones, los espectros, los vampiros y los hombres–lobo son algunos de los habitantes más habituales del relato de terror, y Howard también los utilizó en varias de sus historias. Ahora bien, el escritor texano raramente se limitó a lo establecido por la tradición para estas criaturas, sino que creaba sus propias interpretaciones. No es que pueda decirse que revolucionara la imagen de ninguno de estos seres, pero ciertamente tampoco que se limitara a emplear los esquemas establecidos por sus antecesores. Así, por ejemplo, el licántropo De Montour de los relatos In the Forest of Villefère y Wolfshead tiene los suficientes elementos diferenciadores como para distinguirse de otros hombres lobo.

Por otra parte, no es raro que Howard empleara algunos de estos elementos sobrenaturales en otras de sus historias. No sorprende, claro está, en las de fantasía, pero resulta más llamativo en otros casos, como en sus relatos de boxeadores. Así, en The Spirit of Tom Molyneaux aparece un fantasma, aunque con influencia más positiva que maléfica y terrorífica.

The Hyena (mar – 1928) es uno de esos relatos con un racismo bastante explícito, admitido en su época, pero hoy inaceptable. Dejando esto de lado, tampoco es un gran relato. Ambientado en África, la rivalidad por una mujer blanca entre un colono (que admite sus prejuicios raciales) y un brujo local (retratado no demasiado negativamente) sirve para desarrollar esta historia de licantropía.

Dermod’s Bane (1967) es un relato de fantasmas no especialmente destacable, que parece inspirado por Poe. El atormentado protagonista se enfrenta en su Irlanda natal al fantasma de un forajido (rival de su familia), y es ayudado por el fantasma de su hermana.

También tiene importancia la ambientación irlandesa en The Cairn on the Headland (ene – 1933), que aprovecha elementos del relato (no pulicado en vida de Howard) The Grey God Passes, relacionados con la Batalla de Clontarf (1014). La historia gira alrededor de un túmulo del que se libera una poderosa entidad, ahuyentada con un crucifijo que es entregado al protagonista por una aparición más benéfica. Con elementos de horror cósmico y "memoria racial" (otro de los elementos habituales en Howard), resulta una interesante y efectiva mezcla.

En The Noseless Horror (1970) se mezclan el misterio de "habitación cerrada" con elementos de Weird Menace para dar lugar a una trama previsible a la vez que poco creíble. Lo más interesante es la naturaleza de la extraña momia que aparece en el relato.

Casonetto’s Last Song (1973) es un breve relato que casi parece adelantado a su tiempo, por el uso que hace de los elementos tecnológicos (en este caso, un disco de fonógrafo) para emplear elementos sobrenaturales (una maldición).

Golnar the Ape (1985) es un breve fragmento que describe un extraño personaje, capaz de "ver dos mundos" a la vez, y casi parece relacionado con las criaturas que aparecen en algunos relatos de Machen y su siniestra versión de los cuentos de hadas y leyendas populares.

Faring Town


Estos relatos casi podrían incluirse en el grupo anterior, pero el hecho de estar ambientados en el mismo lugar, una pequeña ciudad costera llamada Faring Town, les da cierta categoría individual. Se trata de relatos de ambiente marinero (del estilo de los popularizados por W.H. Hodgson), a mitad de camino entre la leyenda popular y el terror más absoluto.

Sea Curse (may – 1928) es una historia bastante típica de este tipo de ambientación, en la que los asesinos y violadores de una joven son maldecidos. Su mejor momento es hacia el final, con la aparición de un barco con una inquietante tripulación.

En Out of the Deep (1967) un cadáver devuelto por el mar se convierte en un "habitante del mar" polimórfico, que casi es presentado como una encarnación del propio océano como ser monstruoso y terrorífico.

Hablando con propiedad, en ningún momento se dice donde transcurre Restless Waters (1974), pero por su tipo esta historia está emparentada sin duda con los relatos de marineros de Faring Town. El relato es correcto pero más que previsible, con su aparición que vuelve de la muerte para vengarse de su asesino.

Hijos de la Oscuridad


Aunque no puede decirse que este tipo de relatos fuera inventado por Howard (la influencia de Arthur Machen es evidente y confesa), lo cierto es que los empleo en buena parte de su universo terrorífico y fantástico. La base de estos relatos es la existencia (en principio, en las islas británicas) de un pueblo semi–humano, de características degradadas y monstruosas. De estos seres procederían las leyendas humanas de duendes, trolls y criaturas de la oscuridad similares, que ocultarían una realidad aún más siniestra y terrorífica. Es posible que en origen estas criaturas fueran no muy distintas de los seres humanos, pero han llegado a nuestros días como atavismos horrorosos y degenerados.

The Little People (1970) es posiblemente el primer relato en que Howard hace uso de lo que aquí llama el "pueblo pequeño". La referencia a Arthur Machen es indudable, siendo uno de sus relatos el iniciador de la historia. Por desgracia, no nos ha llegado el relato completo y hay una hoja perdida (que parece contener una conversación entre los protagonistas y un sueño en que aparece un druida). El final mezcla la acción con la intervención de un deus ex machina, y en realidad el relato es más interesante por su relevancia dentro de la obra de Howard que por su valor narrativo.

En People of the Dark (jun – 1932) se mezclan conceptos de la ya mencionada "memoria racial" con los "hijos de la noche". La parte de los recuerdos del pasado es compartida por el trío protagonista. Esto le da cierto tono poético a un relato que, por otra parte, no carece de acción. El protagonista principal evoluciona al cumplir con su destino, pasando de asesino a salvador.

Aunque tenga lugar propio como parte de la saga de Bran Mak Morn, es imprescindible hablar del que es uno de los mejores relatos de Robert E. Howard: Worms of the Earth (nov – 1932). En esta historia, el horror tiene dos partes complementarias. Por un lado, los propios "gusanos de la tierra", aunque permanecen casi siempre en las sombras (o quizá precisamente por eso), pocas veces son más aterradores que en este relato. Por otra parte, igual de terrorífica es la condenación del protagonista, capaz de pactar con las fuerzas de la oscuridad para acabar con sus enemigos, sólo para darse cuenta entonces de lo que ha hecho, de a qué extremos ha sido capaz de llegar. Nada que ver con otros relatos en los que el protagonista acaba saliendo victorioso: Bran consigue lo que quería, pero el precio pagado ha sido su alma. Como curiosidad, la Piedra Negra que tiene un importante papel en la historia es nombrada en People of the Dark, y el relato además menciona elementos propios de los Mitos de Cthulhu.

The Valley of the Lost (1967) empieza como un western, hasta que el protagonista se interna en una cueva de oscura reputación, en la que encuentra una nueva versión de la "antigua gente". En este caso, las criaturas (definitivamente reptilodes) son presentadas como menos siniestras, pero más alienígenas que en otras ocasiones. Las criaturas incluso se toman la molestia de enseñar mentalmente su historia al protagonista (lo que quizá sea influencia de relatos similares de Lovecraft). De nuevo, el final no puede considerarse precisamente un final feliz.

The Dwellers Under the Tomb (1976) probablemente muestre ya los últimos "coletazos" del interés de Howard por este tema, y el horror que provoca está confundido con una retorcida trama propia de la Weird Menace

Cultos sin Nombre: Howard y los Mitos de Cthulhu


Una importante influencia en los relatos de terror escritos por Howard es su contemporáneo H.P. Lovecraft, de cuyo círculo de corresponsales formaría parte. Lovecraft introdujo al escritor tejano en los "secretos" de los Mitos de Cthulhu, es decir, el conjunto de dioses abominables y libros arcanos con que aderezaba el de Providence sus terroríficas historias para hacer creer que compartían un universo común y, en cierto modo, darles más realismo. Por supuesto, los Mitos de Cthulhu (calificativo que ha perdurado, a pesar de que Lovecraft nunca los bautizó) son algo más que eso, compartiendo ciertos elementos temáticos adicionales, aunque sin llegar a ser la mitología coherente y estructurada que presentan Derleth y sus seguidores.

Así, Howard empezó a incluir en algunos de sus relatos menciones a todo tipo de primigenias deidades y obscenos grimorios, haciéndoles entrar así en el amplio universo de la mitología lovecraftiana, aunque sin dejar de lado su mundo personal. Sin duda, su principal aportación al universo Cthulhuideo es un libro, el Nameless Cults escrito por un alemán loco llamado Von Juntz y descrito (en sus diversas ediciones) con precisión de bibliotecario. En cierto modo, este Cultos Innombrables desempeña el mismo papel en la obra de Howard que el Necronomicon en la de Lovecraft.

Como curiosidad, existe un fragmento en el que Howard vincula su Edad Hiboria (el mundo en que vive Conan) con los Mitos de Cthulhu, diciendo que esa época es mencionada en el Nameless Cults. Por supuesto, esto no debería interpretarse en ningún caso como que los relatos de Conan pueden ser leídos como parte de los Mitos de Cthulhu.

En The Children of the Night (may – 1931) Howard incluso alaba expresamente al relato La Llamada de Cthulhu. Se trata de un relato con acción y fuerza, aunque en ocasiones la mezcla de elementos habituales en Howard resulta un poco excesiva: odios raciales, Mitos de Cthulhu, atavismos pre–humanos, Bran Mak Morn, memoria racial... Como en otros de sus relatos, el terror lo provoca sobre todo la persistencia de un atavismo en nuestros días, aunque también (en menor medida) el fanatismo que invade al protagonista tras la revelación que tiene.

The Black Stone (nov – 1931) es uno de los mejores relatos de Howard, y también uno de los mejores relatos de los Mitos de Cthulhu (sin importar su autor). Tiene una parte que parece casi una investigación periodística, y que lo dota de un falso realismo que hace más impresionante la parte más fantasiosa. Además de los habituales atavismos raciales, Howard introduce aquí elementos de horror cósmico, al insistir en que el hombre ni domina el planeta ni es su primer habitante. Por otra parte, el relato incluye vívidas escenas de un ritual para el que todos los adjetivos se quedan cortos: brutal, impío, bestial, perverso...

The House (2003) es un fragmento de relato (sería finalizado por August Derleth) que trata acerca del pasado del poeta loco Justion Geoffrey, que tiene un importante papel en The Black Stone. Por desgracia, Howard se detuvo justo cuando empezaba la parte más interesante.

The Thing on the Roof (feb – 1932) tiene componentes similares a The Black Stone, pero le falta su fuerza, quizá porque la implicación del narrador (y, por lo tanto, del lector) sea menor. Aún así, es un correcto relato dentro de este género, que trata de un antiguo dios liberado del templo en que estaba atrapado.

The Hoofed Thing (1970) comienza con un tono muy ligero, casi humorístico, que luego se va convirtiendo en una mezcla de Weird Menace y relato lovecraftiano (con una mención del Nameless Cults bastante traída por los pelos) acerca de una criatura procedente de otra dimensión que debe ser convenientemente alimentada. Quizá lo más curioso sea ver como el protagonista, lejos de asustarse, se enfrenta al ente espada en mano.

The Fire of Asshurbanipal (dic – 1936) es un entretenido relato de aventuras, acerca de la búsqueda de una ciudad perdida en el desierto. Existe una primera versión de este relato sin elementos sobrenaturales, pero la que acabó publicándose en Weird Tales es esta, a la que se le añadieron elementos propios de los Mitos de Cthulhu: libros arcanos, dioses remotos y una pizca de horror cósmico. Aún así, sigue siendo más una historia de aventuras que de terror.

The People of the Black Coast (1969) es un breve relato no muy logrado, pero con algunos elementos de horror cósmico, y ambientado en una isla que parece una versión menos extraña de la R'lyeh lovecraftiana.

Es interesante señalar la participación de Howard en el relato The Challenge from Beyond (sep – 1935). Se trata de un relato escrito en round–robin (por turnos, cada autor continúa el relato de sus predecesores) en el que participaron C.L. Moore, Abraham Merritt, H.P. Lovecraft, R.E. Howard y Frank Belknap Long. La idea y los nombres asociados son interesantes, pero el desarrollo no lo es tanto: Lovecraft es quien determina la orientación del relato, pero no es demasiado original.

John Kirowan y sus compañeros


A la hora de categorizar los textos de Howard, existe cierta tendencia a agrupar varios de sus relatos (siete u ocho) como protagonizados por John Kirowan (o, peor aún, por Conrad y Kirowan), como si se tratara de una especie de detective (o pareja de investigadores) con afición a los casos sobrenaturales. Sin embargo, hay pocas evidencias para pensar que estos relatos estén protagonizados realmente por los mismos personajes.

A favor de la existencia de unos personajes comunes en estos relatos aparece la obvia coincidencia de apellidos, aunque no puede olvidarse la costumbre de Howard de reciclar los nombres de sus personajes para historias totalmente distintas (aunque aún hay quien piense que el protagonista de Skull-Face es el mismo Costigan que protagoniza sus relatos humorísticos de boxeo). Por otro lado, existen algunas menciones comunes al Yucatán y a Hungría, que pueden fácilmente considerarse simples referencias a lugares "exóticos".

En contra de que los protagonistas sean los mismos, los elementos a considerar parecen más sólidos. Una vez desmontados los argumentos de los apellidos y el pasado exótico, es importante considerar el nombre de pila del personaje. Los partidarios de la existencia de "Conrad y Kirowan" suelen incluir el relato Dermod’s Bane en esta categoría, olvidando que el protagonista se llama Michael, mientras que el Kirowan de otro relato es llamado John o, simplemente, Profesor. Pero, aún asumiendo la posible existencia de un Profesor John Kirowan, la presencia de un compañero llamado Conrad es aún más dudosa. El recurso de la pareja de protagonistas aparece en muchos relatos (con o sin Kirowan), ya que permite al narrador establecer un diálogo que resulta más informativo para el lector. Sin embargo, este compañero aparece nombreado como Conrad, como John Conrad (como el personaje del relato The Voice of El-Lil, y como James Conrad. Por no hablar de las veces en que el compañero de Kirowan tiene un nombre totalmente distinto.

En todo caso, el mejor argumento para limitar el protagonismo de Kirowan parece puramente literario. No parece creíble, o minimiza su capacidad terrorífica, el hecho de que un personaje supere sin secuelas de ningún tipo las terribles experiencias de algunos de estos relatos y aparezca, como si nada, en otro relato para enfrentarse a una nueva amenaza sobrenatural. Esto es especialmente difícil de aceptar en casos como The Black Stone, cuyo anónimo protagonista es a veces identificado con John Kirowan. Resulta más aceptable en algunos casos en los que la presencia de Kirowan (o Conrad) es más testimonial que otra cosa, como sucede en The Children of the Night, donde los verdaderos protagonistas son otros (este relato además es todo un muestrario de apellidos más o menos comunes en la obra de Howard).

Así, estos son los relatos que suelen agruparse en esta categoría (junto a las razones por las que esto no es adecuado):


  • The Black Stone: el protagonista es anónimo, y los efectos del relato dificultan que sea creíble como John Kirowan.
  • The Children of the Night: aparecen (pero no protagonizan) el Profesor Kirowan y Conrad.
  • Dermod's Bane: el protagonista se llama Michael Kirowan.
  • Dig Me No Grave: los protagonistas son Kirowan y John Conrad.
  • The Dwellers Under the Tomb: el protagonista es John Conrad, Kirowan no aparece.
  • The Haunter of the Ring: el protagonista es John Kirowan, pero su compañero no es Conrad.
  • The House: los protagonistas de este fragmento (relacionado con The Black Stone son Kirowan y James Conrad.
  • The Voice of El-Lil: este relato de aventuras fantásticas está protagonizado por un personaje llamado John Conrad.

En resumen, toda esta demostración casi matemática deja sólo un par de relatos que agrupar de manera adecuada como relatos de "Conrad y Kirowan" (y en uno de ellos, Conrad no aparece...).

The Haunter of the Ring (jun – 1934) es un buen relato, aunque algo melodramático, en el que se menciona el anillo de Thoth–Amon (personaje y objeto que aparecen en The Phoenix on the Sword), pero se trata de una referencia a lo "Mitos de Cthulhu", sin más relación con el universo de Conan.

En Dig Me No Grave (feb – 1937) también es relato correcto, en el que se trata del pacto diabólico de un siniestro ocultista. Algunas referencias a Yog – Sothoth y a Kathulos (el hechicero de Skull–Face) lo relacionan parcialmente con los Mitos de Cthulhu.

Extraño Sudoeste


Como parte de su interés por su tierra natal, existe cierto número de relatos de terror ambientados en el sudoeste de Estados Unidos, en los que la representación de la región en que transcurre la acción es inseparable de la historia en sí. Incluso podría decirse que Howard fue uno de los precursores o pioneros del sub–género al que se suele llamar Weird Western, caracterizado por mezclar elementos fantásticos con el western. Aunque no todas las historias de esta categoría sucedan en la época del Salvaje Oeste, no por ello dejan de aparecer en ellos elementos propios del western. Por otro lado, no son estos los únicos relatos en los que aparece representado este género genuinamente americano, como demuestra The Valley of the Lost, que pasa del relato de pistoleros y rivalidades tejanas al horror cósmico con toques lovecraftianos.

The Shadow of the Beast (1977) presenta una idea original en la naturaleza del fantasma que puebla su caso encantada, pero poco más. Es un relato de típica ambientación sureña con el racismo implícito que ello conlleva: no hay que olvida la época en que están escritos estos relatos y la sociedad que presentan.

El mayor interés de The Horror from the Mound (may – 1932) es su inusual ambientación para el tratamiento de un tema clásico (en este caso, se trata de un vampiro de la época de los conquistadores españoles). Aparecen aquí el interés de Howard por su tierra y por su historia.

The Man on the Ground (jul – 1933) es una breve historia acerca de la rivalidad entre dos personas (los típicos "feudos" que aparecen en muchos de sus westerns), pero con un final con toque sobrenatural (más que puramente terrorífico).

También Old Garfield’s Heart (dic – 1933) es un relato más sobrenatural que de horror, de ambientación contemporánea pero que se remite a la época del salvaje Oeste. La historia es la de un anciano que vive gracias a un corazón de extraño origen.

Kelly the Conjure Man (1964) es una breve semblanza/artículo de un personaje cuyo origen probablemente esté en alguna leyenda local. Su mayor interés está en verlo como prólogo e influencia en Black Canaan.

Black Canaan (jun – 1936), a pesar de su contexto claramente racista, es un buen relato. Aunque trata de una revuelta de negros contra blancos, merece la pena notar que el brujo instigador (y su seductora cómplice) no son retratados negativamente ni mediante estereotipos raciales. Especialmente llamativo es el retrato de la atracción del protagonista por la Novia de Damballah que surge de forma natural y con el encanto de lo prohibido, aunque luego se refuerce mágicamente.

The Dead Remember (ago – 1936) puede verse casi como un reflejo del anterior. En esta historia de venganza más allá de la muerte, los "buenos" (aunque empleen brujería y medios sobrenaturales) son los negros asesinados por un despreciable blanco (que recibe su merecido). Además, muestra la particularidad de componer su narrativa mediante cartas, documentos y testimonios diversos.

Sin duda, el mejor relato de esta categoría es el terrorífico Pigeons From Hell (may – 1938), considerado también como uno de los mejores relatos de terror de Howard. La ambientación sureña está acompañada de logrados elementos macabros dentro de una casa encantada, a los que se añaden las leyendas del vudú e incluso la creación de un monstruo original. Se trata de la zuvembie, una especie de zombie femenino con poderes brujeriles que emplea en esta clásica historia de venganza más allá de la tumba.

Howard y el Horror


Injustamente oscurecida por sus propias creaciones, así como por la obra de sus contemporáneos, la obra terrorífica de Robert E. Howard puede llegar a pasar desapercibida para el lector casual. Al fin y al cabo, Howard no es un autor al que se suela mencionar cuando se habla de la literatura de terror (ni siquiere si nos limitamos a lo que se suele denigrar como "literatura popular"). Sin embargo, a poco que se conozca su obra, es fácil notar que los elementos terroríficos no suelen estar muy lejos de casi todo lo que escribía el tejano, y esto es especialmente notable en aquellos relatos centrados directamente en el horror. Howard no puede ser considerado un innovador del género (como H.P. Lovecraft), pero alguien capaz de escribir Worms of the Earth, The Black Stone o Pigeons From Hell debería ser considerado al menos como uno de sus autores destacados.

Conan the Adventurer

Una de las series de TV más famosas de mediados a finales de los años 90, convertida en fenómeno y serie de culto, fue Xena: Warrior Princess. Entre sus diversos imitadores se encuentra Conan the Adventurer, serie inspirada (muy libremente) por el personaje creado por Robert E. Howard. La serie duró una única temporada de 22 capítulos entre 1997 y 1998, lo que resulta comprensible dada su escasa calidad. De hecho, lo que resulta sorprendente es que se le diera luz verde en algún momento.

A Conan, el personaje central, le da vida Ralph Moeller, actor/culturista alemán conocido sobre todo por interpretar al amigo germano del personaje de Russell Crowe en Gladiator. Este Conan parece seguir (aproximadamente) la continuidad establecida en las películas protagonizadas por Arnold Schwarzenagger, aunque su tono estaría más cerca de Conan el Destructor y El Guerrero Rojo que de Conan el Bárbaro. Moeller hace lo que puede con el personaje, lastrado por los lamentables guiones de la serie y sus limitadas capacidades como actor. A Conan le sigue en sus aventuras un pequeño grupo de aliados, lo que no deja de ser un contrasentido para un personaje tan solitario e individualista como el Cimmerio. Estos compañeros suelen proporcionar los momentos cómicos de la serie (que no son pocos… pero tampoco muy inspirados). Hasta cierto punto es comprensible el uso de personajes de apoyo, pero hubiera sido mejor usar un formato de reparto variable y aliados ocasionales, como sucede con el personaje de Karela (que parece inspirada ligeramente en el personaje del mismo nombre que aparece en las novelas de Robert Jordan dedicadas a Conan). El enfoque de serie "de grupo", incluso permite que haya un capítulo (Homecoming) en el que Conan sólo aparezca al principio y al final de la historia, cediendo el protagonismo al resto de personajes (que aún son menos interesantes que este Conan).

En general el reparto (sobre todo el femenino) está formado por caras (y cuerpos) habituales por apariciones aisladas en series televisivas como Los Vigilantes de la Playa y sus imitadoras. Incluso hay un par de intervenciones de actrices que llegarían a "auténticas" vigilantes de la playa, como Brooke Burns y Angelica Bridges (como Red Sonja en el capítulo del mismo nombre). Es curioso (y significativo) que estos sean los mayores logros de los actores aparecidos en la serie, y da idea de su nivel. Al menos se ha optado por físicos moderados: hubiera sido difícil justificar la existencia de los implantes de silicona en la Era Hibórea. Ocasionalmente aparece alguna cara conocida (de segunda división, eso sí), como Lou Ferrigno (El Increíble Hulk), Robert Culp (El Gran Héroe Americano), Ali Landry (miss USA 1996 y ocasional actriz televisiva) o incluso Mickey Rooney. El punto sofisticado (por decir algo) lo da el uso de "el rostro de Richard Burton" (así aparece acreditado) para generar por ordenador un dios Crom de facciones tan inadecuadas como baja calidad en la simulación. Ni siquiera el villano recurrente, el hechicero interpretado por el británico Jeremy Kemp, ofrece una interpretación convincente. Quizá incluso sea una de las peores, pues su extraña manera de declamar hace pensar en algún problema de dicción (o que le engañaron y creía estar haciendo una parodia...). La actuación vocal de la calavera parlante con la que comparte casi todas sus escenas es un poco mejor, excepto cuando se comporta como un Teleñeco (sólo sucede en un capítulo, pero aún así...).

Estamos ante un serie de bajo presupuesto, lo que resulta más que evidente en elementos como la pobreza de vestuarios (por supuesto, este Conan es el de taparrabos de piel y poco más), complementos (las espadas, además de su falso aspecto, no es raro que se doblen) y escenarios. Prácticamente toda la serie transcurre en exteriores boscosos genéricos (está rodada en Mexico) y en interiores poco desarrollados. También aparece alguna pequeña aldea o similar, pero escasas ciudades o fortalezas, cuyos planos lejanos están generados por ordenador con más bien poca calidad. El uso de unos gráficos generados por ordenador y cromas nada convincentes es claramente perceptible cuando aparece, no engañando al espectador en ningún caso. Los maquillajes y efectos prácticos no es que sean gran cosa, pero son algo más creíbles, probablemente al ser una técnica más consolidada: estamos hablando de una época en que los gráficos por ordenador no estaban tan desarrollados como en la actualidad.

En una serie de acción (y más tratándose de Conan) es inevitable hablar de los combates cuerpo a cuerpo. Por desgracia, estos se limitan habitualmente a un rutinario intercambio de golpes con las espadas hasta que uno de los luchadores (Conan normalmente) decide golpear en el cuerpo de su rival. En resumen, parece un enfrentamiento más propio de un patio de colegio que de un combate a muerte. Algunos de los compañeros de Conan emplean movimientos propios de las artes marciales, lo que les da alguna mayor variedad y espectacularidad, pero sin exagerar. Por no hablar de acciones totalmente absurdas que aparecen más de una vez: ¿quien en su sano juicio da un puñetazo en la cara a un soldado protegido por un yelmo completo?

Algunas de estas cosas, especialmente las relacionadas con la precariedad de los medios disponibles, serían disculpables si al menos los guiones y las historias estuvieran a la altura. Por desgracia, no es el caso. Como ya se ha comentado, el personaje central está más próximo al de las películas (lo que, si bien es discutible, resulta comprensible) que al de los relatos originales, y vive aventuras que parecen sacadas de los peores comics o pastiches. Un Conan al que la cabecera presenta como "Amante... amigo... héroe" o al que reciben en una aldea entre gritos de "Es Conan: él nos ayudará", no es precisamente  el personaje creado por Robert E. Howard. Además, es un Conan "predestinado a liberar a los oprimidos", al que Crom guía e incluso ayuda en alguna ocasión. Obviamente tampoco puede decirse que se haya hecho ningún esfuerzo por recrear el mundo de la Era Hibórea, y el poco interés de la trama general (que enfrenta a un Conan destinado a ser rey con un lejano hechicero) se une a unos poco inspirados episodios tomados individualmente.

Por supuesto, la presencia de Howard en los guiones es puramente testimonial. En el episodio piloto o episodio doble con que se inicia la serie, titulado The Heart of the Elephant (y producido por Brian Yuzna, productor de Re-Animator y títulos similares), apenas un par de cosas guardan relación con la conocida historia de título similar. En Impostor aparece un aprendiz de mago que recuerda ligeramente a un personaje de The People of the Black Circle. Quizá por ello el episodio más destacable sea Shadows of Death, que resulta ser una adaptación relativamente fiel de la historia Shadows in the Moonlight (por supuesto, no está rodado de noche, que es más complicado).

No tiene mucho sentido un análisis pormenorizado capítulo a capítulo de la serie, pero se pueden comentar algunas cosas de algunos capítulos. The Siege of Ahl Sohn-Bar no es uno de los peores capítulos, pero presenta la curiosidad de hacer desaparecer (sin más explicación) a uno de los miembros del "séquito" de Conan: estos errores de continuidad tampoco sorprenden. En Ransom casi se intuyen algunos momentos de como se comportaría el verdadero Conan, pero esto dura poco. The Taming tiene el dudoso honor de mostrar a Conan invocando a Crom y al dios respondiéndole y dando poder a su espada mediante un rayo. The Child, además de sus confusas alusiones al cristianismo en el futuro de la Era Hibórea, parece inspirado por lo que menos se esperaría cualquiera en una aventura de Conan: la comedia Tres Solteros y un Biberón. Red Sonja no va más allá de satisfacer la curiosidad por ver al personaje de comic (con un físico más adecuado que el de Brigitte Nielsen en El Guerrero Rojo, dicho sea de paso). En Antidote, Conan es envenenado y esto sirve de excusa para hacer un episodio a base de flashbacks de otros capítulos. Lo peor es el montaje a ritmo de canción "epic pop", interpretada por Terry Reid (músico inglés que podría haber sido vocalista de Led Zeppelin y de Deep Purple, puestos que rechazó). Lethal Wizards ofrece un final bastante apresurado a la trama central de la serie (y la muerte del malo es ridícula a más no poder). Además, varias de sus escenas aparecen como flashbacks en el episodio anterior, lo que resulta un poco extraño (aunque es cierto que en su emisión televisiva se emitieron al revés...)

En conclusión, una serie totalmente prescindible, de la que es difícil intentar decir algo bueno. Sus 22 capítulos son unas 16 horas de vida que podrían dedicarse a tareas más satisfactorias (como, por ejemplo, leer algunos de los relatos originales de Robert E. Howard).

Marineros y Boxeadores

Sailor Costigan


Otro de los géneros al que R.E. Howard se dedicó con interés es un tipo de relatos que hoy podríamos considerar extinto, pero que en su época llenaban sus propias revistas pulp (como Fight Stories): los relatos de boxeo. A mitad de camino entre el relato de aventuras con toques noir y la crónica deportiva, estos relatos tienen un significado muy personal para su autor. Y es que Howard era muy aficionado a este deporte, como espectador y como boxeador aficionado.

Precisamente uno de los personajes que protagonizan este tipo de relatos, el marinero y boxeador tejano de origen irlandés Sailor Steve Costigan es el personaje al que Howard dedicó más historias (superando en cantidad a otros de sus personajes más populares). Costigan es un marino pendenciero, narrador en primera persona de sus aventuras. Los relatos de Costigan tienen un marcado carácter humorístico, empezando por su peculiar manera de hablar y continuando con los problemas en que se mete por su buen corazón. No se trata precisamente de un humor sutil y sofisticado, pero no por ello es menos efectivo en el contexto en el que está.

La mayor parte de estos relatos responden a una misma estructura: el protagonista, que está en algún lugar exótico, se mete en una pelea por una razón u otra, y una buena parte del relato se dedica a la descripción detallada del combate a puñetazos. Sin duda, considerados en su conjunto pueden resultar un poco repetitivos, pero a favor de Howard hay que decir que es capaz de hacer que el lector se sienta en medio del combate gracias a su narración. Howard es un maestro en las escenas de acción brutal, y pocas cosas más brutales puede haber que dos hombres intentando dejarse inconscientes a puñetazos.

Muchos de los relatos publicados originalmente en Fight Stories fueron vueltos a publicar (entre 5 y 10 años después) en la misma revista, pero firmados por el pseudónimo “Mark Adam”, e incluso cambiando el título original.

The Pit of the Serpent (jul-1929) [Manila Manslaughter] es la primera historia publicada protagonizada por Costigan. Es un relato bastante típico en el que el protagonista se ve envuelto en una pelea ilegal (en el pozo del título) a causa de una mujer. La mayor parte de los elementos (el humor, los lugares exóticos, la poca fiabilidad de Costigan como narrador…) ya aparecen en esta historia.

En The Bull Dog Breed (feb-1930) [You Got to Kill a Bulldog], Costigan se mete en una pelea a causa de su bulldog Mike. Es muy similar al relato anterior, aunque sin su sentido del humor, sustituido aquí por la exaltación de la lealtad y la persistencia.

En Sailor's Grudge (mar-1930) [Costigan vs. Kid Camera], Costigan se ve envuelto en una pelea filmada para una película,a causa de una mujer y la poca cabeza del protagonista, como no podía ser menos.

Poco humor hay en Fist and Fang (may-1930) [Cannibal Fists], con Costigan atrapado por una tribu hostil en una isla, y que más parece un relato de aventuras (con toques de terror) que uno cómico. Da la sensación de que en esta época Howard todavía no tiene claro el enfoque definitivo del personaje.

En Winner Take All (jul-1930) [Sucker Fight] Costigan necesita dinero para comprar unas acciones (pues ha recibido un soplo diciendo que van a multiplicar su valor inmensamente), y la única forma de conseguir ese dinero es mediante un combate. Teniendo en cuenta que la información bursatil procede de una mujer, es fácil predecir los resultados.

Waterfront Fists (sep-1930) [Stand Up and Slug!] presenta un combate entre los campeones de dos barcos mercantes (por supuesto, Costigan es uno de ellos). El combate, eso sí, se ve alterado por la debilidad de Costigan por las mujeres.

En The Champion of the Forecastle (nov-1930) [Champ of the Forecastle; The Champion of the Seven Seas], Costigan actúa como entrenador de un compañero. De nuevo, la historia gira alrededor de los enredos provocados por una mujer, y no carece de escenas humorísticas.

Waterfront Law (ene-1931) [The TNT Punch; The Waterfront Wallop] presenta de nuevo a Costigan engañado y metido en líos por culpa de su buena naturaleza (y, en este caso, patriotismo). Aquí aparece por primera vez un elemento de juego sucio dentro de las peleas, que tanto en el ring como fuera de él normalmente suelen ser bastante limpias.

Tras un combate perdido por una decisión arbitral equivocada, en Alleys of Peril (ene-1931) [Leather Lightning] Costigan parte en busca de venganza, lo que le llevará a mezclarse con el mundillo criminal de Hong Kong. Como relato de humor no es gran cosa, pero tiene a su favor el hecho de no seguir la fórmula habitual.

Texas Fists (may-1931) [Sanghied Mitts] tiene toques de western: Costigan está en su Texas natal, y es raptado por unos rancheros para que luche contra el campeón de sus rivales mineros. Por lo demás no es un relato demasiado llamativo, aunque tiene su interés como precursor de los westerns humorísticos que escribiría Howard más adelante.

En The Sign of the Snake (jun-1931), Costigan se ve envuelto de nuevo en problemas con el submundo criminal en China. Esta es más una historia de “peligro amarillo”, que podría haber protagonizado Steve Harrison, que una historia humorística del boxeador. Es interesante e inusual, pero en ella el protagonista es un Costigan al que casi no se reconoce como tal (extrañamente, ni siquiera su barco y su perro tienen los nombres habituales).

Blow the Chinks Down! (oct-1931) [The House of Peril] es otro relato con poco humor (y, lo que quizá es más sorprendente) poco boxeo, en el que Costigan se ve metido en un trama criminal en Hong Kong. Este tipo de relatos tienen la ventaja de ser más originales y con una trama más abierta, pero no parece que Costigan sea el protagonista adecuado.

En The Fightin’est Pair (nov-1931) [Breed of Battle; Sampson Had a Soft Spot] se ve reflejado el amor que Howard tenía por su propio perro. Mike, el bulldog de Costigan, es raptado para participar en una pelea de perros y el marinero demuestra su lealtad haciendo todo lo posible por rescatarle. A pesar de la sordidez del tema, el relato no carece de humor y en él no es tan importante la descripción de un combate individual como la acción en sí.

Temporalmente cansado de su vida en el mar, Costigan se une a un circo ambulante en Circus Fists (dic-1931) [Slugger Bait], donde finalmente acabará encontrándose con un desafío mayor del que era de esperar.

Dark Shanghai (ene-1932) [One Shanghai Night] es otro de los relatos en los que Costigan boxea poco y se encuentra con problemas en los bajos fondos. El humor está presente, pero no de forma exagerada.

En el divertido Vikings of the Gloves (feb-1932) [Including the Scandinavian!] vemos como Costigan (el típico personaje howardiano de origen celta) intenta hacerse pasarse por sueco con resultados bastante risibles. Ciertas complicaciones le dan más interés al combate central.

La floja trama de Night of Battle (mar-1932) [Shore Leave for a Slugger] pone de nuevo en contacto a Costigan con los bajos fondos, aunque en esta ocasión es sólo una excusa para encadenar un par de escenas de combate.
En Hard–Fisted Sentiment (1996) Costigan se mete en un complicado combate triple por una de las cosas capaces de hacer que se meta en líos (además de las mujeres, sus amigos y su perro): el barco en el que navega. El combate tiene la particularidad de que dos de los oponentes no son boxeadores, sino un luchador de savate y uno de jiu–jitsu. Sin embargo, estos combates son breves y el texto se centra en el enfrentamiento entre Costigan y el tercer oponente, un boxeador “tradicional”.

En The Slugger's Game (may-1934), Costigan se ve de nuevo envuelto en una trama bastante rutinaria para rescatar de un secuestro a su perro Mike.

El entretenido General Ironfist (jun-1934) emplea como telón de fondo la convulsa China de la época, haciendo que Costigan luche como campeón de un general contra su rival.

Sluggers of the Beach (ago-1934) es un flojo relato en el que Costigan y uno de sus rivales se ven empujados a unirse para buscar un tesoro en una isla abandonada.

Media docena más de relatos, ninguno publicado en vida de Howard, completan la saga de Costigan: Sailor Costigan and the Swami (1977), By the Law of the Shark (1996), Flying Knuckles (1996), The Honor of the Ship (1996), The Battling Sailor (2007) y Blue River Blues (2007).



Dennis Dorgan


Hay que señalar que, para poder publicar sus relatos e ignorar las restricciones editoriales de las revistas (como publicar sólo un relato de un personaje o autor en cada número), Howard reescribió varios de sus relatos de Costigan, firmándolos como “Patrick Ervin”, y cambiando únicamente el nombre del protagonista por el de Dennis Dorgan, así como el de su perro y su barco. Sólo uno de estos relatos de Dorgan fue publicado, y la tendencia actual es considerarlos como relatos propios de Costigan, ya que en ningún caso había más alteraciones que las mencionadas (no es como reescribir completamente un relato de Kull para dar origen a Conan…).

Alleys of Darkness (ene-1934) [Alleys of Singapore] es un relato simple pero entretenido, en el que la caballerosidad de Dorgan le hace ser engañado por una “damisela en apuros”.

Más pretensiones tiene Alleys of Treachery (1966) [The Mandarin Ruby], en el que Dorgan se ve envuelto en una retorcida historia de robos y venganzas para recuperar un dinero que le ha sido escamoteado. Aunque es más un relato de misterio que de boxeo, el resultado es bastante irregular (quizá también por esa indefinición respecto al género).

Sailor Dorgan and the Jade Monkey (1971) es bastante previsible: una dama en apuros hace que Dorgan busque un combate para proporcionarle dinero. Por supuesto, ni la mujer era una dama ni tenía apuros de ningún tipo.

Cultured Cauliflowers (1974) [In High Society] nos muestra a un Dorgan forzado a llevar gafas por una lesión y contratado para una exhibición en la alta sociedad. Como es de esperar, los resultados son humorísticos, al estar el marinero como pez fuera del agua.

En el flojo Playing Journalist (1974) [A New Game for Dorgan], de propósito destacadamente humorístico, se leen los intentos de Dorgan por trabajar como cronista deportivo en la prensa, mezclado con una trama de enredos y secuestros.

Playing Santa Claus (1974) [A Two-Fisted Santa Claus] también se aleja de la estructura habitual del relato de boxeo, siendo un relato de aventuras (con toque navideño). Por supuesto, el tener a Dennis Dorgan haciendo de Santa Claus para una misión en China, y añadirle a eso unos bandidos y traficantes de armas garantiza que no vaya a faltar ni el humor ni la acción.

Flojo también resulta The Destiny Gorilla (1974), a pesar de algunos elementos interesantes. De nuevo manipulado por una mujer, Dorgan se ve envuelto en una pelea mientras huye de unos bribones.

The Turkish Menace (1974) es una aventura del montón en la que Dorgan se ve metido en problemas al ser confundido con un ladrón.

A Knight of the Round Table (1974) [Iron-Clad Fists] es más entretenido gracias a las características del combate narrado. Dorgan decide dejar el ring de boxeo, pero acaba siendo contratado para un combate de exhibición en el que los luchadores visten armadura medieval.

The Yellow Cobra (1974) [A Korean Night; A Night Ashore] es una historia bastante típica, con elementos propios del subgénero de peligro amarillo.



Hombres de Hierro


El repertorio boxeístico de Howard no sólo se compone de historias humorísticas protagonizadas por Costigan (o su alter ego Dorgan). Muchos de sus otros relatos de boxeo tienen un enfoque mucho más serio.

The Spirit of Tom Molyneaux (abr-1929) [The Apparition in the Prize Ring] es un relato bastante normal, pero con un par de características destacables. La primera es que su protagonista es un boxeador negro (al igual que su oponente, retratado de forma más que discutible), lo que resulta bastante inusual, y la segunda es la mezcla de un elemento sobrenatural en la trama. El personaje protagonista, Ace Jessel, también aparecería en otro relato que mezcla lo sobrenatural con el ring: Double Cross (1983). Esta mezcla de géneros se repetiría en los relatos The Mark of a Bloody Hand (1986) y The Voice of Doom (1986)

Crowd–Horror (1929) está protagonizado por un prometedor boxeador afectado de lo que hoy llamaríamos miedo escénico. El relato es interesante por su tema, pero poco más (y ciertamente no por la poco original forma con que lo supera).

Iron Men (1930) es un relato bastante largo, que de hecho fue acortado para su publicación por los editores. Es practicamente un biopic de un boxeador tremendamente resistente, pero incapaz de ser técnico: este tipo de hombres de hierro protagonizan muchos de los relatos de boxeadores de Howard. La historia y los combates reflejan los aspectos más brutales del boxeo. Como curiosidad, Costigan es mencionado. Esto es algo que Howard hará en otros de sus relatos, mencionando tanto a boxeadores reales como de su invención, creando una especie de “mundillo” del boxeo alrededor de sus relatos (Salvando las distancias, similar a lo que hacían los escritores del “Círculo de Lovecraft”, incluido el propio Howard, pero con boxeadores en vez de con dioses, grimorios y hechiceros).

El simple pero correcto Kid Galahad (dic-1931) [The Good Knight] es otro relato humorístico bastante previsible, similar a los de Costigan, en el que el protagonista es utilizado por una mujer fatal. El boxeador de esta historia, Kid Allison, es otro de los personajes a los que Howard dedicó varios relatos. Los otros relatos son College Socks (1931) [A Student of Sockology], The Drawing Card, Fighting Nerves, Fistic Psychology, The Jinx, Man with the Mystery Mitts (1931), The Texas Wildcat, y A Tough Nut to Crack

Fists of the Desert (1936) [Iron–Jaw] es otro pequeño biopic en el que Howard parece mostrarse bastante desencantado con el rumbo que está tomando el deporte, con entrenadores rastreros más preocupados por el espectáculo que por el combate. Es un enfoque interesante, pues hasta ese momento normalmente el boxeo es más tomado como algo noble (brutal, pero noble…), y parece que sea hacia el final de la vida de Howard cuando se ve empujado por el pesimismo acerca de su afición.

They Always Come Back (1976) es otro relato similar a Iron Men, y precisamente está protagonizado por uno de los boxeadores derrotados por el protagonista de aquel, narrando su resurgir tras dicho fracaso. Es interesante por el uso de otro punto de vista y por la ya mencionada sensación de que las historias transcurren en un “mundo real”.

Otros relatos de Howard ambientados en el mundillo del boxeo son The Ferocious Ape, The Fighting Fury, Fists of the Revolution (1976), A Man of Peace, Right Hook, Shackled Mitts, Weeping Willow y las historias cortas agrupadas bajo el título Misto’ Demsey.