El Que Escribe Desde las Sombras: Las Colaboraciones y Revisiones de H.P. Lovecraft

Lovecraft necesitaba dinero. Tras una infancia más o menos acomodada, las circunstancias situaron al autor de Providence en una complicada situación adulta, con necesidad de ganarse el sustento y con poca capacidad e inclinación para dedicarse a oficio alguno. Ni siquiera consideraba la escritura como una actividad profesional, viéndose a sí mismo eternamente como un aficionado. Sin embargo, su habilidad con las palabras sí que le permitió ganar algunos dólares mediante el oficio de revisor o, directamente, ghost – writer (lo que en castellano se suele conocer como un negro: alguien que escribe textos que firman otros).

Las tareas de Lovecraft como revisor pueden encuadrarse en dos grandes grupos. Por un lado, no solía negarse a examinar y revisar textos a sus amistades y conocidos (trabajo por el que, presumiblemente, no cobraría). Por otra parte, llegó a anunciarse en prensa y aceptaba encargos que iban desde las revisiones editoriales normales, al desarrollo de relatos desde cero (o, al menos, desde una breve sinopsis proporcionada por el cliente).

Estas revisiones y colaboraciones no pueden dejarse de lado al examinar la obra de Lovecraft, especialmente teniendo en cuenta que suponen un número importante de títulos en relación a su obra “en solitario”, y que en muchos casos son relatos de Lovecraft en todo menos en la firma de publicación. En todo caso, no siempre es fácil saber cuando empieza la labor de Lovecraft y cuando acaba la de su co–autor. En algunos casos pueden descubrirse pistas e indicios en la correspondencia del autor, lo que puede llegar a provocar que se descubran aún en nuestros días textos en los que Lovecraft intervino en alguna medida. Aunque en ocasiones también aparecen confusiones y casos dudosos, como sucede con el relato The Thing in the Moonlight, originado en la narración de un sueño a Donald Wandrei y “completado” en 1941 por J. Chapman Miske, considerándose en ocasiones como un relato de Lovecraft, cuando nunca tuvo esa pretensión.

También debería mencionarse aquí The Challenge From Beyond (1935), a pesar de tener más valor como curiosidad y por las credenciales de los participantes, que como relato en sí mismo. Se trata de un cuento escrito mediante el sistema round–robin (es decir, por turnos) en el que participaron C.L. Moore, Abraham Merritt, H.P. Lovecraft, Robert E.Howard, y Frank Belknap Long. En general, cada autor da muestra de su estilo propio, y el relato adolece de una diversidad de estilos y una orientación y objetivos poco claros.

Finalmente, mención aparte merece lo que se ha dado en llamar “colaboraciones póstumas”. En muchos casos, se trata de relatos escritos a modo de homenaje a partir de textos inacabados o fragmentos de cartas, como por ejemplo The Treader of the Dust (1935) de Clark Ashton Smith, The Black Tome of Alsophocus (1969) de Martin S. Warnes, o The Snouted Thing (1991) de J. Vernon Shea. En todo caso, la intervención de Lovecraft se reduce a ser el desencadenante del relato. Pero sin duda alguna el mayor “colaborador póstumo” de Lovecraft fue August Derleth, responsable por otro lado de popularizar la obra lovecraftiana. Derleth publicó un total de dieciseis historias firmadas por Lovecraft y él mismo. En realidad se trata de relatos escritos y desarrollados totalmente por Derleth, basados en algún apunte del cuaderno de ideas y anotaciones de Lovecraft, cuya involuntaria participación se reduce a eso.

Primeras Colaboradoras


Las primeras colaboraciones en las que participó Lovecraft parecen haberse originado a partir de verse incolucrado en el campo del periodismo amateur.

Su primera colaboradora fue Winifred V. Jackson, una poetisa sin talento para la prosa (según Lovecraft), con la que se ha especulado acerca del posible interés romántico que habría tenido el autor. En The Green Meadow (1919) se presenta una la descripción inacabada de otro mundo a partir de un extraño cuaderno encontrado en un meteorito. Por su parte, en The Crawling Chaos (1920) es una sobredosis de opio lo que provoca un viaje onírico a otro mundo en el que se presencia su destrucción. En ambos casos se trata de relatos muy similares a otros de la etapa Dunsaniana de Lovecraft, clara (y explícitamente) emparentados con el resto de su Ciclo Onírico. Como curiosidad, ambos relatos fueron publicados con la doble firma de sus dos autores, pero escondidos bajo pseudónimos.

Poco se sabe de Anna Helen Crofts, con la que Lovecraft comparte la autoría de Poetry and the Gods (1920), un breve relato de apreciación y exaltación del lenguaje poético protagonizado por una versión femenina del típico personaje lovecraftiano.

Lovecraft también colaboró en un par de ocasiones con Sonia H. Greene, antes de contraer matrimonio con ella. The Horror at Martin's Beach (1922), también conocido como The Invisible Monster, está escrito a partir de un borrador realizado por Greene. Se trata de un relato de horror ambientado en una localidad costera en el que se puede intuir algo del Lovecraft dedicado al terror marino. Más flojo resulta Four O'Clock (1922), una historia de obsesión psicológica y culpa en la que se intenta fallidamente crear tensión mediante el recurso de la repetición de una frase.

Amigos y Patronos


Lovecraft era amigo de la familia Eddy, con uno de cuyos miembros (C.M. Eddy Jr.) compartiría relatos y oportunidades de trabajo, gracias al trabajo de Eddy como agente de Houdini. En el caso de los relatos co–escritos con Eddy, la labor de Lovecraft parece ser más la de revisor y editor que la de escritor en la sombra.

Poca influencia de Lovecraft puede encontrarse en Ashes (1924) un melodramático relato sobre un científico loco y un compuesto que lo transforma todo en cenizas. Siendo muy generoso, puede verse en esta historia una fuente de inspiración para The Case of Charles Dexter Ward.Más trabajo de re–escritura parece que hubo en The Ghost–Eater (1923) un relato de fantasmas (con toques de licantropía) correcto pero sin nada destacable. El mejor relato de esta pareja probablemente sea The Loved Dead (1923), una macabra historia de necrofilia, al parecer considerada escandalosa cuando se publicó (lo que aumentó las ventas de Weird Tales). La última colaboración con Eddy es Deaf, Dumb, and Blind (1923), una interesante idea con una estructura típicamente lovecraftiana a la que sin embargo le falta “algo”. Se trata de la historia de una muerte en extrañas circunstancias, descrita por un mutilado de guerra con amplias limitaciones sensoriales.

El famoso mago y escapista Harry Houdini fue utilizado como gancho publicitario por la revista Weird Tales. Al parecer, Lovecraft escribió la única columna firmada por Houdini que apareció en la revista, pero también escribió completamente (a partir de una supuesta historia real que le contó Houdini) un relato que aparecería firmado por el escapista. Eddy, Lovecraft y Houdini también tenían en proyecto un libro The Cancer of Superstition, dedicado a combatir la superstición, que quedó abandonado con la muerte del mago.

Under the Pyramids (1924), también publicado como Imprisoned with the Pharaohs narra en primera persona (el protagonista se supone que es el propio Houdini) una terrible visión o sueño presenciada en Egipto. La primera parte del relato es casi un cuaderno de viajes dedicado a Egipto y El Cairo, seguido por el descubrimiento de unas horribles momias híbridas. Probablemente esta sea una de las mejores “colaboraciones” en las que participó Lovecraft.

Revisor Profesional


A medida que aumenta la reputación de Lovecraft y su círculo de corresponsales, los trabajos de colaboración se vuelven más variados, y empezando a incluir tanto a aficionados como a profesionales de la escritura.

Wilfred Blanch Talman era un colaborador habitual de Weird Tales y llegó a actuar como agente de Lovecraft, que le re–escribió el relato Two Black Bottles (1926), una historia más bien floja de brujería y magia negra, robo de almas y asesinatos.

El traductor, periodita, autor, abogado y erudito de origen judío Adolphe de Castro al parecer era uno de los clientes más fiables de Lovecraft, con el que trabajó en un par de ocasiones. The Last Test (1927) es un detallista relato al que le sobran extensión y melodrama, y al que Lovecraft aportó el origen alienígena de la enfermedad alrededor de la que gira la historia. En The Electric Executioner (1929) se parte de una idea central interesante (un inventor loco atrapa a un hombre en un tren), pero de nuevo le sobra detallismo y la parte sobrenatural (que mezcla los mitos de Cthulhu con los aztecas) tampoco aporta nada.

Quizá el más consagrado de los escritores con los que colaboró Lovecraft fuera Henry S. Whitehead, un antiguo misionero que había quedado fascinado por las costumbres y tradiciones caribeñas. En The Trap (1932) Lovecraft es el completo responsable de la parte central, que describe detalladamente otra dimensión a la que ha sido trasladado un estudiante mediante un misterioso espejo. Bothon (1946) también tiene elementos típicos de la obra lovecraftiana, pero está menos logrado que otros relatos similares. En este caso, un golpe en la cabeza altera los sentidos del protagonista y le permite recordar su existencia prehistórica en un legendario continente. Whitehead además empleó una idea de Lovecraft para su relato Cassius.

Duane W. Rimel es otro autor con el que Lovecraft colaboró en alguna ocasión y con el que compartió la idea de lanzar una revista de ciencia ficción. The Tree on the Hill (1934) trata de un extraño árbol que sirve de puerta a otro mundo, pero su interesante planteamiento se ve estropeado por su flojo desarrollo. The Disinterment (1935) es un relato de horror en primera persona con científico loco. Sus personajes actúan de forma poco creíble y Lovecraft ha tratado mucho mejor en otras ocasiones este tipo de horror personal. The Jewels of Charlotte (1935) quiere ser ambiguo pero se pasa de la raya y se convierte en, directamente, flojo. Un último relato, el Dunsaniano The Sorcery of Aphlar (1934) pertenece a la categoría de colaboraciones en las que la participación de Lovecraft es dudosa.

Aunque la colaboración más conocida con E. Hoffman Price es Through the Gates of the Silver Key, también trabajaron juntos en Tarbis of the Lake (1934), un forzado relato de ambiente más o menos exótico en el que un hombre se obsesiona por la mujer a la que ama, que resulta ser una momia egipcia.

Uno de los más pintorescos clientes de Lovecraft debió ser William Lumley, interesado por el ocultismo, y que afirmaba ser un antiguo marino que había presenciado todo tipo de cosas extrañas. En The Diary of Alonzo Typer (1935) abundan los elementos propios de los Mitos de Cthulhu (aunque es difícil saber si los incluyó Lovecraft o ya estaban en el borrador original de Lumley). Por lo demás, es un clásico relato de casa encantada que afecta al estudioso que va a investigarla. Lovecraft permitió que Lumley se quedará con todo el dinero cobrado por el relato, y este le obsequió una traducción del Libro de los Muertos.

Kenneth Sterling acabaría abandonando la escritura por la medicina, pero él y Lovecraft firmaron la publicación de In the Walls of Eryx (1936). Se trata de toda una rareza en la obra lovecraftiana, pues se trata de un relato de ciencia ficción “tradicional” sobre un colono humano en Venus. Por lo demás, el relato no es muy destacable, aparte de por un final que podría considerarse relativamente “moderno”. Lovecraft duplicó la extensión del relato a partir del borrador de Sterling.

Zealia Bishop


Zealia B. Reed era una joven viuda (con un hijo) que intentaba ganarse la vida con la escritura y a la que una amigo común puso en contacto con Lovecraft para que le echara una mano (remunerada, eso sí). Lovecraft, que escribió totalmente tres relatos a partir de unas breves sinopsis de su cliente, tuvo bastantes problemas para recibir sus honorarios, especialmente después de que la viuda volviera a casarse y se conviertiera en Zealia Bishop. Por lo demás, la mayor parte de su obra gira alrededor de la literatura romántica, no de la fantástica.

The Curse of Yig (1928) es un interesante relato acerca de una maldición de un antiguo dios indio de las serpientes (Yig no es presentado nunca como un miembro del panteón cthulhoideo, a pesar de que muchos imitadores lo utilizarán así), que acaba con un matrimonio y engendra una horrible criatura.

La “colaboración” más extensa de todas las realizadas por Lovecraft es The Mound (1930). A partir de lo que parece una típica historia de fantasmas indios (esa era la sinopsis de Bishop), lovecraft desarrolla una historia de una extraña civilización prehistórica que pervive hasta nuestros días. No tan logrado como otros relatos similares (probablemente porque la civilización no es lo bastante “alienígena”), contiene aún así elementos interesantes, como es el uso de las tradiciones americanas. Esto ya aparecía en el relato anterior, y es una característica diferenciadora de los relatos firmados por Bishop (pero escritos por Lovecraft...)

El más flojo de estas tres historias es Medusa's Coil (1930), la versión lovecraftiana del mito de la Górgona. A pesar de algunas partes interesantes, el resto es prescindible o excesivo. Además, el relato tiene un “golpe” final tan racista como inútil, que incluso llegó a ser censurado por Derleth al publicar el relato.

Hazel Heald


No es mucho lo que se sabe de Hazel Heald, aparte de que fue presentada a Lovecraft por la familia Eddy, y que sus intenciones románticas hicieron que el autor de Providence se distanciara de ella. El trabajo de Lovecraft en este caso se centró en la re – escritura de un total de cinco relatos de Heald, convirtiéndose así en una de las colaboraciones más prolíficas.

The Man of Stone (1932) es una historia acerca de un brujo vengativo en la que Lovecraft introdujo elementos propios de los Mitos de Cthulhu para intentar darle otro aire.

Una de las mejores obras escritas en pareja por Lovecraft es sin duda The Horror in the Museum (1932), una especie de Pickman's Model ambientado en un siniestro museo de cera y aderezado con elementos de los Mitos de Cthulhu y toques macabros.

En contraste, Winged Death resulta más flojo, a pesar de su interesante planteamiento que mezcla ciencia y superstición, y le sobra alguna que otra página.

A pesar de algunos defectos, también es muy bueno Out of the Aeons (1933), que gira alrededor de una extraña momia en un museo y la actividad que genera. Se trata de una historia de los Mitos de Cthulhu en estado puro, quizá más parecida a sus imitadores que al propio Lovecraft, pero aún así imprescindible.

Mucho menos original es The Horror in the Burying–Ground, un correcto relato macabro que se deja leer, ambientado en un cementerio y protagonizado por un enterrador.

Robert H. Barlow


El autor que en más ocasiones colaboraría con Lovecraft fue el joven de Florida Robert H. Barlow, al que consideraba un autor muy prometedor. Sin embargo, el principal papel de Barlow en relación con la obra de Lovecraft estaría relacionado con la labor de conservación de los manuscritos del escritor, que le nombró su albacea literario a su muerte.

The Hoard of the Wizard–Beast (1933) es una breve pieza fantástica no especialmente destacable sobre un tesoro y su guardián. Igualmente breve es The Slaying of the Monster (1933), que trata con tono de fábula la historia de un pueblo que se dirige a matar al monstruo que los amenaza.

Otra rareza es The Battle That Ended the Century (1934), una pieza cómica sobre un combate de boxeo en la que aparecen caricaturizados (empleando los apodos habituales creados por Lovecraft) amigos y conocidos, que parecen ser los verdaderos destinatarios de la historia (más allá del gran público).

El estilo de Barlow empieza a aparecer en “Till A' the Seas” (1935), un relato ambiental y atmosférico que describe la muerte del último habitante de una Tierra moribunda debido a una catástrofe ambiental descrita con una sorprendente clarividencia y precisión.

Poco puede decirse de Collapsing Cosmoses (1935), una viñeta incompleta de ciencia ficción interplanetaria.

Como otras historias, The Night Ocean (1936) tiene su origen en un sueño de Lovecraft. El relato consiste sobre todo en la creación de una atmósfera poética y reflexiva mientras el artista protagonista reposa en una localidad costera y encuentra algún elemento misterioso.

Colaboraciones y Conclusiones


Ninguno de los relatos que Lovecraft escribió en colaboración (entiendo este término de la manera más amplia posible) estará nunca incluido en lo mejor de su obra. Al fin y al cabo, estos relatos eran un trabajo y es poco probable que le despertaran tanto interés (y, por lo tanto, dedicación) como los desarrollados a partir de ideas propias. Aún así, en esta categoría hay un puñado de relatos que merecen ser considerados por lo menos en la “segunda división” de la obra de Lovecraft. Muchos autores, entre los que seguramente pueda incluirse a la totalidad de sus colaboradores, nunca pueden aspirar a tanto.

Un Caballero de Providence

La emoción más antigua y más fuerte de la humanidad es el miedo, y el miedo más antiguo y más fuerte es el miedo a lo desconocido.

En 1890, en Providence (Rhode Island), nació el que probablemente sea el principal renovador del género de terror en el siglo XX, Howard Phillips Lovecraft. A pesar de empezar a escribir de manera bastante precoz, no sería hasta una edad relativamente madura cuando empezaría a considerarse a sí mismo como un escritor de ficción. Hasta entonces, su principal interés había estado centrado en la poesía y en el ensayo, llegando a estar bastante involucrado en el movimiento del periodismo amateur.

De hecho, no puede considerarse a Lovecraft un autor especialmente prolífico. Por supuesto, no se le puede comparar con un verdadero profesional del pulp como Seabury Quinn (más de 150 relatos publicados sólo en Weird Tales), pero también sale bastante malparado si se le compara “a peso” con los otros miembros de Los Tres Mosqueteros de Weird Tales. Así, Night Shade Books ha publicado las fantasías completas de Clark Ashton Smith en un conjunto de cinco volumenes, mientras que para hacerse con una muestra representativa (que no completa) de la obra de Robert E. Howard es necesario hacerse con una decena de libros publicados por Del Rey, unos cinco de Bison Books, y algún otro volumen suelto más. En comparación, la obra de ficción de Lovecraft puede recogerse en un único (aunque grueso) tomo, como ha hecho Barnes & Noble.

Sin embargo, no puede olvidarse el resto de la producción de Lovecraft que, aunque a priori parezca menos interesante, no deja de ser reveladora respecto a los intereses del autor. De su mente salieron abundantes artículos y ensayos, poesía, y una cantidad ingente de cartas, que probablemente convierten a Lovecraft en una de las personas que más correspondencia ha mantenido en toda la historia de la humanidad. Se estima que Lovecraft escribió unas 100.000 cartas, y una prueba de la abundancia de su correspondencia es que las Selected Letters publicadas por Arkham House ocupan cinco volúmenes.

De Lovecraft como persona se ha tenido siempre una imagen bastante estereotipada, con elementos verdaderos y otros que no lo parecen tanto, a poco que se examine su vida y su obra con un poco de cuidado. La idea de un Lovecraft misántropo, misógino, conservador y aislado en una mansión de Providence se desvanece muy fácilmente. Para empezar, hay que tener en cuenta las múltiples amistades por correspondencia que mantuvo, tanto como con hombres como con mujeres (de vivir hoy, Lovecraft probablemente sería un adicto a las redes sociales), a los que proporcionaba todo tipo de apoyo en cartas que a veces tenían decenas de hojas. Además, a unos cuantos de esos corresponsales los visitó en persona, en los diversos viajes con los que recorrió principalmente el Este de Norteamérica, y que le llevaron de Quebec a Nueva Orleans. Y si bien es cierto que nació en una familia acomodada, al llegar a la vida adulta poco era el dinero que quedaba de los negocios familiares y puede decirse que Lovecraft pasó no pocos apuros económicos, acrecentados por su poca capacidad para conseguir un trabajo estable y “normal”.

De hecho, ni siquiera puede considerarse a Lovecraft como un escritor profesional, y él mismo se veía como un amateur, más interesado en la creación literaria por simple impulso artístico, que en hacer negocio con sus relatos. Así, esto le llevó a ganarse el sustento haciendo de revisor de todo tipo de textos y de “negro” literario (o ghost writer en la terminología inglesa). Las revisiones que hizo para algunos de estos autores (y autoras), en su mayoría poco más que aficionados, en muchos casos suelen considerarse más obra de Lovecraft que de sus “colaboradores”.

Políticamente, si bien es cierto que en su juventud era un nostálgico de la época en que Estados Unidos era súbdito de la monarquía británica, en los últimos años de su vida demostró mantenerse bastante informado de lo que sucedía a su alrededor, y mostró posiciones más bien próximas a un socialismo moderado. En general, Lovecraft mostró siempre una capacidad de evolución y coherencia en sus ideas de todo tipo que lo alejan de cualquier tipo de dogmatismo, con una única excepción: su racismo. El miedo y desprecio a los extranjeros de todo tipo no le abandonó nunca, a pesar de haberse casado con una judía de origen ruso. Merece la pena comentarse que el de Lovecraft fue un matrimonio que, aunque breve y acabado en divorcio, no puede calificarse como infeliz, aunque sí como indiferente.

Más absurdo todavía sería considerar a Lovecraft como un depositario de saberes arcanos, creyente en sus propios dioses y creaciones. Lovecraft tenía tres intereses principales (que se reflejan en su obra): lo extraño, lo antiguo, y la ciencia. Gran aficionado a la astronomía (escribió en un periódico una columna dedicada a esta ciencia en su juventud), no pudo dedicarse a los estudios superiores (al parecer, las matemáticas no eran su fuerte), pero obtuvo una amplia formación autodidacta en todo aquello que atraía su interés. Esta formación incluía también amplios conocimientos relacionados con la antigüedad, y en cuanto a “lo extraño”, su interés era puramente literario, como bien demuestra en su imprescindible ensayo Supernatural Horror in Literature.

Sí es más cierta la imagen de un Lovecraft enfermizo y nervioso desde su infancia, al que no es ajena la depresión. Ahí sí responde más al tópico del genio, de la persona de temperamento artístico y neurótico. Y sería su mala salud (real, no imaginada), la que acabaría con su vida en 1937, tras un doloroso cancer intestinal.

Los Mitos de Cthulhu


Lovecraft, como gran conocedor del género fantástico y de terror, muestra muy pronto dos influencias bien diferenciadas y reconocidas: Edgar Allan Poe y Lord Dunsany. De hecho, el propio autor llega a lamentarse en una de sus cartas de que no ha encontrado aún una voz narrativa propia, dividiendo su obra en “relatos a lo Poe” y “relatos a lo Dunsany”. Por supuesto, Lovecraft acabaría encontrando su propio mundo, por lo que se puede clasificar su obra en tres fases o tipos distintos:


  • Relatos de terror y macabros
  • Fantasías oníricas
  • Mitos de Cthulhu

Estas categorías, por supuesto, son generales y no excluyentes, aunque por regla general sí que es posible asociar un relato de Lovecraft a una sola de estas como categoría principal. En la primera categoría se encuentran aquellos relatos de terror más “genéricos”, en los que la influencia más clara es Poe y otros autores o elementos clásicos del género. Las fantasías oníricas al estilo de Lord Dunsany constituyen lo que se suele conocer como Ciclo Onírico o historias de la Tierra de los Sueños. Se trata de relatos más fantásticos que terroríficos que transcurren en un mundo ficticio al que se llega a través de los sueños.

La tercera categoría, sin duda, es la que más fama y reconocimiento ha dado a Lovecraft. Se trata de unos relatos en las que puede decirse que cristalizan todas sus influencias e ideas para crear un nuevo estilo de terror, en el que Lovecraft por fin encuentra su verdadera voz: el horror cósmico. Los saberes perdidos en tomos antiguos, las razas de tiempos pretéritos y la insignificancia del ser humano son algunas de las principales características de estas historias.

Sin embargo, Lovecraft nunca parece tener la intención de crear una mitología coherente y detallada para dar soporte a estos relatos, y de hecho no le da ningún nombre (más que un humorístico Yog-Sothothery). Para Lovecraft (y muchos de los que empiezan a colaborar en esta pseudo – mitología) todo es poco más que un juego literario, una forma de hacer que parezcan más “realistas” o “coherentes” una serie de historias independientes al mencionar como si fueran reales diversos elementos (libros, seres, dioses, demonios…) creados en otros relatos e incluso por otros autores. Así, por poner un ejemplo, si Lovecraft necesita en un momento dado mencionar un libro arcano se encuentra con dos opciones: inventarse uno totalmente nuevo, o utilizar uno ya aparecido y explicado en un relato de su amigo Robert E. Howard. Por lo demás, los relatos no tienen por que tener relación estilística alguna: pueden ser tanto historias de horror cósmico (lo más habitual en Lovecraft) como relatos de brujos, vampiros o fantasmas.

Este juego deja de serlo años después de la muerte de Lovecraft, cuando August Derleth, uno de sus amigos y corresponsales, empieza a intentar sistematizar las creaciones ficticias de Lovecraft y su “Círculo”. El error de Derleth es doble: por un lado buscar coherencia en algo que nunca pretendió tenerla, y por otro dar su propia interpretación de la mitología Lovecraftiana, a la que convierte en una típica lucha entre el bien y el mal (algo totalmente opuesto a lo que se ve en la obra de Lovecraft). Dicho esto, no hay que olvidar la magnífica labor de Derleth como creador de la editorial Arkham House, lo que le permitiría dar a conocer la obra de Lovecraft y facilitar el acceso a un público más extenso.

Tras Derleth, los Mitos de Cthulhu (expresión acuñada por él) se convierten en un cajón de sastre en que cabe casi cualquier cosa por “contagio”, siempre que mencione alguno de los libros o seres ya creados por otros autores. Este extremo puede llegar a verse en libros tipo Enciclopedia de los Mitos de Cthulhu, en que podemos ver aparecer al mismísimo Conan por una extraña aplicación de la ley de los seis grados de separación: Howard menciona R'lyeh en una historia de Bran Mak Morn, Bran aparece con Kull en un relato, Kull vive en la prehistoria de la Era Hiboria, ergo, Conan es un personaje de los Mitos de Cthulhu. Evidentemente, siguiendo esta lógica, casi cualquier obra de ficción va a poder relacionarse con la obra Lovecraftiana.

Al fin y al cabo, los relatos de Lovecraft que se consideran como parte de los Mitos de Cthulhu son una parte relativamente pequeña de su obra (aunque ciertamente la más importante), siendo apenas más de diez (y de muchos podría discutirse acerca de su inclusión en esta lista):


  • The Nameless City
  • The Festival
  • The Colour Out of Space
  • The Call of Cthulhu
  • The Dunwich Horror
  • The Whisperer in Darkness
  • The Dreams in the Witch House
  • At the Mountains of Madness
  • The Shadow Over Innsmouth
  • The Shadow Out of Time
  • The Haunter of the Dark
  • The Thing on the Doorstep
  • The Case of Charles Dexter Ward

El Joven Lovecraft


Hasta nuestros días han llegado varias muestras de los esfuerzos más tempranos de un Lovecraft aún niño, como son los relatos The Little Glass Bottle (1897), The Secret Cave, or John Lees Adventure (1898), The Mystery of the Grave–Yard (1898) y The Mysterious Ship (1902). Además, sabemos de la existencia de otros títulos de aproximadamente la misma época, como The Noble Eavesdropper, The Haunted House, The Secret of the Grave, John, the Detective, y The Picture, pero que no han sobrevivido. Como es de esperar, se trata de textos infantiles, plagados de errores ortográficos y gramaticales, y que no tienen más valor que el de la curiosidad que representan. Quizá es llamativo el tratamiento de la muerte que aparece en The Secret Cave (escrito el mismo año en que muere su padre), y la existencia de una segunda versión más extensa y depurada de The Mysterious Ship, como si Lovecraft empezara a familiarizarse con el concepto del borrador de un relato.

Al parecer, a los 18 años Lovecraft destruyó (o, al menos, lo intentó) todos sus escritos infantiles y juveniles, de los que salvaría un par. El primero de ellos es The Beast in the Cave (1905), un correcto relato en el que un hombre atrapado en la oscuridad se enfrenta a un monstruoso hombre degenerado. Este sería su primer relato “maduro” y en él se pueden intuir algunas características de historias posteriores. Por su parte, The Alchemist (1908) parece mostrar la influencia de Poe y de la novela gótica, con su protagonista aislado y víctima de una maldición ancestral. Curiosamente, el final tiene una explicación relativamente racional, anticipando el tratamiento que daría Lovecraft a lo sobrenatural. Ahora bien, ya se aleja un poco de la poco creíble justificación racional de algo que parece sobrenatural, típica del gótico.

El Regreso del Escritor


Tras unos años de problemas constantes (la muerte de su abuelo, los problemas económicos que ello trajo, la imposibilidad de seguir con una educación superior…), dedicándose a la poesía, Lovecraft empezó a moverse por los círculos de la prensa amateur, a la vez que comenzaba a establecer su círculo de amistades por carta. Fueron algunos de estos de estos corresponsales los que al parecer le animaron a volver a la ficción.

En los primeros relatos de esta etapa pueden verse también indicios del escritor en que se convertirá Lovecraft. The Tomb (1917) es la historia de un joven obsesionado de manera enfermiza con una tumba, lo que le lleva a tener “visiones” del pasado. El primer relato que Lovecraft publicó profesionalmente es el más logrado Dagon (1917). La historia trata de un enloquecido marinero que relata sus experiencias al encallar en un extraño fondo marino, levantado a la superficie por un temblor sísmico.

Pero no todo son relatos de terror en esa época. Sus siguientes dos obras tienen propósito declaradamente humorístico. En A Reminiscence of Dr.Samuel Johnson (1917), el narrador relata una serie de anécdotas que afirma haber vivido con el autor inglés. Por su parte, Sweet Ermegande (1917) es una parodia del folletín romántico con personajes estereotipados. Aparte de en sus cartas, no hay más muestras del humor Lovecraftiano hasta Ibid (1928) una sátira que parte de una idea original (la biografía del supuesto autor “Ibid”, autor de “Op.Cit”, muy citado por los estudiosos), pero se alarga en exceso en su desarrollo. En todo caso, no serían estos relatos cómicos la mejor muestra de la obra de Lovecraft.

En esta época Lovecraft también empieza a escribir los primeros relatos del Ciclo Onírico. En Polaris (1918), la contemplación de una estrella conduce a la visión de una remota ciudad de tiempos lejanos. En este relato aparecen por primera vez algunos elementos míticos, como ciertas criaturas o libros: los Manuscritos Pnakóticos tienen el honor de ser el primer libro ficticio creado por Lovecraft.

Igualmente onírico es Beyond the Wall of Sleep (1919), aunque se combina con un enfoque de tipo científico, que permite al protagonista descubrir una existencia cósmica como seres en el mundo de los sueños.

El breve Memory (1919) muestra influencias tanto de Poe como de Dunsany en su descripción de un remoto futuro en que el hombre se ha extinguido.

Tras estas historias, Old Bugs (1919) aparece como una rareza. Se trata de una previsible fábula moralizante en contra del alcohol (Lovecraft era un abstemio militante), dirigida a un amigo suyo, al que hace protagonista en un futuro 1950.

Con The Transition of Juan Romero (1919), Lovecraft regresa al terror, aunque no se mostraba muy satisfecho con este relato que mezcla un misterioso abismo con demasiados elementos ajenos, convirtiéndolo casi en una caricatura de relato pulp.

En The White Ship regresamos al mundo de los sueños, acompañando a un protagonista que pierde una existencia en unas tierras maravillosas por querer llegar a donde nadie ha ido jamás.

The Doom That Came to Sarnath (1919) también muestra claras influencias de Lord Dunsany, describiendo una fabulosa ciudad y la maldición que le impusieron los antiguos moradores de sus tierras.

De regreso al mundo real, nos encontramos por primera vez con Randolph Carter en The Statement of Randolph Carter (1919), un relato basado en un sueño del autor. Esta historia de cementerios y seres subterráneos resulta tan efectiva como poco original. Carter es un personaje recurrente en otros relatos relacionados con el Ciclo Onírico, bastante inspirado por el propio Lovecraft.

The Terrible Old Man (1920) por su parte nos presenta a Kingsport, la primera ciudad creada en la Nueva Inglaterra imaginaria de Lovecraft. Se trata de un relato breve que juega con elementos siniestros e inexplicables, creando más una atmósfera terrorífica que narrando hechos pavorosos.

El interés por la antigüedad de Lovecraft aparece en The Tree (1920), una fantasía con toques de leyenda ambientada en la Grecia clásica.

Con The Cats of Ulthar (1920) Lovecraft sigue desarrollando el paisaje de su Tierra de los Sueños, narrándonos el siniestro origen de la prohibición de matar gatos que rige la ciudad de Ulthar.

En The Temple (1920), Lovecraft vuelve al terror de ambientación marítima, en una historia algo menos lograda que su precursor Dagon, aunque tiene el detalle anecdótico de ser el primer relato que publicó en Weird Tales.

Y si este relato insiste en uno de los elementos habituales en su obra, Lovecraft nos presenta otro en Facts Concerning the Late Arthur Jermyn and His Family. Se trata de la historia de la familia Jermyn, sutil y macabra a la vez, llena de elementos de bestialismo e hibridación. Puede verse como una evolución de The Beast in the Cave y, a la vez, un antecedente temático de The Shadow Over Innsmouth.

The Street (1920) muestra al peor Lovecraft (como persona, aunque como autor aquí tampoco es que se luzca mucho), narrando la historia de Estados Unidos con tono de fábula, desde un punto de vista claramente xenófobo y anglosajón.

Celephaïs (1920) nos devuelve a la Tierra de los Sueños, esta vez presentada como un lugar en el que liberarse de las limitaciones del gris mundo real. Como curiosidad, se menciona casualmente una ciudad llamada Innsmouth.

From Beyond (1920) es una historia de desarrollo quizá algo previsible, pero que de nuevo trae elementos científicos a la obra de Lovecraft. En este relato la ciencia permite acceder a la percepción de lo que hay “más allá” del mundo normal. En cierto modo, es un planteamiento similar al de las historias del Ciclo Onírico, pero narrado con coartada científica y resultados más terroríficos que maravillosos. En resumen, es más un relato de terror y ciencia ficción qun una luminosa fantasía.

Nyarlathotep (1920) es un breve retrato del ser que aparece en el título (y que aún no tiene forma de deidad de los Mitos de Cthulhu), presentado como una especie de científico itinerante que muestra sus maravillas en un mundo en crisis.

En The Picture in the House (1920) asistimos a una historia de terror rural y canibalismo ambientada en la región del Miskatonic (mencionada aquí por primera vez, al igual que la ciudad de Arkham). La idea del relato es buena, su desarrollo quizá no tanto (aunque no puede negarse su efectividad), y nos presenta de manera oficial la región como escenario idóneo para el terror.

El breve Ex Oblivione (1921) vuelve a presentar los sueños como un refugio, llegando incluso a insinuarse un paralelismo con la muerte como preferible a la vida. No resulta muy sorprendente este punto de vista, teniendo en cuenta que Lovecraft llegó a considerar el suicidio en alguno de sus periodos más depresivos.

The Nameless City (1921) es otro relato que extrae su inspiración de Dunsany, pero Lovecraft le va dando carácter propio. La exploración de una antiquísima ciudad en ruinas en mitad del desierto revela la existencia de una antigua raza reptiloide. Por primera vez se menciona aquí a Abdul Alhazred, así como a su verso más famoso.

The Quest of Iranon (1921) está ambientado de nuevo en la Tierra de los Sueños, y narra también una búsqueda imposible (como en otros relatos de este tipo).

Más impersonal es The Moon–Bog (1921), un relato de terror típico, con la particularidad de estar ambientado en Irlanda, que gira alrededor de unas extrañas ruinas que parecen malditas.

El excelente (aunque el propio autor no pensara lo mismo) The Outsider (1921) vuelve a mostrar la influencia de Poe. Se trata de una historia con un logrado giro final y toques góticos, en la que el narrador sale de su castillo en busca de compañía, para acabar descubriendo una terrible verdad.

Lovecraft vuelve al tema de la búsqueda de aquello que no debe ser conocido en The Other Gods (1921), un nuevo relato del Ciclo Onírico en que el protagonista quiere llegar al hogar de los dioses.

The Music of Erich Zann (1921) fue un relato bastante popular en su época. Es una historia de terror más o menos “genérica” protagonizado por un misterioso músico que toca sus notas para un público aún más misterioso e inquietante.

Herbert West – Reanimator (1921) fue publicado por entregas, lo que supone su mayor inconveniente, debido a las innecesarias y repetitivas recapitulaciones que hay en cada una de sus partes (impuestas por el editor). Por lo demás se trata de un macabro relato con toques casi paródicos, interesante por su pionero enfoque científico del tema de los muertos vivientes, y poco más.

Hypnos (1922) presenta los sueños como algo terrorífico, asustando a los protagonistas hasta el extremo de evitar el dormir, y jugando con elementos relacionados con la locura y lo inexplicable.

What the Moon Brings (1922) es una simple descripción de la transformación (terrorífica) que causa la luz de la luna en un paisaje.

Azathoth (1922) es la breve descripción de un personaje, planeado inicio de una novela nunca continuada.

En The Hound (1922), unos saqueadores de tumbas se ven acosados por las sensaciones causadas por un extraño amuleto. En este relato poco llamativo, por vez primera se menciona el Necronomicon, libro atribuido al ya mencionado Abdul Alhazred.

The Lurking Fear (1922) también tiene forma de serial, pero está mejor construido que Herbert West – Reanimator. La historia narra una serie de muertes y sucesos inexplicables alrededor de una vieja casa, relacionados de alguna manera con sus dueños originales y sus horribles descendientes.

Como no es raro en la obra de Lovecraft, el narrador y protagonista de The Rats in the Walls (1923) pertenece a una familia de siniestra reputación. El regreso a su mansión ancestral le lleva a enfrentarse a la historia de su familia y el horrible culto al que pertenecían. Una mención casual al dios Nyarlathotep, al que adjudica los rasgos que más adelante empleará para la entidad Azathoth, es indicativo del uso Lovecraftiano de los Mitos de Cthulhu: casi casual y sin buscar una innecesaria coherencia interna.

The Unnamable (1923) está narrado por un escritor de apellido Carter. Sin duda, se trata de Randolph Carter, aquí claramente presentado como alter ego del propio Lovecraft. El relato no deja de ser más que una leyenda local, cuya narración es motivada por una discusión filosófica.

El Necronomicon es parte importante de la trama de The Festival (1923), cuyo narrador se traslada a Kingsport para participar en un rito invernal de “su gente” (con las implicaciones que ello tiene). De nuevo, el protagonista lleva en su propia sangre la relación con el horror en esta historia de lograda atmósfera.

Pesadillas en Nueva York


En 1924 Lovecraft se casó con Sonia Greene, y el matrimonio se mudó a Nueva York, estableciéndose en Brooklyn. Aunque al principio a Lovecraft le fascinó la ciudad, esto cambiaría pronto al perder su mujer la tienda que poseía y tener que quedarse solo y sin ser capaz de conseguir ningún empleo.

The Shunned House (1924) es una mezcla no muy lograda de relato típico de encantamientos y elementos “extraños” Lovecraftianos, en el que se oponen supersticiones de vampirismo con enfoques científicos. Quizá lo más interesante sea el tono nostálgico de un Lovecraft desplazado a Nueva York y que echa de menos su Providence natal.

The Horror at Red Hook (1924) es un relato descaradamente xenófobo, escrito por un Lovecraft horrorizado por el barrio en que vivía en Nueva York (ciertamente, no en una de las mejores zonas de la ciudad). Aunque se insinúa que los malvados cultistas son extraños entre los demás extranjeros, el tono racista es ineludible. Por otra parte, tampoco es un gran relato, con la única curiosidad de utilizar elementos de ocultismo “tradicional” (algo casi inusual en Lovecraft).

El mismo origen puede verse en He (1925), cuyo protagonista se muestra asqueado por una moderna Nueva York “infectada” por extranjeros. Al menos, el relato es un poco mejor que el anterior, con sus visiones ocasionadas por un misterioso brujo y espíritus de aspecto similar a los futuros shoggoths.

In the Vault (1925) es un relato macabro (Weird Tales lo rechazó por ser demasiado gráfico) ambientado en un cementerio y protagonizado por un insensible enterrador. Quizá tenga un desarrollo bastante típico y previsible, pero el resultado está bastante logrado.

Cool Air (1926), inspirado claramente por Poe (con algunos toques de Arthur Machen), también fue rechazado por Weird Tales, por miedo a la censura. Es el último de los relatos escritos y ambientados en Nueva York, y sin duda, el mejor de todos. La historia trata de un médico que precisa de un frío extremo para sobrevivir a una rara enfermedad

The Descendant (1926) es un simple esbozo acerca de una antigua familia, que sólo destaca por añadir algún detalle más a la historia del Necronomicon y alguna mención similar (el Signo Antiguo). Siempre parece discutible la publicación de fragmentos y relatos que un autor no consideraba finalizados (aunque en el caso de Lovecraft, tremendamente crítico con su obra, eso nos hubiera privado de verdaderas maravillas). Sin embargo, con Lovecraft se llega al extremo de publicar esbozos e incluso fragmentos de cartas como si se tratara de auténticos relatos. No dejan de resultar curiosos, pero si se ignora su verdadera naturaleza el resultado es disminuir la percepción de la calidad de la obra de Lovecraft, al ser obviamente inferiores a sus relatos finalizados.

I Am Providence


Separado de su mujer Sonia, que había encontrado trabajao en Cleveland, Lovecraft acabó por acordar con ella un divorcio que nunca se materializaría del todo. El escritor regresó así a vivir en Providence, y sería esta última década de su vida en la que crearía sus mejores obras.

Y esta fase creativa comienza nada más y nada menos que con The Call of Cthulhu (1926), uno de sus mejores y más conocidos relatos, y que sirve para dar nombre a toda su “mitología”. Inspirado por Le Horla de Guy de Maupassant en lo temático y por The Three Impostors de Arthur Machen en lo formal, este relato es una de las primeras exposiciones completas que Lovecraft realiza de su universo imaginario. Una estructura narrativa poco usual, basada en la presentación de tres testimonios distintos y relacionados, permite al escritor crear lentamente la sensación de horror cósmico que busca, aunque sin renunciar a un climax espectacular. Lo de menos en la obra de Lovecraft es la presencia del monstruo o de la criatura alienígena: lo importante es lo que ello supone para la insignificante existencia humana.

El regreso al terror macabro lo representa Pickman's Model (1926), un relato muy bueno a pesar de lo predecible de su final. No es difícil intuir muy pronto cual es el verdadero origen de los realistas cuadros pintados por el personaje principal, pero ello no le quita un ápice de horror a la historia.

Lovecraft regresa al Kingsport del Terrible Anciano en The Strange High House in the Mist (1926), combinando el típico tema de la casa misteriosa con su Ciclo Onírico.

Y el Ciclo Onírico de Lovecraft alcanza su máxima expresión en The Dream Quest of Unknown Kadath (1926), novela que Lovecraft no consideraba finalizada. El protagonista de la historia es un viejo conocido, Randolph Carter, que busca una ciudad que ha visto en sueños. En sus viajes por la Tierra de los Sueños se encontrará con diversos enemigos (como los Hombres de Leng y las Bestias Lunares), pero también inesperados aliados (como el pintor Pickman y sus gules). A la vez compendio de todos los relatos del Ciclo Onírico y homenaje a su amada Providence, esta novela se muestra interesante, pero con un estilo no apto para todos los paladares, por lo que no sorprende que divida a los aficionados a Lovecraft.

Carter regresa, habiendo perdido la capacidad de soñar, en The Silver Key (1926), relato en que lo más interesante es la lograda transición que se produce en la narrativa cuando el Carter adulto vuelve a los recuerdos de su infancia.

El amor de Lovecraft por su Providence natal vuelve a aparecer extensamente en The Case of Charles Dexter Ward (1927), cuya parte realista incluye una precisa descripción de la ciudad de Nueva Inglaterra. La parte sobrenatural la representa una interesante trama de nigromancia alquímica que, desde el prólogo, se sabe que no va a acabar bien para los protagonistas. Además de mencionar a Randolph Carter, por primera vez aparece aquí el nombre de Yog – Sothoth (y con parte importante en la trama), acompañado de otras referencias a los Mitos más circunstanciales. Así, aunque la novela se suele considerar parte de los Mitos de Cthulhu, su inclusión es discutible, ya que estos sólo aportan parte del contexto, mientras que en la trama lo más importante no es el horror cósmico, sino una historia terrorífica más “tradicional”.

Para Lovecraft, que solía ser bastante crítico con su obra, su relato favorito propio era The Colour Out of Space (1927), que mezcla el terror con la ciencia ficción sin que haya verdaderos elementos “sobrenaturales”. Los efectos del extraño meteorito y el “color” que surge de él parecen anticiparse a los de la radioactividad, y en esta historia Lovecraft consigue presentarnos un verdadero “alienígena”, un ser totalmente incomprensible desde la perspectiva del ser humano. Si la novela anterior suponía una cierta reelaboración de los temas típicos de brujería y nigromancia del género de terror, con esta historia Lovecraft establece un nuevo patrón que marcará el resto de su obra (y que ya se anticipaba en otros relatos anteriores).

La narración de un sueño del propio Lovecraft compone The Very Old Folk (1927), que trata de un romano que se enfrenta en Pamplona a un antiguo culto. Está claro que Lovecraft nunca lo elaboró pensando en la publicación, de ahí su aspecto inacabado.

Tampoco estaba pensado para ser publicado History of the Necronomicon (1927), breve historia del infame libro enviada a varios de sus amigos.

La clara influencia de Arthur Machen se ve en The Dunwich Horror (1928), historia de la extraña y siniestra familia Whateley, más en concreto del joven Wilbur, y del invisible horror que se desata en la región a la muerte de este. A pesar de la calidad del relato, hay que reconocer que el desenlace de la trama no es muy original: los Whateley con sus destructivos planes para la humanidad aparecen un poco como villanos bidimensionales, a los que por suerte derrotan las fuerzas del bien (eso sí, representadas por hombres de ciencia).

En The Whisperer in Darkness (1930) Lovecraft regresa a la ciencia ficción terrorífica. El relato gira alrededor de una antigua raza alienígena (los Outer Ones, también conocidos como “Hongos de Yuggoth”), compuesta por científicos y mineros, sin verdaderos planes contra los seres humanos. Sin embargo, sus métodos son lo bastante terribles como para que no dejar indiferentes a quienes los presencian. Las referencias a los Mitos de Cthulhu son abundantes, quizá en exceso, estableciendo aquí el modelo que seguirán las malas imitaciones de Lovecraft (del que no imitarán el efectivo terror cósmico del relato).

El relato anterior (así como los Mitos) es referenciado en At the Mountains of Madness (1931), que puede considerarse tanto un homenaje/continuación del Arthur Gordon Pym de Poe, como una versión mejorada de The Nameless City. Esta novela corta trata acerca de una expedición antártica, y el frío tono científico del inicio aparece como consecuencia de ello. Esta objetividad se va perdiendo a medida que se encuentran las ruinas de una raza alienígena (los Elder Ones) y se va revelando la historia de estos Antiguos. Finalmente, el terror directo lo provocan los shoggoths, herramientas/creaciones/esclavos descontrolados de estos seres tecnológicamente avanzados. Además de por su calidad intrínseca (aunque su estilo narrativo no es muy usual), esta historia es imprescindible en la obra Lovecraftiana por presentar claramente un enfoque científico de toda la mitología que ha ido esbozando en sus relatos, despojándolos así de significado sobrenatural.

En The Shadow Over Innsmouth (1931) aparece una tercera raza del pasado: los Deep Ones o Profundos. Con esto parece que Lovecraft cierra su trilogía de orígenes para otras razas o seres terroríficos, que vienen del Exterior, del Pasado o de las Profundidades. En esta historia, un turista llega a la extraña ciudad de Inssmouth, investigando los misterios locales durante el día. Por desgracia, la noche le atrapa en la ciudad y se ve obligado a huir de sus aberrantes habitantes, descubriendo diversos secretos oscuros. El relato contiene referencias a los Mitos de Cthulhu bastante más sutiles, y quizá por eso funcione mejor como relato de terror “tradicional” (aunque no carece del horror cósmico habitual en Lovecraft). La historia no carece de un cierto subtexto racista y xenófobo, pero al menos aquí el autor utiliza sus miedos para crear uno de sus mejores relatos.

Con The Dreams in the Witch House (1932) Lovecraft regresa a la mezcla de ciencia y brujería. Un estudiante desarrolla unas avanzadas teorías matemáticas que le permiten entrar en contacto con otras dimensiones, y ello le arrastra a las prácticas y ritos de una antigua bruja. Quizá sea uno de los relatos más flojos de esta etapa, pero es que Lovecraft está ahora en su mejor momento como escritor, y hasta las peores historias se revelan como prácticamente imprescindibles.

Lovecraft y E. Hoffmann Price (a incitación de este último) coescribieron el relato Through the Gates of the Silver Key, (1933) innecesaria secuela de la saga del Ciclo Onírico protagonizada por Randolph Carter, a cuyo destino se le quita todo el misterio que Lovecraft había dejado abierto en The Silver Key.

Probablemente tampoco se encuentre entre los mejores relatos de esta época The Thing on the Doorstep (1933), escrito en solo tres días. Se trata de un regreso a las historias de brujería “tradicional”, aunque con toques de los Mitos. Aún siendo un texto “menor”, no pueden dejarse de lado sus toques macabros y sus interesantes protagonistas, especialmente logrados considerando que Lovecraft no destaca precisamente por sus retratos de personajes. Entre ellos se encuentra el personaje femenino mejor trazado por Lovecraft (aunque tampoco es que haya muchos más donde elegir). También es curioso su ámbito, limitado a las experiencias de los personajes centrales, sin nada que remita al horror cósmico Lovecraftiano.

The Evil Clergyman (1933) es el relato de un sueño protagonizado por un extraño clérigo y su colección de libros prohibidos. Como sucede con otros casos similares, no es un verdadero relato, sino que está extraído de la correspondencia de Lovecraft.

The Book (1933) es un fragmento de historia sin completar, adaptación en prosa de uno de sus poemas, escrito en una época en la que Lovecraft está experimentando con diversos estilos y técnicas. No queda claro hacia donde iría esta historia de conjuros que cambian la perspectiva de ver el mundo.

Muy parecido a At the Mountains of Madness es The Shadow Out of Time (1935), que quizá cuenta con una narrativa más lograda (a pesar de que se escribió en apenas unos días), pero carece del efecto novedoso del relato anterior. Esta vez el protagonista experimenta de manera más directa los actos de unas nuevas criaturas (conocidas como la Gran Raza), capaces de desplazar sus mentes por el tiempo. Esto hace que el terror cósmico sea a la vez algo más próximo y personal, a lo que también ayuda un personaje protagonista mucho más elaborado. Si no existiera su predecesor, sería considerado sin duda como la mejor obra de Lovecraft. Como no es así, ambas obras deben compartir los afectos de los lectores.

Menos ambicioso es The Haunter of the Dark (1935), escrito como respuesta a The Shambler from the Stars, un relato de Robert Bloch en el que el autor hacía aparecer a un alter ego del propio Lovecraft. Bloch escribiría en 1950 una tercera parte (más floja) de esta especie de trilogía (The Shadow from the Steeple). En cierto modo, esto es una muestra más de cómo entendía Lovecraft los Mitos de Cthulhu: un juego literario entre amigos que aprovechan sus relatos para “matarse” entre sí en forma de personajes. Independientemente de la anécdota sobre su origen, se trata de un excelente relato, que toma el ancestral miedo a la oscuridad y lo integra perfectamente en los Mitos de Cthulhu, de manera sutil y efectiva.

Y quizá sea adecuado que The Haunter of the Dark sea el último relato escrito por Howard Phillips Lovecraft. Es una historia escrita como respuesta y muestra de aprecio a uno de sus muchos amigos por correspondencia, y que nos cuenta que en la oscuridad viven cosas que la humanidad no está preparada para entender. En cierto modo, toda una síntesis de cómo entendía Lovecraft su vida, de cómo entendía sus relatos.

Gusanos de la Oscuridad: El Horror en Robert E. Howard

Robert E. Howard puede ser considerado como el inventor de la Sword and Sorcery (aunque el término lo acuñara Fritz Leiber años más tarde), pero no fue un autor que se limitara a un sólo tipo de historias. Así, uno de los géneros al que dedicaría abundantes relatos es el del terror, que siempre encontraba un buen mercado en la revista Weird Tales. Además de los relatos que podrían considerarse de terror propiamente dichos, Howard no era ajeno a incluir numerosos elementos de este género en relatos de otros tipos. Al fin y al cabo, la Espada y Brujería surge al mezclar las aventuras históricas con el horror sobrenatural, y Howard también incluiría elementos sobrenaturales en otros géneros a los que se dedicó, sin olvidar los que parecerían más peregrinos, como el western o los relatos de boxeo.

Así pues, no es fácil categorizar de manera única los relatos de terror de Howard, ya que además en muchos casos comparten elementos comunes. También es difícil establecer límites: en principio se han dejado fuera aquellas historias que merecen categoría propia (como las de Solomon Kane o Steve Harrison) y que además pueden considerarse como parte de un sub–género propio (el fantástico o la Weird Menace). Sin embargo, es imposible no considerar relatos de terror a historias como Rattle of Bones o Graveyard Rats, así que no debe olvidarse que el terror en la obra de Howard puede aparecer en cualquier momento.

Malos Sueños y Locura


De Howard no puede decirse precisamente que sea un autor que profundiza en los aspectos psicológicos de sus personajes y su narración. Quizá por eso resulten más llamativos estos relatos que podrían clasificarse como terror psicológico, aunque tampoco se encuentren entre lo más logrado de su producción.

The Dream Snake (feb – 1928), según Howard, está basada en un sueño que tuvo. Narra la obsesión provocada por un sueño recurrente, relacionado con una serpiente. Es una historia de obsesión que se transforma en locura, aunque al final el sueño resulte tener una manifestación física. El similar, tanto en título como en contenido, The Cobra in the Dream (1968) sigue el camino inverso, de lo físico a lo psicológico, pues se inicia con una tortura real que la víctima revive en sus sueños.

Probablemente el relato más logrado de este tipo sea The Touch of Death (feb – 1930). Es una historia sencilla y breve, que trata de un hombre que sucumbe a su miedo (a la muerte, a la oscuridad) mientras está velando un cadáver.

Interesante es el planteamiento de Spectres in the Dark (1985), un fragmento de relato que Howard no acabó desarrollando y que narra una serie de even tos en los que gente, aparentemente no relacionada, enloquece a causa de "algo" desconocido.

Weird Menace


Además de los relatos protagonizados por el detective Steve Harrison, Howard escribió unos cuantos relatos más que se encuadran perfectamente en el sub–género de la Weird Menace. Personajes siniestros, cultos ancestrales, venenos imposibles y torturas refinadas conviven en estos relatos para ofrecer una buena dosis de escalofríos al lector.

The Grisly Horror (feb – 1935) [Moon of Zambewei] es un perfecto representante de esta categoría: un ancestral culto de origen africano tiene apresada a la amada del protagonista en una región pantanosa del sur de Estados Unidos. Un sacerdote siniestro y traicionero, y un dios que en realidad es un enorme simio carnívoro (probablemente un atavismo de otra época) completan el conjunto de elementos del relato.

Black Talons (dic – 1933) resulta curiosa por lo enrevesado e increíble de su trama, que la hacen rocambolesca en exceso. No faltan un asesinato misterioso, una retorcida tortura y un antiguo culto de origen africano.

Black Wind Blowing (jun – 1936) resulta más flojo, a pesar de lo intrigante de la misteriosa boda con que se inicia el relato. Después, todo se reduce al enésimo culto siniestro que quiere sacrificar a la novia.

Fantasmas y otras Criaturas de las Tinieblas


Las apariciones, los espectros, los vampiros y los hombres–lobo son algunos de los habitantes más habituales del relato de terror, y Howard también los utilizó en varias de sus historias. Ahora bien, el escritor texano raramente se limitó a lo establecido por la tradición para estas criaturas, sino que creaba sus propias interpretaciones. No es que pueda decirse que revolucionara la imagen de ninguno de estos seres, pero ciertamente tampoco que se limitara a emplear los esquemas establecidos por sus antecesores. Así, por ejemplo, el licántropo De Montour de los relatos In the Forest of Villefère y Wolfshead tiene los suficientes elementos diferenciadores como para distinguirse de otros hombres lobo.

Por otra parte, no es raro que Howard empleara algunos de estos elementos sobrenaturales en otras de sus historias. No sorprende, claro está, en las de fantasía, pero resulta más llamativo en otros casos, como en sus relatos de boxeadores. Así, en The Spirit of Tom Molyneaux aparece un fantasma, aunque con influencia más positiva que maléfica y terrorífica.

The Hyena (mar – 1928) es uno de esos relatos con un racismo bastante explícito, admitido en su época, pero hoy inaceptable. Dejando esto de lado, tampoco es un gran relato. Ambientado en África, la rivalidad por una mujer blanca entre un colono (que admite sus prejuicios raciales) y un brujo local (retratado no demasiado negativamente) sirve para desarrollar esta historia de licantropía.

Dermod’s Bane (1967) es un relato de fantasmas no especialmente destacable, que parece inspirado por Poe. El atormentado protagonista se enfrenta en su Irlanda natal al fantasma de un forajido (rival de su familia), y es ayudado por el fantasma de su hermana.

También tiene importancia la ambientación irlandesa en The Cairn on the Headland (ene – 1933), que aprovecha elementos del relato (no pulicado en vida de Howard) The Grey God Passes, relacionados con la Batalla de Clontarf (1014). La historia gira alrededor de un túmulo del que se libera una poderosa entidad, ahuyentada con un crucifijo que es entregado al protagonista por una aparición más benéfica. Con elementos de horror cósmico y "memoria racial" (otro de los elementos habituales en Howard), resulta una interesante y efectiva mezcla.

En The Noseless Horror (1970) se mezclan el misterio de "habitación cerrada" con elementos de Weird Menace para dar lugar a una trama previsible a la vez que poco creíble. Lo más interesante es la naturaleza de la extraña momia que aparece en el relato.

Casonetto’s Last Song (1973) es un breve relato que casi parece adelantado a su tiempo, por el uso que hace de los elementos tecnológicos (en este caso, un disco de fonógrafo) para emplear elementos sobrenaturales (una maldición).

Golnar the Ape (1985) es un breve fragmento que describe un extraño personaje, capaz de "ver dos mundos" a la vez, y casi parece relacionado con las criaturas que aparecen en algunos relatos de Machen y su siniestra versión de los cuentos de hadas y leyendas populares.

Faring Town


Estos relatos casi podrían incluirse en el grupo anterior, pero el hecho de estar ambientados en el mismo lugar, una pequeña ciudad costera llamada Faring Town, les da cierta categoría individual. Se trata de relatos de ambiente marinero (del estilo de los popularizados por W.H. Hodgson), a mitad de camino entre la leyenda popular y el terror más absoluto.

Sea Curse (may – 1928) es una historia bastante típica de este tipo de ambientación, en la que los asesinos y violadores de una joven son maldecidos. Su mejor momento es hacia el final, con la aparición de un barco con una inquietante tripulación.

En Out of the Deep (1967) un cadáver devuelto por el mar se convierte en un "habitante del mar" polimórfico, que casi es presentado como una encarnación del propio océano como ser monstruoso y terrorífico.

Hablando con propiedad, en ningún momento se dice donde transcurre Restless Waters (1974), pero por su tipo esta historia está emparentada sin duda con los relatos de marineros de Faring Town. El relato es correcto pero más que previsible, con su aparición que vuelve de la muerte para vengarse de su asesino.

Hijos de la Oscuridad


Aunque no puede decirse que este tipo de relatos fuera inventado por Howard (la influencia de Arthur Machen es evidente y confesa), lo cierto es que los empleo en buena parte de su universo terrorífico y fantástico. La base de estos relatos es la existencia (en principio, en las islas británicas) de un pueblo semi–humano, de características degradadas y monstruosas. De estos seres procederían las leyendas humanas de duendes, trolls y criaturas de la oscuridad similares, que ocultarían una realidad aún más siniestra y terrorífica. Es posible que en origen estas criaturas fueran no muy distintas de los seres humanos, pero han llegado a nuestros días como atavismos horrorosos y degenerados.

The Little People (1970) es posiblemente el primer relato en que Howard hace uso de lo que aquí llama el "pueblo pequeño". La referencia a Arthur Machen es indudable, siendo uno de sus relatos el iniciador de la historia. Por desgracia, no nos ha llegado el relato completo y hay una hoja perdida (que parece contener una conversación entre los protagonistas y un sueño en que aparece un druida). El final mezcla la acción con la intervención de un deus ex machina, y en realidad el relato es más interesante por su relevancia dentro de la obra de Howard que por su valor narrativo.

En People of the Dark (jun – 1932) se mezclan conceptos de la ya mencionada "memoria racial" con los "hijos de la noche". La parte de los recuerdos del pasado es compartida por el trío protagonista. Esto le da cierto tono poético a un relato que, por otra parte, no carece de acción. El protagonista principal evoluciona al cumplir con su destino, pasando de asesino a salvador.

Aunque tenga lugar propio como parte de la saga de Bran Mak Morn, es imprescindible hablar del que es uno de los mejores relatos de Robert E. Howard: Worms of the Earth (nov – 1932). En esta historia, el horror tiene dos partes complementarias. Por un lado, los propios "gusanos de la tierra", aunque permanecen casi siempre en las sombras (o quizá precisamente por eso), pocas veces son más aterradores que en este relato. Por otra parte, igual de terrorífica es la condenación del protagonista, capaz de pactar con las fuerzas de la oscuridad para acabar con sus enemigos, sólo para darse cuenta entonces de lo que ha hecho, de a qué extremos ha sido capaz de llegar. Nada que ver con otros relatos en los que el protagonista acaba saliendo victorioso: Bran consigue lo que quería, pero el precio pagado ha sido su alma. Como curiosidad, la Piedra Negra que tiene un importante papel en la historia es nombrada en People of the Dark, y el relato además menciona elementos propios de los Mitos de Cthulhu.

The Valley of the Lost (1967) empieza como un western, hasta que el protagonista se interna en una cueva de oscura reputación, en la que encuentra una nueva versión de la "antigua gente". En este caso, las criaturas (definitivamente reptilodes) son presentadas como menos siniestras, pero más alienígenas que en otras ocasiones. Las criaturas incluso se toman la molestia de enseñar mentalmente su historia al protagonista (lo que quizá sea influencia de relatos similares de Lovecraft). De nuevo, el final no puede considerarse precisamente un final feliz.

The Dwellers Under the Tomb (1976) probablemente muestre ya los últimos "coletazos" del interés de Howard por este tema, y el horror que provoca está confundido con una retorcida trama propia de la Weird Menace

Cultos sin Nombre: Howard y los Mitos de Cthulhu


Una importante influencia en los relatos de terror escritos por Howard es su contemporáneo H.P. Lovecraft, de cuyo círculo de corresponsales formaría parte. Lovecraft introdujo al escritor tejano en los "secretos" de los Mitos de Cthulhu, es decir, el conjunto de dioses abominables y libros arcanos con que aderezaba el de Providence sus terroríficas historias para hacer creer que compartían un universo común y, en cierto modo, darles más realismo. Por supuesto, los Mitos de Cthulhu (calificativo que ha perdurado, a pesar de que Lovecraft nunca los bautizó) son algo más que eso, compartiendo ciertos elementos temáticos adicionales, aunque sin llegar a ser la mitología coherente y estructurada que presentan Derleth y sus seguidores.

Así, Howard empezó a incluir en algunos de sus relatos menciones a todo tipo de primigenias deidades y obscenos grimorios, haciéndoles entrar así en el amplio universo de la mitología lovecraftiana, aunque sin dejar de lado su mundo personal. Sin duda, su principal aportación al universo Cthulhuideo es un libro, el Nameless Cults escrito por un alemán loco llamado Von Juntz y descrito (en sus diversas ediciones) con precisión de bibliotecario. En cierto modo, este Cultos Innombrables desempeña el mismo papel en la obra de Howard que el Necronomicon en la de Lovecraft.

Como curiosidad, existe un fragmento en el que Howard vincula su Edad Hiboria (el mundo en que vive Conan) con los Mitos de Cthulhu, diciendo que esa época es mencionada en el Nameless Cults. Por supuesto, esto no debería interpretarse en ningún caso como que los relatos de Conan pueden ser leídos como parte de los Mitos de Cthulhu.

En The Children of the Night (may – 1931) Howard incluso alaba expresamente al relato La Llamada de Cthulhu. Se trata de un relato con acción y fuerza, aunque en ocasiones la mezcla de elementos habituales en Howard resulta un poco excesiva: odios raciales, Mitos de Cthulhu, atavismos pre–humanos, Bran Mak Morn, memoria racial... Como en otros de sus relatos, el terror lo provoca sobre todo la persistencia de un atavismo en nuestros días, aunque también (en menor medida) el fanatismo que invade al protagonista tras la revelación que tiene.

The Black Stone (nov – 1931) es uno de los mejores relatos de Howard, y también uno de los mejores relatos de los Mitos de Cthulhu (sin importar su autor). Tiene una parte que parece casi una investigación periodística, y que lo dota de un falso realismo que hace más impresionante la parte más fantasiosa. Además de los habituales atavismos raciales, Howard introduce aquí elementos de horror cósmico, al insistir en que el hombre ni domina el planeta ni es su primer habitante. Por otra parte, el relato incluye vívidas escenas de un ritual para el que todos los adjetivos se quedan cortos: brutal, impío, bestial, perverso...

The House (2003) es un fragmento de relato (sería finalizado por August Derleth) que trata acerca del pasado del poeta loco Justion Geoffrey, que tiene un importante papel en The Black Stone. Por desgracia, Howard se detuvo justo cuando empezaba la parte más interesante.

The Thing on the Roof (feb – 1932) tiene componentes similares a The Black Stone, pero le falta su fuerza, quizá porque la implicación del narrador (y, por lo tanto, del lector) sea menor. Aún así, es un correcto relato dentro de este género, que trata de un antiguo dios liberado del templo en que estaba atrapado.

The Hoofed Thing (1970) comienza con un tono muy ligero, casi humorístico, que luego se va convirtiendo en una mezcla de Weird Menace y relato lovecraftiano (con una mención del Nameless Cults bastante traída por los pelos) acerca de una criatura procedente de otra dimensión que debe ser convenientemente alimentada. Quizá lo más curioso sea ver como el protagonista, lejos de asustarse, se enfrenta al ente espada en mano.

The Fire of Asshurbanipal (dic – 1936) es un entretenido relato de aventuras, acerca de la búsqueda de una ciudad perdida en el desierto. Existe una primera versión de este relato sin elementos sobrenaturales, pero la que acabó publicándose en Weird Tales es esta, a la que se le añadieron elementos propios de los Mitos de Cthulhu: libros arcanos, dioses remotos y una pizca de horror cósmico. Aún así, sigue siendo más una historia de aventuras que de terror.

The People of the Black Coast (1969) es un breve relato no muy logrado, pero con algunos elementos de horror cósmico, y ambientado en una isla que parece una versión menos extraña de la R'lyeh lovecraftiana.

Es interesante señalar la participación de Howard en el relato The Challenge from Beyond (sep – 1935). Se trata de un relato escrito en round–robin (por turnos, cada autor continúa el relato de sus predecesores) en el que participaron C.L. Moore, Abraham Merritt, H.P. Lovecraft, R.E. Howard y Frank Belknap Long. La idea y los nombres asociados son interesantes, pero el desarrollo no lo es tanto: Lovecraft es quien determina la orientación del relato, pero no es demasiado original.

John Kirowan y sus compañeros


A la hora de categorizar los textos de Howard, existe cierta tendencia a agrupar varios de sus relatos (siete u ocho) como protagonizados por John Kirowan (o, peor aún, por Conrad y Kirowan), como si se tratara de una especie de detective (o pareja de investigadores) con afición a los casos sobrenaturales. Sin embargo, hay pocas evidencias para pensar que estos relatos estén protagonizados realmente por los mismos personajes.

A favor de la existencia de unos personajes comunes en estos relatos aparece la obvia coincidencia de apellidos, aunque no puede olvidarse la costumbre de Howard de reciclar los nombres de sus personajes para historias totalmente distintas (aunque aún hay quien piense que el protagonista de Skull-Face es el mismo Costigan que protagoniza sus relatos humorísticos de boxeo). Por otro lado, existen algunas menciones comunes al Yucatán y a Hungría, que pueden fácilmente considerarse simples referencias a lugares "exóticos".

En contra de que los protagonistas sean los mismos, los elementos a considerar parecen más sólidos. Una vez desmontados los argumentos de los apellidos y el pasado exótico, es importante considerar el nombre de pila del personaje. Los partidarios de la existencia de "Conrad y Kirowan" suelen incluir el relato Dermod’s Bane en esta categoría, olvidando que el protagonista se llama Michael, mientras que el Kirowan de otro relato es llamado John o, simplemente, Profesor. Pero, aún asumiendo la posible existencia de un Profesor John Kirowan, la presencia de un compañero llamado Conrad es aún más dudosa. El recurso de la pareja de protagonistas aparece en muchos relatos (con o sin Kirowan), ya que permite al narrador establecer un diálogo que resulta más informativo para el lector. Sin embargo, este compañero aparece nombreado como Conrad, como John Conrad (como el personaje del relato The Voice of El-Lil, y como James Conrad. Por no hablar de las veces en que el compañero de Kirowan tiene un nombre totalmente distinto.

En todo caso, el mejor argumento para limitar el protagonismo de Kirowan parece puramente literario. No parece creíble, o minimiza su capacidad terrorífica, el hecho de que un personaje supere sin secuelas de ningún tipo las terribles experiencias de algunos de estos relatos y aparezca, como si nada, en otro relato para enfrentarse a una nueva amenaza sobrenatural. Esto es especialmente difícil de aceptar en casos como The Black Stone, cuyo anónimo protagonista es a veces identificado con John Kirowan. Resulta más aceptable en algunos casos en los que la presencia de Kirowan (o Conrad) es más testimonial que otra cosa, como sucede en The Children of the Night, donde los verdaderos protagonistas son otros (este relato además es todo un muestrario de apellidos más o menos comunes en la obra de Howard).

Así, estos son los relatos que suelen agruparse en esta categoría (junto a las razones por las que esto no es adecuado):


  • The Black Stone: el protagonista es anónimo, y los efectos del relato dificultan que sea creíble como John Kirowan.
  • The Children of the Night: aparecen (pero no protagonizan) el Profesor Kirowan y Conrad.
  • Dermod's Bane: el protagonista se llama Michael Kirowan.
  • Dig Me No Grave: los protagonistas son Kirowan y John Conrad.
  • The Dwellers Under the Tomb: el protagonista es John Conrad, Kirowan no aparece.
  • The Haunter of the Ring: el protagonista es John Kirowan, pero su compañero no es Conrad.
  • The House: los protagonistas de este fragmento (relacionado con The Black Stone son Kirowan y James Conrad.
  • The Voice of El-Lil: este relato de aventuras fantásticas está protagonizado por un personaje llamado John Conrad.

En resumen, toda esta demostración casi matemática deja sólo un par de relatos que agrupar de manera adecuada como relatos de "Conrad y Kirowan" (y en uno de ellos, Conrad no aparece...).

The Haunter of the Ring (jun – 1934) es un buen relato, aunque algo melodramático, en el que se menciona el anillo de Thoth–Amon (personaje y objeto que aparecen en The Phoenix on the Sword), pero se trata de una referencia a lo "Mitos de Cthulhu", sin más relación con el universo de Conan.

En Dig Me No Grave (feb – 1937) también es relato correcto, en el que se trata del pacto diabólico de un siniestro ocultista. Algunas referencias a Yog – Sothoth y a Kathulos (el hechicero de Skull–Face) lo relacionan parcialmente con los Mitos de Cthulhu.

Extraño Sudoeste


Como parte de su interés por su tierra natal, existe cierto número de relatos de terror ambientados en el sudoeste de Estados Unidos, en los que la representación de la región en que transcurre la acción es inseparable de la historia en sí. Incluso podría decirse que Howard fue uno de los precursores o pioneros del sub–género al que se suele llamar Weird Western, caracterizado por mezclar elementos fantásticos con el western. Aunque no todas las historias de esta categoría sucedan en la época del Salvaje Oeste, no por ello dejan de aparecer en ellos elementos propios del western. Por otro lado, no son estos los únicos relatos en los que aparece representado este género genuinamente americano, como demuestra The Valley of the Lost, que pasa del relato de pistoleros y rivalidades tejanas al horror cósmico con toques lovecraftianos.

The Shadow of the Beast (1977) presenta una idea original en la naturaleza del fantasma que puebla su caso encantada, pero poco más. Es un relato de típica ambientación sureña con el racismo implícito que ello conlleva: no hay que olvida la época en que están escritos estos relatos y la sociedad que presentan.

El mayor interés de The Horror from the Mound (may – 1932) es su inusual ambientación para el tratamiento de un tema clásico (en este caso, se trata de un vampiro de la época de los conquistadores españoles). Aparecen aquí el interés de Howard por su tierra y por su historia.

The Man on the Ground (jul – 1933) es una breve historia acerca de la rivalidad entre dos personas (los típicos "feudos" que aparecen en muchos de sus westerns), pero con un final con toque sobrenatural (más que puramente terrorífico).

También Old Garfield’s Heart (dic – 1933) es un relato más sobrenatural que de horror, de ambientación contemporánea pero que se remite a la época del salvaje Oeste. La historia es la de un anciano que vive gracias a un corazón de extraño origen.

Kelly the Conjure Man (1964) es una breve semblanza/artículo de un personaje cuyo origen probablemente esté en alguna leyenda local. Su mayor interés está en verlo como prólogo e influencia en Black Canaan.

Black Canaan (jun – 1936), a pesar de su contexto claramente racista, es un buen relato. Aunque trata de una revuelta de negros contra blancos, merece la pena notar que el brujo instigador (y su seductora cómplice) no son retratados negativamente ni mediante estereotipos raciales. Especialmente llamativo es el retrato de la atracción del protagonista por la Novia de Damballah que surge de forma natural y con el encanto de lo prohibido, aunque luego se refuerce mágicamente.

The Dead Remember (ago – 1936) puede verse casi como un reflejo del anterior. En esta historia de venganza más allá de la muerte, los "buenos" (aunque empleen brujería y medios sobrenaturales) son los negros asesinados por un despreciable blanco (que recibe su merecido). Además, muestra la particularidad de componer su narrativa mediante cartas, documentos y testimonios diversos.

Sin duda, el mejor relato de esta categoría es el terrorífico Pigeons From Hell (may – 1938), considerado también como uno de los mejores relatos de terror de Howard. La ambientación sureña está acompañada de logrados elementos macabros dentro de una casa encantada, a los que se añaden las leyendas del vudú e incluso la creación de un monstruo original. Se trata de la zuvembie, una especie de zombie femenino con poderes brujeriles que emplea en esta clásica historia de venganza más allá de la tumba.

Howard y el Horror


Injustamente oscurecida por sus propias creaciones, así como por la obra de sus contemporáneos, la obra terrorífica de Robert E. Howard puede llegar a pasar desapercibida para el lector casual. Al fin y al cabo, Howard no es un autor al que se suela mencionar cuando se habla de la literatura de terror (ni siquiere si nos limitamos a lo que se suele denigrar como "literatura popular"). Sin embargo, a poco que se conozca su obra, es fácil notar que los elementos terroríficos no suelen estar muy lejos de casi todo lo que escribía el tejano, y esto es especialmente notable en aquellos relatos centrados directamente en el horror. Howard no puede ser considerado un innovador del género (como H.P. Lovecraft), pero alguien capaz de escribir Worms of the Earth, The Black Stone o Pigeons From Hell debería ser considerado al menos como uno de sus autores destacados.