Harry Potter y la Orden del Fénix
Lo primero que sorprende en esta nueva película de Harry Potter es el cambio del guionista habitual de la saga (sobre todo considerando que Steve Kloves parece que va a volver para las dos próximas películas). El encargado de adaptar esta nueva entrega es Michael Goldenberg, que participó en el guión de Peter Pan: La Gran Aventura, una estupenda muestra de cine para niños de todas las edades. Y también sorprende que a partir del libro más extenso de la saga, se haya hecho la película más corta (de las que llevamos hasta ahora).
El libro suele estar considerado como uno de los peores de la serie (junto al segundo) entre los fans de Potter. Y probablemente ese sea el principal problema de la película: la historia que cuenta es una historia de transición, que sabe a poco tras el apocalíptico regreso del Señor Tenebroso en el cuarto libro / película. El aislamiento y la sensación de abandono que siente Harry son interesantes, pero no suficientes para mantener la historia. La película elimina buena parte de la “paja” del libro y va mucho más directa al grano, aunque en ocasiones esto puede hacer que todo suceda demasiado deprisa. Quizá algo más de metraje y un ritmo más pausado no le hubieran hecho daño. Pero es curioso que no se observen grandes cambios ni omisiones, e incluso que haya quien hable de que es la película mejor adaptada, habiendo esa discrepancia de extensión entre libro y película.
David Yates, el director de la película, procede del mundo televisivo. Aunque tiene varios premios (y una nominación para un Emmy) que hacen que se le suponga calidad y oficio, es su primer largometraje, por lo que es inevitable que se planteen dudas sobre su trabajo. Pero los productores deben estar satisfechos con su trabajo, ya que le encargaron la dirección de Harry Potter y el Príncipe Mestizo (la próxima película), mucho antes de concluir su trabajo en esta. Yates hace un trabajo correcto, aunque llama la atención que ciertas escenas recuerden mucho a las de cierta trilogía dirigida por Peter Jackson. Por supuesto, parte de la culpa es de J.K. Rowling, al incluir escenas en la historia que recuerdan a las de la novela de Tolkien. Pero después de ver una escena que parece sacada del principio de La Comunidad del Anillo, ver una escena clave que está filmada exactamente igual que otra escena clave de dicha película, resulta cuanto menos llamativo. Y claro, eso hace inevitable que las últimas palabras que le oímos a Potter en la película nos recuerden a un discurso de Las Dos Torres (aunque esto también es culpa del guionista). El equilibrio entre los elementos “mágicos” y los cotidianos (como el publicitado primer beso de Harry) está bien llevado, resultando especialmente curiosas las escenas en el Londres “real”. Sin embargo, alguna escena importante carece de la intensidad y fuerza emocional que serían deseables (cosa que ya sucedía en el libro, por otra parte).
El director de fotografía es el veterano Slawomir Idziak (Rey Arturo, Black Hawk Down). El aspecto que le da a la película sigue bebiendo de las dos entregas anteriores, aunque en esta ocasión abundan los tonos ocres y verdosos, que le dan a todo en ocasiones un aspecto sucio y enfermizo, casi propio de una película moderna de terror. En ocasiones la iluminación es demasiado escasa, como en una de las escenas del final, aunque sirva para mostrar un enfrentamiento entre bien y mal, luz y oscuridad, más simbólico que explícito.
La banda sonora la firma otro “desconocido” procedente de la televisión, Nicholas Hooper (que parece que también se ocupará de la música en la siguiente película). La identidad musical de la saga la estableció el maestro John Williams en las primeras tres películas (aunque no hiciera los arreglos musicales de la segunda), y en la cuarta Patrick Doyle dio su propio punto de vista sin romper demasiado con lo compuesto por Williams. El trabajo de Hooper es correcto, apoyándose en el ya archiconocido tema principal cuando lo necesita. Sin embargo, no acaba de componer una nueva música que llame la atención a las primeras de cambio. También es verdad que sólo hay un par de escenas en las que el director deje en plano principal a la música, y la mayor parte del tiempo sólo está de acompañamiento de fondo.
La saga se sigue apoyando en unos estupendos efectos especiales, aunque no veamos nada especialmente innovador. Todo lo que aparece lo hemos visto ya en otras entregas (con alguna variación, claro está), sean criaturas, hechizos o escenarios. Eso sí, cada vez más de todo y mejor. Como elemento curioso, la película hace bastante uso de los flashbacks, y vemos la ventaja que supone una saga de estas características, al poder emplear para estas escenas partes de las películas anteriores.
Al trío protagonista (Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson) y el resto de actores adolescentes se unen la mayor parte de los habituales de anteriores películas: Maggie Smith, Alan Rickman, Robbie Coltrane, Jason Isaacs, Michael Gambon, Gary Oldman, David Thewlis, Brendan Gleeson, Emma Thompson, y Ralph Fiennes. Sin duda, un reparto impresionante. Lógicamente, no todos tienen la misma presencia en pantalla, y muchos sólo aparecen por cuestiones de coherencia y continuidad (lo que es de agradecer, dicho sea de paso), como en el caso de Thewlis (que interpreta a Remus Lupin) o Gleeson (“Ojoloco” Moody). En general, los actores adolescentes están correctos dentro de su (relativa) inexperiencia, y los pesos pesados se toman en serio su papel y están bastante bien. Si hubiera que destacar a alguien, probablemente sería a Alan Rickman, Gary Oldman y Ralph Fiennes, aunque sólo sea porque salen más o tienen personajes más interesantes.
Entre los nuevos miembros del reparto, hay que destacar a la nueva profesora de artes oscuras, Dolores Umbridge, interpretada por Imelda Staunton (habitual en películas británicas de época como Sentido y Sensibilidad), que le da al personaje el punto perfecto entre ridículo y siniestro. La niña Evanna Lynch también hace un buen papel con su “peculiar” Luna Lovegood. Los aurores Tonks (Natalia Tena, actriz de origen español en su primer papel importante) y Shacklebolt (George Harris, el capitán del submarino en En Busca del Arca Perdida) no tienen demasiado tiempo en pantalla, pero los actores parecen buenas elecciones para los papeles, y es de suponer que los veremos más en próximas películas. Finalmente, Helena Bonham-Carter da vida a una enloquecida Bellatrix Lestrange (en ocasiones, quizá demasiado enloquecida, pero es que se trata de una actriz con cierta tendencia a la sobreactuación, y el papel le da cancha para ello).
Hay que comentar que hubo cierta polémica con el doblaje de esta película (algo que ha sucedido últimamente con otros títulos de Warner, que parece no llevarse muy bien con algunos profesionales del sector), y que ha hecho que un par de personajes principales no hayan tenido sus voces habituales (concretamente, Hermione y Voldemort). Sin embargo, los actores que los han sustituido hacen un gran trabajo y el cambio es apenas imperceptible, con lo que no se le pueden poner pegas al doblaje.
Harry Potter y la Orden del Fénix es una de las películas más flojas de la saga, pero más por la debilidad del material en que se basa que por un mal trabajo de los miembros del equipo. Asumiendo esto es una película entretenida y disfrutable, aunque sin duda contentará más a los seguidores de los libros, pues percibirán más detalles y conocerán mejor el trasfondo que los que sólo conozcan las películas. Aún así, no deja de ser una pena que los únicos directores que vayan a repetir en la saga sean los más flojos e impersonales (Columbus y Yates). A ver si hay suerte y la última película la dirige Guillermo del Toro (al que le ofrecieron la tercera). Claro, que del Toro dijo que para dirigir una película de Potter tenían que dejarle matar a uno de los personajes protagonistas. ¿Podría hacerlo en la adaptación de Harry Potter and The Deadly Hallows? La respuesta en las librerías de todo el mundo a partir del 21 de julio…