Tros de Samotracia

Talbot Mundy es uno de esos autores hoy prácticamente desconocidos, pero que tuvieron su momento de popularidad a principios del siglo XX. Entre los autores que se consideran influidos por él se encuentran numerosos autores de género fantástico, desde los casi contemporáneos como Robert E. Howard, E. Hoffman Price, Leigh Brackett o Fritz Leiber, hasta escritores de épocas posteriores como Robert A. Heinlein o Marion Zimmer Bradley.

Su especialidad eran los relatos de aventuras ambientadas en la India colonizada por los británicos, salpicadas con dosis de misticismo oriental, cuyo ejemplo más famoso sería su novela King of the Khyber Rifles. El propio Mundy (cuyo verdadero nombre era William Lancaster Gribbon) conocía estos ambientes y no era ajeno a una vida de aventuras, pues dejó su Londres natal a los 16 años para viajar por África, India y otros lugares de Oriente (tanto el Próximo como el Lejano), y establecerse a los 30 años en Estados Unidos. Poco después empezaría a publicar sus textos en revistas pulp especializadas como Adventure o Argosy.

A mediados de los años 20, Mundy empezó a publicar las aventuras de Tros de Samotracia, un noble griego que se enfrenta a Julio César en el contexto de la invasión romana de las islas británicas. Sus historias tenían la forma de novelas cortas apareciendo en la revista Adventure entre Febrero de 1925 y Febrero de 1926. Sus títulos eran los siguientes: Tros of Samothrace, The Enemy of Rome, Prisoners of War, Hostages to Luck, Admiral of Caesar's Fleet, The Dancing Girl of Gades, y Messenger of Destiny (publicada en tres entregas). Posteriormente se publicaría en 1929 la novela Queen Cleopatra, y en 1934 se recopilarían en formato de libro (con un grosor importante) las novelas cortas publicadas originalmente en Adventure. Finalmente, en 1935 Mundy publicaría las últimas aventuras de Tros en la novela The Purple Pirate.

La existencia de secuelas a los relatos originales, así como la recopilación de estos en tapa dura, da idea de la popularidad alcanzada en su día por el personaje. Quizá una buena parte de esta popularidad se deba a la polémica provocada por la imagen desmitificada de un Julio César y un Imperio Romano presentados como imperialistas y dictatoriales. Para el lector moderno (que puede haber visto una imagen similar desde pequeño en los comics de Asterix) esto no resulta especialmente chocante, pero es comprensible que en los años  20 y 30 esto resultara casi revolucionario.

El primer volumen, Tros of Samothrace, resulta un tanto irregular. Esto se debe sin duda al origen del libro, compuesto por historias más o menos continuas, pero sin la verdadera sensación de unidad que tendrían de estar pensadas originalmente como novela independiente y no como relatos aislados. Otro elemento a considerar es que estas historias componen el periodo en que Mundy está familiarizándose con el personaje, por lo que las partes finales resultan más satisfactorias que las iniciales. En general, además, Mundy parece resultar más efectivo cuando se dedica a narrar intrigas y conspiraciones que en las secuencias de acción.

La extensión de este primer libro ha hecho que en la mayoría de sus re-ediciones haya sido separado en diversos volúmenes. En alguna ocasión se ha respetado la división original de las novelas cortas para hacerlas coincidir con la separación en volúmenes, pero en la mayor parte de los casos se ha optado por una división arbitraria. Ese ha sido el formato adoptado por la edición en castellano, lo que contribuye a acentuar la irregularidad provocada por el origen de los textos.

La historia gira alrededor de la presencia de Tros en Britania y sus enfrentamientos con los romanos de Julio César, presentado como su némesis, que le llevarán hasta la misma Roma. El relato de César es realista, sin ocultar sombras pero también sin negarle méritos, reconocidos por el propio Tros. De todas formas, los personajes en general no serían el fuerte del libro (de nuevo, es fácil achacar esta limitación al hecho de que estamos leyendo una serie de novelas cortas y no una novela como tal), a pesar de la presencia de una serie de personajes recurrentes. El propio Tros sería el personaje mejor representado (sin que esto tenga mucho mérito), y en ocasiones resulta demasiado perfecto (aunque no exento de debilidades) y poco detallado, casi más un arquetipo que una persona real.

El elemento más "fantástico" lo representa el valor que da un Mundy interesado en el misticismo a las religiones mistéricas, como una especie de culto universal que une a gentes tan separados como los Samotracios y los Druidas Galos y Británicos. El seguimiento de estos Misterios (lógicamente nunca demasiado detallados), de los que Tros parece ser un creyente no demasiado firme, permiten al noble griego, entre otras cosas, demostrar conocimientos avanzados como su afirmación de que la Tierra es redonda y las ideas que pone en práctica al construir su barco Liafail (como el proteger el casco con placas de estaño).

En Queen Cleopatra, la presencia de Tros es prácticamente testimonial, convertido en un personaje secundario de la historia (y no de los más importantes). La trama gira alrededor de la historia de la presencia de Julio César en el Egipto de la reina Cleopatra, que son los verdaderos protagonistas. Así, si la novela anterior era más bien un relato (o serie de relatos) de aventuras, esta puede considerarse más bien como una novela histórica. El estilo de la novela es deliberadamente episódico, pasando en ocasiones de manera algo abrupta de un incidente o suceso a otro. Mundy incluso se permite alguna floritura formal o experimentación, como escribir un capítulo como si se tratara de una escena teatral.

La presencia de Tros no es la única referencia que relaciona a esta novela con el mundo y el escenario establecidos en el primer volumen de la serie. El misticismo de los cultos mistéricos también aparece en Egipto, con la propia Cleopatra relacionada directamente con ellos. Además, el Julio César de esta novela es sin duda el mismo que se oponía directamente a Tros, aunque en este caso las relaciones entre ambos personajes no parecen tan tensas (o quizá es porque no se les dé tanta importancia en el texto, dado el papel subordinado de Tros).

Finalmente, con The Purple Pirate se cierra este ciclo. La novela comparte con el título anterior su ambientación en el Egipto de Cleopatra, aunque se vuelve al estilo más aventurero del primer libro. De nuevo el protagonismo recae en Tros, y el tono vuelve a ser más el de novela de aventuras que el de ficción histórica, mezclando las intrigas y las batallas navales. Por desgracia, Tros carece de un antagonista a la altura del Julio César de la primera parte.

Aunque hay que agradecer que Panini haya decidido editar esta obra (tratándose de un personaje y un autor no especialmente populares en la actualidad), por desgracia la edición resulta bastante mejorable. La separación de los libros originales en volúmenes de tamaño regular (algo más de 200 páginas cada uno), comprensible desde un punto de vista económico y comercial, resulta especialmente inadecuada con Tros of Samothrace, convertido en una serie de 6 volúmenes que, vistos como novelas independientes, no se sostienen demasiado bien. Menos grave parece la separación de Queen Cleopatra y The Purple Pirate en dos volúmenes cada uno.

Por otro lado, la traducción resulta en ocasiones demasiado moderna, con modismos y expresiones que resultan demasiado actuales, no ya para la época en que transcurre la historia, sino para la época en que fue escrita. Además, algunas extrañas separaciones y puntuaciones del texto, así como un extraño error de traducción hacia el final del libro (unos "arrow-engines", armamento naval traducido hasta entonces como "escorpiones", se convierten en un momento dado en "motores en W", algo que no suena nada propio de una trirreme), hacen pensar que la traducción pueda haber partido de un texto original en no muy buenas condiciones. Esto es especialmente perceptible en la traducción del primer libro, realizada por un traductor distinto que los otros dos, aunque tampoco es que la presencia de distintas manos en la traducción se note demasiado.

Otro pequeño defecto es el inadecuado posicionamiento de algunas "notas del traductor" que aparecen para explicar un término que lleva apareciendo en el texto desde hace páginas (o incluso volúmenes...). De nuevo, esto está relacionado casi con total seguridad con la presencia de distintos traductores a lo largo de la obra.

En el lado positivo, siempre es destacable que se hayan incluido algunos textos para situar al autor y a la obra en su contexto.

En general, las historias protagonizadas por Tros de Samotracia resultan una lectura no especialmente interesante ni atrayente, aunque tampoco puede decirse que Talbot Mundy haga un mal trabajo en su escritura. Sin embargo, los libros carecen de ese "algo" que separa a las grandes obras del resto, sea porque Mundy (o sus traductores...) no haya sabido hacer el texto más adictivo, porque la narración sea demasiado episódica o porque alguno de sus elementos haya quedado un tanto anticuado. En resumen, una lectura correcta pero no especialmente memorable.

El Último Anillo

El Último Anillo se presenta como una secuela no oficial de El Señor de los Anillos, desde el punto de vista de los perdedores de la Guerra del Anillo, y aprovechando para dar su propia versión de algunos de los eventos ya narrados en dicho libro. Su autor, Kiril Yeskov, es un biólogo y paleontólogo ruso que además ha hecho alguna incursión en el mundo de la ficción, siendo la más famosa este libro, publicado en 1999.

La repercusión y relativa popularidad de esta novela sólo se entiende por el "morbo" que despierta el venderse como versión alternativa de una (si no la más) de las novelas fantásticas más famosas del género. Si no fuera por eso, la novela habría pasado sin pena ni gloria por las estanterías de las librerías de su país, y probablemente no hubiera sido traducida a otros idiomas. Aunque no carece de defensores, por regla general, parece que muchos aficionados lo consideran poco más que una muestra de fan - fiction (aunque normalmente la diferencia entre "fan - fiction" y "secuela oficial" sea una cuestión puramente legal). Cuestión a considerar al margen sería cuantos de los fans del fantástico que critican este libro defienden engendros como Sentido y Sensibilidad y Zombies que, dicho sea de paso, tienen bastante menos mérito que el libro de Yeskov. Pero claro, Tolkien es "uno de los nuestros" y Austen no... En todo caso es un libro difícil de defender más allá de la mera pose iconoclasta, cuando los tópicos del género ya fueron puestos en cuestión hace décadas (por ejemplo, por Michael Moorcock, que además es mejor escritor).

Lo cierto es que no puede negarse (consideraciones legales y morales aparte) que el libro parte de una premisa interesante. Por desgracia, la ejecución de la idea no se acerca ni de lejos a lo intrigante de la propuesta inicial. Sobre todo a partir de la mitad del libro, el interés por la trama empieza a decaer, a lo que no acompaña el cansancio de un lector que ya ha superado la sorpresa y excitación del planteamiento inicial. Acompañando a una confusa trama de espionaje (otro elemento que podría haber sido interesante bien ejecutado: espionaje y política en un mundo fantástico), los defectos del texto se hacen cada vez más patentes.

El lenguaje del texto resulta francamente inadecuado. Yeskov ha optado por no intentar imitar a Tolkien y emplea un lenguaje coloquial. Este no sería malo, sino fuera porque deriva en muchas ocasiones en un lenguaje excesivamente moderno, y no sólo cuando el autor interpela directamente al lector para explicarle las similitudes entre los olifantes y los tanques. Y esta modernidad del lenguaje se traslada al resto de la ambientación, que nos presenta una Tierra Media en la que existe un mercado de valores y todo tipo de organizaciones burocráticas, o en la que se bebe tequila con limón y sal. Por no hablar del uso de términos que parecen totalmente fuera de lugar en el mundo creado por Tolkien (como un Aragorn que es calificado de "condottiero" y "atamán"), aunque puede que ahí en algunos casos sea cosa de la traducción. Eso cuando no aparece un elemento que en verdad parece propio de un "fanfic" adolescente, como son los sempiternos ninjas (de nombre torpemente disimulado).

La novela también parece incluir unos cuantos intentos de derivar en alegoría (algo que, recordemos, a Tolkien no le gustaba nada) de temas de actualidad, lo que otorga más elementos de modernidad a la historia. De los personajes poco puede decirse, pues resultan en su mayoría planos y poco atractivos, con lo que poco puede el lector implicarse en su historia. La cosa gana un poco de interés (y ajeno a la historia) cuando Yeskov se dedica a dar su versión pretendidamente más realista de algunos de los personajes creados por Tolkien. En general, con los personajes sucede como con los de muchas novelas históricas de baja calidad: se trata de personajes modernos que viven en un mundo diferente al actual (y, en demasiados ocasiones, no tan diferente).

Merece la pena comentar un poco la traducción al castellano. En una extraña decisión (motivada sin duda por razones de prudencia legal), todos los nombres de lugares y personajes creados por Tolkien han sido alterados. Esto no sucede ni en el original ruso ni en la traducción "semi-oficial" al inglés que puede descargarse legalmente en Internet. Se trata de una decisión que, aunque se puede entender, parece un poco contradictoria por parte de los editores españoles: vendes una obra de naturaleza "polémica" (beneficiándote comercialmente de dicha controversia), pero intentas camuflar de manera un tanto cobarde esa naturaleza. Por otro lado, hay que reconocer que se trata de una labor de traducción y adaptación francamente cuidada. En el caso de los personajes normalmente se trata de una simple modificación de letras para modificar sus nombres (Grandelf, Altagorn, Aramir...), pero la conversión de los nombres de lugar revela un conocimiento sólido de la geografía de la Tierra Media ("Midgard") y de los orígenes de los nombres (Pietror, Umbror...).

Por supuesto, se da a entender (cuando no se expresa claramente) que la versión de la historia contada en El Señor de los Anillos es una versión propagandística y manipulada de los hechos reales, lo que implica que estos fueron tal y como los cuenta El Último Anillo. Aún asumiendo que esto hubiera sido así (y dentro de lo relativamente absurdo que resulta tratar un mundo ficticio como si fuera real), este es uno de esos casos en los que, parafraseando a John Ford, habría que convertir la leyenda en hechos e imprimir la leyenda. El Último Anillo no deja de ser una curiosidad, entretenida a ratos, pero totalmente prescindible.

Bond, James Bond: La creación de Ian Fleming

Su nombre es Bond, James Bond. Y se trata de uno de sus personajes inmensamente populares, ya asentados en el imaginario colectivo, a pesar de que mucha gente ni siquiera conozca o sea consciente de su verdadero origen. Es obvio que la popularidad del agente 007 se debe en gran medida al cine (como sucede con muchos de estos casos), pero no debe olvidarse que su origen se encuentra en unas cuantas novelas escritas en los años 50 y 60 por el escritor británico Ian Fleming.

Fleming había sido oficial en la Inteligencia Naval británica durante la II Guerra Mundial, a lo que seguiría una carrera de periodista y escritor de éxito hasta su temprana muerte a los 56 años, debida a un ataque al corazón (posiblemente provocado por sus excesos con el tabaco y el alcohol). Además de sus novelas y relatos de James Bond, la producción literaria de Fleming se limita a un par de libros de no–ficción y el cuento infantil Chitty Chitty Bang Bang (también popularizado por el cine).

La carrera literaria de James Bond comienza en Casino Royale (1953), con la misión de arruinar a Le Chiffre, un agente soviético, en una partida de cartas. El libro presenta al personaje principal, un agente de inteligencia misógino, jugador y sibarita, con experiencia adquirida en la II Guerra Mundial. La novela además presenta a otros elementos habituales de la serie, como la agencia soviética SMERSH o el agente de la CIA Felix Leiter. La primera parte del libro se centra sobre todo en la misión y la partida de cartas (que Fleming hace realmente interesante), mientras que la segunda se centra más en el propio Bond y su relación con Vesper Lynd, la protagonista femenina. En cierto modo, los resultados de esta relación (007 se enamora realmente de ella y luego se siente traicionado) pueden verse como un punto de inflexión en la relación de Bond con las mujeres, que le seguirá a lo largo de su carrera.

Bond regresaría en Live and Let Die (1954), luchando de nuevo contra un agente de SMERSH. En este caso, se trata de Mr. Big, líder del crimen negro en Estados Unidos. Como es de esperar, el tratamiento de los personajes negros no resulta demasiado políticamente correcto, aunque Leiter se muestra bastante cercano ante un Bond indiferente ante la cuestión racial. Bien mirado, el retrato de los jubilados de Florida resulta más cruel y sangrante… La trama está menos lograda que en el libro anterior, y parece que Fleming aún está ensayando con el personaje para ir dándole la forma definitiva. Mr. Big es un villano más "bondiano", pero hay más de novela de aventuras que de espionaje. Se apuntan elementos sobrenaturales que no se acaban de resolver en uno u otro sentido. Por otra parte, varias de las constantes del estilo de Fleming ya están presentes aquí: el ritmo proporcionado por capítulos que suelen acabar en un cliffhanger , y un realismo procedente de una atención al detalle periodística (y casi obsesiva en lo relacionado con la gastronomía).

En Moonraker (1955) Bond se enfrenta a una misión atípica para el Servicio Secreto, ya que no abandona Inglaterra. De nuevo es importante en la trama el juego, aunque Fleming aquí no se molesta en explicar el funcionamiento del bridge (como hizo con el bacarrá en Casino Royale). Hugo Drax ya puede ser considerado el primer gran villano de la serie: un antiguo nazi aliado con los rusos, siniestro y destructivo, con un plan megalómano para destruir Londres. El inicio de la novela (que incluye los habituales detalles que la presentan como continuación de la anterior) detalle un poco más la vida de 007 dentro del Servicio Secreto, presentándonos a su secretaria, Loelia Ponsonby (cuyo papel es un poco redundante con el de Miss Moneypenny). Bond va tomando forma en este libro, de mayor calidad que su predecesor.

Bond vuelve a Estados Unidos en Diamonds Are Forever (1956) para infiltrarse en una red de tráfico de diamantes en el que está metida la mafia de Las Vegas. Tiene buenos momentos individuales, pero un desarrollo y un climax bastante flojos, en el que se da más importancia al detalle y a la descripción que al desarrollo de su sencilla trama. El libro carece de un villano de entidad, por lo que el interés cae en los siniestros sicarios homosexuales, Wint y Kidd. También debe mencionarse que Tiffany Case es el mejor personaje femenino que Fleming ha creado hasta ahora, lo que le permite desarrollar mejor a Bond como personaje. Fleming aprovechó la investigación realizada para esta novela para escribir un libro de no–ficción, The Diamond Smugglers.

La novela más larga de la serie (aunque no lo parece) es From Russia, With Love (1957), que se cuya primera parte nos muestra como SMERSH planea el asesinato de 007, "el más famoso de los espías ingleses" y "un mito entre sus colegas". Esto resulta interesante, aunque Fleming presenta a los rusos con clara intención propagandística, aunque sin llegar a la caricatura. Además del claro ambiente de la Guerra Fría, el libro contiene las pertinentes dosis de exotismo y lujo (Estambul, el Orient Express…) que lo convierte en un perfecto representante de lo que es el James Bond original. Quizá su parte más floja sea el final, concluido con un cliffhanger que puede permitir "matar" a 007 a un Fleming que empieza a estar cansado del personaje. Esta novela se hizo especialmente famosa al ser mencionada por el presidente Kennedy como uno de sus libros favoritos, y es sin duda el mejor libro de la serie hasta el momento.

Tras el final de la novela anterior, Bond es enviado a Jamaica en una misión sencilla (casi unas vacaciones) en Dr. No (1958), donde se rencuentra con Quarrel, otro personaje recurrente, presentado en Live and Let Die. Por supuesto, el misterioso Doctor No complica la situación, capturando y torturando a 007 en la que sería la primera guarida "bondiana" que Fleming nos presenta. Honeychile Rider resultar ser una chica Bond algo atípica, salvaje y con una traba física que reduce su espectacular belleza. La historia tiene ciertos elementos tardíos de Peligro Amarillo, y escasas repercusiones políticas (si No trabaja para los Rusos o la China comunista no es por convicción ideológica). Por lo demás, el ritmo es irregular y el final resulta precipitado, por lo que lo mejor de la novela es sin duda el personaje del Doctor No.

El inicio de Goldfinger (1959) resulta demasiado similar a Moonraker: de nuevo Bond tiene que descubrir a un millonario que hace trampas a las cartas. El siguiente enfrentamiento entre ambos es en un campo de golf, relatado con el habitual detallismo de Fleming a lo largo de 18 hoyos… La peligrosidad de dicho millonario, Auric Goldfinger va en aumento gradualmente, hasta confirmarse que trabaja para SMERSH y que tiene un megalómano y destructivo plan. Además de sus elevadas dosis de homofobia y racismo (en este caso contra los Koreanos), el relato resulta muy irregular. Las partes tensas y bien narradas, junto a la evolución de Bond como personaje, se mezclan con resoluciones de conflictos absurdas (la inesperada "curación" de la lesbiana Pussy Galore) y situaciones increíbles (Goldfinger manteniendo a un descubierto Bond como ayudante).

For Your Eyes Only (1960) es una antología, cuatro de cuyas historias proceden de tramas creadas para una hipotética serie de TV que acabaría por no producirse. En From a View to a Kill es más interesante lo que Bond cuenta de sí mismo que la investigación del asesinato por unos indefinidos espías. Bond es enviado a cometer un asesinato en For Your Eyes Only, relato poco interesante y que parece la repetición de una escena de Goldfinger. Quantum of Solace (1959) no es una verdadera historia de 007, sino un homenaje a Somerset Maugham combinado con un intento de mostrar un lado más humano de Bond (que es un mero marco para contar la infeliz historia de una pareja). Quizá, a pesar de su simpleza, Risico sea el relato más interesante de la colección: Bond investiga en Italia un asunto de drogas. Finalmente, The Hildebrand Rarity es otro experimento que intenta mostrarnos el interior de Bond, que es mero testigo pasivo de un crimen. En general, se trata de una antología de relatos bastante prescindibles.

Tras esto, y sin las referencias habituales a los libros anteriores, la serie de novelas prosigue con Thunderball (1961). A pesar de su complejo origen y problemas legales (la historia empezó a desarrollarse para el formato fílmico antes de que el proyecto acabara en nada y Fleming decidiera publicarla), se trata de una de las mejores novelas de la serie, con una trama intensa e interesante, y escenas de acción por encima de la media. Además, el libro supone la presentación de la organización criminal SPECTRE (ya que SMERSH ha desaparecido en el mundo real) y de su líder, Ernst Stavro Blofeld.

Por desgracia, tras esta viene una de los peores libros de 007: The Spy Who Loved Me (1962). En realidad, ni tan siquiera parece un libro de James Bond (que sólo aparece bien pasado el ecuador del libro). Aunque 007 menciona de pasada un encuentro relacionado con SPECTRE, la novela en realidad trata sobre todo de la protagonista femenina, sus fracasos sentimentales y un incidente concreto, con una trama que parece la de un relato corto. Fue un libro mal recibido, y el propio Fleming reconoció que se trataba de un experimento fallido, impidiendo que se reimprimiera mientras vivió.

De vuelta a la normalidad, On Her Majesty’s Secret Service (1963) se presenta como una verdadera continuación de Thunderball, aunque en algunos aspectos parece un reinicio de la serie, con elementos que recuerdan directa e indirectamente a Casino Royale. Bond va tras el rastro de Blofeld, lo que supone una novedad: normalmente 007 es un personaje más reactivo, que debe evitar los planes del villano de turno, en vez de buscarlo directamente. Por desgracia, aunque el plan de Blofeld es bastante realista (basado en la guerra biológica y económica), está algo falto de emoción. Como curiosidad, Fleming menciona aquí el origen escocés de Bond, como homenaje a Sean Connery, ya convertido en el rostro cinematográfico de 007. Otra curiosidad es el cambiante aspecto físico de Blofeld, que también se vería reflejado en el cine, siendo interpretado por tres actores distintos en la saga oficial.

La "trilogía de Blofeld" se cierra con You Only Live Twice (1964), una novela con una trama algo floja, pero que destaca por su exótica ambientación en Japón y por mostrar la evolución de James Bond. Por desgracia, el villano no está a la altura, o al menos no lo están sus actividades: simplemente es el dueño de un "balneario para suicidas", y casi puede decirse que no hace daño a nadie (lo que no impide ir contra él a un vengativo Bond). En esta novela aparece una completa nota biográfica de James Bond, y aparece un elemento meta–literario, al mencionarse la popularidad del personaje y las exageradas novelas basadas en él que ha publicado cierto escritor. En general, el final parece apuntar a que de nuevo Fleming está planteándose acabar con el personaje, pero dejando las puertas abiertas a las continuaciones. En todo caso, sería el último de los libros publicados en vida de Fleming.

Quizá sea la publicación póstuma lo que le da un aspecto en general flojo y poco pulido a The Man With the Golden Gun (1965), aunque también es posible que la mala salud de Fleming estuviera afectando a su escritura. Hay varios elementos presentados y poco aprovechados (el lavado de cerebro a 007, la presencia de Scaramanga como un reverso siniestro de Bond…) y la trama es bastante rutinaria, a pesar de alguna escena impactante.

Finalmente, cuatro historias cortas se publicaron con el título de Octopussy and The Living Daylights (1966), aunque en principio la antología sólo contenía esos dos relatos. En Octopussy Bond vuelve a ser la excusa para contar una historia (no sin interés) relacionada con el oro nazi. Una de las mejores historias cortas de Bond es The Living Daylights (1962), en la que Bond es enviado a Berlín a asesinar a un francotirador para proteger a su víctima. The Property of a Lady (1963) es un encargo de Sotheby’s que Fleming no quiso cobrar pues no quedó satisfecho. Es una historia interesante de contraespionaje alrededor de la subasta de un reloj Fabergé, con una floja resolución. Finalmente, tan insípido como su título es 007 in New York (1963), escrito como disculpa por un artículo de Fleming poco halagador con Nueva York, y que es más bien un breve reportaje.

Es muy posible que sin la ayuda del cine hoy en día muy pocos supieran quien es James Bond, agente secreto 007 al servicio de Su Majestad, como sucede con tantos y tantos personajes de la literatura popular. Entre los catorce libros dedicados a Bond casi se pueden contar con los dedos de una mano aquellos realmente destacables, siendo el resto puro entretenimiento de usar y tirar. En realidad, es lo que son todos: Fleming no parece tener más pretensiones. Ahora bien, unos son un mejor entretenimiento que otros.

Como escritor, el punto fuerte de Ian Fleming es la atención al detalle propia de quien ha trabajado como oficial de inteligencia y como periodista. Este detallismo le permite narrar con un realismo que contrasta con lo exagerado de algunas de las situaciones presentadas, haciendo que estas parezcan estar sucediendo en el mundo real. Por otra parte, muchas veces los detalles son exagerados: cada vez que Bond come, sabemos los platos que pide; cada vez que coge un libro, sabemos su título; cada vez que 007 huele a una mujer, sabemos el perfume que lleva. Esto, por un lado, resta dinamismo al texto en ocasiones, por no hablar de que las referencias a platos o fragancias de moda dan un aire desfasado a los libros (cosa que no sucede con las situaciones propias de la Guerra Fría…). En la parte negativa, Fleming no parece normalmente demasiado cómodo con las escenas de acción, lo que lleva a que muchas veces la resolución de las tramas no esté a la altura de las expectativas que sí sabe crear a la perfección.

Finalmente, resulta curioso que muchos elementos que se dan por hechos en el personaje (cinematográfico / popular) sí que aparecen en el Bond creado por Fleming, mientras que otros están relativamente ausentes. Los gadgets tienen una presencia casi nula en las historias y el exotismo, aunque presente, suele estar centrado en el Caribe (Fleming vivía en Jamaica y escribía de lo que conocía). En todo caso, James Bond sigue en la actualidad tan vivo como hace 50 años, con películas que siguen produciéndose y libros de otros autores que ya superan en número a los que escribió Fleming. Y todo gracias a un oficial de la Inteligencia Naval de familia acomodada que puso en el personaje tanto lo que conocía por sus experiencias como lo que le hubiera gustado ser.