Kane del Antiguo Marte

El subgénero conocido habitualmente como Romance Planetario (en ocasiones, también llamado Sword and Planet) puede considerarse como uno de los pioneros de la ciencia ficción popular, teniendo su momento de eclosión a principios del siglo XX. En cierto modo, es una extensión del género de aventuras una vez todos los continentes de nuestro planeta ya parecen totalmente explorados y se hace necesario buscar entornos exóticos en otros mundos.

Sin duda alguna, su principal exponente sería Edgar Rice Burroughs, con sus historias de John Carter en Marte (o Barsoom, como lo conocen sus habitantes). Se trata de unas historias rebosantes de acción y aventuras, más orientadas a la fantasía que a la especulación científica (aunque eso no impide que el Marte de Carter se anticipe a innovaciones tecnológicas que hoy disfrutamos a diario). Este tipo de historias acabarán influyendo en la space opera, y su mezcla de elementos arcaicos (el héroe suele solucionar sus problemas a espadazos, y no con una pistola de rayos) y futuristas puede verse hoy en día en obras tan populares como Dune o Star Wars.

En los años 60 parece producirse un renovado interés (teñido de nostalgia) por este subgénero, y eso hace que algunos autores escriban historias de acuerdo al patrón establecido por Burroughs y sus imitadores y seguidores. Entre otros, los autores que participarían en este revival estaría Lin Carter, John Norman y el caso que nos ocupa: Michael Moorcock.

En principio, parece sorprendente que un autor con cierta imagen de enfant terrible, vanguardista y aparentemente crítico con los autores más “clásicos” del género, dedique su tiempo a un estilo tan arcaico como puede parecer el representado por el John Carter de Burroughs. En todo caso, no puede decirse que Moorcok desconozca los estilos y autores con los que se muestra crítico, así que realmente no es tan extraño que quiera dar su propia versión del tema (algo que, al parecer, ya había intentado antes en unas historias juveniles protagonizadas por un personaje conocido como Sojan el Espadachín).

Las tres novelas que componen la serie protagonizada por Michael Kane fueron escritas, según Moorcock, en apenas 10 días, algo que no sorprende demasiado en un autor tan prolífico. De todas formas, hay que tener en cuenta que se trata de novelas no demasiado largas (en la colección Planet Stories de la editorial Paizo son tres libros de unas 150 páginas). Esta serie no se encontraría entre las más destacables de las escritas por Michael Moorcock pero (como suele suceder incluso con sus trabajos alimenticios) se leen fácilmente y con agrado. Para situarlas en su contexto, cuando escribe estas novelas, Moorcock lleva un año como editor de la revista New Worlds y ya ha publicado el núcleo de su creación más famosa, Elric de Melniboné (los relatos de The Stealers of Souls y la novela Stormbringer)

Estas novelas fueron publicadas con el pseudónimo Edward P. Bradbury, un nombre que inevitablemente evoca a otros autores que habían publicado literatura relacionada con el planeta Marte. Además, Edward P. Bradbury aparece como personaje de las novelas en sus prólogos y epílogos: es el supuesto oyente de las historias de Michael Kane, y responsable de llevarlas a la letra impresa.

En relación con el resto de la obra de Moorcock, no es raro que Michael Kane sea considerado como una encarnación más del Campeón Eterno. En las propias novelas no parece haber indicación alguna de esto, aunque Kane es mencionado como uno de los aspectos del Campéon en The Eternal Champion (1970) y The Bull and the Spear (1973). En todo caso, parece más bien un acto de retrocompatibilidad que no hace pensar que Moorcock tuviera en mente a su Campeón Eterno cuando escribió estos homenajes a Burroughs.

La primera novela de esta trilogía es Warrior of Mars (o City of the Beast; los libros tienen dos títulos: uno posiblemente original y otro posiblemente impuesto, más “comercial”, conteniendo la palabra “Marte”). En ella se presenta a los principales personajes. Kane, además de veterano de guerra y hábil espadachín, es físico, lo que permite que Moorcock pueda dar una coartada científica al viaje de su protagonista a Marte (que, en el caso de Burroughs es casi mágico). Además, el Marte al que viaja Michael Kane es un Marte de la antigüedad, de la época en que los dinosaurios aún caminaban por la Tierra. La de Marte es una cultura relativamente primitiva, aunque con muestras de tecnología avanzada procedentes de unos seres desaparecidos que las crearon en el pasado. La historia de este primer libro gira en torno al enfrentamiento entre los habitantes de aspecto humano del planeta (encabezados por la hermosa princesa Shizala) y los Gigantes Azules de aspecto más bestial.

En Blades of Mars (o Lord of the Spiders), Kane hace uso de sus conocimientos científicos para poder regresar a Marte. Este es un libro con una trama más dispersa, en la que se profundiza un poco en el conocimiento de los Gigantes Azules, pero que se compone sobre todo de distintos eventos pocos relacionados entre sí. Probablemente sea la novela más floja de las protagonizadas por Michael Kane.

Barbarians of Mars (o Masters of the Pit) se presenta como la más Moorcockiana de las tres partes de la trilogía. Si el primer libro era Burroughs en estado puro, y el segundo no estaba muy claro lo que pretendía, con este tercero Moorcock aprovecha para escribir una historia propia ambientada en este fantástico Marte. Aunque el núcleo de la novela sigue siendo el propio de una historia de aventuras, aparecen más elementos reflexivos que en las partes anteriores. No es que sea un dechado de originalidad, pero es el libro de los tres en el que más se reconoce al autor, aunque sea en un escenario heredado o creado por otro.

Michael Kane no deja de ser una copia del John Carter creado por Burroughs, y tampoco es que pretenda ser otra cosa ni ocultar su origen. El texto es consciente de su naturaleza de homenaje y Moorcock ni tan siquiera intenta crear un anti – Carter (al estilo de lo que hizo al crear el personaje de Elric). En resumen, interesante para los seguidores del autor que quieran presenciar su incursión en este sub – género.

Extrañas Amenazas: Los Relatos de Misterio de R. E. Howard

Durante los años 30, probablemente el género más popular de los que vivieron un especial buen momento en las revistas pulp de la época fue el género policiaco o de misterio, especialmente en su variante hardboiled. Se trata de un subgénero que daría forma a toda la tradición estadounidense de novela negra, protagonizado por duros investigadores habituados a la vida en los barrios bajos. Un estilo que nada tiene que ver con los refinados misterios detectivescos de tradición británica, que representarían las obras de Sir Arthur Conan Doyle o Agatha Christie.

Es la época de autores tan consagrados hoy como Dashiell Hammett (creador de Sam Spade y autor de Cosecha Roja) o Raymond Chandler (creador de Philip Marlowe, protagonista de El Sueño Eterno), y que desembocaría en una integración del género negro en el mainstream, favorecido por las buenas relaciones entre este tipo de literatura y el naciente medio cinematográfico.

Como parecería inevitable, el prolífico Robert E. Howard también escribió unos cuantos relatos que pueden encuadrarse dentro de esta corriente. Lo curioso es que, en realidad, a Howard no le gustaban los relatos de misterio, ni como lector ni como autor, cosa que nunca ocultó. Evidentemente, esto hace que sus historias de misterio no puedan considerarse entre las mejores de su autor, y que fueran escritas probablemente por motivos puramente económicos. Aún así, no dejan de tener algunos elementos interesantes, normalmente cuando Howard se olvida de las convenciones del género y conduce su relato por sendas que se le dan mejor. En todo caso, lo que Howard nunca hace es dedicarse al clásico detective hardboiled, sino que sus historias de misterio y de detectives están más influenciadas por otros dos subgéneros populares de su época: el Peligro Amarillo y la Weird Menace.

El subgénero comúnmente conocido como Peligro Amarillo no es sólo una corriente literaria, sino que el calificativo refleja en realidad toda una corriente de pensamiento de principios del siglo XX. Se trata de un subgénero eminentemente racista y xenófobo, basado en los estereotipos negativos comúnmente asignados en la época a los asiáticos. El origen de esta corriente hay que buscarlo en el choque cultural que se produce con las primeras migraciones masivas de población asiática a occidente. El encuentro entre la cultura occidental y las exóticas costumbres orientales es el caldo de cultivo en el que crecen la desconfianza y el miedo/odio al extranjero. El exponente más conocido de este tipo de relatos sería el malvado Doctor Fu Manchu creado por Sax Rohmer, un maligno genio criminal que actúa desde las sombras con pérfidos propósitos.

Por su parte, el Weird Menace (literalmente, “Amenaza Extraña”) es un género a mitad de camino entre el misterio y el terror. Se trata de historias en las que el conflicto aparece causado por elementos aparentemente sobrenaturales, pero que normalmente acaban teniendo una explicación lógica y mundana (por rebuscada que esta sea). Buena parte del impacto que buscan estos relatos está en sus elementos macabros y violentos, lo más retorcidos, aparatosos y chocantes que sea posible: refinadas torturas, extraños venenos, armas exóticas, trampas mortíferas... En cierto modo, por su propósito de causar disgusto se trataría de un precursor del moderno cine gore, pero en formato de revista pulp (y, debido a la época en que aparece, ni mucho menos tan extremo en sus contenidos).

Rostro de Calavera

La novela corta Skull-Face apareció por entregas en la revista Weird Tales durante los meses de Octubre, Noviembre y Diciembre de 1929. Se trata de una novela escrita claramente a imitación de las obras de Sax Rohmer, aunque tampoco habría que descartar la influencia de H.P. Lovecraft, especialmente de su magistral relato The Call of Cthulhu (1928).

El protagonista y narrador de la novela es Stephen Costigan, personaje que no debe ser confundido con Steve Costigan, el marinero y boxeador que protagoniza abundantes relatos humorísticos de Howard. Se trata de una simple coincidencia de apellidos (habitual en Howard) y similitud de nombres, entre dos personajes que no tienen nada que ver. Costigan es un veterano de la Gran Guerra, al que sus terribles experiencias han convertido en un adicto al hachis. Muchos editores cambian dicha droga por el opio, al considerar (acertadamente, por otra parte) que los efectos descritos por Howard encajan mejor con los de la adicción a una droga más dura. Independientemente de esto, el interés de Costigan está en su naturaleza de adicto, además de ser la que provoca que la trama se ponga en movimiento. A Howard no se le puede pedir un retrato complejo de la drogadicción, pero es interesante la presencia de este elemento como un obstáculo más a superar por el héroe. Por lo demás, Costigan es el típico americano musculoso con sangre irlandesa.

A Costigan le acompaña en sus aventuras John Gordon, inglés con contactos en el servicio secreto británico, personaje más esquemático que Costigan y que sirve como apoyo del protagonista y poco más. Merece la pena comentar que el nombre de John Gordon aparece en algunos otros relatos de Howard, pudiendo tratarse o no del mismo personaje, pero sin que eso sea relamente relevante. La historia transcurre en los bajos fondos de Londres, en un barrio de Limehouse dominado por elementos criminales procedentes de Oriente.

El archimalvado de la novela es el autoproclamado hechicero Kathulos de Egipto, también conocido como “Rostro de Calavera” por su siniestro aspecto. Kathulos tiene todas las características de la mente criminal que actúa desde las sombras en este tipo de relatos: siniestro, exótico, cruel, previsor y aparentemente invencible. En la superficie, los planes de Kathulos se limitan a jugar con el miedo al extranjero de este subgénero, pero en la realidad se ocultan planes más siniestros (y ahí es donde entran los elementos lovecraftianos). Por diversas similitudes, hay quien relaciona a Kathulos con el brujo Thulsa Doom, personaje que aparece en los relatos de Kull. Sin embargo, parece más lógico pensar que se trata de una simple reutilización o reciclaje de elementos, teniendo en cuenta que los relatos en los que aparece Thulsa Doom no fueron aceptados para su publicación en vida de Howard.

Skull-Face es una novela corta (o relato largo) entretenida, si bien elementos como la adicción a las drogas y el conflicto racial (la lucha de todos los pueblos “no blancos” contra los “blancos”) están tratados con una simplicidad que hoy parece entre inocente y ofensiva. Las partes más notables son el inicio, con la presentación de los personajes y la elaboración de la intriga, y el final, con los elementos más terroríficos y más acción. La parte central de desarrollo está menos lograda, pero debido a la breve extensión del texto esto se le puede perdonar.

Howard comenzó una continuación de esta novela a petición de su editor. Esta segunda parte quedó inconclusa, y es conocida como Taveral Manor o como The Return of Skull–Face (título con el que se publicó en 1978, completada por Richard Lupoff). Esta secuela nos presenta a unos Costigan y Gordon que parecen dedicarse profesionalmente al negocio de la investigación privada, a los que unos amigos les piden que investiguen unas desapariciones en una mansión apartada. Se trata de una historia más floja que su predecesora, más o menos entretenida pero, en general, rutinaria y decepcionante.

Steve Harrison

Frank Miller comenta acerca de su personaje Marv, de Sin City, que se lo planteó como un “Conan en gabardina”. Sin embargo, el propio Howard ya había creado su propia versión de Conan con gabardina en los bajos fondos: Steve Harrison. Menos de la mitad de las historias protagonizadas por este personaje fueron publicadas en vida de Howard, en revistas especializadas como Strange Detective Stories, Super Detective Stories o Thrilling Mystery.

Harrison es un detective de la Policía, aunque siempre trabaja en solitario, prácticamente como si fuera un investigador privado. Buen conocedor de los ambientes criminales de River Street, la zona principal de un Barrio Chino de una ciudad indeterminada de Estados Unidos en la que transcurren la mayoría de sus aventuras. Tan pronto hay referencias de que se trata de una ciudad de la costa Oeste como San Francisco, como se insinúa que puede ser Nueva York (e, igualmente, se dan datos que descartan que pueda tratarse tanto de San Francisco como de Nueva York).

No sorprende demasiado que Harrison comparta las características físicas habituales de la mayoría de los personajes de Howard, ni que emplee su pistola con más frecuencia como si se tratara de una cachiporra que para dispararla. Eso cuando las circunstancias no le obligan a defenderse de sus enemigos empleando un hacha o una maza o, como último recurso, a puñetazo limpio.

En The Silver Heel (1984), Harrison investiga un asesinato (que pronto se convierte en una serie de muertes). El desenlace es previsible y hay situaciones un tanto forzadas, pero el ambiente exótico de River Street ya se puede percibir: bailarinas, tríadas, señores del crimen, abogados corruptos… Curiosamente, es el relato que más se parece a una historia de detectives tradicional, y probablemente por ello sea el más flojo.

Por el contrario, Lord of the Dead (1978), también conocido como Dead Man’s Doom es un relato bastante más interesante. En él, Harrison se ve envuelto (de manera un tanto rocambolesca, todo hay que decirlo) en los asuntos de un señor criminal conocido como Erlik Khan. No se trata de un simple delincuente, sino de todo un conspirador con ansias imperialistas. A pesar de que Harrison no es un personaje tan activo como en otros relatos, y de que el final resulta un poco anti–climático, Howard da muestras en este relato de su estilo y oficio como narrador.

Completado por Fred Blosser, The Mystery of Tannerloe Lodge (1981) presenta a Steve Harrison actuando como guardaespaldas en una mansión llena de trampas. Se trata de una intriga exótica bastante típica, en la que aparecen referencias a Erlik Khan e incluso a Thoth–Amon (algunas posiblemente no incluídas originalmente por Howard: no parece su estilo habitual).

El breve y correcto The Black Moon (1983) narra una historia de robo y asesinato en el habitual ambiente exótico.

Names in the Black Book (may-1934) es una secuela de Lord of the Dead. El villano de aquel relato regresa en busca de venganza y con el deseo de hacerse con el control de la ciudad. Harrison se encuentra atrapado en una mansión, en una situación muy similar a The Mystery of Tannerloe Lodge, en una historia que destacaría por su final lleno de acción. Como curiosidad, este relato sí que fue publicado en las revistas, no así su predececesor, con lo que los lectores se perdieron buena parte del trasfondo de los personajes (y un relato de mayor calidad, dicho sea de paso).

Con The Tomb’s Secret (feb-1934), o Teeth of Doom, sucede otra cosa curiosa, a la que Howard no era extraño. Como coincidía en el mismo número con otro relato protagonizado por Steve Harrison (Fangs of Gold), tuvo que publicarlo con pseudónimo y cambiar el nombre del protagonista por Brock Rollins. A pesar de la resolución y la pasividad de Harrison, se trata de un buen relato con elementos truculentos y bastante tensión. La historia sigue los crímenes de un grupo conocido como “Los Hijos de Erlik” en sus delicitivos planes a gran escala.

The Voice of Death (1984) saca a Harrison de su ambiente habitual, y el detective se dedica a ayudar a un joven que está sufriendo extrañas sugestiones para que asesine a un amigo. Un Harrison que demuestra su astucia de forma poco habitual se enfrenta a una intriga con elementos presentes en otros relatos de Howard, como The Haunter of the Ring o Casonetto’s Last Song.

Por su parte, Fangs of Gold (feb-1934), conocido también como People of the Serpent, muestra similitudes con Black Canaan (publicado 2 años después). De nuevo fuera de su elemento habitual (aunque persiguiendo a un criminal chino), Harrison acaba en unos pantanos sureños dominados por un siniestro culto Vudú, y se ve rodeado por un conflicto que no le impide centrarse en su propósito original. En este relato de lograda atmósfera llama la atención el personaje con quien se alía Harrison: una sacerdotisa que representa un aspecto del culto menos brutal y salvaje. En cierto modo, esto matiza levemente el racismo inherente a la historia.

Graveyard Rats (feb-1936) muestra a un Steve Harrison ya totalmente independizado de las intrigas exóticas de River Street. O, por decirlo de otro modo, alejado del subgénero de Peligro Amarillo e inmerso en la Weird Menace (algo que ya se veía venir en los últimos relatos examinados). De hecho, el contecto urbano y exótico ha sido sustituido por un escenario que Howard conoce mucho mejor: el ambiente rural sureño. La intriga, que mezcla asesinatos macabros, feudos familiares y fantasmas indios, es lo de menos (su desarrollo sería mejorable): la historia destaca por sus excelentes escenas de terror macabro.

Similar es The House of Suspicion (1976), o House of Fear, situado de nuevo en el sur rural. Steve Harrison sigue un anónimo para “capturar” a un testigo de un crimen en esta historia que tiene una buena creación de tensión, con un desenlace no tan logrado.

Merece la pena comentarse que Harrison no es el único personaje de este estilo creado por Howard (aunque sí el más destacable). Así, Butch Gorman y Brent Kirby protagonizan los relatos Hand of the Black Goddess (o Scarlet Tears) y Sons of Hate, mientras que protagonizadas por Steve Bender, Weary McGraw y The Whale están las historias The Ghost With the Silk Hat, Westward Ho! (incompleta), The Wild Man, y un borrador sin título. Ninguno de estos títulos fue publicado y en muchos casos su estado no es necesariamente definitivo.

Puede decirse sin temor a equivocarse que Steve Harrison no es precisamente uno de los personajes más memorables de los creados por Robert E. Howard. Aún así, de entre los relatos protagonizados por este detective pueden sacarse al menos dos o tres historias interesantes, aunque sea siempre por sus elementos terroríficos, y nunca por los detectivescos. Al fin y al cabo, a Howard no le gustaban los relatos de misterio.

Jirel de Joiry

Tradicionalmente, el fantástico ha sido considerado un género no adecuado para las mujeres. Bueno, quizá sería más correcto decir que tradicionalmente casi todo ha sido considerado no adecuado para las mujeres (exceptuando el cuidado de la casa y de los niños). En el fantástico, cuyas influencias más conocidas serían guerreros rebosantes de masculinidad (véase Conan) o grupos multiétnicos pero unisexuales que parecen hechos a imagen de los clubes de caballeros británicos (véase la Comunidad del Anillo), no sorprende que no hayan abundado ni las autoras ni las protagonistas femeninas.

Por supuesto, hoy en día ya es más habitual encontrar autoras que se dedican al fantástico, pero sería conveniente recordar que esto no es una novedad, a pesar de que en su momento fuese cuanto menos una rareza. Y ese momento son los años 30, la época de Weird Tales, la época de las aventuras de Conan y de los terrores de Lovecraft, y también la época de Jirel de Joiry.

Jirel es la protagonista de seis relatos publicados en la mencionada revista por la autora C.L. Moore. Catherine Lucille Moore (que firmaba con sus neutras iniciales “C.L.” para no revelar su género) es una autora estadounidense nacida en 1911, y cuyas creaciones más populares son los relatos de Jirel de Joiry, así como los protagonizados por Northwest Smith (piloto espacial, aventurero y fuera de la ley). Tras casarse con el también escritor Henry Kuttner (al que conoció cuando él le escribió una carta pensando que ella era un autor masculino), publicaron muchos de sus relatos escritos de manera conjunta.

Jirel es la señora feudal del dominio de Joiry, lugar que parece estar situado en la Francia medieval (lo que se deduce o supone debido a los nombres y algunas menciones más bien circunstanciales). Como le gusta repetir, ella es Joiry: Jirel es la señora de su feudo, y lo cuida como merece su posesión (y eso incluye a sus súbditos, también parte de sus pertenencias). Orgullosa y poseedora de una belleza dura y peligrosa, y de una fiera melena roja, tan fiera como su caracter y temperamento. A Jirel no la vemos en sus salones, vestida como una dama y esperando a algún caballlero andante. Su vestimenta más habitual se compone de una camisola de cuero suave cubierta por una túnica de malla, con el único toque exótico de unas grebas de la época romana. Por supuesto, el complemento habitual de este atavío es una afilada espada. Esta pelirroja no se viste con poco prácticos bikinis de cota de mallas, sino con una verdadera protección (de hecho, en una de las historias sus hombres deben ayudarla a desmontar de su caballo por el peso de la armadura completa que lleva en ese momento). Jirel es una señora feudal de una Europa en apariencia realista, pero en la que ella no deja de encontrarse con lo sobrenatural.

Black God's Kiss (oct-1934) es el primer relato protagonizado por Jirel de Joiry. El castillo de Jirel ha sido tomado por sus enemigos y ella ha sido hecha prisionera. Por supuesto, el conquistador pretende incluir a Jirel en su botín de guerra, algo que ella no está dispuesta a soportar. Para acabar con su enemigo y recuperar lo que le pertenece, Jirel está dispuesta a realizar un descenso a los infiernos y obtener un medio terrible para lograr sus propósitos. La mayor parte del relato se compone de la descripción, original e imaginativa, casi onírica, y alejada de tópicos, de la dimensión que Jirel visita para llegar al oscuro dios que le otorgará lo que busca. Las similitudes con Worms of the Earth de Robert E. Howard (publicado en 1932) son bastante evidentes, pero también existe una clara diferencia de estilo, que prueba que con una misma trama básica pueden crearse dos relatos muy distintos.

Black God's Shadow (dic-1934) es una secuela directa del relato anterior, pudiendo considerarse al conjunto casi como un mismo relato en dos partes. Si aquel era la historia de una condenación, este es el relato de la búsqueda de redención por parte de Jirel, dominada por el arrepentimiento y la pena causados por el amor malogrado a causa del Dios Negro. La contradictoria dualidad amor–odio que se establece entre Jirel y el objeto de su afecto es un elemento muy interesante de estas dos historias, pero hubiera sido de agradecer que tuviera un desarrollo más fluido y menos brusco. De nuevo, el relato se compone en su mayor parte de la descripción del viaje de Jirel por la dimensión del Dios Negro, con lo que al final el relato se parece demasiado a su predecesor como para destacar por sí mismo.

En Jirel Meets Magic (jul-1935) de nuevo nuestra protagonista se introduce en una extraña dimensión o mundo paralelo, en este caso persiguiendo a un mago al que ha prometido matar (el motivo es lo de menos). Esta vez el paisaje no es tan extraño como en los relatos anteriores, en esta tierra casi feérica, en la que hay dríadas y hechiceras que invocan horrores lovecraftianos. El argumento no se limita a ser un recorrido por lugares exóticos, sino que se introducen más elementos de conflicto, con lo que el relato resulta algo más satisfactorio. Como curiosidad, este relato presenta como oponente principal de Jirel a un personaje femenino en forma de perversa hechicera (normalmente, los oponentes de Jirel son hombres).

The Dark Land (ene-1936) nos presenta a una Jirel herida de muerte, a la que un poderoso ente sobrenatural rescata y traslada a sus oscuros dominios. Por supuesto, sus intenciones consisten en convertirla en su consorte, algo en lo que encontrará la previsible oposición de la propia Jirel, pero también la de otro ente (en este caso femenino) que rivaliza por el afecto del señor del reino. Se trata de un enfrentamiento nada físico, y casi metafórico, en un relato que nos muestra a una Jirel no demasiado activa, y que tampoco nos ofrece nada que no hayamos visto en relatos anteriores. Habría que comentar que los “mundos” o “planos” que visita Jirel en sus relatos se insinúan habitualmente como “dimensiones alternativas” (sacadas de un entorno de ciencia ficción) más que como “infiernos” o similares (como parecería propio de una orientación más fantástica). Esto la emparenta con una concepción del universo similar a la de Lovecraft, en la que más que dioses y demonios lo que pueblan sus relatos son seres alienígenas (no tan inhumanos como los del autor de Providence, eso sí) con intereses y mentes que la humanidad no alcanza a comprender realmente.

Quest of the Starstone (nov-1937) es uno de los relatos que C.L. Moore escribió conjuntamente con Henry Kuttner. En realidad el verdadero protagonista de este crossover es Northwest Smith, aventurero del futuro creado también por C.L. Moore, invocado por un mago para enfrentarse a Jirel. Si en muchos de los relatos puede acusarse a Jirel de ser una protagonista demasiado pasiva (empujada a ello por las circunstancias), en esta historia su papel es meramente secundario. En general, se trata de un relato no muy logrado, cuyo único interés radica en la rareza que supone ver reunidos a los dos personajes más famosos de su autora (algo que al parecer se hizo a petición de los lectores).

En Hellsgarde (abr-1939), Jirel es chantajeada (para salvar la vida de sus hombres) para visitar un siniestro castillo embrujado. Una vez allí, se encontrará con una inquietante corte que lo habita a pesar de la mala reputación del lugar. Jirel debe enfrentarse a los nuevos habitantes del lugar además de seguir con sus intenciones iniciales. El relato es probablemente el que crea una atmósfera más puramente (o tradicionalmente) terrorífica, mientras que otros relatos se centran más en la sensación de terror más soterrado que crea la extrañeza del paisaje.

Buena parte de la importancia que se merecen Jirel de Joiry y su creadora C.L. Moore se basa en que normalmente se califica a Jirel como el primer protagonista femenino de espada y brujería. Aunque de acuerdo con una definición más estricta, si bien las aventuras de Jirel pertenecen claramente al género fantástico, no pueden encuadrarse en el subgénero de espada y brujería (o “sword & sorcery”, si preferimos el término original) propiamente dicho. Para cumplir con el patrón establecido por este subgénero, a las historias de Jirel les falta acción, ya que la mayoría de las historias se basan más en conflictos que se resuelven de forma interna, mental o psicológica, y aparece con más frecuencia la brujería que las espadas. En cierto modo, la etiqueta impuesta juega en contra de estos relatos, pues el lector se encuentra con historias muy distintas a las que podría esperar que se calificaran como espada y brujería.

La prosa de C.L. Moore nos ofrece unas descripciones originales e imaginativas de diversos paisajes fantásticos, recorridos por una protagonista humana y realista, con sus debilidades y contradicciones, muy alejada del arquetipo de amazona que se ha convertido en aburrido tópico del género. Jirel resuelve la mayoría de sus conflictos gracias a su fuerza de voluntad y sus sentimientos, sin necesidad de recurrir a su espada. Y aunque se resiste vehementemente a las atenciones malintencionadas de la mayor parte de los personajes masculinos que aparecen en sus relatos (normalmente como antagonistas), eso no quiere decir que sea un personaje asexuado o que odie a los hombres. Jirel tampoco pertenece al arquetipo de virgen guerrera, que sólo piensa en guerrear y renuncia a los hombres. Por el contrario, C.L. Moore nos dice que Jirel ha disfrutado de los abrazos de múltiples hombres, pero siempre elegidos por ella: todo un ejemplo de independencia femenina y de personaje realista.

En la parte negativa, las tramas resultan demasiado repetitivas, especialmente para el lector moderno, que normalmente accede a estos relatos en forma de antología, en vez de encontrárselos aislados en diversas revistas baratas. Media docena de relatos demasiado similares resulta excesiva para ser asimilada de golpe, así que quizá sea mejor quedarse simplemente con los mejores (Black God's Kiss, Jirel Meets Magic, Hellsgarde) y dejar el resto para otros momentos. Lo que es innegable es que Jirel de Joiry tiene un puesto asegurado en la historia del género, en buena parte por su condición de hito histórico, pero no únicamente por ello.