Los Inmortales: Sólo Puede Quedar Uno

1986 fue un año muy bueno. Madonna publicó su True Blue. La Unión Soviética lanzó la estación espacial Mir. Y España entró en la Comunidad Europea. Además, también fue el año del estreno de Los Inmortales.

Los Inmortales

No puede negarse que esta es una película con un inicio impactante. Dos hombres se encuentran en los aparcamientos del Madison Square Garden. Uno de ellos saca una espada española de su abrigo, a lo que el otro responde extrayendo una katana de debajo de su gabardina. Ambos empiezan a combatir como expertos espadachines. Finalmente, uno de ellos decapita al otro, y una especie de descarga de energía invade el aparcamiento. Sin duda, esto no ha sido una simple disputa por drogas.

El responsable de Los Inmortales es el director australiano Russell Mulcahy, procedente del mundo de los vídeo–clips (debutó con Video Killed the Radio Star, el primer vídeo musical que se emitió en la MTV). Este fue su segundo largometraje, y probablemente no llegué a superar el éxito que consiguió con él, ya que los títulos más destacados de su carrera son películas como La Sombra o Resurrección, y últimamente se dedica a la televisión (aunque tiene por estrenar la tercera parte de la serie Resident Evil). El responsable de la historia es el guionista Gregory Widen, que no ha hecho mucho más a lo largo de su carrera. Quizá lo más destacable haya sido la creación de otra serie de género fantástico, la iniciada con la película Ángeles y Demonios (que también dirigió), y describe un enfrentamiento entre el cielo y el infierno.

El protagonista de la película es el actor Christopher Lambert, en el papel del Escocés Connor MacLeod. Al igual que Mulcahy, no ha hecho nada más destacable, y en su historial figuran fracasos como Beowulf o Druidas, además de la ya mencionada Resurrección. Le acompaña en el reparto nada menos que Sean Connery, como su mentor Juan Sánchez Villa–Lobos Ramírez. El malo de la película, el Kurgan, está interpretado por Clancy Brown, a quien hemos podido ver en Cadena Perpetua o Perdidos, pero que se ha dedicado sobre todo a doblar personajes para series y películas de animación. La chica (Brenda Wyatt) está interpretada por otra actriz televisiva: Roxanne Hart.

La película nos cuenta la historia de Connor MacLeod, que en la Nueva York moderna se hace llamar Russell Nash y se dedica a las antigüedades, a lo largo de una doble trama. Por una parte, vemos como es investigado por la policía en la actualidad mientras se prepara para su enfrentamiento final con el Kurgan. Por otra parte, una serie de flashbacks nos hablan de sus orígenes en las Tierras Altas (los Highlands) de Escocia durante el siglo XVI.

Así, y gracias a Ramírez, averiguamos que Connor es un Inmortal, el último de una serie de personas en desarrollar esa “habilidad” al recibir una herida mortal (ocasionada por el Kurgan). No se nos explica mucho más (el propio Ramírez no parece tener las respuestas). Sólo sabemos que llegará un momento que estos Inmortales se verán empujados a enfrentarse unos con otros en duelo singular a espada, hasta que uno decapite al otro (pues esa es la única forma por la que puede morir un Inmortal). Finalmente, y como dice la mítica frase de la película, tras todos estos combates, Sólo puede quedar uno, un Inmortal que se llevará lo que se conoce como “El Premio”.

Mientras tanto, en la Nueva York actual se acerca el momento del final de ese Juego que tienen que practicar los Inmortales, y el Kurgan, el Inmortal más fuerte de todos, se prepara para enfrentarse a MacLeod. Por su parte, la identidad de MacLeod peligra por la investigación de Branda Wyatt, una forense que investiga los asesinatos por decapitación. Como no podía ser de otra forma, acaban enamorándose, aunque MacLeod se muestra reticente al recordar la pérdida de su primera esposa, muerta de vieja mientras él se mantenía joven.

Russell Mulcahy rueda las dos partes de la película de forma bastante distinta. La parte escocesa está filmada de una forma más tradicional, aprovechando los hermosos paisajes de las Tierras Altas para mostrar amplias y épicas panorámicas. Por otro lado, la parte actual está contemplada de una forma que podríamos llamar más esteticista, recordando (salvando las distancias) al Ridley Scott de películas como Blade Runner o Black Rain. El director hace uso de elementos como humo y agua para filtrar la luz (en ocasiones procedente de chispas y similares) y dar determinada textura, rueda muchas escenas a contraluz y emplea encuadres y posiciones de cámara poco habituales (abundan los planos picados y contrapicados).

Gran parte del éxito de la película se vio impulsado por el de su banda sonora. Michael Kamen hace un buen trabajo en la parte orquestal, pero lo que se recuerda del apartado musical son sin duda las canciones de Queen. Se trata de unos temas que reflejan a la perfección lo que se está mostrando en pantalla (como el inolvidable Who Wants to Live Forever), y que no están como simple relleno. Nada menos que 6 temas de los 9 del disco A Kind of Magic suenan durante la película (incluyendo los carteles iniciales y los de crédito), además de Hammer to Fall y una versión nunca publicada de New York, New York.

Los duelos a espada de la película fueron dirigidos por Bob Anderson, una leyenda dentro de su oficio (trabajó con Errol Flynn), que ha trabajado como especialista o experto en esgrima en las sagas de Star Wars y El Señor de los Anillos, o en La Princesa Prometida, así como en la reciente superproducción española Alatriste. Anderson también trabajaría en la serie de televisión de Los Inmortales.

El duelo final entre Connor MacLeod y el Kurgan, entre el Bien y el Mal, acaba de la manera esperada, y es MacLeod quien se queda con El Premio. Con las últimas palabras que le oímos en la película, el Escocés nos revela que ahora es mortal (y puede tener hijos) y que tiene un poder telepático que le permite entrar en las mentes de la gente, por lo que puede influir en las acciones de los poderosos para crear un mundo mejor.

Está claro que Los Inmortales nunca fue un éxito ni de crítica ni de público, aunque alcanzó cierta posición como película de culto a través del mercado doméstico. Aún así, algo debe haber para que esta fantasía urbana siga de una cierta actualidad 20 años después. ¿Las claves de ese éxito? Es difícil decirlo, pero quizá la principal sea la traslación de algo tan primitivo y medieval como los duelos a espada a un entorno y una estética contemporáneos (banda sonora incluída), con una historia con acción y romanticismo a partes iguales, y unas buenas interpretaciones de un Lambert (que nunca ha sido un gran actor) al que el papel le queda perfecto y un Sean Connery que viviría un renacimiento de su carrera tras esta película. En el fondo, Los Inmortales no es una gran película ni una obra maestra, ni parece que nunca lo pretendiera. Lo que sí que resulta la película es un digno entretenimiento capaz de crear una mitología propia más o menos original.

Los Inmortales II: El Desafío

En 1991 se estrena esta secuela, dirigida de nuevo por Russell Mulcahy. Al parecer no faltaron los problemas durante su producción: Lambert estuvo a punto de abandonar el proyecto, y Mulcahy padeció múltiples interferencias por parte de los productores. El director quedó tan descontento con el resultado final que se salió del cine a los 15 minutos en el estreno. No sería el único descontento: ni los mayores fans de la serie tienen algo bueno que decir de esta secuela.

A lo que en la primera película era misterio, en esta secuela se le quiere dar una explicación. Por si fuera poco, es una justificación más bien endeble y poco coherente con lo visto en Los Inmortales. Según la película, los Inmortales son alienígenas del planeta Zeist, exiliados por su tiránico gobernante Katana, a los que El Premio les permitirá volver a su planeta natal. La magia de la primera película se ha transformado aquí en una incongruente y débil explicación que quiere llevar a la película hacia la ciencia ficción.

El reparto vuelve a estar encabezado por Christopher Lambert y por Sean Connery, cuyo regreso en esta secuela es otra incongruencia más, acompañada del uso de su personaje para interpretar unos burdos gags cómicos del estilo de Los Visitantes. El malo, Katana, es interpretado por un habitual en este tipo de papeles: Michael Ironside (Desafío Total). El interés romántico (en este caso, bastante débil) de MacLeod es la atractiva Virgina Madsen (Dune, Candyman), en el papel de una eco–guerrillera llamada Louise Marcus.

La historia está ambientada en el año 2024. La Tierra está cubierta en oscuridad por un escudo protector creado por científicos (con la ayuda y apoyo de MacLeod) para protegerla de la destrucción de la capa de ozono. La trama gira precisamente alrededor de una intriga económico–ecológica relacionada con el escudo, ya que Louise pide ayuda a un envejecido Connor para luchar contra la compañía que lo controla. Por otra parte, Katana decide (no se sabe muy bien el motivo…) atacar a MacLeod, primero por medio de unos esbirros y luego directamente. MacLeod acaba con los esbirros, rejuvenece y recupera la inmortalidad, Ramírez vuelve, y la historia ya abandona cualquier intento de coherencia con la primera película.

El estilo cinematográfico de la película es similar al de la primera, aunque algo más moderado, y todo parece más oscuro, ya que se nos quiere mostrar un mundo futuro más decadente. Por otra parte, los únicos flashbacks de la película se usan para mostrarnos el origen alienígena de los personajes. La banda sonora es un trabajo orquestal de Stewart Copeland (miembro de The Police), y no llama la atención en absoluto. Por otra parte, los duelos son escasos e insípidos, a lo que también ayuda bastante la falta de implicación emocional con los personajes.

Como curiosidad, hay que comentar que Russell Mulcahy hizo un montaje alternativo, conocido como The Renegade Version. Esta versión cambia totalmente el origen de los Inmortales, convirtiéndolos en personas de un pasado lejano, expulsadas al futuro por unos sacerdotes para que no se ganara El Premio en su época. Al menos, es mejor que lo de los alienígenas exiliados…

En general, puede decirse que Los Inmortales II: El Desafío debe estar considerada como una de las peores secuelas de todos los tiempos. El brusco cambio de género hace que casi no parezca una película de Los Inmortales. Por si fuera poco, el guión es francamente flojo e incoherente: el absurdo regreso de Ramírez y la desconocida motivación de Katana (personaje que, por otra parte, parece una versión más bajita del Kurgan) son sólo los ejemplos más claros de incongruencia.

Los Inmortales: la Serie de Televisión

De 1992 a 1998 se emitió la serie de televisión Los Inmortales, con un total de 119 episodios. Una vez más, se introducen cambios en la cronología interna de la saga de los Inmortales. Ahora, la muerte del Kurgan a manos de Connor MacLeod (que tampoco es el último en “despertar” a la inmortalidad) es simplemente un duelo más del Juego, y Connor no ha ganado El Premio. Dejando aparte estos cambios, el formato televisivo permite desarrollar una mitología interna propia, con diferencias respecto a las películas, pero con una cierta coherencia interna.

El protagonista de la serie era Duncan MacLeod, un pariente de Connor interpretado por Adrian Paul que, en realidad, podría haber sido perfectamente el propio Connor (y yo no descartaría que en principio la serie estuviera planteada con Adrian Paul haciendo de Connor…), dado todo lo que tienen en común. Además del lazo familiar, ambos trabajan como anticuarios y luchan con una katana.

Aunque la serie tenía episodios del estilo de El Inmortal del capítulo de hoy es…, también tenía una serie de personajes y situaciones recurrentes, como Methos (el inmortal más viejo de todos), Amanda (una ladrona que tendría su propia serie, Highlander: The Raven, que duró una temporada), y los Observadores (un grupo de humanos que vigila a los Inmortales).

En general, la serie era un producto decente, presentando otra realidad alternativa más a la primera película, pero con más coherencia que las secuelas cinematográficas. Para ello se hizo lo que en el mundo del comic se conoce como retconning (o continuidad retroactiva), es decir, el cambio de hechos supuestamente establecidos en la historia del mundo de ficción. A partir de la serie también se publicaron varias novelas ambientadas en el mundo de los Inmortales.

Habría que mencionar también que ha habido una versión animada de Los Inmortales (1994– 1995; 40 episodios), ambientada en un futuro lejano y protagonizada por Quentin MacLeod (y con la presencia de Ramírez). Y en 2007 está previsto el estreno de un largometraje de animación japonesa (Highlander: The Search for Vengeance) protagonizado por Colin MacLeod. Hay que tener en cuenta que el hecho de que todos los derivados estén protagonizados por miembros del clan MacLeod es una limitación impuesta por el título original de la saga: Highlander (es decir, habitante de las Tierras Altas). De ahí que todos los protagonistas de alguna variante de Los Inmortales sean escoceses del clan MacLeod.

Los Inmortales III: El Hechicero

Probablemente inspirado por el moderado éxito de la versión televisiva a principios de los 90, 1994 ve el estreno de esta tercera parte de la serie. Esta película ignora totalmente lo ocurrido en la segunda parte de la serie, y no sólo porque esté ambientada en 1994, sino porque directamente contradice elementos mostrados en dicha secuela. La política oficial parece ser ignorar totalmente Los Inmortales II: El Desafío, pues la serie de televisión también desdeña lo sucedido en ella. Lo cierto es que es poco probable que alguien se queje al respecto.

Está es la primera película de las dos que ha dirigido el director Andrew Morahan, dedicado también al mundo del vídeo – clip (suya es la “trilogía” formada por los tres vídeos de Guns N’ Roses: Don’t Cry, November Rain y Estranged). Su estilo es bastante similar al de Mulcahy en las películas anteriores, también bastante esteticista, aunque añade un uso puntual de la cámara lenta que el australiano no empleaba.

Al habitual Lambert se une en el reparto el japonés Mako (Conan el Bárbaro), como Nakano, antiguo maestro japonés de Ramírez y también maestro de MacLeod. La chica de la película es Deborah Kara Unger (Silent Hill), como la arqueóloga Alex Johnson. El Inmortal malvado esta vez es Mario Van Peebles (El Sargento de Hierro), en el papel de Kane (otra copia más del Kurgan de la primera película).

La historia de la película (así como sus personajes) viene a ser más o menos la misma de la primera. En el pasado, Nakano encerró a Kane (y otros dos Inmortales) en su cueva para evitar que siguiera haciendo el mal. En la actualidad, un equipo de arqueólogos abre dicha cueva y Kane queda libre, con lo que va a buscar a MacLeod para cortarle la cabeza. MacLeod vuelve a Nueva York y vuelve a ser investigado por la policía a causa de un cuerpo que aparece decapitado. La Dra. Johnson es la mujer cuyas investigaciones le llevan a MacLeod, y este no puede evitar enamorarse de ella (además de que es idéntica a la mujer a la que amó durante la Revolución Francesa…). Kane, con la ayuda de su poder para crear ilusiones, forma algo de caos y destrucción en la ciudad, hasta forzar finalmente a MacLeod a enfrentarse a él en una fundición (final que recuerda mucho a Terminator 2 (1991)). Es decir, el mismo esqueleto narrativo que en Los Inmortales.

La banda sonora es un insípido trabajo de un compositor televisivo llamado Peter Robinson, acompañado por algunas canciones de Loreena McKennitt, que dan el perfecto toque celta a las escenas de MacLeod en Escocia. Los duelos a espada no están a la altura de los de la primera película, pero son correctos, dando una leve presencia al uso de las artes marciales (toda la película tiene un cierto “toque japonés”).

Esta tercera película es una de esas típicas secuelas flojas que, en realidad, no aportan nada. Pero al menos parece formar parte de la misma serie de películas y no resulta ofensiva, que es más de lo que se puede decir de Los Inmortales II: El Desafío. En realidad, esta película lo que sí que aporta es algo menos de coherencia interna a la saga como tal. Si Kane estaba vivo, MacLeod no podía haber ganado El Premio (como nos dice al final de la primera película), y sólo lo gana al derrotarle en ésta. Esta historia hubiera funcionado mejor situada cronológicamente antes de la primera película, como una aventura más de MacLeod antes de su enfrentamiento final con el Kurgan. Pero claro, en 1994 aún no se había popularizado el concepto de “precuela”.

Los Inmortales: Juego Final

Esta nueva película (ya sin un número en el título) se presenta en 2000 como una continuación de la serie de televisión de Los Inmortales. Así, se ignora totalmente lo establecido en las tres películas anteriores y se toma como canon lo sucedido en la serie de televisión. Teniendo en cuenta que es un intento de revitalizar la franquicia con Adrian Paul como protagonista (ya que a Christopher Lambert ya se le nota mucho el paso del tiempo), es comprensible que se adopte esta decisión. Sin embargo, para el espectador casual que no conoce la serie, es una vez más una confusa secuela que parece no tener nada que ver con las películas a las que se supone que continúa.

La película nos cuenta que en 1990 (en las versiones en DVD esto se cambiaría a 1992 para que fuera realmente coherente con la serie de TV) Connor MacLeod desaparece, internándose en un santuario, cansado de ver morir a sus seres queridos. En la actualidad, un Inmortal renegado llamado Jacob Kell (acompañado de otros como él), que no sigue las normas del Juego, ataca el santuario y Connor desaparece de nuevo. Su pariente y aprendiz, Duncan MacLeod empieza a investigar lo sucedido.

Como elemento más o menos original, hay que reconocerle a la película el hecho de que el Inmortal malvado de turno no es una nueva copia del Kurgan. Jacob Kell, interpretado por Bruce Payne (Dragones y Mazmorras), es un personaje más frío, impulsado por sus retorcidos planes de venganza hacia Connor, basados en acabar con todas las personas que le importan. Por otra parte, la película hace uso de personajes y elementos de la serie televisiva, que resultan un poco débiles como subtramas en la película, como son Methos, Dawson y los Observadores.

El verdadero protagonista de la película es Duncan MacLeod, al que Connor / Lambert le pasa el testigo de la saga en más de un sentido. Los habituales flashbacks nos muestran por una parte la relación entre Connor y Duncan como maestro y aprendiz, y por otra se centran en la subtrama romántica protagonizada por Duncan y una Inmortal llamada Kate, interpretada por Lisa Barbuscia (El Diario de Bridget Jones). La relación entre ambos es bastante tensa, con elementos que parecen sacados de una novela de Anne Rice, y no ayuda mucho el hecho de que Kate esté en el grupo de Kell.

Es la única película de su director, Douglas Aarniokoski, más habituado a trabajar como ayudante de dirección. Su trabajo es correcto y coherente con la estilización de las otras películas, aunque parece tener cierta influencia del cine de acción oriental en las secuencias de lucha. Esto también se ve reflejado en los duelos, con mayor presencia de las artes marciales, debido sobre todo a la experiencia de Adrian Paul en este campo. A veces esto queda bastante fuera de luegar, como el combate sin armas que tiene Duncan con el personaje de Donnie Yen (Hero, Blade II), que también trabaja como coreógrafo.

Los Inmortales: Juego Final no puede considerarse dentro del mismo universo que las películas protagonizadas por Connor MacLeod (que, por otra parte, parecen transcurrir cada una en su propia continuidad). Es como un episodio más de la serie televisiva; de hecho, a pesar de los medios y las localizaciones, tiene un aire a producto para televisión o vídeo–club bastante evidente (el presupuesto es el mismo que el de Los Inmortales, hecha 15 años antes). Hasta la banda sonora (bastante apropiada, eso sí) es obra de Stephen Graziano, un compositor procedente de la televisión. Así, lo mejor es considerarla como un capítulo de doble duración de la serie televisiva. De todas maneras, al tratarse de un producto a mitad de camino entre el cine y la televisión, se queda corto en ambos ámbitos: para los que conozcan la serie los elementos de la trama televisiva aparecen de forma muy básica, y para los que no la conozcan son un añadido totalmente prescindible y que, como mucho, aporta desconcierto.

Los Inmortales: El Origen

El año 2006 ha visto el regreso de los Inmortales en dos medios distintos. Por una parte tenemos la publicación de un comic, protagonizado por Connor MacLeod y ambientado tras la primera película (y siguiendo la continuidad establecida por la serie de TV). Por otro lado, esta la producción de Highlander: The Source, cuyo estreno estaba previsto incialmente para 2006 (y que se anunciaba como la primera película de una trilogía), pero que ahora mismo no está muy claro cuando llegará a los cines (si llega…). La película ha sido publicada directamente en DVD en Rusia, mientras que los productores afirman que ese no es el montaje definitivo, y que este se estrenará a finales de 2007.

El director es Brett Leonard (El Cortador de Cesped, Virtuosity), cuyos antecedentes hacen que no sorprenda el look de videojuego que tiene buena parte de la película. Los acelerones (especialmente irritantes y ridículos durante los combates) y el montaje a saltos, acompañan a otros recursos de cine de terror. La fotografía hace que los días sean pálidos y las noches anaranjadas. En general, hay que reconocer que el director le ha dado un nuevo estilo propio a la serie: otra cosa es que ese estilo funcione.

La historia es la de un grupo de Inmortales en un caótico futuro cercano, entre los que está Duncan MacLeod (y una antigua esposa mortal, que no se sabe muy bien que pinta con ellos), que buscan el mítico Origen, el lugar de donde se dice que proceden los Inmortales. Este Origen reaparecerá en tiempos difíciles y, además, se ve acompañado por una repentina e imprevista alineación planetaria que afecta a planetas de nuestro sistema solar e incluso de fuera de él… A MacLeod y compañía se opone otro Inmortal, conocido como el Guardián. De nuevo volvemos a tener un malo histriónico como el Kurgan, pero probablemente se trate de la peor de todas las copias. Su aspecto a mitad camino de los asesinos de Los Inmortales II y de una criatura salida de Silent Hill, más una actuación que parece inspirada a partes iguales por Ace Ventura y Taz (sí, el Diablo de Tasmania de la Warner) lo convierten en el Inmortal más insoportable de toda la saga.

El guión es bastante flojo, con frases lamentables, y la historia está mal contada y llena de cabos sueltos. El reparto, lleno de caras desconocidas (si exceptuamos a Methos y Joe Dawson, procedentes de la serie de televisión), tampoco parece muy capaz de hacer grandes interpretaciones. Por si fuera poco, la presentación de personajes se realiza con un cartel en pantalla que nos dice nombre, ocupación y si es mortal o Inmortal. En los efectos especiales el ordenador canta que da gusto (sobre todo en los fondos virtuales) y, por si fuera poco, en la banda sonora hay dos atroces versiones de los temas de Queen Princes of the Universe y Who Wants to Live Forever (que el Guardián también canturrea en una escena) perpetradas por un tal John Sloman (no tengo el gusto, pero parece que fue un vocalista de los Uriah Heep).

Mención especial merecen los combates, arruinados por el montaje y convertidos en exhibición de artes marciales por parte de Adrian Paul, que lucha prácticamente con cualquier cosa en vez de usar su espada. Y el duelo final es, directamente, horroroso, gracias (a partes iguales) al montaje y al aspecto de cartoon que le da el director.

Por supuesto, todo esto es basándonos en lo que ha podido verse en el DVD Ruso, pero no parece probable que el montaje definitivo vaya a ser muy distinto y vaya a arreglar el desastre que es esta película. Desde luego, si se quería revitalizar la saga y hacer una nueva trilogía, no parece que los pesados 90 minutos de esta película vayan a arrastrar a la gente a los cines. Es pronto para decirlo, pero esta película puede ser para Duncan MacLeod lo que Los Inmortales II fue para Connor: quizá incluso debería titularse Los Inmortales II: La Nueva Generación.

En conclusión, este es el triste destino de estos seres Inmortales, condenados a ir (tras la primera) de mala película en mala película. Y el caso es que parece que se parte de una buena idea de base (algo tan simple y eficaz como tener a unos tipos que se persiguen a espadazos por toda la historia), pero en general no se consigue con ello hacer buenas historias, rodar buenas películas.

Mad Max

Uno de tantos personajes cinematográficos que se hicieron famosos durante los años 80 vino de Australia y se llamaba Max Rockatansky, más conocido como Mad Max.

Salvajes de la Autopista

La primera película dedicada al personaje, titulada simplemente Mad Max se estrenó en 1979. Su director fue el australiano George Miller, que además de el resto de títulos de la serie cuenta en su curriculum con títulos tan diversos como Las Brujas de Eastwick, El Aceite de la Vida, Babe, el Cerdito en la Ciudad o Happy Feet. El protagonista absoluto es Mel Gibson, al que esta serie convertiría en estrella mundial (tras la tercera parte rodaría Arma Letal, abriéndole el camino de Hollywood). Sin embargo, cuando se estrenó la película era un absoluto desconocido y, al parecer, ni tan siquiera aparece en los trailers estadounidenses de las dos primeras películas (centrados en las escenas de vehículos).

La película está rodada con un presupuesto bastante limitado (muchos de los coches empleados se repintaban continuamente para que pudieran pasar por vehículos distintos). En contraste, el éxito en taquilla fue tan grande que durante mucho tiempo (hasta el estreno de El Proyecto de la Bruja de Blair en 1999) la película tuvo el record de mayor rentabilidad, en función de la proporción ingresos – presupuesto.

Probablemente lo que más llame la atención al espectador moderno que se enfrenta a esta película es su estética, que no tiene mucho que ver con lo que se puede esperar de la estética Mad Max popularizada más adelante. Si no fuera porque se nos indica al inicio que la película transcurre en un futuro cercano, la historia podría pasar por un policiaco contemporáneo. De hecho, la película casi está más próxima a títulos como Harry el Sucio (1971) que a lo que se espera de una historia de ciencia ficción post – apocalíptica.

La historia es la de un policía de carretera, en un mundo desértico en que delincuentes y bandas de motoristas dominan las autopistas. Este policía, Max, está cansado de su trabajo y quiere dejarlo para pasar más tiempo con su mujer y su pequeño hijo. En su camino se cruzan unos violentos motoristas que atacan a sus amigos y a su familia, forzándole a adoptar los métodos que quería evitar, los métodos de los propios criminales a los que persigue. No es una historia especialmente original, y sí es bastante representativa de una época en que el cine negro muestra a policías que se ven forzados a comportarse de manera no muy distinta a los delincuentes (como el ya mencionado Harry Callahan). Este tema se ve reforzado en las conversaciones entre Max y su jefe, acerca de la necesidad o no de héroes en la decadente sociedad en que viven.

La película fue llamativa en su momento por la violencia que mostraba, aunque realmente muchas veces esa violencia es más insinuada y revelada en sus consecuencias que mostrada directamente (la mano mutilada y quemada de Ganso, los planos casi subliminales de ojos desencajados antes de un choque, el plano posterior al atropello del niño…).

Pero sin duda lo más representativo de la película son las persecuciones de coches (y motos), rodadas logrando una impresionante sensación de velocidad (más meritoria aún teniendo en cuenta las limitaciones impuestas por la época y el presupuesto). Destaca sobre todo la persecución inicial del Jinete Nocturno, que sirve de presentación de la mayor parte de los secundarios y del propio Max. El personaje de Max es presentado de forma gradual, mostrándole en parte y en planos cortos, hasta que su presencia es imprescindible para cazar al criminal.

Y en realidad, eso es lo que es la película: la presentación de un personaje, la presentación del “Loco” Max. Un buen policía, un hombre de familia, acosado por la violencia interior y exteriormente, que se ve forzado a convertirse en un proscrito.

El Guerrero de la Carretera

El éxito de la primera parte hace que en 1981 se estrene la secuela: Mad Max 2. Repite el mismo equipo, pero esta vez el presupuesto es mayor; de hecho, se trata de la película Australiana más cara que se había producido hasta entonces.

En esta película sí que nos encontramos con la estética post – apocalíptica que popularizaría la saga. Todo transcurre en el desierto, todo parece construido con restos (desde las ciudades a las ropas y, por supuesto, los vehículos) y todo tiene un toque de primitivo salvajismo. En cierto modo, todo tiene un aire exagerado, como de comic, especialmente entre los “malos”, con su look entre el punk y la estética sadomasoquista.

Además, ahora una introducción nos sitúa claramente en este mundo futuro, hablándonos de crisis energética y explosiones nucleares (y, curiosamente, a través de imágenes de archivo en blanco y negro que dan un toque ambiguo al momento en que se produjo el apocalipsis que ha dejado el mundo como lo ha dejado).

Ahora Max es un vagabundo mercenario, necesitado de combustible para su vehículo. En su camino se cruza un piloto de autogiro que le guiará a una ciudad donde producen combustible. Pero Max no es el único interesado en la gasolina que tienen los habitantes de este pequeño establecimiento: también están una banda de salvajes criminales liderados por un siniestro hombre llamado Lord Humungus.

Max se parece en esta película a un ronin de una película de Kurosawa, o al Hombre sin Nombre de los westerns de Sergio Leone (De hecho, en la tercera parte, en la Cúpula del Trueno el personaje es presentado al público como “el hombre sin nombre”). Se trata de un héroe reluctante, que no se preocupa de los demás de forma altruista, y que sólo por casualidad acaba convirtiéndose en el salvador del pueblo, sin abandonar su propio interés: como Toshiro Mifune en Yojimbo o Clint Eastwood en Por un Puñado de Dólares. Por otro lado, la narración en off potencia de alguna manera el aspecto casi mítico y legendario de Mad Max, al que el narrador ve como una figura salvadora y heroica.

La parte más espectacular y destacable de la película se produce hacia el final, con la persecución en la que Max conduce un camión perseguido por la banda de Humungus. El guión en esta película es más flojo que en la anterior (por confuso y peor desarrollado, ya que la historia en sí es algo más compleja), pero se compensa con el establecimiento de una estética y una ambientación post – apocalíptica que crearía escuela.

Más Allá de la Cúpula del Trueno

La última parte de está trilogía se estrenaría en 1985: Mad Max: Más Allá de la Cúpula del Trueno. Se trata ya de una co – producción en la que interviene capital estadounidense, y está co – dirigida por el habitual George Miller y por George Ogilvie (empleado para tratar con el numeroso reparto, centrándose Miller en la acción).

La película continúa con la estética y concepto de la segunda parte, con un Mad Max errante en un mundo desértico y post – apocalíptico. Sin embargo, es evidente la mayor disponibilidad de medios: el presupuesto de la primera era de 350.000 $, el de la segunda aumenta a más de 3.000.000 $, y el de esta tercera llega casi a los 10.000.000 $.

El inicio de la película sin duda es la mejor parte, con las desventuras de Max en Negociudad y la legendaria pelea contra Golpeador dentro de la Cúpula del Trueno. Después, cuando se encuentra con un grupo de niños perdidos a mitad de camino entre Peter Pan y El Señor de las Moscas, que toman a Max por una figura mesiánica que viene a guiarlos a un paraíso, la historia decae bastante. Además, el cambio de tono resulta un poco chocante. Con la persecución final la película remonta un poco el vuelo, pero tampoco demasiado.

Si es cierto que la película estaba planteada inicialmente como una historia de niños perdidos, y que sólo posteriormente se les ocurrió que el adulto con que se encuentran fuera Mad Max, eso explicaría el principal defecto de la película, que no parece estar en la misma onda que las otras dos entregas. La violencia y salvajismo de las dos películas anteriores desaparecen totalmente, convirtiendo esta tercera en un entretenimiento familiar de sábado por la tarde, en el que Max se dedica a salvar niños y da la sensación de que no muere nadie (ni buenos ni malos). De hecho, ni siquiera hay demasiadas escenas de persecuciones y vehículos. Las exigencias del presupuesto la transforman en un producto eminentemente comercial, para todos los públicos, con canciones pop en la banda sonora y Tina Turner (que parece que no nació para actuar) en uno de los papeles principales.

En general, podría considerarse una correcta película de aventuras con niños, bastante típica de la época. Sin embargo, como película de Mad Max no da la talla, y parece que Max está allí un poco por casualidad. Sin embargo, precisamente su vocación comercial hace que probablemente sea la más popular de las tres.

Furia en la Carretera

Últimamente parece haber rumores sobre la producción de una cuarta película en la serie. George Miller ha dicho que tiene intenciones de dirigirla, pero en general todo son especulaciones y rumores. Mel Gibson no estaría implicado en la película (él mismo se ve mayor para el papel), y se ha rumoreado el nombre de Paul Walker (A Todo Gas) para sustituirlo, aunque parece que Miller prefiere a un desconocido para el papel.

En todo caso, y a pesar de intentos fallidos de volver a este tipo de género (Waterworld de Kevin Costner),no sería sorprendente dado el estado actual de la industria que nos encontremos de nuevo con Mad Max por las desérticas carreteras Australianas.

El Lobo Blanco y la Espada Negra: el Campeón Eterno de Michael Moorcock

Michael Moorcock es un prolífico escritor británico nacido en 1939 que lleva dedicándose al fantástico y a la ciencia ficción (entre otros géneros) desde los años 60. También fue uno de los principales impulsores del movimiento literario conocido como New Wave, desde su puesto como editor de la revista New Worlds. Iconoclasta y polémico, además de por la literatura también ha mostrado interés en participar en otros campos de la creación como la música y el comic. En los últimos años parece dedicarse menos a la literatura de género y más a escribir literatura "seria" (mainstream, que dicen en inglés).

Sin duda alguna, su creación más conocida es la de El Campeón Eterno (especialmente a través de una de sus encarnaciones: Elric de Melniboné). Se trata de una figura mítica y trágica, que adopta distintas identidades en múltiples dimensiones o universos: lo que se conoce como el Multiverso. Muchas de sus novelas de género fantástico (si no todas) giran alrededor de este concepto.

En el Multiverso, Moorcock transforma el típico enfrentamiento entre el Bien y el Mal alrededor del que giran muchas otras obras fantásticas en una lucha entre Orden y Caos. Una tercera fuerza, el Equilibrio (también conocido como la Balanza Cósmica), hace todo lo posible para que no prevalezca ninguna de las otras dos, lo que sería catastrófico para el mundo. El Campeón Eterno es el paladín que emplea el Equilibrio para luchar contra las otras fuerzas dominantes, normalmente sin que él mismo sea consciente de su papel y su destino. También puede interpretarse que el Campeón Eterno lucha a favor del Orden, pero esto aparentemente sólo es así porque el desequilibrio suele estar provocado por las fuerzas del Caos (lógico, teniendo en cuenta su propia naturaleza). Todo esto suena muy épico, muy grandilocuente y muy filosófico, y en muchas ocasiones es cierto que lo es (incluso habrá quien lo llegue a considerar pretencioso). Pero Moorcock también le da en ocasiones a sus textos un sentido del humor irónico bastante refrescante que equilibra la profundidad del material (aunque, insisto, el denominador común es más trágico que cómico: no estamos hablando de Terry Pratchett)

Así, Moorcock presenta distintos personajes, encarnaciones del mismo Campeón Eterno, en distintos planos del Multiverso. Elric, Corum, Erekosë, Dorian Hawkmoon… son sólo algunas de las encarnaciones más famosas de esta figura heroica (o antiheroica). Se puede hablar de una gran Saga dedicada al Campeón Eterno, que estaría dividida en una serie de Ciclos dedicados a una encarnación concreta, como pueda ser Elric, por ejemplo. Para hacerse una idea de la extensión del material dedicado al Campeón Eterno, no hay más que echar un vistazo a la publicación hace unos años (en el mercado anglosajón) de una serie de ediciones teóricamente definitivas con el canon de todo lo que Moorcock había dedicado a esta figura. Esta edición se compone de unos 15 volúmenes de tipo omnibus (recopilaciones de varias novelas); es decir, que estaríamos hablando del orden de unas 50 novelas. Aún teniendo en cuenta que se trata de novelas no especialmente extensas, el total de páginas alcanza los varios miles. Y, por si eso fuera poco, realmente esta edición no contendría todo el material relacionado con el Campeón Eterno, faltando textos excluidos por el propio autor o escritos con posterioridad.

Por suerte para el lector, todos estos ciclos pueden ser leídos y disfrutados de forma totalmente independiente, aunque es de suponer que se obtendrá una mayor perspectiva global al leerlos todos en el orden apropiado. Lo mismo puede decirse (aunque en menor medida) de las novelas que componen cada ciclo individual: en la mayor parte de los casos son historias independientes protagonizadas por el mismo personaje, sin una continuidad realmente estricta. De todas maneras, para los interesados, el orden en que aparecen comentados los distintos ciclos más adelante se corresponde más o menos con el orden canónico de lectura (aunque entre los ciclos de Corum y Elric habría cierto solapamiento, y no está claro si debe empezarse por Von Bek o por Erekosë). Y, en todo caso, nunca estamos hablando de un orden cronológico estricto: el tiempo en el Multiverso es muy relativo y es posible encontrar el mismo hecho narrado o mencionado con una separación de páginas y páginas.

Las historias de Michael Moorcock nacen como reacción a una literatura fantástica tradicional (representada principalmente por Tolkien y Howard), que considera retrógada y repleta de clichés. Sin duda, en esto último influye inevitablemente la situación social del propio autor. Podemos considerar que Howard escribe desde la perspectiva de un trabajador de una época de depresión; y Tolkien como un académico más o menos acomodado de postguerra. Michael Moorcock, así, se muestra claramente como un autor hippie, influido por la contracultura de los años sesenta. Moorcock también critica el conservadurismo presente en las obras de algunos autores, como Lovecraft y Heinlein, o la alegoría religiosa en C.S. Lewis. No critica estas ideologías en sí (aunque es obvio que no las comparte), ni la calidad literaria de sus obras, sino la presencia de elementos ideológicos en estas. Eso sí, lo cierto es que también es posible encontrar reflejos (aunque quizá no tan claros) de la ideología de Moorcock en sus propias historias.

Para ser justos, hay que reconocer que muchos de los libros de Moorcock también caen en el tópico y en la fórmula, aunque se trate de tópicos y fórmulas originales y creados por él mismo. Muchas de sus tramas más flojas se reducen a poner al protagonista en un paisaje irreal tras otro o enfrentarlo a una u otra criatura extraña. Es cierto que las descripciones y conceptos de estos ambientes y seres irreales (y, normalmente, Caóticos) son imaginativos, sorprendentes y no repetitivos, pero la idea de fondo es siempre la misma. Además, y aunque sus protagonistas son siempre distintos, no dejan de tener muchos elementos en común por el hecho de ser encarnaciones del Campeón Eterno: desde luchar (con mayor o menor convicción) contra el Caos, hasta tener siempre un Compañero y una Amada (¿también encarnaciones de un concepto Eterno?). De todas formas, es precisamente en los personajes y en su psicología en lo que se centra su obra: sus historias son más orientadas a los personajes que a la trama.

En el mercado español han estado disponibles apenas la mitad de estas novelas (muchas en ediciones descatalogadas desde hace años), básicamente a través de las colecciones Futurópolis de la editorial Miraguano, y Fantasy y Gran Fantasy de Martínez Roca. Recientemente, Minotauro ha publicado los libros dedicados a Jerry Cornelius, y Edhasa está volviendo a editar el ciclo de Elric (esperemos que revisando las traducciones y eliminando algunas leves inconsistencias de las existentes). En esas novelas y relatos es en los que se basa este artículo. Por suerte, en ellas se encuentran las aventuras y desventuras de las principales y más celebradas encarnaciones del Campeón Eterno. El resto de material parece estar formado en su mayor parte por relatos cortos y novelas que no forman grandes ciclos relacionados, por lo que la "pérdida" no parece ser demasiado grave.

La Familia Von Bek

La familia formada por los descendientes de Ulrich Von Bek parece tener un papel un poco especial en la saga del Campeón Eterno, apareciendo sus miembros en ocasiones como protagonistas y en otras como acompañantes del propio Campeón.

Ulrich Von Bek es el protagonista de El Perro de la Guerra y el Dolor del Mundo (1981). Se trata de un desencantado y racional capitán de mercenarios en una Europa arrasada por la Guerra de los Treinta Años. Ulrich realiza un sorprendente pacto con el Diablo, para encontrar el mítico Grial, lo que le conduce a familiarizarse con un aspecto irracional del mundo que no conocía.

La historia tiene muchos elementos comunes con el resto de ciclos del Campeón Eterno: el Compañero, el amor trágico, la mención de nombres familiares para los que conocen otras obras de la saga… Sin embargo, en ningún momento se dice que Von Bek sea una encarnación del Campeón. En cierto modo esta novela, con su mezcla de historia y alegoría, podría considerarse un acercamiento a esa literatura “seria” que se mencionaba más arriba, capaz de atraer a un público que normalmente no se interesaría por el fantástico.

El ciclo se completa con otros dos libros, The City in the Autumn Stars (1986) y The Pleasure Garden of Felipe Sagittarius (1965), protagonizados por otros miembros de la familia Von Bek. Miembros de esta familia también aparecen en otras historias, muchas de las cuales han sido reescritas por Moorcock para pasar a ser protagonizadas por un Von Bek (como es el caso de la mencionada The Pleasure Garden of Felipe Sagittarius). Otro título, protagonizado por un Von Bek del siglo XIX, es The Brothel in Rosenstrasse (1982), pero al parecer Moorcock no lo incluye dentro de este ciclo.

Erekosë, el Campeón Eterno

John Daker, ciudadano londinense de nuestro mundo, es arrastrado a un universo en el que es el legendario héroe Erekosë. Daker es especial entre otras encarnaciones del Campeón Eterno por el hecho de que es capaz de recordar sus otras encarnaciones. En estas historias se produce el choque entre los recuerdos de John Daker, el hombre del siglo XX, y Erekosë, el guerrero. Además, sus sueños se ven poblados por recuerdos de otros Campeones, como Elric, Corum o Hawkmoon. La narración se realiza en primera persona, lo que nos permite conocer de primera mano estos sueños y dudas del protagonista.

El Campeón Eterno (1970) nos cuenta la historia de Erekosë en la guerra entre los humanos y los Eldren (una raza de seres semihumanos). Erekosë es invocado por los humanos, que necesitan a un héroe legendario como aliado y líder en su lucha. John Daker se plantea constantemente su papel en esta guerra, aunque también le domina el ansia de batalla debido a su personalidad heroica como Erekosë.

En Fénix de Obsidiana (1970) Erekosë se convierte en Urlik Skarsol, otra encarnación del Campeón Eterno en otra Tierra (más fantástica e irreal que la de la novela anterior). La historia es algo floja, pero la novela tiene el interés de que en ella se empiezan a mencionar muchos de los conceptos básicos de la cosmología del Multiverso: el Orden y el Caos, la Espada Negra… Aquí aparece también la Crónica de la Espada Negra empleada a modo de obra ficticia con la que encabezar capítulos o crear prólogos.

Finalmente, El Dragón en la Espada (1987) cierra el ciclo con un nuevo cambio de universo para el protagonista. Se trata de una novela tan extensa como las dos anteriores juntas, y por su estilo es bastante evidente que se escribió mucho después que las otras dos. A Erekosë se le une otro hombre de nuestro mundo: un miembro de la familia Von Bek que lucha contra los nazis. El Caos quiere apoderarse de este universo, y Erekosë debe impedirlo, para lo que deberá apoderarse de la Espada del Dragón. Aquí el tema de la lucha entre el Orden y el Caos, con el Equilibrio de por medio, se menciona ya en su máxima expresión. Además, aparecen muchos elementos que lo conectan con el resto de ciclos: se dice que los Eldren, los Vadhagh y los Melniboneses vienen a ser la misma raza, que Mabden es otro nombre para los humanos, aparece Sepiriz (un caballero vestido de negro y oro) como servidor del Equilibrio y guía ocasional del Campeón Eterno...

Las tres novelas que forman el ciclo son tres historias totalmente independientes, sin más hilo conductor que el que proporciona el protagonista, aunque sí que es cierto que se ve en él una evolución. Su lectura facilita interpretar de acuerdo al concepto de Campeón Eterno otros ciclos, en los que este tema no siempre es evidente, pero que puede encontrarse si el lector sabe como buscar con la ayuda de las referencias que aparecen aquí.

El hecho de estar narrado en primera persona, y por un narrador del “mundo real” también sirve de ayuda para que el lector se vaya familiarizando con conceptos del Multiverso que al principio resultan tan sorprendentes para él como para el propio John Daker. Probablemente por ese motivo sean recomendables como “puntos de entrada” al Multiverso tanto este ciclo como el de Von Bek (al menos para los lectores menos acostumbrados al fantástico). En ambos casos se trata de relatos en primera persona narrados por un protagonista que tiene más en común con el lector que otros personajes como Corum o Elric.

Dorian Hawkmoon

De acuerdo al propio Moorcock, escribió los libros que forman este ciclo en unos tres días (cada uno, claro). Esto se ha utilizado muchas veces en contra de unos libros que, sin estar entre lo mejor de su obra, al menos son una lectura entretenida. Y es que Moorcock ofrece material interesante hasta en sus trabajos más puramente alimenticios.

Las aventuras de Hawkmoon se desarrollan en la Tierra, en un futuro lejano posterior a una gran catástrofe (probablemente de tipo nuclear) y la posterior recuperación: el Milenio Trágico. En esta sociedad feudal se mezclan aspectos fantástico-medievales y futuristas: las espadas conviven con armas que lanzan chorros de fuego, los caballos y unicornios con las naves voladoras, y la ciencia y la tecnología se confunden con la magia.

El Imperio Oscuro de Granbretán (en el mundo de Hawkmoon la mayoría de los nombres de lugares son deformaciones de nombres con los que estamos familiarizados) está formado por decadentes ciudadanos, que se organizan en órdenes y se cubren el rostro con máscaras de animales. Granbretán, gracias a su superioridad militar y tecnológica planea conquistar toda Europa (y expandirse a otros continentes).

La presentación de los personajes y su mundo se realiza en La Joya en la Frente (1967): el Conde Brass, el propio Hawkmoon, su amada Yisselda, su acompañante Oladahn, su enemigo Meliadus. La sencilla historia gira alrededor de una gema implantada en la frente de Hawkmoon por el Imperio de Granbretán, en el contexto de la guerra imperialista de este. Como curiosidad, en estos libros la crónica ficticia que se emplea es La Alta Historia del Bastón Rúnico. Es interesante que, aunque el Imperio de Granbretán se presenta en muchos aspectos como el típico gran imperio maligno, el Conde Brass expresa al inicio de la historia cierto apoyo por el orden y estabilidad que aporta Granbretán a una caótica Europa. Así, puede pensarse que Granbretán representa al Orden (aunque tiene elementos que parecen acercarle más al Caos), y que en este caso el Campeón Eterno lucha en contra del Orden (y no en contra del Caos, como es más típico). De todas formas, en general en este punto Moorcock aún no parece haber desarrollado sus conceptos del Multiverso como más adelante en su carrera, y todas las interpretaciones de este tipo son necesariamente especulativas.

La historia continúa en El Amuleto del Dios Loco (1968), en la que se presenta un nuevo personaje importante: Huillam d’Averc. Aunque ya había aparecido en el anterior libro, en este cobra más relevancia el Guerrero de Negro y Oro, y la resistencia de Hawkmoon por aceptar su destino como servidor del Bastón Rúnico.

En La Espada del Amanecer (1968) se empieza a mostrar con más detalle la cultura y la civilización de Granbretán. Por su parte, las aventuras de Hawkmoon le llevan cada vez por territorios más fantásticos, irreales y legendarios.

El ciclo se cierra con El Bastón Rúnico (1969), en el que Hawkmoon debe decidir si acepta que su destino está unido al Bastón Rúnico (que representa al Equilibrio), a la vez que la guerra entre Granbretán y los escasos territorios que se resisten al Imperio llega a su fin.

En el caso de este ciclo, es recomendable (casi imprescindible) leerse todas sus partes y en el orden adecuado: forman una historia continua de manera más tradicional que en otros de los ciclos comentados. Por otra parte, las historias individuales resultan un poco flojas, pero mejoran algo si se consideran como partes de un todo. El uso del Guerrero de Negro y Oro y de artilugios mágicos como deus ex–machina para desarrollar la trama es excesivo, en unas historias en las que el papel de la predestinación ya desempeña un papel bastante importante de por sí. En cierto modo, esta puede considerarse una tetralogía del género bastante típica, si no fuera por elementos que la llevan a aproximarse a lo que se suele llamar science fantasy, y por su ambientación. De todas formas, Moorcock no es un creador de mundos al uso, y su Milenio Trágico se queda más como una serie de esbozos que como un mundo desarrollado al estilo de Tolkien y sus imitadores.

Corum Jhaelen Irsei

El ciclo de Corum se divide en dos trilogías, que suelen conocerse como El Príncipe de la Túnica Escarlata (o Trilogía de las Espadas) y El Príncipe de la Mano de Plata. Esta es la única obra de Moorcock que tiene fundamentos procedentes de una mitología real, en este caso, la céltica (y más en concreto, la de Cornualles).

Corum Jhaelen Irsei (que quiere decir precisamente Corum, el Príncipe de la Túnica Escarlata) es un príncipe de los Vadhagh, una raza moribunda de la que él es uno de los últimos representantes. Los Vadhagh están siendo exterminados por los Mabden (los humanos), una raza en expansión y que parece contar con el apoyo del Caos. Los Vadhagh son un pueblo avanzado y civilizado, con muchos conocimientos que mentes más primitivas calificarían de brujería. En los distintos planos de este universo reinan los tres Señores de las Espadas, que es como se conoce aquí a los Señores del Caos. Corum cae víctima de esta guerra emprendida por los Mabden y pierde un ojo y una mano, que posteriormente serán reemplazados por unos miembros de características un tanto peculiares.

La introducción del personaje se realiza en El Caballero de las Espadas (1971), en la que se nos presenta a Corum y a su mundo, averiguamos como obtiene sus particulares ojo y mano, y presenciamos su enfrentamiento con uno de los Señores de las Espadas: Arioch, el Caballero de las Espadas. Curiosamente, Corum inicialmente no parece tener muchos problemas en aceptar su papel como paladín del Orden (su opinión irá evolucionando algo a lo largo de la trilogía).

En La Reina de las Espadas (1971), Corum debe viajar al plano de Xiombarg, la Reina de las Espadas, para buscar aliados contra la propia Señora del Caos. Ahora Corum va acompañado por Jhary–a–Conel, un misterioso sujeto que conoce muy bien la cosmología del Multiverso, por el que viaja como Compañero del Campeón Eterno. Al igual que Erekosë, Jhary parece recordar sus otras encarnaciones, aunque parece tener bastantes menos problemas al respecto. La guerra de exterminio de los Mabden (ahora liderados por el Príncipe Gaynor el Maldito, condenado a servir al Caos) se extiende a los Mabden que no están del lado del Caos, y la intervención de los Señores del Orden y de la propia Balanza Cósmica se muestra en esta historia.

La primera trilogía concluye con El Rey de las Espadas (1971), en la que la paz que parecía haber logrado Corum se rompe por culpa de una misteriosa enfermedad, y Arkyn (el Señor del Orden) le encomienda buscar la ciudad de Tanelorn para poner remedio a esta plaga sobrenatural. Este libro sigue la tónica del anterior, con diversos saltos de un plano a otro, pero dos de estos viajes dimensionales lo hacen más interesante. En uno de ellos, Corum es transportado al Cornualles de nuestro mundo (donde a los Vadhagh se les conoce como "Elfos"), y en otro de ellos debe entrar en la Torre Evanescente junto a Elric y Erekosë.

La trilogía del Príncipe de la Túnica Escarlata es un trabajo fantástico bastante tradicional, al menos dentro del estilo propio de Moorcock. En él la lucha épica entre el Caos y el Orden se produce con el trasfondo de una guerra entre mortales, aunque los protagonistas no participan en ella y resuelven los conflictos mediante el viaje a otros planos o dimensiones, cuyos eventos también afectan a su mundo.

La segunda trilogía de Corum se inicia con El Toro y la Lanza (1973). Ha pasado bastante tiempo de los hechos narrados en la anterior serie, y Corum está atormentado por la pérdida de sus seres queridos. Esto le lleva a responder a la invocación que hacen desde su futuro unos Mabden que le buscan como a un héroe legendario (de manera similar a lo sucedido con Erekosë). Corum y los Mabden deben enfrentarse a las tropas de los Fhoi Myore, siete gigantes moribundos que quieren conquistar el mundo. Curiosamente, en esta trilogía no se produce ningún enfrentamiento relacionado con la lucha entre Orden y Caos, y el Campeón Eterno se enfrenta a una amenaza no relacionada con este conflicto. Los elementos célticos están más presentes aún en esta trilogía, tanto en nombres como en personajes y elementos de la trama (como son los "tesoros" de los Mabden).

En El Roble y el Carnero (1973) Corum debe liberar al Gran Rey de los Mabden para que estos se unifiquen, y buscar los dos tesoros que dan título al libro para así acabar con el hechizo que pesa sobre él.

El enfrentamiento final entre los Mabden y los Fhoi Myore se narra en La Espada y el Corcel. En este libro se incluyen la mayor parte de las referencias a la mitología del Campeón Eterno que aparecen en esta trilogía. El herrero Goffanon forja una espada para Corum, de la que este desconfía (al recibirla tiene visiones de una espada negra) y que acaba siendo bautizada de manera apropiada. También hay referencias más sutiles relacionadas con Melniboné. Además, a lo largo de esta trilogía, Jhary–a–Conel hace varias referencias a sus aventuras con Hawkmoon, que remiten a las Crónicas del Castillo de Brass.

Esta segunda trilogía resulta más original que la primera dentro del material dedicado al Campeón Eterno. Su ambientación céltica (anterior a que este tipo de material se pusiera de moda) y el no estar involucrada en el conflicto entre el Orden y el Caos la hacen menos "rutinaria" que la primera trilogía.

Elric de Melniboné

Elric es, sin lugar a dudas, el personaje más popular e influyente de los creados por Michael Moorcock. Su caracterización se basa en invertir los estereotipos de los héroes fantásticos a lo Conan y similares. No es un hombre musculoso y bronceado, sino un albino que necesita de elixires o de su espada demoníaca para no ser un ser débil y enfermizo. No es un bárbaro que conquista una corona, sino el refinado emperador de una civilización decadente que abandona su trono. No teme a la brujería, sino que es uno de los hechiceros más poderosos de su mundo. No le motiva el ansia de poder o riqueza, sino la búsqueda de la paz interior y de un propósito a su atormentada existencia. Así es Elric de Melniboné, también conocido como el Lobo Blanco, y llamado Asesino de Mujeres y Ladrón de Almas.

Mención aparte merece su espada Tormentosa (Portadora de Tormentas sería una traducción más fiel del original Stormbringer, pero el traductor al castellano ha optado por un nombre de una longitud menos excesiva): una espada demoníaca, de metal negro y cubierta de runas, que se alimenta de las almas de aquellos a los que mata, y cuya energía transmite a quien la empuña. Sin duda, tampoco es la espada mágica típica de un héroe. Tormentosa es un personaje casi tan importante como el propio Elric, y la relación de dependencia (por no decir adicción) entre ambos es uno de los elementos más importantes de las historias de Elric.

Elric es un personaje trágico, introspectivo, complejo y angustiado. Su alienación y su fatal destino son elementos imprescindibles a la hora de comprenderlo. Sus compatriotas Melniboneses son una civilización milenaria, un pueblo amoral y decadente, dedicado a la búsqueda del propio placer, de manera cruel y egoísta. Elric es distinto a ellos: tiene una conciencia y un sentido de la moral que lo apartan de sus compatriotas, además de interés y curiosidad por el mundo de fuera de Melniboné. Por otra parte, en los Reinos Jóvenes (que es como se conoce a los reinos no Melniboneses), Elric también es un extraño para todos y un ser necesariamente solitario: su raza Melnibonesa y su albinismo lo marcan entre los humanos de los Reinos Jóvenes, así como su trágica e infame leyenda.

La historia de la publicación de los relatos de Elric es un poco enrevesada. Elric apareció por primera vez en una serie de relatos o novelas cortas publicadas en la revista Science Fantasy, que fueron recopiladas en los libros The Stealer of Souls (1963) y Stormbringer (1963). Moorcock siguió escribiendo relatos de Elric, y en los años 70 se publicó todo este material en forma de seis libros, con la historia reordenada de manera cronológica y, en algunos casos, diversas revisiones. Los seis títulos son Elric of Melniboné, The Sailor on the Seas of Fate, The Weird of the White Wolf, The Vanishing Tower, The Bane of the Black Sword, y Stormbringer (este último al parecer con una versión más completa que el texto publicado anteriormente). Los relatos inicialmente incluidos en The Stealer of Souls se repartieron entre The Weird of the White Wolf y The Bane of the Black Sword. Más adelante, a esta serie se añadieron los títulos The Fortress of the Pearl (1989) y The Revenge of the Rose (1991), situados cronológicamente entre los demás. Más recientemente, Moorcock ha escrito otros tres libros dedicados a Elric: The Dreamthief's Daughter (2001), The Skrayling Tree (2003) y The White Wolf's Son (2005). Al parecer, esta trilogía (relacionada con el ciclo de la familia Von Bek) tiene características que la sitúan al margen de la cronología normal (y el propio Moorcock aconseja leerla después del resto), en ocasiones con justificaciones tan aparentemente poco razonables como convertir en viajes oníricos de Elric lo que se narra en estos libros.

Por cierto, con este ciclo se realiza el estudio siguiendo (aproximadamente) el orden de escritura, en vez del cronológico (en otros no aparece esta posibilidad, al coincidir ambos órdenes), por considerar que es preferible para analizar el personaje y su evolución. Sin embargo, para un lector que no conozca la historia de Elric, probablemente sea mejor seguir la trama de una forma lineal o, al menos, dejar Portadora de Tormentas para el final. El orden cronológico oficial sería el siguiente (entre paréntesis se incluyen los relatos individuales que componen ciertos títulos):

Elric de Melniboné
La Fortaleza de la Perla
Marinero de los Mares del Destino
El Misterio del Lobo Blanco (El Sueño de Aubec, La Ciudad de Ensueño, Mientras los Dioses Ríen, La Ciudadela Cantante)
La Torre Evanescente
La Venganza de la Rosa
La Maldición de la Espada Negra (El Ladrón de Almas, Reyes en la Oscuridad, Los Portadores del Fuego, Al Rescate de Tanelorn...)
Portadora de Tormentas

El primer relato dedicado al personaje de Elric es La Ciudad de Ensueño (1961). Nos cuenta el ataque planeado por Elric contra sus compatriotas de Imrryr, la capital (y única ciudad) de Melniboné. En él aparece su primo Yyrkoon como archi–rival y usurpador del trono (aprovechando que Elric le ha dejado como regente para viajar y conocer el mundo exterior), así como Cymoril, la amada de Elric. La problemática relación entre Elric y Tormentosa ya forma parte central de la trama. Puede decirse que la mayoría de los elementos básicos que conforman al personaje ya están en este primer relato.

Si el primer relato establecía el tono trágico de Elric, Mientras los Dioses Ríen (1962) continúa insistiendo en su aspecto introspectivo (a pesar de las abundantes escenas de acción). Elric se ve envuelto en la búsqueda de un misterioso libro; y en esta historia es en la que conoce a Moonglum de Elwher, un extraño hombrecillo procedente de un lejano país, que le acompañará a lo largo de muchas de sus aventuras. El conflicto entre el Orden y el Caos empieza a comentarse y establecerse aquí.

En El Ladrón de Almas (1962) asistimos al enfrentamiento entre Elric y el hechicero Theleb K’aarna, en el que ambos hacen uso de sus poderes de brujería. Al igual que sucedía en La Ciudad de Ensueño, los personajes ya se conocen de antes y tienen asuntos pendientes. En este caso, sin embargo, esa sensación de existencia de un pasado turbulento está mejor reflejada que en aquel relato.

En Reyes en la Oscuridad (1962) Elric conoce a Zarozinia (la otra gran mujer de su vida junto a Cymoril) y se ve arrastrado a una extraña corte real para buscar venganza, mientras se cumple una antigua profecía.

Los Portadores del Fuego (1962) (también conocida como The Caravan of Forgotten Dreams) es otra historia menor (como la anterior), que nos presenta a un Elric que intenta llevar una vida normal, que se ve obligado a abandonar para defender su ciudad de adopción. Estos dos últimos relatos pueden considerarse como historias de "espada y brujería" bastante típicas, a excepción de lo atípico de su protagonista.

La primera novela dedicada al personaje de Elric es Portadora de Tormentas (1965). En ella las fuerzas del Caos, lideradas por Jagreen Lern, Teócrata de Pan Tang, pretenden conquistar los Reinos Jóvenes. La oposición a sus esfuerzos está encabezada por Elric, a pesar de que él también es (al menos en principio) un servidor del Caos. Se trata de una gran historia de corte épico y apocalíptico (sin olvidar los elementos trágicos propios del personaje), situada en un mundo moribundo y desolado por el Caos. El papel de Elric en este conflicto le es revelado por un vidente llamado Sepiriz, que sirve al Destino y actúa como mentor suyo. Hay que señalar que, siendo estrictos, en realidad se trata de 4 novelas cortas, aunque comparten ambientación y siguen una secuencia cronológica directa. También existe una versión de la novela más corta, que elimina partes y unifica los capítulos para darle más coherencia (aunque en algunos casos a costa de más profundidad y detalle).

Esta novela y los cinco relatos anteriores (que fueron los publicados en la recopilación The Stealer of Souls) componen una "primera versión" de Elric. Los relatos nos presentan y sitúan al personaje, centrándose más en sus características psicológicas que en su papel predestinado: es sólo un personaje atípico de fantasía heroica. Por su parte, la novela nos lo lanza de lleno al conflicto entre el Caos y el Orden en su encarnación como Campeón Eterno (aunque sin entrar en demasiada profundidad en una cosmología del Multiverso que aún no está plenamente desarrollada), y pone el cierre al ciclo de Elric.

El relato Al Rescate de Tanelorn... (1962) está protagonizado por Rackhir, el Arquero Rojo, un personaje secundario que aparece en Portadora de Tormentas. Rackhir emprende un viaje por diversos planos para buscar la ayuda que necesita para defender Tanelorn de un ejército de mendigos organizado por uno de los Señores del Caos. La historia podría haber dado más de sí, pero todo está narrado de forma demasiado apresurada. Tanelorn es una ciudad semi–mítica, que aparece mencionada en relatos de otros ciclos, y en la que las almas atormentadas encuentran la paz. Elric sólo aparece como una mención que indica que este relato se desarrolla a la vez que el inicio de Portadora de Tormentas.

Otro relato no protagonizado por el albino es El Sueño de Aubec (1964) (también publicado como Master of Chaos). Se trata de una interesante historia ambientada fuera de los Reinos Jóvenes, antes de la era de Elric, en la que el héroe Aubec de Malador se dirige a conquistar el castillo de Kaneloon, habitado por la hechicera Myshella, la Dama Negra. Como curiosidad, la espada que empuña Elric (y es de suponer que sus antecesores) antes de hacerse con Tormentosa era la de Aubec de Malador. Debido a sus protagonistas, estos dos últimos relatos no aparecen como material de Elric en algunas versiones recientes del ciclo.

Volviendo a las historias protagonizadas por Elric, La Ciudadela Cantante (1967) es el relato que establece la rivalidad entre Elric y Theleb K’aarna, con la reina Yishana entre ambos. El núcleo de la historia es bueno, pero queda un poco diluido por el material que le rodea: pasan muchas cosas en muy poco texto. Esta es también una característica de Moorcock, que es capaz de despachar con un par de frases acciones a las que otros escritores dedicarían páginas y páginas. Por otra parte, aquí vemos una constante de esta tanda de relatos que acabarán originando la cronología completa del personaje: Moorcock se dedicará a rellenar algunos espacios que había insinuado anteriormente.

La novela La Torre Evanescente (1970) tiene su origen en el relato The Sleeping Sorceress, que Moorcock amplía y extiende para publicarlo (y se nota). En realidad, la novela puede considerarse compuesta por tres relatos cortos unidos de forma un poco artificial. La historia sigue girando alrededor del odio entre Elric y Theleb K’aarna. Elric conoce a Myshella, una hechicera al servicio del Orden, y empieza a saber más sobre el Multiverso y su condición de Campeón Eterno. La última parte de la novela narra desde otro punto de vista el encuentro de tres Campeones que también aparece en el ya comentado El Rey de las Espadas (publicado posteriormente).

Puede decirse que la primera novela "verdadera" dedicada al personaje es Elric de Melniboné (1972), que nos lleva al pasado de Elric, cuando aún se sentaba en el trono como Emperador de Melniboné. La novela narra los orígenes del personaje de Elric: su alienación y angustia, su rivalidad con su primo Yyrkoon, su trágico amor por Cymoril (la hermana de este último), su pacto con Arioch, y la búsqueda de las espadas rúnicas Tormentosa y Enlutada. En este libro se nota que existe una verdadera trama contínua y no una serie de historias más o menos relacionadas. Por ello, probablemente sea el que mejor funciona como novela (con el permiso de Portadora de Tormentas, que compensa su mayor debilidad estructural con lo épico de su contenido).

Marinero de los Mares del Destino (1976) cuenta algunas aventuras de Elric durante su exilio en los Reinos Jóvenes. Al igual que en La Torre Evanescente, el libro está compuesto por tres historias individuales enlazadas para darles cierta consistencia. La primera es la más floja, a pesar de la presencia de Corum, Erekosë y Hawkmoon como "estrellas invitadas" (introduciendo el concepto de Multiverso y Campeón Eterno por primera vez en la cronología) y de evocar unas imágenes espectaculares. Su mayor defecto es que es demasiado similar a otra historia anterior y que se resuelven ciertas inconsistencias con el resto del ciclo de forma discutible. La segunda, alrededor del personaje de Saxif D’Aan, mejora (aún siendo una historia menor), y la tercera es la mejor de todas. Esta historia cuenta el viaje a la ciudad de R’lin K’ren A’a, ciudad donde pueden estar los orígenes de Melniboné, y es la que más importancia tiene en relación con arco argumental de la lucha entre el Orden y el Caos a lo largo del ciclo.

Con este segundo bloque de novelas y relatos ya se puede hablar casi de una biografía completa del personaje. Al seguir cronológicamente a Elric hay relatos que ganan mucho en profundidad, por tratar con personajes más desarrollados y mejor conocidos (un caso evidente sería el de La Ciudad de Ensueño, bueno si se lee independientemente, pero demoledor si se lee habiendo leído Elric de Melniboné). Además de ir dando cuerpo al reparto del ciclo, al tener escrito el final de la historia, Moorcock también aprovecha para dar algunos indicios del futuro de la trama. En general, con todo el material comentado hasta ahora, quedan cerrados los que podrían considerarse los tres grandes arcos narrativos del ciclo de Elric: Elric y Yyrkoon, Elric y Theleb K’aarna, y Elric y Zarozinia.

Moorcock regresaría al personaje de Elric más de diez años después, con la novela La Fortaleza de la Perla (1989). La novela narra una búsqueda por tierras oníricas, en la que Elric es acopañado por una ladrona de sueños llamada Oone. Elric es un personaje muy pasivo, casi más espectador que protagonista, y pocas de sus características personales son importantes para el relato. La historia podría haber sido protagonizada perfectamente por cualquier otro personaje sin demasiados problemas. El propio autor no parece estar muy satisfecho con los resultados de esta novela y su aportación general al ciclo de Elric.

Poco después, en La Venganza de la Rosa (1991), Moorcock nos ofrecería otra novela dedicada al albino. El personaje de Elric está mejor reflejado que en la anterior, pero la historia es más floja y tiene un inicio algo titubeante. Reaparece como personaje importante la figura del Príncipe Gaynor en unas aventuras que conducen a Elric lejos de los Reinos Jóvenes por misteriosos planos del Multiverso.

El principal problema de estas dos últimas novelas es su ubicación dentro de la cronología formada por los títulos anteriores, a la que en realidad no aportan demasiado. Eso sí, parecen aportar más al papel de Elric como encarnación del Campeón Eterno y su relación con el Multiverso. También puede parecer que se introducen algunas muy leves inconsistencias, que Moorcock no resuelve de forma muy satisfactoria. Además, el estilo de Moorcock es bastante distinto y refleja el paso de los años. Así, después de Elric de Melniboné, pasar a La Fortaleza de la Perla supone un cambio brusco de estilo, acompañado de un bajón de calidad, que puede desanimar al lector. Parece que es mejor leer todos los títulos escritos después de los años 70 como historias independientes, después de haber leído los relatos anteriores en orden cronológico.

En todo caso, es indiscutible que Elric se ha convertido en uno de los iconos de la fantasía moderna, imitado e influyente (es fácil encontrar rasgos de Elric en populares personajes actuales como Geralt de Rivia o Drizzt Do'Urden). Con Elric, el género fantástico se encuentra con figuras más trágicas y antiheroicas que aquellas que solían aventurarse por sus tierras.

Crónicas del Castillo de Brass

Este último ciclo, que comienza y se desarrolla como un segundo grupo de historias protagonizado por Dorian Hawkmoon, tiene la particularidad de ser el ciclo que pone fin al todo que supone la gran saga del Campeón Eterno.

En El Conde Brass (1973) nos encontramos a Dorian Hawkmoon intentando llevar una vida más o menos normal. Sin embargo, parece que no todos los enemigos de Hawkmoon han desaparecido, y Dorian debe enfrentarse a ciertas acusaciones de traición en una historia que incluye paradojas temporales.

Las desventuras de Hawkmoon siguen en El Campeón de Garathorn (1973), que cuenta una doble historia. Por una parte tenemos a Hawkmoon luchando para recuperar lo que ha perdido, y por otra conocemos a Ilian de Garathorn, una encarnación femenina del Campeón Eterno. Esta presencia femenina dentro del mito es lo único destacable de la novela, junto con algunos indicios de lo que se aproxima.

Es en La Búsqueda de Tanelorn (1975) donde finalmente se alcanza el final de la saga: los dos capítulos anteriores del ciclo no han servido más que para preparar esta conclusión, propiciada por lo que se conoce como la Conjunción del Millón de Esferas. La peor parte del libro es aquella que repite una historia que aparecerá posteriormente en Marinero de los Mares del Destino, en este caso desde el punto de vista de Hawkmoon y alcanzando aquí su verdadera importancia. Al haberla leído antes en el ciclo de Elric, aquí pierde bastante fuerza (aunque esta sea la primera versión escrita). Aparecen muchos personajes de los diversos ciclos (incluídos Elric y Corum), y Erekosë tiene un papel bastante destacado. El final es la mejor parte de este ciclo, pues está lleno de espectacularidad y simbolismo. Cuando todo finaliza, se inicia un nuevo ciclo en el Multiverso (que durará lo que muchos considerarían una eternidad), y en el que el Campeón Eterno podrá descansar.

El cierre propiamente dicho es adecuado, si bien quizá no tenga la intensidad de algún otro final de ciclo individual (como Portadora de Tormentas). Por el contrario, flojea un poco más lo que es el desarrollo (considerando este ciclo en su conjunto) que nos conduce hasta este final, al estar formado por unas “simples” aventuras más de Dorian Hawkmoon. Nunca da la sensación de conducirnos por una progresión que lleve a un final de proporciones cósmicas hasta que se llega a la parte final del último volumen.

Así concluye la larga historia del Campeón Eterno

Otros Títulos

Como ya se ha mencionado, de acuerdo a las publicaciones canónicas hay unos cuantos libros más que formarían parte de la saga del Campeón Eterno. En concreto, se trataría de los títulos recopilados en:

Sailing to Utopia: recopilación de novelas más próximas a la ciencia ficción que al fantástico (The Ice Schooner, The Black Corridor, The Distant Suns, Flux) sin elementos ni protagonistas comunes.

A Nomad of the Time Streams: con las aventuras del Capitán Oswald Bastable, miembro del Gremio de Aventureros Temporales. Contiene las novelas The Warlord of the Air, The Land Leviathan, y The Steel Tsar. El género parece ser de nuevo la ciencia ficción, ahora con una cierta orientación pulp

The Dancers at the End of Time: protagonizado por Jherek Carnelian, uno de los últimos hombres de un futuro muy lejano, y Amelia Underwood, procedente de la Inglaterra victoriana. Las novelas contenidas son Alien Heat, The Hollow Lands y The End of All Songs, de tono satírico y humorístico.

The New Nature of the Catastrophe: relatos de varios autores (el propio Moorcock, Norman Spinrad, Brian Aldiss…) protagonizados por Jerry Cornelius. Curiosamente, las cuatro novelas (El Programa Final, Una Cura para el Cáncer, El Asesino Inglés, La Condición de Muzak) protagonizadas por este personaje no aparecen incluidas en la edición definitiva de la saga del Campeón Eterno.

Legends from the Edge of Time: historias cortas en el mundo de Jherek Carnelian (aunque con protagonistas distintos a los de The Dancers at the End of Time), en el mismo tono ligero. Su mayor interés parece ser que es que contiene una historia humorística protagonizada por Elric: Elric at the End of Time.

Earl Aubec: historias cortas variadas, que al parecer no encajaban en ninguna de las otras antologías (como los comentados El Sueño de Aubec o Al Rescate de Tanelorn…).

Colaboraciones y Antologías

Moorcock parece ser un escritor al que no le importa abrir su universo (perdón, Multiverso) a otros autores, aunque sin llegar al extremo de convertirlo en franquicia. Así, pueden encontrarse varias antologías de relatos dedicados a personajes creados por Moorcock, como Cuentos del Lobo Blanco (dedicada totalmente a Elric) y Peón del Caos (protagonizados por distintas encarnaciones del Campeón Eterno), además de la ya mencionada dedicada a Jerry Cornelius.

Moorcock también ha generado bastante material para el mundo del comic, y no sólo a través de las habituales adaptaciones de sus novelas. Por ejemplo, ha escrito los guiones de Elric: Making of a Sorcerer (con dibujos de Walter Simonson), Swords of Heaven, The Flowers of Hell (protagonizado por Erekosë y dibujado por Howard Chaykin) o Michael Moorcock’s Multiverse. También es el responsable de la historia de los números de Conan el Bárbaro en los que aparece Elric (por primera vez en un comic) junto al Cimmerio.

La influencia de Moorcock, sobre a todo a través de Elric (su personaje más famoso), también se puede encontrar en el mundo de la música. Hay referencias a Elric en diversas canciones de varios grupos musicales (normalmente relacionados con distintos estilos de metal), desde Deep Purple a Blind Guardian. Pero sin duda, la mayor influencia parece encontrarse en el grupo británico Hawkwind (grupo con el que el propio Moorcock ha colaborado directamente), que tiene un album conceptual titulado Chronicle of the Black Sword, que narra la historia de Elric.

Probablemente el único medio de la cultura popular que le falte conquistar al Campeón Eterno sea el cine (a pesar de la adaptación hecha en 1973 de The Final Programme, protagonizada por Jerry Cornelius). Sin embargo, desde hace unos años (coincidiendo con el éxito en pantalla de El Señor de los Anillos), Universal tiene en su cartera de proyectos la realización de una película (o posible trilogía, que eso nunca se sabe) dedicada a Elric. El proyecto va despacio y está todavía poco más que en una fase previa a la preproducción, lo que al menos es indicativo de que se está tomando en serio y no se pretende hacer caja rápidamente aprovechando el boom del fantástico. En principio, los responsables del proyecto no parecen los más adecuados (son los que han producido la "saga" de American Pie), pero el propio Michael Moorcock parece estar bastante implicado en el proyecto y, hasta el momento, se declara bastante satisfecho de sus ideas y del trabajo que están realizando.

Bibliografía Ordenada

En cursiva aparecen aquellos títulos que se corresponden con relatos o novelas cortas.

ElricLa Ciudad de Ensueño (1961)
ElricMientras los Dioses Ríen (1962)
ElricEl Ladrón de Almas (1962)
ElricReyes en la Oscuridad (1962)
ElricLos Portadores del Fuego (1962)
ElricAl Rescate de Tanelorn… (1962)
ElricEl Sueño de Aubec (1964)
Elric – Portadora de Tormentas (1965)
ElricLa Ciudadela Cantante (1967)
Hawkmoon – La Joya en la Frente (1967)
Hawkmoon – El Amuleto del Dios Loco (1968)
Hawkmoon – La Espada del Amanecer (1968)
Hawkmoon – El Bastón Rúnico (1969)
Erekosë – El Campeón Eterno (1970)
Erekosë – Fénix de Obsidiana (1970)
ElricLa Torre Evanescente (1970)
Corum – El Caballero de las Espadas (1971)
Corum – La Reina de las Espadas (1971)
Corum – El Rey de las Espadas (1971)
Elric – Elric de Melniboné (1972)
Hawkmoon – El Conde Brass (1973)
Hawkmoon – El Campeón de Garathorn (1973)
Corum – El Toro y la Lanza (1973)
Corum – El Roble y el Carnero (1973)
Corum – La Espada y el Corcel (1974)
Hawkmoon – La Búsqueda de Tanelorn (1975)
Elric – Marinero de los Mares del Destino (1976)
Von Bek – El Perro de la Guerra y el Dolor del Mundo (1981)
Erekosë – El Dragón en la Espada (1987)
Elric – La Fortaleza de la Perla (1989)
Elric – La Venganza de la Rosa (1991)
Antología – Cuentos del Lobo Blanco (1994)
Antología – Peón del Caos (1997)