La Torre Oscura

The men in black fled across the desert, and the gunslinger followed

Sobre unas influencias tan dispares como son El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien y los westerns de Sergio Leone, Stephen King construye la que es su obra más ambiciosa: la saga de La Torre Oscura. Se trata de una serie compuesta por siete (mayoritariamente voluminosos) libros publicados entre 1982 y 2004.

Aunque The Gunslinger, el primer libro de la serie, fue publicado en 1982 (y revisado en 2003 para adaptarse mejor al resto de la saga), las historias que lo componen habían estado apareciendo en diversas revistas desde 1978. Teniendo en cuenta que en 2012 está prevista la publicación de una nueva novela ambientada en el mismo universo, puede decirse con bastante seguridad que Stephen King lleva toda su carrera dedicándose de manera más o menos firme a esta saga. Esta primera novela sirve de presentación del mundo ficticio en que transcurre buena parte de la saga. Se trata de un universo que mezcla las características de un western sobrenatural (con demonios y hechiceros) con la de un mundo post–apocalíptico (con mutantes y ecos del pasado), al que se unen la presencia de múltiples dimensiones (y realidades alternativas) y un extinto mundo “formal” del que proceden los Pistoleros, que a su vez mezcla el salvaje Oeste con la leyenda artúrica (visitado mediante flashbacks). La trama en sí es bastante lineal, centrada en la persecución del Hombre de Negro para poder llegar a la Torre Oscura, por lo que el libro puede considerarse más atmosférico que narrativo. También se nos presenta al Pistolero protagonista de la saga, Roland Deschain, aunque (como sucede con el Hombre sin Nombre al que daba vida Clint Eastwood) tampoco será mucho lo que conozcamos de él. A pesar de las revisiones, este libro destaca bastante al considerarlo junto al resto de la saga, apareciendo como un elemento casi aparte del resto. Y eso sucede a pesar de que la historia está narrada en unos libros que, por regla general, casi no parecen formar parte de una misma serie: la disparidad de tiempo entre la escritura de los distintos volúmenes es bastante perceptible, así como la no existencia de un plan general demasiado firme.

En The Drawing of the Three (1987), Roland busca en diversas épocas de la Tierra (a partir de los años 60, eso sí) a los que serán sus compañeros (y nuevos Pistoleros) a lo largo del viaje a la Torre Oscura. Se trata de Eddie, un drogadicto y traficante de poca monta; Susannah, una mujer negra (en los Estados Unidos de los años 60, con lo que ello conlleva) que perdió las piernas trágicamente , y que sufre un grave problema de doble personalidad; y Jake, un niño al que Roland ya conoció en el libro anterior. En cierto modo, la novela está compuesta por las tres historias independientes de estos personajes. Lógicamente, la trama principal avanza poco, pero la presentación de los personajes resulta sólida.

El tercer libro, The Waste Lands (1991) resulta bastante más flojo (y probablemente sea el peor de toda la saga). En la primera parte, Roland y Jake sufren los efectos de los cambios que han causado en la línea temporal “principal”: una idea interesante y bien llevada pero que quizá se alarga demasiado. La segunda parte resulta algo más atrayente, con el grupo viajando por un mundo en el que se resalta marcadamente la ambientación post–apocalíptica. El libro acaba en un cliffhanger en toda regla, en pleno mortífero concurso de enigmas con una enloquecida inteligencia artificial.

Por si fuera poco, los lectores tendrían que esperar seis años para ver la resolución de esta competición en Wizard and Glass (1997). Tras esta conclusión, el grupo de Pistoleros sigue su viaje a través del mundo de The Stand. Esta es otra constante de la saga: King introduce todo tipo de referencias a otras obras suyas (incluso de manera retro–activa, como sucede con el texto revisado de The Gunslinger). Algunas referencias (The Stand, ‘Salem’s Lot) son mucho más obvias que otras (Eyes of the Dragon, Hearts in Atlantis), eso cuando los libros de King no son directamente mencionados por su título (Insomnia, el propio ‘Salem’s Lot). Este juego de referencias probablemente sólo pueda ser apreciado en su totalidad por los lectores que conozcan a fondo la obra de King. A los demás, las referencias a situaciones y personajes les resultarán como poco confusas, cuando no directamente incomprensibles. La mayor parte de la trama de este libro está compuesta por un flashback que nos traslada a la juventud de Roland, narrando una aventura más o menos independiente (básicamente, un western sobrenatural que recuerda al primer libro), y haciendo por su personaje lo mismo que hizo The Drawing of the Three por el resto de protagonistas. Por su parte, la trama principal (la de la búsqueda de la Torre Oscura) sigue avanzando lentamente, aunque por lo general en la historia los diversos elementos de importancia aparecen de forma gradual y en muchos casos ni siquiera es demasiado obvia su importancia. Esto es perfectamente comprensible y respetable, aunque hay que reconocer que hace complicado el seguir una historia tan extensa (por no hablar de las mencionadas referencias a elementos externos a la saga).

Más largo aún fue el periodo de espera para la publicación de la siguiente entrega, Wolves of the Calla (2003), aunque comprensible teniendo en cuenta el grave accidente sufrido por Stephen King en 1999. A partir de ahora, eso sí, en un par de años quedará resuelta la conclusión de la serie. Este libro puede considerarse casi como otra historia independiente. En su viaje, los Pistoleros llegan a un pueblo que les “contrata” para salvarlos de unas criaturas (los “Lobos” del título) que les asaltan periódicamente para llevarse a sus niños. Con ecos confesos de Los Siete Samurai y referencias directas a los comics Marvel, Star Wars y a la saga de Harry Potter (de la que King es fan), este libro parece no aportar demasiado a la saga. Sin embargo, además de ser francamente entretenido, nos muestra realmente al grupo de Pistoleros (Roland, Eddie, Susannah y Jake) actuando como tales, reflejando en cierto modo la historia de Roland narrada en el libro anterior.

El siguiente título, Song of Susannah (2004), casi puede considerarse como un libro de transición. Teniendo en cuenta que los dos volúmenes anteriores sólo hacen avanzar la trama general de forma tangencial, esto resulta casi decepcionante. Al menos, el libro tiene una extensión moderada (comparable a la de The Gunslinger), alejada del grosor del resto de los títulos de la saga, lo que parece resaltar aún más su naturaleza de texto de paso, o le hace parecer que es el inicio del último tomo, publicado aparte para evitar una longitud excesiva. A su favor puede decirse que aquí va tomando forma definitiva la importancia de la trama central, sin detenerse en elementos secundarios. Aquí además aparece por primera vez el propio Stephen King en la trama, elemento que simplemente se verá agravado en la siguiente entrega. Quizá la misma sub–trama hubiera funcionado algo mejor con un personaje escritor totalmente ficticio, aunque se tratase del propio King levemente enmascarado.

La saga concluye en The Dark Tower (2004), y como casi todas las conclusiones resulta difícil que sea totalmente satisfactoria (el propio King en su papel de narrador se confiesa no demasiado satisfecho con por donde le ha llevado la inspiración). El grupo de Pistoleros se opone aquí de forma más directa a los planes del Rey Carmesí para acabar con el universo. Precisamente, una de las cosas que han de hacer para mantener el equilibrio cósmico es salvar la vida de Stephen King en 1999. La insistencia de King en aparecer como personaje en su saga (por no hablar de la importancia que da a su propia vida en relación al destino del universo) resulta un elemento de distracción: es complicado abstraerse en la épica historia de la salvación del cosmos cuando constantemente se nos recuerda de manera más o menos indirecta que estamos en un mundo ficticio. Además, King está más presente como (ocasional) voz narrativa independiente en este libro, cosa que no sucede en el resto: coherente con el papel de su personaje, pero otro factor de irregularidad en la saga. Puede que a nivel personal esto le haya servido a King como terapia en su recuperación (esperemos que no simplemente como forma de satisfacer su ego), pero a nivel literario no puede considerarse una idea demasiado exitosa. Además, en este libro King recurre al recurso de la “repulsión” (por encima del “terror” o del “horror”), mecanismo barato que él mismo define como tal en su ensayo Danse Macabre, renunciando así a aterrorizar o, al menos, horrorizar al lector.

La trama principal concluye con la ayuda de un deus ex–machina procedente de una historia de Stephen King no incluida en la saga principal (Insomnia), lo que resulta como poco frustrante. La inclusión de referencias al resto de su obra en un momento de la trama tan crítico, y la importancia dada a personajes introducidos de forma tan brusca (al menos desde el punto de vista de esta saga) frente a personajes con los que llevamos tanto tiempo, le quita mucha fuerza al final de la historia.

La conclusión que encuentran los distintos personajes tampoco es especialmente satisfactoria, quizá con la única excepción del propio Roland. Sin embargo, los demás personajes principales (tanto protagonistas como antagonistas) salen de la historia de forma mucho menos adecuada. De hecho, parece que King no acaba de definirse acerca de la conclusión, ofreciendo un último capítulo con un forzado final feliz “de libro”, y un epílogo posterior con un verdadero final menos convencional (que el King narrador recomienda no leer a quien esté satisfecho con la otra conclusión). Este doble final está tratado de forma eficaz e ingeniosa, resultando perfectamente adecuado, pero dicha indefinición parece significativa. En general, puede decirse que la saga acaba de forma adecuada, pero este final no se libra de la influencia de la irregularidad que domina a toda la serie.

Y es que irregular parece el calificativo que mejor describe a esta serie. Esta irregularidad es perceptible sobre todo en la historia alrededor de la que gira la saga. Su aparente sencillez (Roland quiere llegar a la Torre Oscura) se complica de manera inadecuada con digresiones, auto–referencias y meta–literatura (por mucho que King diga que no le gusta este término), que hacen que la Torre Oscura no consiga escapar de su papel de MacGuffin. Los personajes son sólidos y resultan atrayentes, aunque la trama se ve algo lastrada por la falta de antagonistas claros y definidos (el Hombre de Negro, John Farson, Mordred, el Rey Carmesí…). Sin duda, de todas formas, el principal fuerte de la serie es el mundo que ha creado Stephen King, el Mid–World que mezcla western, fantasía y ciencia–ficción. Quizá la prueba más palpable de esto sea el éxito de las historias en comic publicadas por Marvel y ambientadas en este mundo, centrándose en la época de juventud de Roland, así como el hecho de que King vaya a publicar una nueva novela, ambientada entre Wizard and Glass y Wolves of the Calla, que probablemente trate más de este mundo que de la trama general de la saga. Aún así, este mundo de ficción se ve lastrado por la presencia de elementos ajenos, como los procedentes de Harry Potter (presentes en los 3 últimos libros), que convierte ese Mid–World en algo menos autocontenido, en algo menos real. Por otra parte, el lenguaje ficticio con el que salpica el texto resulta forzado y poco elaborado, ciertamente no a la altura de otros idiomas de ficción. Quizá esta irregularidad sea inevitable teniendo en cuenta que la historia ha sido escrita a lo largo de casi 30 años y sin una planificación clara, lo que justifica tanto los cambios de estilo como los de contenido.

Quizá una buena demostración de la irregularidad de la saga es que los aficionados no se ponen de acuerdo en cual es el mejor libro o cual es el peor: tantos hay que encuentran flojo The Gunslinger como los que echan de menos su estilo, y lo mismo con otros títulos como Wizard and Glass o The Waste Lands. Y no sólo eso, sino que hay gente que considera partes de la saga como de lo peor que ha escrito King, y esa misma gente considera otros títulos como parte de su mejor producción. Y los títulos mencionados no suelen coincidir: la basura de unos es el tesoro de otros… En resumen, la serie de la Torre Oscura nos ofrece un mundo interesante que visitar, unos personajes sólidos para acompañarnos, pero una historia que no acaba de estar a la altura: el fallo de este tercer pilar es lo que hace que la saga no acabe de merecer la entrada en el Olimpo fantástico como pretendía su autor (aunque King tampoco es precisamente un autor con demasiadas ínfulas literarias). Como se suele decir, buena idea y mala ejecución.

Las Necrofagias del Conde d'Erlette: los Mitos de Derleth

Dentro del mundillo de aficionados y estudiosos que rodea a la obra de H.P. Lovecraft, sin duda alguna la figura más polémica es la de August Derleth. El prolífico autor consideraba que su obra más importante era la Saga de Sac Prairie, un extenso conjunto de obras de corte naturalista centradas en su Wisonsin natal. Sin embargo, Derleth pasaría a la historia de la literatura de horror de la mano del autor de Providence.

Sin Derleth, probablemente hoy Lovecraft no sería un autor tan conocido. A su muerte, Derleth y Donald Wandrei reunieron una antología de obras suyas y, al no encontrar quien la publicara, fundaron la editorial Arkham House en 1939, cuyo primer libro fue precisamente ese The Outsider and others, que reunía más de 30 títulos de Lovecraft. Gracias a esto, Derleth podría haber sido recordado como el gran responsable de la popularidad del autor, además de crear una editorial en la que publicarían otros grandes escritores y que aún sigue en activo.

Sin embargo, Derleth también empezó a publicar varias historias con la firma de H.P. Lovecraft y August Derleth, presentándose a sí mismo como colaborador póstumo, desarrollando argumentos y textos supuestamente creados por Lovecraft. Sin embargo, está demostrado que prácticamente todos esos relatos son obra de Derleth por completo, y la participación de Lovecraft se limita normalmente a una breve anotación en su cuaderno de notas o a un párrafo en una carta. Por si fuera poco, editores menos escrupulosos que Derleth han publicado muchas veces alguno de estos relatos como si fueran obra de Lovecraft (Sea por honradez o por vanidad, Derleth nunca intentó hacer pasar estos relatos como obra únicamente de Lovecraft).

Por su parte, Derleth también escribió unas cuantas historias más relacionadas con lo que se ha venido a llamar Los Mitos de Cthulhu, término que inventó él mismo y con el que no sabemos si Lovecraft hubiera estado satisfecho. En estas historias acaba por cimentar su propia versión de los Mitos, algo que ya apuntaba en las colaboraciones con Lovecraft. Estos Mitos de Derleth son una interpretación personal del autor del universo creado por Lovecraft, en la que pueden encontrarse no pocos elementos discutibles y que chocan con la cosmología creada por el de Providence.

Quizá lo más criticable sea la división entre el Bien y el Mal tradicionales que intenta imponer a las criaturas de los Mitos, convirtiéndolos en un reflejo de sus creencias cristianas. Hay que recordar que Lovecraft era un ateo convencido, y que buena parte del horror cósmico de sus historias está relacionado con ese frío materialismo ajeno a creencias y moralidad que muestran sus seres alienígenas. En los Mitos de Derleth, Cthulhu, Azathoth, Yog Sothoth y compañía quedan reducidos a una especie de demonios que desean ser adorados por los seres humanos y que tienen un especial interés por traer el Mal a la Tierra.

Acompañando a esta interpretación, Derleth añade una vinculación de los dioses lovecraftianos a los elementos tradicionales: agua, aire, tierra y fuego. Si bien no es tan grave como la interpretación anterior, vuelve a ser un elemento bastante forzado y que quita alienidad a estos seres, relacionándolos con mitologías conocidas.

Además, Derleth insiste en entrelazar todos los relatos y temas lovecraftianos entre sí. Lovecraft utilizaba elementos comunes entre sus relatos (esa es al fin y al cabo la base de su universo de ficción), pero no los referenciaba directamente. Por el contrario, Derleth suele mencionar un buen número de ellos, intentando dar una imagen común de algo que nunca pretendió ser un todo coherente.

Por si fuera poco, la mayoría de los relatos firmados por Derleth junto a Lovecraft resultan de muy escasa calidad y bastante repetitivos, y se parecen bastante o bien a relatos (mejores) de Lovecraft en solitario, o bien entre sí. En todo caso, los relatos de Derleth en solitario dedicados a sus Mitos, resultan aún más formulaicos. A su favor puede afirmarse que la prosa de Derleth es más directa y digerible que la de Lovecraft, pero a cambio también carece del impacto de la de este. En todo caso, la relación de estos relatos de Derleth con la obra de Lovecraft (sea incluyendo o no su firma), hace que la obra de este se contamine con la falta de originalidad que demuestran.

Leyendo el Libro de los Muertos

Un total de dieciséis historias aparecerían con la firma de August Derleth y H.P. Lovecraft, cuya participación se limita a haber escrito anotaciones en su cuaderno que Derleth desarrollaría. En muchos casos (sea por compartir la inspiración o por poca originalidad de Derleth), hay relatos de Lovecraft que ya tratan el mismo tema o incluyen buena parte de sus elementos.

The Lurker at the Threshold (1945) es una novela de unas 50.000 palabras, de las que sólo unas 1.200 fueron escritas por Lovecraft, lo que sirve para hacerse una idea del tipo de colaboración que son estas obras. La historia se parece mucho a The Case of Charles Dexter Ward, tanto en contenido como en estructura, pero le sirve a Derleth para exponer su versión de los Mitos, antes de un anticlimático final carente de un verdadero conflicto.

The Survivor (1954) parece tener su origen en un esbozo y notas de Lovecraft relativamente extensos. De nuevo la historia se centra en la investigación de una casa y uno de sus ocupantes, y a pesar de ser bastante previsible y tener elementos muy forzados, resulta correcto y presenta una visión de los Mitos relativamente próxima a Lovecraft.

A pesar de la presencia del grimorio arquetípico, Wentworth's Day (1957) no puede considerarse parte de los Mitos. Se trata de un correcto y típico relato de un muerto al que se le debe dinero y regresa para cobrar su deuda. No tiene gran interés.

Los Mitos tampoco tienen una presencia muy explícita en The Peabody Heritage (1957), que comparte muchos elementos con The Dreams in the Witch House, aunque sin su enfoque científico. El protagonista hereda una casa y descubre (y reaviva) las siniestras actividad de un antepasado.

A pesar de sus limitaciones, The Gable Window (1957), con su rutinario listado de libros arcanos, sus Mitos de Derleth y su trama repetitiva, resulta interesante y tiene un clímax bastante logrado. La casa heredada esta vez tiene una misteriosa ventana que sirve de portal hacia otras dimensiones.

Los Mitos tampoco aparecen de manera directa en The Ancestor (1957), que aún así trata un tema bastante lovecraftiano (véase "Arthur Jermyn"), como son las memorias genéticas y las regresiones. Tiene cierta originalidad en su tratamiento que le hacen destacar un poco sobre la media.

Tanto el título como la historia de The Shadow Out of Space (1957) remiten descaradamente a The Shadow Out of Time. Especialmente grave es el caso de la trama, que resulta casi una copia directa de la del relato de Lovecraft, cuyo contenido es nombrado en este relato. Partiendo de la base de que no tiene sentido repetir algo que Lovecraft ya ha hecho (y mucho mejor), el hecho de que su firma aparezca en este relato le hace parecer un autor que se autocopia descaradamente.

The Lamp of Alhazred (1957) es un bienintencionado aunque flojo homenaje a la obra de Lovecraft (que aparece como protagonista de forma nada disimulada), con el tono onírico de las aventuras de Randolph Carter y otros relatos similares.

The Shuttered Room (1959) puede considerarse una continuación de The Dunwich Horror, aunque con la estructura habitual en Derleth del protagonista que vuelve a la antigua casa y descubre misterios relacionados con su pasado. Aquí Derleth fuerza la trama al relacionar a las familias de Dunwich e Innsmouth, con su insistencia en que todo esté conectado. A pesar de su poca originalidad, sería uno de los mejores relatos de estas colaboraciones.

A partir de una frase escrita por Lovecraft (unas diez palabras), Derleth escribe The Fisherman of Falcon Point (1959). Resulta poco interesante y no aporta nada nuevo, a pesar de intentar dar una versión del mito de la sirena relacionada con los Profundos creados por Lovecraft.

También muy similar a The Dunwich Horror es Witches' Hollow (1962): un profesor muestra preocupación por un alumno de una misteriosa familia, y acaba descubriendo el mundo de los Mitos de Derleth, así como el exagerado uso del Signo Antiguo como talismán protector (como si se tratara de un crucifijo contra un vampiro), otro de los elementos habituales en las historias de Derleth.

En The Shadow in the Attic (1964) tampoco aparecen los Mitos: se trata de un relato de posesión con un final flojo y melodramático, pero que casi puede considerarse una rareza por lo sexualmente explícito de su contexto.

En The Dark Brotherhood (1966) vuelve a aparecer como protagonista un Lovecraft escasamente disfrazado. El relato mezcla el homenaje a Poe y Lovecraft con el tema de The Shadow Out of Time, aunque dándole un toque contemporáneo a lo Invasión de los Ladrones de Cuerpos.

The Horror from the Middle Span (1967) sigue de nuevo la "fórmula Derleth" (heredero de mansión + antepasado misterioso = hechos siniestros), pero resulta bastante correcto: la introducción de los Mitos en el relato de brujería es sutil y apropiada.

Innsmouth Clay (1971) puede considerarse una secuela de The Shadow Over Innsmouth, o una nueva elaboración de The Fisherman of Falcon Point. Aunque le falta algo de acento en la parte terrorífica, de nuevo resulta interesante por la presencia de elementos sexuales en el contexto de los Mitos.

La muerte de Derleth dejó inacabado The Watchers Out of Time (1974), pero no resulta una gran pérdida: todo está ya muy visto. Un joven emparentado con la familia Whateley hereda una mansión con un extraño cristal y empieza a investigar a su misterioso abuelo... De nuevo es la trama básica de la mayoría de los relatos de los Mitos de Derleth.

Cthulhu Enmascarado

Aunque su abundante producción literaria no se reduce al horror (y ni siquiera al horror únicamente lovecraftiano), son los relatos asociados con los Mitos de Cthulhu los que probablemente más popularidad le hayan proporcionado a Derleth. Así, además de los escritos conjuntamente con H.P. Lovecraft, hay un buen número de historias firmadas en solitario a considerar. Algunas de ellas (sobre todo las del ciclo de Ithaqua) tienen la curiosidad de no estar ambientadas en la Nueva Inglaterra ficticia de Lovecraft.

The Thing That Walked in the Wind (1933) adopta la forma de un pseudo informe policial para contar la historia de un pueblo cuyos habitantes han desaparecido y que resulta adorar a un ser llamado Ithaqua, al que aplacan con sacrificios humanos y que parece más un demonio tradicional que una criatura de los Mitos. Mezcla la influencia de The Wendigo, de Algernon Blackwood, con el universo de Lovecraft, y ambos autores son mencionados en el texto.

Passing of Eric Holm (1939) tiene formato de declaración en un juicio, y está relacionado con los Mitos sin necesidad de que ningún personaje se dedique a explicarlos. Aún así, algunos elementos (incluido el giro final que casi parece humor negro) parecen un poco fuera de lugar.

Según Derleth, el propio Lovecraft le hizo algunas sugerencias sobre el texto de The Return of Hastur (1939). Aún así, se trata de un relato rutinario, con muchas menciones a Cthulhu sin mucho sentido. Tiene el dudoso honor de ser el primer relato en que Derleth emplea una fórmula que repetirá hasta la saciedad: el protagonista hereda una casa, descubre los libros arcanos de su misterioso antepasado, etc, etc...

En The Sandwin Compact (1941) el protagonista es arrastrado con los dioses de los Mitos por un pacto hecho por sus antepasados. Siendo un relato correcto, resulta extraña la idea de que los seres de los Mitos se comporten como demonios tradicionales y tengan necesidad de hacer pactos faústicos con los seres humanos.

En la práctica, Ithaqua (1941) resulta ser una especie de remake o secuela de The Thing That Walked in the Wind, relato con el que comparte criatura protagonista, adoradores, formato del texto, situaciones, y hasta personajes y frases. En consecuencia, resulta redundante y sin mucho interés si se conoce el relato precedente.

De nuevo aparece Ithaqua en Beyond the Threshold (1941), relato correcto pero no destacable, en el que el protagonista se ve arrastrado por la criatura a causa de vivir en una zona con la que está relacionado este dios/demonio.

Los protagonistas de The Dweller in Darkness (1944) van en busca de un profesor desaparecido, y encuentran a un erudito que les da la explicación completa de los Mitos de Derleth. Curiosamente,se menciona la antología The Outsider and others como a un libro arcano más, y a Lovecraft como alguien que sabía. Para acabar con Nyarlathotep, los protagonistas invocan a Cthugha, deidad del fuego creada por Derleth para que encaje su visión elemental de los Mitos. En otras manos la idea de usar un mal para acabar con otro mal podría haber sido interesante; en las de Derleth la invocación de esta criatura se convierte en un hecho simplemente funcional, como hacer explotar una caja de explosivos.

A pesar de seguir la fórmula habitual de Derleth, The Whippoorwills in the Hills (1948) está un poco por encima de la media de calidad. Eso sí, no por ello deja de sobrarle alguna escena totalmente inadecuada.

Mejor resulta Something in Wood (1948), en la que una estatuilla misteriosa cambia las percepciones de un artista que se obsesiona con ella, y eso le pone en contacto con los Mitos. No insiste en la interpretación de Derleth del universo lovecraftiano, y resulta bastante próximo a los textos del autor de Providence.

Something From Out There (1951) es una historia correcta alrededor de la captura de una criatura que ha sido liberada, pero sería mejor sin el inadecuado uso que hace Derleth de los Mitos, y especialmente del Signo Antiguo como talismán.

Dentro de lo repetitiva que resulta la fórmula, The House in the Valley (1953) resulta correcto: un pintor en una casa de siniestro pasado empieza a tener sueños de Cthulhu y sus adoradores Profundos.

The Seal of Rlyeh (1957) empieza con la estructura habitual de Derleth, presentándose como una continuación o versión alternativa de The Shadow Over Innsmouth, pero el enfoque es distinto, lo que le da cierto interés. El protagonista no experimenta el horror, sino casi una sensación gozosa de encuentro con la familia perdida. El punto negativo es la falta de sensibilidad que muestra Derleth al presentar como elementos de la "conspiración Cthulhuidea" la muerte de H.P. Lovecraft y los suicidios de Robert E. Howard y Robert H. Barlow, trivializando estas tragedias.

En 1962 August Derleth publicó The Trail of Cthulhu, una novela compuesta por cinco historias cortas que habían sido publicadas previamente. Cada una de ellas está narrada por un personaje distinto y, de hecho, todas las historias tienen un título alternativo que indica quien es el narrador.

The House of Curwen Street (1944) nos presenta al Dr. Laban Shrewsbury, un misterioso erudito que parece estar dedicado a luchar contra Cthulhu y sus seguidores. El protagonista (su secretario) lo descubre gracias a los sueños en los que ve lo que hace por las noches. El tono de la historia parece haber renunciado al horror y haberse pasado a la aventura pulp: Shrewsbury es una figura heroica que lucha contra el Mal, para lo que invoca seres alados para transportarse y emplea elixires y talismanes de misteriosos poderes.

En The Watcher From the Sky (1945), el narrador del anterior relato se presenta al de este casi como una figura angélica, para alistarle en su lucha contra Cthulhu. Ambos se infiltran en una Innsmouth en la que un nuevo Marsh está resuciando el siniestro culto de la ciudad. Sin ser el Innsmouth de Lovecraft, esta historia tiene momentos logrados, aunque sigue pareciendo un poco fuera de lugar el papel de fuerzas del Bien de los protagonistas.

Más flojo, por repetitivo, es The Gorge Beyond Salapunco (1949), donde un nuevo recluta en la lucha contra Cthulhu es enviado tras la pista del líder de un culto en Perú. A pesar de las referencias a Call of Cthulhu, el hecho de que en todas las historias (además de compartir estructura) se repita la explicación de los Mitos de Derleth y una serie de instrucciones generales, lastra la fluidez de la narración.

También resulta poco interesante The Keeper of the Key (1951), a pesar de alguna revelación sobre la trama general. Shrewsbury y un nuevo recluta viajan a la Ciudad sin Nombre para sacarle información al fantasma de Abdul Alhazred (incluida la ubicación de una copia del original árabe del Necronomicon).

La historia finalizada en The Black Island (1952), cuyo único elemento de interés (y está bastante desaprovechado) es que el último recluta tiene un secreto que lo relaciona con los Profundos. El grupo de Shrewsbury se dirige a R'lyeh para intentar dinamitar el refugio de Cthulhu y, en vista de lo inútil que resulta, lanzarle una bomba atómica con el apoyo del ejército. Al menos, al final se deja claro que todo esto no ha servido para nada y que los dioses Primigenios no pueden verse afectados por los inútiles esfuerzos de los seres humanos. Es lo único realmente lovecraftiano de esta serie de relatos, que parece la versión de Call of Cthulhu que harían unos malos guionistas de Hollywood, repleta de elementos absurdos y exagerados y sin un ápice del horror cósmico que se supone debería caracterizar este tipo de historias.


No es que Derleth sea un mal autor, pero lo que es innegable es que su obra lovecraftiana peca de repetitiva cuando se examina en su conjunto. Si a esto se le une su más que discutible interpretación de los Mitos creados por Lovecraft, no es posible considerar la obra de Derleth como una adición valiosa a los Mitos de Cthulhu. La situación se agrava si se tiene en cuenta que Derleth no es considerado como un imitador cualquiera, sino que en cierto modo se presenta como el continuador del legado de Lovecraft, al ser su editor y "colaborador póstumo". Esto hace que los relatos de Derleth y su visión de los Mitos sean vistos casi como parte del "canon" iniciado por Lovecraft, haciendo que baje la calidad media de dicha mitología. Tanto para él mismo como para los Mitos de Cthulhu y H.P. Lovecraft, hubiera sido mejor que August Derleth se hubiera limitado a su meritoria labor como editor al frente de Arkham House.

El Salvaje Oriente de El Borak

De acuerdo con el propio Robert E. Howard, Francis Xavier Gordon, conocido como El Borak, fue uno de los primeros personajes que imaginó, cuando tenía unos diez años. Unos años después, ya en la adolescencia, Howard escribiría unos cuantos textos alrededor de este personaje, pero no sería hasta los años 30, casi hacia el final de su carrera, cuando El Borak alcanzaría su forma definitiva y sería publicado profesionalmente.

El Borak quiere decir "El Rápido" en árabe, y es el apodo con el que en Afganistán y en buena parte de Asia central se conoce al aventurero americano (procedente de Texas) cuyo verdadero nombre es Francis X. Gordon. A pesar de su sangre celta (sus ancestros son irlandeses y escoceses), el aspecto de Gordon no coincide con el de otros de los héroes de Howard. El Borak no es un gigante musculoso de ojos azules, aunque su compacto físico es capaz de desarrollar una fuerza por encima de lo normal. Su principal característica, y la que le da su apodo, es que tiene un físico "construido para la rapidez", la velocidad del pistolero del Oeste que es. Sin embargo, la rapidez de Gordon no es sólo física, sino también mental: su astucia es tan responsable de que sea llamado El Borak como lo es su rapidez.

Gordon puede identificarse con el arquetipo del héroe reluctante, que hace lo que considera su deber pero alejado de cualquier idealismo o lealtad nacional. Si en ocasiones apoya a los Británicos, por ejemplo, no es por convicción, sino porque cree que los nativos estarían peor bajo la colonización de otros amos. Normalmente es su sentido del honor, más próximo al de los "bárbaros" entre los que vive que al de las naciones occidentales y civilizadas, el que le mueve y motiva. En el fondo, y aunque esté entre las tribus Afridis de Afganistán, Gordon sigue teniendo mucho del independiente pistolero de Texas.

El mundo en el que se mueve principalmente El Borak es el conflictivo Afganistán de principios del siglo XX, en el periodo de pre - guerra, cuando Asia central es vista como un tablero de juego por las potencias occidentales. Aún así, lo más común es que Gordon se encuentre más en medio del conflicto que en el proceso de despliegue de piezas y estrategias diplomáticas. Las historias de El Borak son historias de acción y aventuras, no de intriga y espionaje. Naturalmente, Howard no tenía conocimiento directo acerca de esta región, aunque parece creíble que aplicara su experiencia de la vida fronteriza en el sur de Estados Unidos. Las mayores influencias en la creación y desarrollo del personaje parecen ser claramente Rudyard Kipling y, sobre todo, Talbot Mundy. Tampoco debe descartarse la influencia de la lectura de relatos históricos (no ficticios), como los relacionados con figuras occidentales que habían vivido aventuras exóticas en Oriente, de las que la más conocida (pero no la única) sería Lawrence de Arabia, mencionado en Son of the White Wolf.

La Llegada de El Borak

El único relato completo de la primera época de El Borak es el titulado The Iron Terror, que Howard intentó publicar en 1921. Gordon es presentado aquí como un experto combatiente cuyo objetivo es formar un imperio en Oriente Medio (aunque el relato transcurre en Nueva York). Su oponente realiza unas cuantas reflexiones sobre sus ansias de conquistas que parecen más propias de un Howard más maduro. Por lo demás, el relato no tiene nada destacable, como no sea la extraña presencia de un curioso autómata movido por energía atómica, elemento propio de la ciencia ficción y de presencia nada habitual en la obra de Howard.

El resto de textos de esta etapa lo componen una serie de fragmentos sin título y relatos inconclusos que, sin embargo, ya van dando una idea de la evolución del personaje.

"Gordon, the American..." es un breve y desordenado esbozo de un combate entre Frank Gordon y unos Tuaregs en Sudán.

The Coming of El Borak está narrado y protagonizado por Khoda Khan, con Yar Ali Khan como co–protagonista: está será una constante de los relatos de El Borak, que cuentan con un reparto de personajes más o menos habituales. Los protagonistas secuestran a una inglesa, pero su sentido del honor hace que la protejan de los instintos más bajos de otros miembros de su tribu. El relato finaliza justo en el momento de la aparición de El Borak.

De nuevo el narrador es el mismo en Khoda Khan's Tale, presentado casi como una continuación del relato anterior. Lal Singh, otro miembro habitual del grupo de Gordon, aparece aquí. El Borak y sus hombres viajan desde Afganistán al lejano Mozambique en busca de una ciudad – imperio perdida donde abunda el oro. Este es un relato de aventuras al estilo del Allan Quatermain salido de Las Minas del Rey Salomón: Howard está todavía jugando con sus diversas influencias para dar forma a su personaje.

En El Borak es presentado Steve Allison, un joven americano engañado para que asesine a El Borak por uno de sus rivales. Por su parte, El Borak está buscando un tesoro con un variopinto grupo (Lal Singh, Yar Ali Khan...), al que se une el joven Allison.

El fragmento "I emptied my revolver..." de nuevo finaliza con la entrada de El Borak en escena, tras un enfrentamiento protagonizado por el narrador y Yar Ali Khan contra unos árabes.

En The Land of Mystery, varios de los personajes habituales escuchan a El Borak contando una de sus aventuras en África, que incluye dinosaurios y ciudades pérdidas a lo El Mundo Perdido de Sir Arthur Conan Doyle.

The Shunned Castle transcurre en la jungla de la India, y cuenta como El Borak y Allison se disponen a pasar la noche en un castillo con fama de maldito.

Allison también aparece en The White Jade Ring como protagonista, adquiriendo en Cantón un valioso anillo que planea mandar a un Gordon que se encuentra en Hong Kong.

El Borak y Steve Allison rescatan a una chica en apuros en A Power Among the Islands, en el barco en el que viajan desde Samoa.

Un Steve Allison algo diferente al de fragmentos anteriores, acompañado por su amigo Billy Buckner viaja de Nueva York a la frontera entre India y Afganistán, en North of Khyber, donde un mullah está predicando a favor de la guerra santa. El Borak (y Yar Ali) son mencionados.

Un El Borak más despiadado es el que aparece en Intrigue in Kurdistan, donde se fuga de una fortaleza turca y revela su odio por Turcos y Kurdos, a los que planea enfrentar para obtener beneficio propio.

Como puede verse en estos fragmentos, el personaje de El Borak no está totalmente definido, pero algunos de sus rasgos más importantes pueden intuirse, cuando no verse ya claramente. En todo caso, estos textos tienen más importancia como experimentos dirigidos a la creación de Francis X. Gordon que como relatos o fragmentos de El Borak propiamente dichos.

Lal Singh y Yar Ali Khan, Caballeros Orientales

Una de las características propias de las historias de El Borak es la presencia de unos pocos personajes habituales que aparecen en muchas de las historias. Con algunos de estos personajes, Howard también experimentó, dándoles sus propias aventuras con independencia de su papel como personajes secuendarios en los relatos protagonizados por Gordon. De hecho, El Borak no es mencionado para nada en estos relatos.

The Tale of the Rajah's Ring es un relato protagonizado por Lal Singh, un fiero guerrero Sij que en sus propias historias hace más alarde de su picardía que cuando acompaña a El Borak. Así, en este relato el sencillo encargo de transportar un anillo le permite hacerse con una importante cantidad de rupias. El texto está narrado en primera persona y tiene un tono picaresco, casi humorístico. De este relato se ha perdido un fragmento importante de su parte central (más por relevancia que por extensión), aunque en algunas publicaciones el editor ha añadido su propia versión.

The Further Adventures of Lal Singh es un fragmento que continúa la trama del relato anterior (y en que tiene importancia la parte perdida de aquel...).

Finalmente, en Lal Singh, Oriental Gentleman, asistimos a como el protagonista roba a una banda de ladrones. Eso sí, la motivación de Lal Singh es puramente económica: en ningún caso se trata de un justiciero a lo Robin Hood. Howard envió el relato para su publicación en 1921 a la revista Adventure.       

El guerrero Afgano Yar Ali Khan es otro de los compañeros habituales de Gordon, aunque sus andanzas individuales resultan menos extensas. The Lion Gate es un relato inconcluso en el que Yar Ali actúa como acompañante de una expedición arqueológica occidental. A esto hay que unir un par de fragmentos: en "When Yar Ali Khan crept..." asistimos a como Yar Ali intenta asesinar al jefe de unos forajidos; y en "Two men were standing in the bazaar..." Yar Ali y un anónimo acompañante (¿quizá Lal Singh?) están esperando a un par de aliados.

Merece la pena también mencionar el relato The Fire of Asshurbanipal (1972), del que existe una versión realista, y otra re–escrita para incluir elementos sobrenaturales (y publicada en Weird Tales en 1936), aunque ambas mencionan al Necronomicon.... El protagonista es un aventurero llamado Steve Clarney que busca de una gema con fama de maldita en una antigua ciudad del desierto. Su acompañante es un tal Yar Ali, cuya descripción podría encajar perfectamente con la del Yar Ali Khan que acompaña a El Borak, pero podría ser simple coincidencia o reutilización del nombre.

Ambos personajes también tienen presencia en la obra poética de Howard. Asi, Lal Singh protagoniza el poema The Sword of Lal Singh, mientras que Yar Ali Khan aparece en The Song of Yar Ali Khan y en el poema sin título que empieza Now bright, now red.

Steve Allison, Sonora Kid

El caso de Steve Allison es aún más curioso que el de Lal Singh o Yar Ali Khan. En principio, el personaje parece creado para dar un compañero occidental a El Borak, y para que actúe de intermediario con el lector. Sin embargo, el mismo Allison, tanto en los relatos en los que aparece Gordon como en los que no, se presenta como dos personajes muy diferentes, aún teniendo en cuenta la consideración de "experimentos" que hay que dar a todos estos textos. De nuevo, se trata de escritos juveniles, incompletos a excepción de un par de relatos.

En The Sonora Kid: Cowhand se presenta el apodo de Allison y se demuestra que es capaz de conseguir trabajo en un rancho demostrando la veracidad de algunas de las cosas de las que presume, como son su habilidad como boxeador y como jinete. En este relato, Allison utiliza un lenguaje con las características idiomáticos y el "acento" propios del suroeste de Estados Unidos.

El otro relato completo protagonizado por Allison, Red Curls and Bobbed Hair, tiene un tono bastante diferente. Se trata de una comedia familiar costumbrista (toda una rareza en la bibliografía de Howard), que gira alrededor del moderno corte de pelo que quiere hacerse Mildred, la hermana menor de Steve.

La familia Allison, concretamente su otra hermana Marion, ya aparecería en el inacabado The Sonora Kid's Winning Hand, quejándose de la afición por el juego de su hermano. En este relato también aparece Billy Buckner, compañero habitual de aventuras de Allison.

Buckner protagoniza el fragmento "Madge Meraldson sat her travelling bag...", recibiendo a una visitante destinada al rancho de los Allison. Buckner y Allison son atacados por un caza–recompensas en "The Hades Saloon...", y exploran el desierto de Arizona en "A blazing sun in a blazing sky...", e incluso acompañan a un amigo botánico por el Tibet en "The way it came about...". De vuelta en Estados Unidos, Allison recuerda sus aventuras orientales mientras lleva a su hermana Helen a ver el desierto en "The hot Arizona sun...". De nuevo cambiando de paisaje y temática, en el hogar de Nueva York de los Allison, Mildred informa a su hermano del interés de una misteriosa mujer oriental y Steve sufre un intento de asesinato en "Steve Allison settled himself down...".

Además de descubrir que Allison ha sido jugador profesional, en Brotherly Advice vemos como Steve defiende la honra de su hermanita Mildred, que sólo piensa en divertirse.

La familia Allison se encuentra en Egipto en Desert Rendezvous, y ahora es Helen la que debe ser rescatada de un supuesto príncipe que la ha embaucado. Steve Allison aquí es identificado como Sonora Kid, por lo que queda claro que el personaje es el mismo, a pesar de sus dispares aventuras.

Finalmente, en The West Tower Allison y Buckner planean un robo de joyas en Berlín y son invitados a una fiesta en un castillo de la Selva Negra por un decadente aristócrata.

Como puede verse, el Howard adolescente no tenía demasiado claro hacia donde quería llevar a Steve Allison, que tan pronto es un pistolero buscado como un delincuente de guante blanco internacional, un aventurero en países exóticos o un hombre de familia que debe defender la virtud de sus hermanas, o simplemente su derecho a cortarse el pelo.

Finalmente, Steve Allison no aparecería en los relatos del El Borak "definitivo", resultando un poco redundante al compartir muchas de las características del propio Gordon. Sin embargo, su nombre, su apodo y su descripción serían reutilizados por Howard, trasladando al personaje a unas décadas antes para protagonizar varios de sus westerns, como The Devil's Joker y Knife, Bullet and Noose.

Kirby O'Donnell

El escritor profesional Robert E. Howard, antes de recuperar definitivamente a El Borak y darle el impulso definitivo, narró las hazañas de otro aventurero de características similares: Kirby O'Donnell.

En Gold from Tatary (ene–1935), o The Treasures of Tartary, nos encontramos por primera vez a O'Donnell, disfrazado de Kurdo en la ciudad "prohibida" de Shahrazar, buscando el tesoro que se supone está oculto allí. Aunque a priori no le interesan demasiado las intrigas políticas que giran alrededor de la ciudad (y que hacen avanzar a la trama a golpes de suerte...), el final teñido de fatalismo le obliga a tomarlas en consideración.

Swords of Shahrazar (oct–1934) es una secuela directa (recapitulación incluida) del relato anterior, a pesar de que fue publicado antes (aunque en revistas distintas). Se trata de un relato bastante típico, en el que O'Donnell sigue en la ciudad con su identidad de Ali el Ghazi, pero es chantajeado a causa de los hechos del relato anterior. Esto le lleva al enfrentamiento con unos bandidos que constituye el cuerpo de la historia.

Existe un fragmento ("Feel the edge, dog...") que parece el inicio de una continuación alternativa de Gold from Tatary, en el que un grupo intenta que O’Donnell les revele la situación del tesoro de Shahrazar.

La carrera de O'Donnell como buscador de tesoros continúa en The Trail of the Blood–Stained God (1976), búsqueda que le lleva a una ténue alianza con un rival. Como suele suceder, el final no es todo lo feliz que Kirby desearía. Como dato curioso, este es uno de los relatos que Sprague de Camp publicó como The Bloodstained God, editado para convertir a Conan en el protagonista, por lo que el relato original también ha sido publicado como The Curse of the Crimson God.

Los tres relatos protagonizados por Kirby O'Donnell son tres historias correctas, aunque no especialmente destacables, pero escritas por un Howard en plena forma. Su principal interés está en presentar un personaje que, si bien en la superficie puede confundirse con El Borak, es bastante distinto, estando motivado más por razones monetarias que desinteresadas (aunque sin carecer de un toque de altruismo y sentido del honor).

Francis X. Gordon, El Borak

Parece que es a finales de 1933, habiendo publicado ya un puñado de relatos de Conan, combinando estos con algunas incursiones en el género histórico y las habituales historias sobrenaturales, o de boxeadores, o del Oeste... Howard decide seguir ampliando mercados en las revistas especializadas en relatos de aventuras, como Top Notch o Thrilling Adventures.

El primer intento de recuperar para el papel a El Borak con el relato Swords of the Hills (1974) no fue fructífero. Si cuando conocimos a Gordon estaba intentando crear su propio imperio en Oriente Medio, ahora nos lo encontramos intentando evitar que un aventurero ruso haga lo mismo en Asia Central, empleando a fanáticos religiosos. El Borak se hace con unos inesperados aliados en un aislado valle donde viven unos descendientes de Alejandro el Grande (de ahí que el relato también se conozca como The Lost Valley of Iskander). Se trata de un relato correcto, destacable por el cambio de ambiciones en la personalidad de El Borak, además del papel que desempeña el fanatismo de raíces religiosas.

The Daughter of Erlik Khan (dic – 1934) es un relato bastante mejor, en el que conocemos algo mejor la personalidad de Gordon y se atisban algunos elementos de su pasado. El Borak, con el objetivo de vengar a un amigo, se hace con el control de un grupo de bandidos y se infiltra en una ciudad de adoradores del diablo. Allí se encuentra con Yasmeena, una vieja conocida que es considerada una figura importante en el culto local, pero que está amenazada por el principal sacerdote y necesita huir: sin saberlo, ella es quien ha puesto en marcha toda la intriga que ha traído a Gordon hasta aquí. El Borak, como el perfecto héroe, consigue en este relato todos sus objetivos, dando muestras de gran resistencia física. Merece la pena destacarse el personaje de Yasmeena, ya que en las historias de El Borak no abundan los personajes femeninos, y que además sean interesantes. Yasmeena, además de un complejo trasfondo propio, nos revela la posible existencia de sentimientos románticos hacia El Borak (que es un personaje casi más asexuado que Solomon Kane...), pero que no se permite desarrollar por un cierto temor sobre la intensidad de todo lo que rodea a Gordon.

La historia de la publicación de Three–Bladed Doom (1976 – 1977) es ciertamente curiosa y casi tan rocambolesca como la del propio relato: Howard lo acortó tras fracasar en la venta de la primera versión. Tampoco consiguió vender esa segunda versión, y Sprague de Camp acabaría convirtiéndolo en una aventura de Conan (The Flame Knife). Ambas versiones originales no verían la luz hasta los años 70. Quizá sea su extensión lo que frenó a los editores, porque la historia tiene calidad suficiente, aunque algunos de sus elementos aparezcan ya en otras historias. El Borak es un hombre de confianza del Emir de Afganistán (junto a sus aliados Lal Singh y Yar Ali Khan), y descubre a una secta que se considera heredera de los Asesinos de la época medieval. Gordon se infiltra en su base, pero es descubierto por un agente occidental que está empleando a los fanáticos contra los ingleses. Como es de esperar, todo acaba en una tremenda batalla a varias bandas en la ciudad del culto.

Los elementos políticos de la situación en Afganistán tienen más importancia en Hawk of the Hills (jun–1935), relato narrado desde el punto de vista de Willoughby, un diplomático inglés que casi parece el protagonista. Sin embargo, en realidad es utilizado como un peón por un El Borak que demuestra aquí su astucia. Ahora bien, a Gordon le da lo mismo el conflicto anglo–ruso subyacente (aunque la conoce a la perfección), ya que actúa por venganza. Tanto Khoda Khan como Yar Ali Khan también aparecen en esta historia.

Blood of the Gods (jul–1935) está ambientado en la península arábiga, a cuyo desierto (como a los Beduinos) debe enfrentarse El Borak si quiere poder ayudar a un viejo amigo suyo al que buscan unos siniestros buscadores de tesoros europeos. A pesar de algunos elementos melodramáticos y poco creíbles, el relato presenta algunas reflexiones y un tono fatalista muy propio de Howard, además de la acción y traiciones habituales en este tipo de relatos.

El protagonista de Sons of the Hawk (ago–1936) parece ser Brent, un americano al que un moribundo espía británico encarga que viaje a Afganistán para llevar un mensaje a El Borak: de nuevo, la intriga internacional pasa a primer plano (aunque sólo como excusa para contar una historia de aventuras). Brent es apresado y llevado a una ciudad de forajidos, en la que un aventurero Kurdo (que resulta ser El Borak) acaba provocando un enfrentamiento, cuya conclusión se alarga un poco en exceso. Lo más interesante del relato es la actuación de Gordon como espía y artista del disfraz, no sólo como hombre de acción. De hecho, las pistas sobre la verdadera identidad del Kurdo están bastante bien dosificadas (aunque resulte bastante quien es realmente, especialmente si se sabe que se está leyendo un relato de El Borak...). Por lo demás, el relato recicla algunos elementos del inédito Three–Bladed Doom, cambiando la motivación política por la económica; y también se conoce a esta historia como The Country of the Knife.

Al relato Son of the White Wolf (dic–1936) sólo se le puede echar en cara una brevedad y un ritmo rápido que en ocasiones hacen que se eche en falta algo de detalle. De nuevo El Borak se encuentra en Arabia y actúa por venganza, rescatando por el camino a Olga, una espía alemana, y aliándose con ella. Osmán, el villano de la historia, es un soldado Turco que se rebela con sus hombres buscando un regreso a unos valores paganos previos a la adopción del Islam, y empieza a devastar allí por donde pasa. Osmán no parece una gran amenaza a nivel individual, pero su actuación es la de un genocida, que asesina a hombres y niños sin importar edad ni condición, y secuestra a las mujeres para entregárselas a sus hombres para ser violadas. En el fondo, con pocos personajes tan siniestros (y tan desgraciadamente reales) se ha enfrentado El Borak.

Conclusiones

Las historias de El Borak (y otras similares), a pesar de estar ubicadas en una época y en un estilo muy concretos (ambos con cerca de un siglo de antigüedad), siguen funcionando perfectamente como relatos de acción y aventuras (ahora "aventuras históricas"). Además, al lector moderno no le puede resultar demasiado extraño un escenario como el de un Afganistán en el que se enfrentan diversas potencias, con siniestros individuos en la sombra capaces de emplear el fanatismo religioso para llevar adelante sus propias metas (normalmente más prosaicas que divinas). Y es que parece que hay cosas que no cambian en la naturaleza humana...

El Borak no es un personaje tan memorable como otros de los creados por Howard, pero es que estar a la altura de Conan, Solomon Kane, Kull o Bran Mak Morn no es fácil. Aquí Howard tampoco está innovando ni revolucionando un género, sino que está actuando dentro de los parámetros de lo que se espera de un héroe de acción en un escenario exótico, aunque sin dejar por ello de darle pinceladas de su estilo propio. Probablemente por ello, y porque quizá este sub–género de aventuras esté en desuso, no pueda encontrarse mucha influencia de los relatos de El Borak en la ficción moderna. Aún así, como anécdota curiosa, cuando George Lucas y el ilustrador Jim Steranko estaban trabajando juntos para dar con el aspecto de un nuevo personaje que había creado el cineasta, este empleó (como algunas de las imágenes de referencia) unas ilustraciones del propio Steranko para el relato Three–Bladed Doom. El personaje que estaban diseñando era, por supuesto, Indiana Jones.